viernes, noviembre 24, 2006

134 - No queremos tener jefes

Ernesto se separó del grupo que todavía seguía riendo y se fue a recostar contra el muro de arenisca, a un costado pero a la vista de todos, con el dorso de una mano apoyado bajo la pera y denotando en la expresión el denodado esfuerzo que su mente estaría haciendo para llegar a resolver aquel oscuro enigma.
En algún momento, murmuro como para sí algo que todos sintieron.
-Me parece que se cómo lo hicieron.
-¿Apagar la compu?
-No meter el mensaje con la computadora desconectada y publicar un blog sin que figure en ningún registro. ¡Las dos cosas de la misma manera!
-Sí, me supongo.
-¿Y vos, podrías hacer lo mismo?
-Es lo que quería decirles. Me doy cuenta de cómo lo hicieron pero… No quisiera correr el riesgo de meter la pata…Tendría que pensarlo más en detalle.
Lo volvieron a dejar solo, separándose los otros tres hasta el derredor de la mesa otra vez.. Giorgionne, pensativamente se mesaba la nariz. Magda invitó a Manuel a aprovechar el entretiempo para “bajar” las nuevas instrucciones que les iba a mandar Abelardo. Manuel estuvo de acuerdo y Giorgionne se ofreció para ayudar en lo que fuera.
Fueron más de veinte carillas de cuaderno escritas con la apretada letra del licenciado. Algo así como tres horas de trabajo sostenido al cabo del cual sonrieron aliviados y se percataron de que Ernesto ya estaba de vuelta entre ellos –vaya a saber desde cuándo.
-Qué es todo ese texto?
-El manual de los guijarros que me había prometido el abuelo
-¿Tiene muchas posibilidades nuevas?
-No sabemos todavía. Lo hemos escrito sin leer.
Ernesto puso cara de cambiar de tema. Dijo haber estado pensando en lo que le dijera una vez el viejo Tunga sobre que para que un grupo sea igualitario era necesario que todos sepan todo. Que no hubiera especialistas cuyo conocimiento imprescindible, pudieran mantener en reserva.
-Nosotros no queremos tener jefes, no?
-¡Claro!
-Bueno, me parece que para mantener esto, ustedes tienen que aprender lo que yo sé y yo debo aprender de ustedes…
En ese momento sonaron las alarmas. En la pantalla titilante se había abierto el mapa de la costa canaria por sobre el que se veían varios puntos rojos que se movían con mucha lentitud. Todos se amucharon junto al aparato tratando de entender. Ernesto dio las primeras pistas.
-Esta banda es Gianastasio, este desvío es la avenida Becú.
-¿Y los puntos rojos son bolas patrulleras, no?
-Sí, se están moviendo con mucha lentitud. Parecen buscar algo…
Manuel entendió el plano y supo qué calle era cada calle. Tuvo un sobresalto.
¡Están arriba de mi casa!




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