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domingo, febrero 25, 2007

224: ¿Qué están cocinando?

Manuel pareció enojado. Le preguntó a Ernesto por los guijarros y contestado que arriba en la casa, subió él mismo a buscarlos sin preguntar en cual lugar de la casa. Sin embargo fue derecho a estirar la mano por entre los libros y el florero de cristal hasta reconocer la gamuza con los dedos.
Volvió en seguida.
-Abelardo no me está cantando la justa.
Magdalena dudó si ayudarle a hacer bailar las piedritas pero por último concedió que si el viejo podía mandar un emisario dibujado bien que lo podría haber hecho antes y ayudarlos cuando Manu estuvo raptado. ¡Sale ahora con consejos!
-Tomá flaca andá controlándome las letras.
Lo había escrito en un papel.
-Primero llamá…
-Sí. Bueno, largá!
-“Abuelo, me estás cagando”
-A-bu-e-lo…
-“Qué negocios tenés con Mujica, vos?”
-Qué…
A los pocos segundos las piedras cayeron de pronto de costado. No habían más ondas y muchas interpretaciones posibles salvo la de que los ángeles controlándola la habían cortado. Ellos hubieran aprovechado para hacer el rastreo de la llamada y encontrar el escondite de Manuel como aquel detective que le daba charla al asesino serial para encontrarlo.
O también que a las piedritas se les hubiera agotado la energía.
Nada de eso, enseguida las piedras se pusieron erectas y comenzaron a bailar…
-“Manolito, eso te lo puedo explicar. He estado tratando desde aquí de conseguir alguien que te proteja.”
-Pero si todo esto lo empezaron ustedes!
-“No, muchacho cuando vimos la que se venía quisimos protegerte. Perdoná que las primeras operaciones de Germán hayan sido medio a los ponchazos, no dominábamos la técnica del manejo de las coordenadas… ni de los tamaños.”
-¡Abuelo, no me hagas versos! Yo ya estuve manejando una bola!
-“Pero date cuenta de que las nuestras eran teledirigidas!”
-¿Nuestras?
-“Es un decir! Hemos tenido tantas charlas y discusiones con Germán que ya no sabemos qué idea la propuso primero quién”
-¿El Eternauta a quién se le ocurrió?
-No! Me refiero a las conversaciones de después de muertos!
-¿Vos nunca escribiste guiones?
-“No…¿Pero para qué me llamaste?”
-Para preguntarte que están cocinando ustedes con el Pepe Mujica.
-“Yo, a mi manera le hice entender que no te podía dejar en banda. El ahora sabe, por experiencia propia que nosotros existimos, este otro mundo del segundo tiempo.”
-¿Y cómo te enteraste vos de lo que pasó?
-“Y bueno Manuel! Es lo que siempre te quise explicar de las cuerdas del universo. En la medida en que te ponés en resonancia con un conjunto de cuerdas, toda la información que tiene que ver con ese sectorcito del universo pasa a estar en vos.”
-Mejor que los guijarros.
-Si pero no sirve para hablar entre dos. Solo te enterás de los hechos y de los lugares, casi como un cine mudo
-El sonido ha de andar por otras cuerdas que no sintonizaste, capaz?
-Claro. Pero nuestra mente no da abasto para tantos canales simultáneos! Viste como ya vas entendiendo?
-Y si sintonizás el sonido y dejás de lado la imagen?
-Es más complicado. El sonido es una energía que se dispersa enseguida…Pero Manuel esto de comunicarnos por este medio ahora es muy peligroso para vos. Te llamo en unos días…cuidate.


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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sábado, noviembre 11, 2006

122 - Beato Angélico.

Sonó el teléfono de Magda y ella con la boca llena de tortas contestó ycon sorpresa miró a Manuel a tiempo de decir el “sí, le paso” y enseguidapasarle el aparatito mientras vocalizaba en el aire una palabra que Manuel nocomprendió, en ese momento, sino cuando escuchó que una voz desde el otro ladodel eter le decía ser del licenciado Giorgionne.



