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sábado, junio 09, 2007

322 SEGUNDA BASE

La cueva que decía el flaco era más grande que una cancha de fútbol, según decía, que la habían medido a pasos largos con el Teque, un amigo que sí, que claro, que era el otro que la conocía, aparte de que a muchos les habían contado… La entrada era el problema, entre dos piedras chatas que sobresalían de un cerrito cerca del río Queguay, había que echarse de panza y arrastrarse hasta que la piedra de abajo se terminaba antes de que acostumbraras la vista a la oscuridad y te caías más de un metro hasta lo que era el piso, de piedras también y con cagadas de murciélago.

-Podrían entrar cuatro o cinco bolas.

-Y cuanto mide una cancha de fútbol?

-No se, pero calculo que a lo ancho entran tres bolas de estas…y a lo largo fácil cinco.

-¿Y tus amigos…?

-Son buena gente.

-Pero… acostumbran a ir seguido a esa cueva?

-Yo me encargo de que no vayan por un tiempo.

Los pensamientos empezaron a entrecruzarse muy rápidamente

Entre todos. Estaban iniciando una nueva etapa de actividad. Desde otra base a la que debían acarrear los elementos usando las bolas como medio de transporte, con otro cielo y sin la costa, con menos testigos, con ninguna comida, sin dinero, demasiado aislados como para convencer a la gente, para juntarlos en cantidades apreciables…La palabra volvió por Cholo.

-No podemos hacer una revolución escondidos lejos de todos.

-Ah, quieren hacer una revolución? ¿Revolución de qué?

-Para liberarnos de los ángeles y hacer un país entre todos sin tener jefes.

-Pero no era que los ángeles esos tienen no se cuantas dimensiones y hasta un tiempo de más? Qué guerra les pueden hacer?

-Pero son estúpidos porque no conocen la libertad. Ellos cumplen órdenes del superior que las recibió de otro que a su vez…

-Y ¿ustedes no les tiran con nada?

-Una vez les tiramos tortas de merengues!

-Derrepente precisan amigos que les hagan el chamuye boca a boca entre la gente. Yo para eso me ofrezco porque para pelear no ando con ganas.

-Sabes qué? Traete una linterna de tu casa, pasamos a levantar mi bola y vamos a ver esa cueva.

Un rato después se iban deslizando entre las dos rocas chatas hasta caer advertidamente en el piso cagado de la cueva. El haz de la linterna recorría para uno y otro lado el techo abovedado que les cubría de roca a veces agrietada pero no mucho. Algunos mechones de líquenes sobresalían somnolientos, algunas goteras habían estado activas no hacía mucho. Era por cierto muy grande y factible de ser limpiada como para un habitáculo humano tras encender faroles de gas, conseguir dónde guardar agua y donde colocar las letrinas.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

lunes, mayo 07, 2007

290: EL SILENCIO COMPARTIDO

En San José de Carrasco, frente a la farmacia de Miguel, se estaba juntando mucha gente. También en Gianastasio y Becú, pero la noticia de la mayor concentración de allá, iba llevando a los caminantes y pronto el tránsito quedó cortado enseguida del puente. Eso no lo contó Julieta, sino Vittorio que había aparecido casi corriendo con la noticia del ultimátum que su mujer le había transmitido por teléfono. O volvía al hogar de inmediato a hacerse cargo de la conmoción familiar, el desconcierto de sus hijos –eran dos- y la congoja de su compañera o -podía elegir- que ya no volviera.
Manuel le dio consuelo. Que viniera con ellos a ver lo que estaba sucediendo y del otro lado de la muchedumbre se tomara algún ómnibus de los que hasta allí llegaban desde Montevideo. Eso le volvió la sonrisa a la cara, el entusiasmo y las ideas. Porque después de todo, el movimiento iniciado iba a necesitar una cabecera de puente en la capital, o mejor dos, porque también Pepponne luchaba desde hacía días con su deberes parentales, aunque se olvidara de toda otra obligación o compromiso laboral.
Ni quince minutos demoraron en llegar al puente. De ahí en adelante había que pedir permiso para avanzar entre la gente y arrimarse a la veredita de la farmacia donde ya con la voz bastante gastada Miguel peroraba levantando las manos por sobre sus escasos pelos. En eso estaban, pidiendo permiso y caminando como hormigas demasiado cargadas cuando alguien gritó el nombre de Manuel por sobre las cabezas. La multitud contestó con un clamor que fue creciendo mientras muchos brazos le subían en andas y le llevaban junto a Miguel. Trajeron una mesa y sobre la mesa una silla donde le colocaron en problemático equilibrio por encima del oleaje sonoro que la repetición de su nombre sin acuerdo ni orden producía. Desde esa altura pudo ver los lejanos límites de la asamblea más allá del entronque con Aerosur. Se sintió abrumado por saberse el sujeto de semejante clamor. Se salió de los límites temblorosos de su cotidiana estampa y de pronto estuvo en todas las gargantas y la espuma hirviente de las voces que no cesaban de arrullar un nombre que ya no le pertenecía. Cerró los ojos. Llenó el pecho no de aire sino de ese algo luminoso y vibráctil que sentía expandirse como una gigantesca burbuja de emoción compartida. Levantó las palmas de sus manos sobre ella y supo que iba a decir algo.
-Somos los dueños de este planeta.

