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jueves, agosto 13, 2009

724. Ruta 66

Ganar tiempo. Como tantas veces, mientras los pasos duros de los de uniforme blanco se acercan para tomarle como una bolsa de ropa sucia, lista para ser arrojada a la gran lavadora industrial que son las salas de los hospitales y su atmósfera cargada de cloro o formol o cloroformo o lo que sea. Como aquella vez en el Hospital de Niños, ganar tiempo... Se sentía mareado. Y la sirena ululaba por caminos insospechados de Buenos Aires o de la Interbalnearia. ¿A dónde le llevarían? O tal vez solamente un sueño como tantos, desagradable por haber tomado algún vino de más y de menos calidad. Con el Dengue, aquella vez, por hacerle compañía y que no lo tomara como desprecio, que en el fondo somos todos iguales, y sangramos de similares heridas, aunque algunos... Y el dolor que vuelve a primer plano, lacerando el costado de la cabeza que se apoya sobre el ángulo vidrioso del cristal y las arenas... Como en un mal sueño, o fiebre, que no podría estar teniendo, sino apenas algún que otro hueso roto... (¿cráneo) (¿Vértebras?)

¡Si por lo menos apagaran esa maldita sirena que...!

Ella sonríe guiñando un ojo como si jugase al truco, sin dejar de hacer dedo para que la ambulancia la levante de la ruta 66. Seductora, con su cola escamada color verde turquesa Qué tontería!

¿Habremos llegado?

A alguna parte donde me sacarían el dolor... Si no es que me han traído engañado todos esos que piensan que estoy loco. Qué horrible sería, justo ahora que me siento tan débil y dolorido, que no podría ni pensar en saltar un muro para escapar a los jardines de cipreses de aquel cementerio bajo la batalla final entre las bolas de la anarquía y las doradas bolas de los ángeles. Qué tiempos aquellos y por qué no habría yo de volver a ser uno de tantos héroes anónimos, especialmente cuando han de estar necesitándome porque... Porque... Como todos nos necesitábamos y confiábamos unos en otros sin fallarnos y sin temor de enfrentarnos a aquellas escuadras poderosas, muy poderosas, dueñas de la galaxia pero vacías de humanidad. Y nosotros... Ni siquiera sabíamos qué posibilidades de éxito podríamos tener, si es que eso alguien lo pudiera saber, como el resultado de un cálculo definitivo que para nada consulta a la libertad que tiene el futuro de ser lo que quiera...






jueves, abril 23, 2009

681. La sombra dice un chiste

Aquello a Manuel le produjo tanta hilaridad que de pronto olvidó su anterior estado deprimido. Que le vinieran a discursear sobre el sentido de alguna corriente! Como si su vida tuviera o hubiese tenido en los últimos años algún sentido, dirección o razonamiento más allá de ese capricho ajeno que otros llaman destino.

-Sabés qué? En realidad me he convencido de tu ideas. Pero de las anteriores. Ahora quiero volver para luchar por el anarquismo en mi mundo. Ja ja. Quiero ser el héroe de esa historieta que ha terminado siendo mi vida. Vencer a todas las huestes celestiales y a todas las diabólicas y a todas las otras que vengan a joder por ahí. La Tierra llegará a ser el primer planeta sin gobierno!

-Pero para eso tendríamos que volver y entendérnoslas con Satanás...

-Ya no le tengo miedo.

-Especialmente volver...

-He vuelto desde varios, hasta desde el cielo y del purgatorio... ¿Qué más me puede suceder...?

-Que no puedas, por ejemplo. En este mundo las bolas no vuelan, la telepatía no funciona. La gente cree que Dios es un viejito bueno... Ves? Acá hay mucho más para hacer. Son mentes vírgenes y además... ni los ángeles ni los chivos andan sueltos por la calle.

-Pero no es mi mundo.

-¿Y desde cuando tan propietarista?

-Ja ja. Eso sí estuvo bueno. Haz dicho tu primer chiste. No eras tan jodido, eh?

