jueves, noviembre 02, 2006

113 - Ni al Eternauta ni al Sargento Kirk

Salieron y cuando llevaban menos de una cuadra de camino, un grito estridente y desgarrador que venía de sus espaldas, les electrizó los vellos. Se dieron vuelta y vieron a la flaca Magda correr hacia ellos seguida de cerca por un hombre todo envuelto de trapos hasta la cabeza, una mirilla de vidrio frente a los ojos y un colador de té frente a la boca.
-¡El Eternauta!- Gritó Manuel, asombrado de que esas cosas del mundo de más allá pudiera aparecer al la luz del día en pleno Lagomar Norte, a las tres y media de la tarde.
La flaca iba llegando a ellos cuando un cero de nada, que había venido zigzagueando por el paisaje, se encontró con El Eternauta y lo hizo desaparecer en su propia nulidad.
-El tipo se hizo humo! –Exclamó atónito Rulo.
Manuel miró a su primo para confirmar la dirección de su mirada.
-¿Viste?
-¿Pero qué pudo ser? ¡Eso era un hombre!
-El Eternauta, boludo. ¿No conocés al Eternauta?
El Rulo no conocía al Eternauta ni al sargento Kirk. Ni siquiera había visto nunca una tapa de Frontera dibujada por Hugo Pratt! Pero el Rulo era así, nunca se había ocupado de ese tipo de cosas. Desde chiquito siendo el mejor y más responsable, casi como un padre que da buenos consejos, aunque a veces no los cumpla con sus propias acciones y no se de cuenta o no quiera reconocerlo…¡El Rulo era como un hermano que siempre está ahí para apoyarte, aunque sea a través de la crítica, de no comprenderte, pero estando ahí. No comprendiendo pero siempre ahí. Manuel creía en el Rulo, aunque tuviera esas cosas por no haber leído nunca historietas o tal vez por no haber tenido un abuelo bromista. Por haberse tenido que hacer cargo de ayudar a mantener a sus hermanitos y casi hasta a un primo prestado, cuando sus respectivos padres abandonaron los hogares y las mujeres no daban abasto trabajando para mantener a todos. La madre de Rulo había logrado sacar de él un tipo más derecho que no se qué! Porque las mujeres tienen esa habilidad para sacar de todos lo mejor cuando quieren… o pueden, o … yo qué se…
Magda llegó a ellos sin correr, porque se había dado cuenta de que ya nadie la perseguía. Había mirado para atrás justo en el instante en que El Eternauta desaparecía y eso, aunque muy asombroso no le había sorprendido, tan intensa era su necesidad de que el mundo se portara bien. El segundo portento había venido a corregir al primero y volver todo a fojas cero, o casi.
-¿Lo llegaron a ver…? Se me apareció de golpe dentro de la casa.
-Sí Magda, lo vimos. Es El Eternauta, no te preocupes.
-¿Vos estás loco, Manuel? ¿Cómo que no se preocupe? Quién es ese disfrazado que se metió en tu casa y la quería agarrar?
-Yo no sé si me seguía. Parecía estar confundido…
-No eso ha de ser un error de Germán.
Rulo y Magda quisieron saber al unísono a cuál Germán se refería. Pero eran dos preguntas distintas con las mismas palabras. La del Rulo era preguntar si otra vez se había vuelto loco, porque él le conocía todos los amigos y no había entre ellos ningún Germán ni ningún Eternauta. En cambio la Magda dudaba de haberse equivocado en alguna letra cuando los mensajes y haber transformado una palabra en otra que le hubiera hecho entender al tal Germán que ellos le hubieran pedido que les mandara ese ser envuelto en trapos.



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