No lo había gritado. Ni siquiera había hablado fuerte y sin embargo la multitud se recogió en el silencio que entre todos habían inventado.
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lunes, abril 30, 2007

284: SEGUNDA ETAPA

En la cueva se encontraron con las bolas verdes. Habían entrado por una boca de Tucu que detectaron a tiempo. Eran tres y de unos sesenta centímetros de diámetro pero los pilotos seguían sin bajarse por que no podían respirar nuestra atmósfera y se querían retirar antes de agotar las reservas. Preguntaban por cual maldita razón andaban las naves celestiales patrullando esta zona, para ellos de las más pacíficas que habían visto a vuelo de pájaro por la tierra. Tal vez demasiado. Y afirmaban que los humanos y los tucus de aquí deberían ser buena gente si los de arriba los vigilaban de esa forma no dejando llegar a ningún forastero que pudiera venir a ofrecer algún apoyo o ayuda y que por lo tanto les ofrecían un tratado de amistad y recíproca defensa desde ahora que les habían descubierto. Sellaron el tratado Xooxum- Tierra Tierra-Xooxum. Lo dejaron caer sobre la mesita de vidrio y siguieron sus verdes caminos a través de las paredes, sin que nadie pronunciara palabra o pensamiento.
-Ni siquiera les pedimos la dirección –bromeo Dengue.
Después de las bromas formaron la ronda y se miraron a Manuel. Ernesto tomó la palabra para opinar que e país no daba más. Era el momento para iniciar la segunda etapa. Vittorio seriamente hacía sí con la cabeza mientras le devolvía el mate dulce a Margarita. Rulo se había puesto muy nervioso.
-Nunca se dijo cómo iba a ser.
Julieta le reprendió por lo bajo.
-Eso es lo que tenemos que decidir.
Colorado y todo Rulo dio su opinión.
-Un tratado con el gobierno para que saque la policía de esta zona.
-Ya lo intentamos…
-Además, los ángeles no obedecen al gobierno.
-¿Y entonces…?
-Manuel se acomodó el pecho.
-Les proponemos un pacto mafioso.
-¿Cómo mafioso?
-Cada vez que nos molesten les paramos el país. Ellos o los ángeles. Cualquiera que se meta en muestro territorio liberado que va desde el Parque Roosevelt hasta El Pinar y hasta La altura del aeropuerto.
-Y cómo convencerían a los de arriba?
-Ellos saben negociar.
El Cholo no estuvo de acuerdo, le parecía muy poco.
-Estamos en posición de fuerza –dijo.
-Pero, te parece que busquemos una guerra directa con los ángeles? No sabemos cuantos miles de bolas doradas pueden traer ni si somos capaces de derribar una…o si queremos arriesgarnos a ser derribados…
-Estaríamos siempre en peligro.
-Siempre. Porque no creo que cumplan ningún pacto. Pero debemos ganar tiempo para que nuestra estrategia de su resultados.
-¿La gente?
-Claro, aflojamos la mano pero todos los días hacemos algunas piruetas. Y además todo se sabe. Van a preguntar que pasa en esta zona. Nos vamos a encargar de que pasen cosas…
Cholo exploto en un grito de su propia sorpresa.
-¡Podemos armar un foco de anarquía!

