sábado, noviembre 04, 2006

115 - ¿Nos atacó un error?

Después retomaron callados el camino de la barraca, los tres adelante y el carrito detrás. Manuel se había dejado llevar por su pensamiento de hacer por fin la fiesta de su cumpleaños, que nadie había recordado a no ser Abelardo, pero, acaso el se acordaba de los cumpleaños de los otros? Reunirse y pasarla bien aprovechando ahora que andaba con unos pesos en los bolsillos, estaba vivo y libre. Magdalena, no del todo recuperada del susto anterior prefería seguirlos a ellos adónde fuera por lo menos hasta tranquilizarse del todo. Rulo seguía confundido. Iba repasando mentalmente la escena vista y revista en reiterados replays y no lograba zafar del ese obsesivo círculo. La gente no puede desaparecer así! Se decía dándose cuenta de lo absurdo no sólo de los visto sino de todo. ¿Tenía que haber alguna explicación!
-¿No será que nos ha atacado algún virus?
Manuel sonrió con sorna y continuó:
-¿O que hemos consumido alguna sustancia tóxica…?
-¿Un veneno?
-No, alguna droga. Vos también fuiste amigo del Chumbo.
-¡Andá a cagar! Yo hablaba en serio.
-Y yo cuando te hablaba del auto rojo también.
-Bueno, perdoname…
¿El Rulo pidiendo perdón! Primera vez en la vida. Cierto que no hubiera sido necesario muchas veces pero…¡no lo había hecho nunca!...¿Y él? ¿Manuel Aquelarre, pedía alguna vez disculpas?
-No lo que vimos no fue por ningún virus. Fue… un error, una confusión… Ya lo vamos a averiguar.
-¿Nos atacó un error!
-Que no fue un ataque, te digo. El tipo apareció por error. Lo dejaron…
-¿Cómo que lo dejaron…?
La flaca intervino.
-Rulo, las cosas inexplicables también existen.
Y retomó Manuel:
-Vos sabés que aquí hubieron desaparecidos, no?
-Claro que lo se, pero esto…
-Aquellos eran casos en que los milicos estaban detrás. En este caso… Yo se algo sobre esto que si te lo cuento me mandás al Vilardebó.
-Dale. Ya te pedí perdón.
Manuel imitó su voz con un timbre ridículo:
-El que ve cosas que no existen está loco!
-Hijodeputa!
-Bueno, te voy a contar algo de lo que me ha pasado. Pero mirá que si ahora estás cagado, cuando te lo cuente vas a tener el doble de cagazo que ahora. Preparate.
Rulo miró a Magdalena con una sonrisa nerviosa que se le escapaba.
-Contame.
-No, después. Cuando volvamos a casa.
Ya llegaban a la barraca. Entraron todos al local, menos el carro.



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