Más o menos esas palabras fueron las últimas que resonaron en el hipotético conducto estrecho que ya iba elevando la conciencia de Manuel hasta el plano de aquella reunión cocinera que le esperaba como una rueda de ojos sobre su persona.

-Manuel...?

-Sí, flaca. Ya estoy de vuelta.

-¿De dónde...?

-De....

Las expresiones de Margarita y de Giorgionne eran impagables. Parecían implorar que no fueran a salir de su boca más locuras exóticas.

-... Estaba reflexionando...

-Ah...

domingo, marzo 08, 2009

665. Hijo de cualquier um

Por supuesto que Julieta y Rulo recibieron la presentación como un trozo demasiado grande de carne que no podían deglutir. Pálida y sonriente, Julieta hizo un cabeceo a modo de saludo, sin entender todavía  cómo sería posible que de buenas a primeras Yaka Zulu viniera a ser reconocido por su hijo como padre, antes de ser él quien reconociese a Manuel como su hijo... después de tanto tiempo y cruzarse todos los días casi sin otro saludo que aquellos ughs que se estilaban entre vecinos poco interesados en intimar. Rulo ni siquiera cabeceó. Detuvo en cambio su mirada sobre la facha bruta del negro, reteniendo apenas el sentimiento racista que pugnaba surgir a pesar de saberse más oscuro que claro, ni alto, ni rubio ni dueño de ojos celestes. Siempre había pensado que no había problema conque alguien fuera negro. ¿Pero tan negro, así como Yaka...? Con esos labios exagerados enmarcando una boca que al abrise mostraba sin pudor buena parte de los órganos internos... Esa facha cualquiercosaria no solo por las rastas y los aros pendientes, sino por aquel chalequito de seda blanca, bordada con claveles rojos, como los gauchos payadores del tablado, los anillos en cualquier dedo con brutales piedras verdes y rubíes, los bombachudos de tela brillosa... las enormes ojotas con suela de cubiertas viejas... ¡Qué asco!
En seguida Manuel se vio en  el aprieto de explicar lo que parecía inexplicable. No que pudiera ser hijo de cualquier um, como dicen los brasileros,  ni que su padre fuera un negro de absoluta negrura, puesto que eso vendría a ser algo hasta obvio para quien le viera mulato hijo de una blanca; lo increíble podría ser la explicación de que tales paternidades y filialidades vinieran de otros mundos y que aquí, sobre esta sólida Tierra 7 que pisaban... tal vez... el Manuel autóctono no terminase siendo hijo del correspondiente Mandinga autóctono del correspondiente segundo tiempo, heredero del trono de los Mandingas, por extraño que pareciere!
Entonces lo que acababa de decir como presentación habría sido una mentira?
No, mentira no. Porque el parentezco existía aunque viniese de otro mundo.
Pero algo engañoso al menos. Fijaos que para Rulo y Julieta las cosas se presentaban de otra manera al desconocer que Mandinga era otra persona que Yaka Zulu y que ni siquiera Manuel era el mismo que conocían.

Manuel se rió.

-Claro que todo esto tiene que ver con mi historia, esa que ustedes no pueden creer. Bueno, ahora tengo la prueba. Este que está aquí es mi padre del otro mundo. Es un semidiós que tiene poderes como los héroes de los dibujitos... Pueden pedirle que haga cosas extraordinarias...

-¿Cosas extraordinarias...?
-Sí, como... por ejemplo...mmmm...
-Es una joda? -preguntó Rulo.

Mandinga se puso de pie encantado, en el medio de todos como si fuera un círculo. Logró con decisión de movimientos  que la atención se fijase en su persona, como hace el mago mientras aprieta el pedal oculto, y sin mediar palabras hizo aquel gesto de encender un fósforo en el aire, sin otro resultado que empequeñecerse dentro de sus raras ropas hasta el tamaño de un oso de peluche y volver al tamaño previo de inmediato.

El público no encontró demasiado extraordinario el número. Hasta en el parador del Pichi se habían visto hipnotizadores más interesantes. Claro que sonrieron, por el lado de la simpatía Mandinga ya estaba haciendo mella en las voluntades.
Pero ahora mostró un gesto de contradicción.