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martes, abril 24, 2007

279: CARRETILLAS Y RASTRILLOS

Al cabo de tres días el país estaba al borde del colapso y el gobierno, del ataque de nervios. Las plazas se habían ido llenando y las oficinas vaciando. Gente caminaba por los bulevares sin mirar el camino, cruzaba en cualquier lado y pasaba por dentro de las fuentes. Ya no dormían más que a la intemperie y mientras hubieron fruterias comían de lo que estaba en los cajones, agachándose pero sin dejar de mirar para arriba. Esperaban una nueva llegada de las bolas. Una señal. Tal vez una palabra.
Sobrevinieron los apagones y los canales de televisión dejaron de transmitir. Los cobradores de impuestos andaban con los otros por las plazas. Los jóvenes hacían el amor y los bancos cerraban sus puertas. Aparecieron muchos caballos en Montevideo, sueltos, comiendo los pastos de los parques que ya no se cuidaban. Y tras los caballos las vacas y las ovejas que fueron encontrando día a día porteras mal cerradas dejadas por los criollos que estaban arriba del techo de los galpones oteando el horizonte en busca de las bolas. Sin embargo llegaban aviones, uno tras otro con turistas que venían llamados por los titulares de toda la prensa extranjera que le llamaba a esto “Un extraño caso de esquizofrenia colectiva”. Se llenó de argentinos y de científicos sociales, laborales y de mercado. El problema fue encontrar alguna habitación de hotel preparada, porque aún los que se mantenían en sus puestos de trabajo salían a cada momento a las calles a verificar el estado del cielo…empezaba ya entrar a cualquier casa…nadie recordaba cerrar las puertas.
En ese tercer día ellos salieron de la caverna a ver de propios ojos lo que estaba sucediendo. Se asustaron. Por todos lados vehículos abandonados, carretillas de mano con rastrillos, celulares y pelotas de fútbol en el medio de la calle. En lo de Luque se había armado rueda afuera y sólo se hablaba de las bolas vistas en tal o cual lugar y la estúpida observación de alguien que dijo reconocer un recorte de diario pegado a la bola que fotografió con teleobjetivo. También de ese profeta que había salido vestido de bolsas a predicar el fin de los tiempos. Arrepentios! Arrepentíos! Que no es lo mismo que arrebataos porque al fin lo llevaron preso por robar alhajas y un arma oficial a un policía de los que le querían detener. El 214 llevaba varias horas sin pasar y la Copsa decían que estaba de paro. También decían que el gobierno había renunciado en pleno o que Mujica había dado un golpe de estado o que no, que no había pasado nada. Se esperaban noticias para mañana, 8, de abril. Algunas radios seguían transmitiendo pero en general música sacra o cumbias enganchadas sin publicidad ni informativos.


