sábado, noviembre 11, 2006

122 - Beato Angélico.

Sonó el teléfono de Magda y ella con la boca llena de tortas contestó ycon sorpresa miró a Manuel a tiempo de decir el “sí, le paso” y enseguidapasarle el aparatito mientras vocalizaba en el aire una palabra que Manuel nocomprendió, en ese momento, sino cuando escuchó que una voz desde el otro ladodel eter le decía ser del licenciado Giorgionne.



Pedía perdón,-el licenciado- por interrumpir su vida privada, pero tenía que
trasmitirle la noticia de que al otro día a la misma hora y en el mismo lugar
iban a tener una reunión urgente por el acaecimiento de un hecho muy importante.
Habían recibido un mensaje. Si él ya estaba enterado, seguramente por parte de
Ernesto, entonces mejor, pero como se trataba de algo tan importante aprovechaba
para pedirle que no faltara.


-Es aquel doctor que te recomendaron…¡Te quiere ver de nuevo?



Manuel dejó pasar la pregunta, pensando que decirles que era por el tema de la
sociedad secreta era lo mismo que descubrir que Giorgionne era uno de los socios
secretos. En cambio tenía que decidir, pensando, cuál de sus aventuras en el más
allá contarles. No podía ser alguna complicada o atemorizante. Debía ser fácil
de comprender…por el Rulo que si no se le iba a disparar como caballo espantado
e iba a desmontar su jinete necio que todo lo niega. Pero no debía perder más
tiempo, la guerra se le venía encima y en cualquier momento se podían desatar
batallas sobre sus propias cabezas!


-Che. Les había prometido contar algo.

Rulo dejó de masticar y levantó las pupilas hacia Manuel con expresión de Beato
Angélico asustado. Magda, en cambio, apoyó la cola contra el borde del fogoncito
de la cocina y sin dejar de masticar se dispuso a oír.


La historia elegida fue la de los milicos torturadores de Rincón del Cerro, unpoco arreglada y podada de los detalles más fuertes. Como para los oídos delRulo. Destacó el comienzo en Lagomar ante los ojos del Cholo. El hueco que sehabía abierto en su camino y su traslado hasta el armario de los milicos. Lo delarmario dudó en contarlo, tan entupido parecía pero, si seguí quitando detallesterminaría no contando nada, así que siguió adelante pasando por elinterrogatorio con esa droga inyectada en las venas y la manera que habíaencontrado de dominar al estúpido que habían dejado de custodio y su huída por

la carretera hasta Montevideo. Por supuesto nada contó de su paso por la casilla
del Chumbo ni tampoco lo de su encuentro con la señora Fátima pero detalló
morosamente su segundo encuentro con el Pepe y su promesa de ayuda que se
concretó aquella tarde cuando llamó para pasarle el teléfono del Licenciado que
por fin lo atendió y dejó bien en claro que su mente no sufría de ninguna
alteración.


-Ustedes se han de acordar…


Chumbo soportó toda la historia con ojos desorbitados pero sin interrumpir. Sólocuando Manuel daba por terminada la historia preguntó cómo había vuelto.
-Pedaleando en la bici.

Manuel pensó en dejarlo así, pero arrepentido, agregó la historia de la bola
espejada y de su primer encuentro con El Etermauta, en su interior, cuando le
vió atontado y sentado en el suelo, sin fijar sus ojos en nada.

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