martes, noviembre 14, 2006

124 - Caminando bajo la lluvia.

El mundo amaneció boquiabierto de sí mismo. Al menos la tierra que, mientras se desperezaba agotando los posibles ángulos para estirar los brazos, abrió los ojos y no pudo menos que sonreír a la visión de sus faldas ajadas, pero pobladas aun de seres vivos. Sus millones de hijos de las más distintas especies y raleas también despertaban, al menos todos aquellos que a aceptaban la que los sabios enseñaban sobre el vivir de día y el dormir de noche, sin olvidarse de hacer el amor porque el trabajo no enriquece a nadie y el sexo jamás engorda.
Los muchachos seguían durmiendo, arroyo manso que cruza el paisaje sin cortarlo. La flojedad de aquellos miembros era más que visible y, haría suponer a cualquier indiscreto cuáles y cuán intensos habían sido los lances de la noche. Estaban agotados. Vacíos de ansias por un rato aunque en sueños, seguramente seguirían copulando para vaciar de ensueños el sueño y acabar despertando a la luz en medio de un verdadero orgasmo de realidad…
Sin embargo despertaron perezosos, encandilados y hambrientos. Reptaron a la cocina uno tras el otro, con la misma idea de rescatar algo para comer. Atragantados de risa comieron, sentados en el piso y al modo del mastín asesino, unos mendrugos de pan y otros de queso, por no haber visto otra cosa…ni las cebollas ni los ajos.
Recién después fue lo de lavarse la cara y preparar el mate y mirar como al descuido por los rincones por si se hubiera caído alguna torta frita o trozo de ella o… Estaba claro que iban a tener que ir al almacén por un surtido de todo eso que no te puede faltar.
Al rato salieron, ya no llovía y la luz que atravesaba la gruesa capa de nubes acentuaba el verde de los colores verdes. Las hierbas nuevas, largas y pálidas, algunos rebrotes de pinos y toda cosa que fuera medianamente verde, se había puesto vistosa y coqueta. Coqueteaban su verdor aprovechando que por un rato el suyo fuera el color preferencial, el de moda…
Manuel y Magdalena iban de la mano por la calle de balastro empapado en agua, chapoteando los championes como par de gurises acostumbrados a jugar bajo la lluvia.


-¡Allá van!
-Ah, se dignaron a levantar!
-¡Qué asco!
-Revolcándose en el suelo!
-Como los perros.
-¡Como las gatas!
-Sin ninguna vergüenza.
-¡Sin ninguna ropa!
-Habría que denunciarlos.
-…estaban en su casa…
-¿Y si alguna criatura mira por la ventana?
-¡Qué horror!
-Bueno… las que miramos fuimos nosotras…
-Para ver qué pasaba, nomás.
-Para saber qué clase de vecinos tenemos.
-No si yo…
-Vos te ponés de parte de ellos. Defensora de degenerados!
-¿No serás vos también de hacer esos jueguitos?
-Ya soy una vieja.
-Por eso mismo… Cuanto más vieja más degenerada!

Volvieron a pasar los muchachos de vuelta con el bolso lleno. Apuraban el paso porque de nuevo empezaba a garuar. En la esquina fueron saludados por las tres vecinas que mantenían su puesto de observación sin importar cuanto sacrificio de salud costara.

-Fueron a hacer las compras juntos…Seguro que se han juntado.
-Claro, ella ha de estar preñada!
-¡Zulema! No es una vaca…
-Y dale con ponerte de su parte!

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