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jueves, abril 12, 2007

268: LAS BOLAS DEL PUEBLO

Bien. Pero la televisión escupía imágenes a borbotones casi sin intercalar avisos. Las bolas vistas en el Cerrito de la Victoria, las de La Bella Italia, las de Capurro. Que eran bastante parecidas, es decir iguales por ser las mismas, aunque nadie lo dijera. Cuando aparecía un comentarista –aparecieron varios- siempre era delante de las imágenes que quedaban como proyectadas en una pantalla de fondo. Gente entendida en Ovnis o en aviones o en palomas mensajeras, de todo, hasta un profeta vestido de bolsas que fue entrevistado mientras clamaba arriba de un casillero en la Plaza Cagancha, el fin de los tiempos y el comienzo del reino de Dios. Cholo se rió opinando que el tipo estaba más pirado que nosotros, porque nosotros al menos sabíamos que el reino de Dios era este. Entonces entrevistaron al ministro del interior y al jefe de policía, quienes no pensaban tomar medidas por ahora. Al intendente de Montevideo que dijo no tener nada que ver con las bolas luminosas y al vicepresidente de la república quién reiteró estar siempre abierto al diálogo. Pepponne se puso pálido cuando empezó a sonar la sinfonía 40 en el teléfono de Giorgionne. Seguro que estaban triangulando el país para darle la catura –había dejado su teléfono en Montevideo, sus amistades y su familia… Desesperado pidió por señas a su casi pariente que no contestara…pero Vittorio ya apretaba el botón.
Era la esposa de Vittorio, muy asustada preguntando cuando volvía y si se había enterado de la batalla sobre Montevideo.
-Ha de ser el comienzo de una invasión!.
-No mujer! Esas naves que atacaron desde arriba a las que bailaban, son las naves del imperio que siempre nos dominó.
-Si, parecía que las de abajo eran distintas…más rotosas…
-¿Lo notaste? Bueno, esas son las bolas del pueblo.
Sonó ahora La Marcha Turca en el de la Magda. Ufa era Mujica, es decir su secretario nuevo que ya le pasaba el aparato al ministro. –Che muchachita- dijo- tengo que encontrarme con ustedes! Eso que hicieron…eeehhh…-bajó un poco la voz y apretó el aparato contra la boca para que no se escapara nada- ¡Eso estuvo magnífico!- y lo dijo subiendo el volumen a cada sílaba, y cambiando la entonación de modo que lo que comenzó siendo un susurro terminó como el grito de un gran gol.-Pero tenemos que encontrarnos con mucha urgencia, ¿Estás ahí con los otros? En la misma casa no, ya lo se, pero decime dónde.¿Cómo que no me lo podés decir? Estamos en la misma. No sabés todo lo que he tenido que hacer para que no los aplastaran. Claro que ustedes se saben defender! Ya lo vi anoche. Pero hace días que les estoy ofreciendo alianza. No… Eso de la imagen de Manuel se puede conversar! Yo no quiero aliarme con un títere, por supuesto.


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martes, abril 10, 2007

266: SEGUNDO TIEMPO

-Lo que yo no entiendo, Germán, es cómo te las arreglás para que el muchacho se mantenga en la línea que vos te imaginaste. Porque…
-Ah! Vos te reías…
Los veteranos tomaban mate de un tarrito de lata enlosada porque eso tocaba esta vez. La próxima sería con un mate en serio como estaba pactado entre ellos en un especie de reglamento de la visita que venía funcionando bastante bien para evitar las discusiones anodinas sobre cuestiones de palabras y de gustos.
-Es que me daba bronca…como ahora que me da bronca que le sigas rompiendo las bolas a mi nieto!
-No te dejo mira-ar!
Lo decía burlonamente al llegar a la pantalla tridimensional que tenía entre de rollos desenrollados de alambre que caían desde la biblioteca, pero en realidad temía un verdadero enojo de su mejor amigo en el reino del segundo tiempo.
-Pss, como si se pudiera ver algo por esos cachivaches…-contestó Abelardo mientras dejaba el matecito sobre la mesa y se acercaba a aquello.
-Es raro!
-¿Qué es raro?
-Recién se estaban viendo…
-Ah, otra falla!
-Nooo….¡se han ido!
-Los perdiste de vista..ja ja!
Germán tuvo que explicarle a Abelardo cual era su sospecha. Sospechaba que los muchachos se habían ido para adentro al verse atacados por los ángeles. Abelardo no lo creyó posible, de ninguna manera él hubiera soportado que se le enceñaran al muchacho, más cosas que no pertenecen a su mundo. Y como Germán jurara que él no lo había hecho no quedaba otro culpable que Mandinga, tu enviado personal. ¿Mio? No, tuyo. Si vos fuiste que le hablaste. Solo para que lo cuidara… Y bueno, me venís con “tu emisario”! Y no decis que les enseño a irse para adentro, eso no es defen… Qué lo parió! ¡Se defendieron con eso! Ahora no le puedo decir nada a Mandinga. Ni a mi! Ja…vos sos bueno. No tanto pero no menos que vos que le regalaste al muchacho un transmisor trasdimensional inventado por Mandinga. Eso era para hablar con mi nieto. Y de paso abrirle la cabeza a conocimientos que no estaba capacitado para soportar. Que no los iba a soportar, no me vengas con sicopateos, la prueba es que a pesar de todo lo que vos rompiste, el muchacho anda vivito y coleando y se ha transformado en el lider del grupo. Ah, estás orgulloso! ¿Y no era que yo le estaba aruinando la vida? ¡Querés obligarlo a ser un héroe!


