lunes, noviembre 13, 2006

123 - SEGUIR ASI

Fue una noche de terciopelo. De amor lento acompañado de garúa sobre las chapas y todo el resto en silencio. De terciopelo el aire que respiraban. Acariciador azul negro de la oscuridad que les envuelve… ¿Pedir algo…? Sí.


-Seguir así.
Al borde del insondable comienzo de otra existencia que desde ahí, tal vez con cierto pavor, nos observa. Y sin embargo…Esa confianza mutua en la definitiva bondad del otro que nunca hemos visto en su desnuda esencialidad, pero que sabemos nos está esperando de brazos abiertos al otro lado del salto.
-Seguir así.
Sin querer siquiera superar ninguna marca. Solamente dejar que el tiempo fluya por el aire de la habitación, por los cuerpos, por la garúa que va dejando aquellas gotas de placer acompasado que iluminan la profundidad de la noche lluviosa sobre la monotonía de los pinares y los arenales de la costa, apenas lamidas por rizos del agua bajo la quietud de esa tormenta sin viento casi estancada sobre la tierra…
-…
Y el cuerpo desnudo de Magdalena fue todo lo que es, extendido indolente sobre la costa, bajo la lluvia mansa, por ahora, pero con un sospechado trasfondo de tormenta apasionada y tempestuosa. Y el cuerpo desnudo de Manuel fue un obelisco primitivo, desdeñoso desde su frágil fortaleza, de los furores de cualquier posible viento o el torrente de cualquier río.
-Seguir así.
Sabiendo ese era y seguiría siendo, el único instante de sus vidas –la verdadera vida- enrabadas en el coito indefinido del cual sólo se podía salir fugazmente para volver y continuar lo único que puede ser eterno. El contacto intimo no sólo de los cuerpos…
-Seguir así.
Sino de las almas que se dejan sabiamente llevar por el instinto.
-…
Y darte el placer que te mereces, yegüita, con todo el cuerpo!
Y con las patas y con las bolas.
-Seguir así.
Pero sin apuro…
Si
guieron así…gran parte de la noche, mientras la tormenta en vez de amainar crecía, como crecen las cosas buenas, desde adentro. Sacando más energía en vez de gastarla.
Porque la tierra se estaba reconociendo en sus hijos, los de su misma sabia y de su misma veta. Aquellos que de su madre no se avergüenzan.




Publicar un comentario