viernes, marzo 07, 2008

488 CON PERMISO...

La pregunta le hizo bajar la cabeza para enfrentar los ojos con el muchacho. Tal vez había oído mal cuando entendió que le preguntaba por la madre, que ni conocía, a no ser que la señora de la limpieza fuera...

-¿Tu madre...?

Manuel lo volvió a mirar ya un poco fastidiado Se acababa de encontrar con otro zombi, afectado por su reciente viaje en punto desde adentro a afuera de la cueva, nada más.

-¿Qué te pasó, Ernesto?
-Pero... ¿de dónde me conocés...?

Otra vez la misma cara, desencajada, extraña... Eso era, lo que le dicen enajenado, un loco bah. Que ni le estaba reconociendo... ¿Estarían los otros igual?

-Voy a bajar a la cueva.

Como los movimientos de Manuel fueron inmediatos captando toda la atención de las cámaras, no ha quedado testimonio sobre qué cosa hizo Ernesto al percatarse que este sujeto se estaba adentrando en su propiedad aduciendo incomprensibles razones. Pero es de suponer que apenas comenzada la persecución, cuando el joven jardinero se dispuso a abril la tapa del viejo aljibe y elevar una pierna y después la otra, sobre el brocal... se habrá quedado perplejo.
Enseguida se precipitaron los hechos. Manuel después de sentarse con los piés dentro del agujero, estiró una pierna en busca de la escalera y no encontrándola se columpió sostenido por la manos en el borde, se resbaló, cayó sobre la luna congelada del fondo del pozo y entre ahogos acuáticos se puso a gritar. Toda una escena que no pudo ser correctamente filmada porque los chapuzones de agua desparramados por las manos de Manuel enturviaron la visión.
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