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martes, abril 03, 2007

259: EL JUEGO DE LA VERDAD

Y después, bajando el nivel le siguió hablando al Dengue, al tiempo de apagar de nuevo la luz para que la flaca se vistiera, cosas que le salían con bastante bronca por sentirse prepoteado.

-Ahora, Dengue, somos nosotros los que tenemos las bolas. Ellos nos quieren traicionar para entregarnos a los gringos que es lo mismo que entregarnos a los ángeles. Pero no los vamos a pelar! ¿No verdá Dengue?

-Claro que no!

Salieron los tres calle arriba, rastrillando con los pies gravilla y sin hablar entre ellos para no interrumpir monólogos en los que cada cual azuzaba su orgullo juvenil y echaba mano a las enormes reservas de entusiasmo. Pero a las dos cuadras, en aquella franja estrecha de pinos que queda entre las dos calles vieron algo que les detuvo en seco. Era una esfera luminosa que caminaba del otro lado, a marcha de patrullero porque seguro que andaba patrullando o buscándolos a ellos. Se metieron el el monte del otro lado y corrieron un trecho entre los árboles hasta ya no ver el relumbre.

-Parece que están medio desesperados! –comentó Manuel- Nos viene bien. Se van a tener que sacar la careta!

Y la mente de Manuel remontó vuelo en eso de la estrategia imaginando un duelo permanente donde cada cual a cada vuelta vaya aumentando el nivel de audacia y al mismo tiempo de riesgo. No iban a poder evitarlo! Aunque en algún momento se darían cuenta, con rabia, de haber sido llevados a jugar el juego más peligroso, el de la verdad.

Abrazó de nuevo a la flaca con sus hombros descubiertos siempre tibios y dejó que su mano cayera al otro lado. Estaba intentando conciliar el gusto que sentía por las cosas de la carne, con el entusiasmo heroico de un personaje de historieta.. Que eso venía a ser él. Ahora. Y no sólo por tal vez haber salido dibujado en una, sino porque su vida se había transformado y creía ahora poder distinguir un estilo de guión de historieta en las cosas que le habían estado sucediendo. La puta! Otra vez ese pensamiento le venía a enredar todos los otros!- ¿Por qué, porque digo la verdad?-Mire si se va a poder escribir el guión de una vida!-Pero claro que se puede…se puede escribir un libro y nosotros somos el libro que escriben otros…Porque si no…-Vamos al tema que importa. Cómo manejar el enfrentamient…-Sabés que? Vos sos un pensamiento muy cagón, que se caga por entender algo de allá abajo y raja para la aventura divertida. –Y vos un aburrido que no le encontrás gracia a nada. (Un poco de los dos)

Doblaron en la última esquina y vieron allá adelante la figura negra de la enorme casona, resaltada por las luces del otro lado que podrían ser demasiado blancas como para poder ser dibujadas en papeles ordinarios donde la tinta negra se destiñe medio marrón y las partes blancas son amarillas. El patético aspecto seguramente fue resaltado a propósito igual que el silencio que sugería la figura solitaria de la oscura casa, lejos de todas las palabras escritas.

Iban pasando uno a uno por el portón de los Dogones, rodeando la construcción por un costado, por el que llegan al patio, en cuyo centro está el aljibe que contiene una escalera que baja hasta el fondo seco al que abre una salida lateral que conduce al declive en 45.

Cuando llegaban abajo se acordaron de que la Harley había quedado en Lagomar.