-Lo que te decía Manuel. Aquí las cosas no funcionan, es un mundo raro!

Julieta, creyendo lo de la joda, pidió otra prueba.
Manuel dijo que la tendrían.
Mandinga resopló.
Manuel le miró con atención.
Se le veía deprimido.
Muy frustrado, pero de pronto estalló en risotadas.

-Sí otra prueba y muy graciosa. Miren, ustedes han de conocer a alguien muy parecido a mi que habitó o habita por estos parajes.
-Sí -contestaron  Julieta y el Rulo, queriendo seguir el juego.
-¿Cómo podríamos llegar hasta él?
-Dando un paso...



sábado, abril 26, 2008

521. Ridículo sujeto

La contundente frustración hizo que por varios minutos Manuel quedara rumiando su bronca, sin ponerse a considerar la jungla de pensamientos contradictorios que reverberaban entre las paredes del galpón. Es que siempre los más asquerosos prejuicios reaccionarios surgen cada vez que el héroe muestra alguna de sus muchas debilidades. Una especie de fiebre destructiva de todas las esperanzas y al mismo tiempo de castigo impiadoso, no sólo al héroe destronado sino a todo aquel que por un momento hubiese confiado en él. La religión del eterno castigo al que es débil y osa no arrodillarse frente al poderoso destino que ha determinado cual es el orden del mundo. ¡Ridículo sujeto!
No obstante, cuando Manuel por fin se levantó y antes de hablar miró a los ojos a todos los circunstantes, nadie tuvo temple para expresar lo que había llegado a su mente como una ola de viejas razones conservadoras. Suponía cada uno que aquellas cosas solamente se le habían ocurrido a él y entonces... Nada dijeron. Después poco a poco ayudaron a poner en orden las cosas caídas y los alambres doblados. Margarita fue a traer la última tanda de empanadas y Ernesto sirvió vino en vasitos de papel.
Fue recién entonces que la mente de Manuel se puso a dejar pasar los datos del entorno, eso como susurros y rumores de sombras, que pasan desde un lugar a otros como si fueran niños jugando al panadero desde los troncos de los árboles. Eran pensamientos que salían a la intemperie apenas una pizca de tiempo y se escondían enseguida, detrás de las sombras desde dónde se veían brillar los ojos atemorizados. Toda una lucha que si se producía seguramente estaba provocada por algún miedo.
No sabia Manuel. Porque no podría saberlo. En qué mundo se había metido. Uno, por cierto bastante más conservador que el suyo. No de balde había ganado Lacalle y se sorteban las atenciones entre los pacientes del hospital. No tenía ni idea de que por casualidad había caído en el centro de uno de los grupitos de mente más abierta de toda la zona, ni que ese Ernesto Federico que acababa de reconocer en esta versión elegantemente deportiva, era no más un fiel representante de el ala izquierda del Frente Amplio, ni que... Eran muchas las cosas que Manuel ignoraba, pero con todo tenía su olfato y su olfato le indicaba que se había exhalado por el aire del galponcito un spray con holor a miedo. Un miedo ancestral, cavernícola.¡¡ El miedo al ridículo!!

Jaja, los veteranos se estaban sintiendo terriblemente expuestos al temible monstruo al ser descubiertos culpables del delito de ridícula credulidez. ¡Un trío de viejos que se pasan el día hablando de la verdadera ciencia! ¡Parece mentira, hombre! ¡Amigos de las ciencias exactas, de las pesas y las medidas! Como todo hombre de bien. Y ahora venirse a creer los embustes de un pobre muchacho chiflado...!
Jaja, por eso rumiaban los espiritus como viejas desconformes por el aire de la pieza, embozados en sus oscuros paños. Pasando de las tonalidades grises y azules hacia las marrones claras que flamean y tal vez por simple azar pareciera que se ven figuras...
Jaja, evidentemente era necesesario comprender un poco a la gente de este mundo.