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sábado, marzo 24, 2007

250:: PRIMERAS BAJAS

A las ocho ya estaban las bolas adjudicadas del uno al diez sin contar la primera que iba a ser usada por Mandinga para hacer de campana. En la base iban a quedar Julieta por el embarazo y Margarita para acompañarla. El plan era simple. Tenían elegidos cinco lugares del país, para que a cada uno se dirigiera una pareja de bolas a hacer cosas que llamaran la atención, piruetas y vuelos rasantes, pero nada que pusiera a alguien en riesgo. Quince minutos y a la cueva de vuelta. Manuel y Magda eligieron sobrevolar Guichón con corridas hasta Algorta y Piñera. Idea de Manuel que le quería mostrar el lugar en que había estado cuando lo llevaron la primera vez. Dos parejas iban sobre Montevido, la de Giorgionne y Miguel, y la de Trum y Ángel. Atlántida fue para el Cholo y el Dengue y Melo para Ernesto y Porum. Otros días se iban a cambiar los lugares y las parejas, de modo de que todos se acostumbraran a todos

Bueno, tal vez no sea interesante contar las peripecias de cada pareja y sus malabarismos frente a las miradas atónitas como si fueran los jovencitos inglese saliendo a detener a los nazis en aquellos poderosos Spitfire que hacían resonar los cielos de la guerra que esa vez estaban perdiendo. Tantas películas lo han mostrado convenciéndonos de que no todo sale bien cuando todo tiene que salir bien. Claro que al final triunfa el bando del muchachito al que le ponen una condecoración y le permiten ir a caminar por el parque un rato con su novia. A los Maquis tampoco le salieron las cosas como las habían pensado porque mucho no lo habían pensado, pero se podría anotar como inconveniente que a la vuelta faltaron dos bolas y dos Maquis. Giorgionne y Miguel que se habían entrechocado brevemente, camino a Montevideo –les tocaba El Cerro- y tuvieron que hacer un aterrizaje de emergencia en un claro del Parque Roosevelt y quemar las naves para que no fueran descubiertas. No, no podían ya volar con los espinazos así torcidos entre las ramas!

Ellos llegaron en ómnibus, bastante tarde y cuando nadie sabía aun del accidente, cansados y muy frustrados, derecho a un consuelo merecido por ser la primera vez que volaban a solas. Bajaron el declive de 45 y se encontraron con todo el resto del grupo mirando el pedazo de muro de la caverna que se veía entre una y otra nave. Se pusieron detrás de todos, muertos de vergüenza a esperar que los descubrieran, cosa que tardó quince minutos.

A la postre fue una jornada matizada. Algunos se divirtieron mucho, el Dengue más que nadie y los Tucos menos. Los Tucus odian estar solos y más si no tienen otra cosa que hacer que manejar una bola con el pensamiento. Si aunque fuera con la palabra, sería para ellos más tonificante.

Por ahora no iban a reponer las bolas perdidas

Giorgionne tiene la atención dispersa.

Se pueden hacer varias misiones por día.

Ya cuando remonta va subiendo y bajando.

Me distraje, la verdad es que me distraje.

Felicitaciones.

¿Y si prendemos la tele?


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lunes, marzo 19, 2007

246: CADA INSTANTE


La flaca lo hizo de primer intento, como si estuviera acostumbrada a esa clase malabarismos. Se tiró con las dos manos el pelo para atrás, con ese gesto suyo y cuando los bajó todos sintieron que otra vez se desprendían de los límites para establecerse en ningún lugar que podría al mismo tiempo ser cualquiera. Cada uno en su pensamiento que fluía en sí mismo como las imágenes del cine que, quietas, sólo cambian de diseño para hacernos creer el movimiento…y las tensiones de la trama que con sus desenlaces sorpresivos son los que hacen vibrar las cuerdas de nuestras emociones. Momento tras momento en sucesivos e infinitos cuadros de actualidad desfachatada. Cada uno distinto, por muy parecido que fuera. Es el instante exacto que dura nuestra vida y que con él muere. Aunque uno no lo pueda comprender. Y pretenda imaginar continuidades…aunque ya no…en el medio de este om parece hasta imposible que se pueda superar el abismo que tendría que haber entre un instante y otro. Entre un punto y otro

Le tocaba al Cholo. El Cholo es un valiente que tras sentirse morir dos veces, se acerca sin dudas al foco de las ondas como si fuera a hacer algo agradable y no a enfrentar una tercera muerte en el mismo rato. Se acomoda en el lugar de la máxima resonancia, respira hondo y al exhalar el aire baja sus dos hileras de pestañas sobre los párpados. Para él la cosa no era instantánea. Caía y caía por un canal estrecho que se iba borroneando y desaparecía por fin cuando le abandonaban en ese limbo infinitamente pequeño en que se transformaba el universo al darse vuelta la media de su mente que quedaba del lado de afuera del punto. Él como algo infinitamente disperso que rodeaba al universo metido en ese punto que venía a ser lo único que él podía observar. Un punto matemático!

Para Dengue todo esto era una fiesta. Como cuando se imaginaba de chico que alguien aparecía a traerle juguetes de regalo. Ahora le prestaban el mundo para que juegue con él. Desaparecer del mundo y meterse en una cueva que nadie sabe donde puede estar y aparecer de nuevo. Por ahí cerca como cuando se zambullían en la playa jugando al bobo o como se imaginaba que se le aparecía a la Mulata desde atrás de un árbol. Pero en serio.

El Dengue se largó hacia adentro hacia aquel lugar donde estaba él -que por último no estaba resultando tan mal tipo. Porque el Dengue de adentro estaba sólo pero no asustado, ni dolorido como para ponerse a hacer cualquier cagada con tal de escapar de las fieras humanas. Y entre ellos no era necesario hablar. Porque ya se habían dicho todo y ahora sabían que eran un mismo Dengue.

Mientras volvían Manuel pensaba que aunque ya no ocurriera más ninguna cosa extraña frente a sus ojos y aunque no vinieran nuevas ideas a obligarle a pensarlas…con lo visto tenía como para todo el resto de la vida y contarle a los nietos y hasta capaz que fuera bueno un día ponerse a escribir para que otros se enteren de las cosas que hay en el mundo además del partido de futbol.

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245: YENDO AL PUNTO

Fue entonces que la bola comenzó a hacer violentas sacudidas para los costados y a emitir sonidos desagradables. Parecía quejarse y protestar ante órdenes confusas o contradictorias. Manuel lo comprendió y pidió calma. Dejar de intentarlo al unísono y relajarse. Ponerse en punto muerto mental. Fluir. El se encargaría la primera vez…
Y lo logró! Tomándose apenas un par de minutos, durante los que sólo respiró siguiendo el son de la bola, dejando llevar el cuerpo y el alma en esa danza que el sonido interior le dictaba, ese oleaje suave y lento que le hamacaba, ese oído perfecto que se iba hasta las cuerdas a rodearlas de sutil sensibilidad, eso… que ahora le hacía sentirse identificado con esa cosa de blanco papel que era el verdadero límite de su propia persona… con dibujos y casi traslúcida historieta que el leía y al mismo tiempo dibujaba, se dibujaba… tal vez un poco mejor que en aquella tapa antes vista, pero…aunque no fuera Hugo Pratt, lo estaba haciendo sobre el papel con un pincel con tinta china, así con esas ganas de mover las manos y dejar que el dibujo fuera saliendo hasta con el quiebre de cadera típico de pararse jodiendo a decir “qué te pasa” con ese gesto de ganador que había visto muchas veces en otros y que tal vez el también…Quedaba mejor con los vaqueros dibujados con esos quiebres de la tela de vez en cuando y medios arrollados abajo para no parecer muy prolijo Ja! Manuel en el lejano oeste. Hacete pintún, boludo! Mejorate algo, un poco más de lomo! O esas cosa difíciles de dibujar como las vueltas de la oreja. Te queda como una letra ge, boludo! Y bue, le pondremos un poco de sombra. Podría ser alguno de los hombres del Sargento Kirk. O el rubiecito de la película de rock. Ja! Manuel Aquelarre, el rubiecito ese…y después la salida de los tamboriles haciendo temblar el piso! Tequereque tequereque tequereque, plaf plaf!
Claro, lo había logrado y ahora estaba sólo con Manuel metido en algo que no existe! Ni luz ni oscuridad, es verdad! Ninguna sensación más que la de saber que está pensando. La única verdad. Que no hay manera de desarmarla en pedazos de verdad más chicos … y hasta que parece no poderse ver reflejada en el espejo porque es ella misma su propio espejo que sabe que ha de existir una cosa como una imagen en algún reino lejano donde se guardan las ideas que uno no está pensando en ese momento. “Pero sabe el que sabe que es él. Aunque no sepa cómo lo sabe ni siquiera qué es saber.” Como decía Abelardo en aquella época que se le había dado por la poesía y se paseaba por la pieza de un lado para otro…bueno…ya podríamos volver a las dimensiones…que ya ni me puedo imaginar! Pero volvemos!
-Estamos sobre…Colonia…¡pero qué veo allá abajo! ¿Tabaré Vázquez con Bush pescando?

Al Cholo, la experiencia le había resultado aterradora, al principio cuando sintió que se caía en un pozo sin fondo y hacia atrás, pero después se había podido ubicar mentalmente en lo que podía estar pasando que no podía ser más que lo habían estado planeando, salvo que no se parecía en nada a lo que él se había imaginado. A Magda no le había caído tan de sorpresa porque en ese momento estaba muy conectada con Manuel y se dio cuenta de que estaba iniciando un cambio. El Dengue seguía con la misma euforia de cuando piloteó la bola y creía que esto sí era lo más. Manuel puso orden en las ideas.
-Ahora le toca a la flaca.

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jueves, enero 18, 2007

186: Un Gueto de 7-1

En la computadora había un mensaje. En la agenda, el mismo lugar en que habían aparecido los versos de los Maquis de San José de Carrasco. El mensaje decía:

“Magdalena, no me hagas caso por una vez. Hay un mensaje en la casilla.”

Magda automáticamente llevó la mano al celular que tenía fijado al cinturón. Se detuvo al pensar que el aparato no había sonado, que… ¿quién era el que le decía eso?
Ernesto captó el por qué de la duda.
-No se refiere al teléfono…
-Claro…-miró a los lados, con disimulo para calibrar cuantas y cuales personas los rodeaban.
Ernesto se levantó y fue hasta la pequeña biblioteca y desde detrás de unos libros extrajo una bolsa de gamuza.
-Tomá. En la cocina podrías estar tranquila para hablar.
Magda asintió con la cabeza, enfiló para la subida en 45, subió eso y también la escalera del aljibe. Llegó cansada a la cocina, pero sin detenerse volcó los guijarros sobre la mesa y se agarró la cabeza con las dos manos para ponerse a pensar. ¿Cómo era que se manejaban estas benditas piedras?
Se le representó la película de cuando Manuel las colocaba sobre el tablero. Lo hizo con total precisión y las piedras comenzaron a bailar ¡sin que ella tuviera un papel y un lápiz a mano! Pero tuvo un flash de memoria visual que le hizo mirar el estante, junto al microondas, estirar la mano y atrapar los elementos que necesitaba. Ya estaban cambiando. Apuntó de memoria lo que había visto y siguió sin preocuparse por saber lo que decían los bailes. Cinco minutos y fuera. Ahora sólo faltaba traducir…
El esfuerzo fue mayor pero al cabo de un rato tenía el mensaje escrito sobre una nueva hoja:

“Es imperioso que armen una bola según las instrucciones que les mandé por error. El rescate de Manuel depende de eso. Nosotros con Germán hemos quedado aislados en una especie de gueto de siete dimensiones menos una (otro día te lo explico) y la bola de Germán era la que derribaron con Mandinga adentro. Hagan todo lo que puedan! Yo les voy a mandar los planos que les faltan.”

Magda todavía estaba mirando el papel, pensativa y agotada, cuando cruzó Ernesto corriendo de largo para su estudio. Volvió enseguida con una cámara en la mano tropezando con todo y gritando.¡Tenemos los planos!
-¿Dónde estaban?-preguntó Magda.
Ya Ernesto trepaba el brocal del aljibe cuando grito:
-Están en el aire, como el sargento. Vení a verlo!

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