Pedía perdón,-el licenciado- por interrumpir su vida privada, pero tenía que
trasmitirle la noticia de que al otro día a la misma hora y en el mismo lugar
iban a tener una reunión urgente por el acaecimiento de un hecho muy importante.
Habían recibido un mensaje. Si él ya estaba enterado, seguramente por parte de
Ernesto, entonces mejor, pero como se trataba de algo tan importante aprovechaba
para pedirle que no faltara.


-Es aquel doctor que te recomendaron…¡Te quiere ver de nuevo?



Manuel dejó pasar la pregunta, pensando que decirles que era por el tema de la
sociedad secreta era lo mismo que descubrir que Giorgionne era uno de los socios
secretos. En cambio tenía que decidir, pensando, cuál de sus aventuras en el más
allá contarles. No podía ser alguna complicada o atemorizante. Debía ser fácil
de comprender…por el Rulo que si no se le iba a disparar como caballo espantado
e iba a desmontar su jinete necio que todo lo niega. Pero no debía perder más
tiempo, la guerra se le venía encima y en cualquier momento se podían desatar
batallas sobre sus propias cabezas!


-Che. Les había prometido contar algo.

Rulo dejó de masticar y levantó las pupilas hacia Manuel con expresión de Beato
Angélico asustado. Magda, en cambio, apoyó la cola contra el borde del fogoncito
de la cocina y sin dejar de masticar se dispuso a oír.


La historia elegida fue la de los milicos torturadores de Rincón del Cerro, unpoco arreglada y podada de los detalles más fuertes. Como para los oídos delRulo. Destacó el comienzo en Lagomar ante los ojos del Cholo. El hueco que sehabía abierto en su camino y su traslado hasta el armario de los milicos. Lo delarmario dudó en contarlo, tan entupido parecía pero, si seguí quitando detallesterminaría no contando nada, así que siguió adelante pasando por elinterrogatorio con esa droga inyectada en las venas y la manera que habíaencontrado de dominar al estúpido que habían dejado de custodio y su huída por

la carretera hasta Montevideo. Por supuesto nada contó de su paso por la casilla
del Chumbo ni tampoco lo de su encuentro con la señora Fátima pero detalló
morosamente su segundo encuentro con el Pepe y su promesa de ayuda que se
concretó aquella tarde cuando llamó para pasarle el teléfono del Licenciado que
por fin lo atendió y dejó bien en claro que su mente no sufría de ninguna
alteración.


-Ustedes se han de acordar…


Chumbo soportó toda la historia con ojos desorbitados pero sin interrumpir. Sólocuando Manuel daba por terminada la historia preguntó cómo había vuelto.
-Pedaleando en la bici.

Manuel pensó en dejarlo así, pero arrepentido, agregó la historia de la bola
espejada y de su primer encuentro con El Etermauta, en su interior, cuando le
vió atontado y sentado en el suelo, sin fijar sus ojos en nada.

viernes, noviembre 03, 2006

114 - Manuel descubre la astucia

A Manuel de pronto se le prendió la lamparita de dejar de dar explicaciones.
-¿Pero vos qué viste, Rulo?
-¿Qué vi? Y qué voy a ver… Vi un hombre todo tapado y con una careta de las que usan los que pintan autos…y…
-¿Y qué?
-Caminaba como una momia y venía siguiendo a la Magda y…
-¿Y qué?
-Y yo qué se… De repente desapareció!
-¿Cómo que desapareció? Los hombres no desaparecen.
-Ah…¡me estás jodiendo! Si vos mismo lo viste. Hasta lo conocías!
Intervino la Magda.:
-Dijiste que lo mandaba Germán…
Manuel indicó, con un movimiento de cabeza, un claro que conocían dentro del bosque. Cruzó la zanja de un salto seguido de ellos y, cuando se hubieron distanciado bastante de la calle, les hizo señas de sentarse, en el suelo obviamente, aunque él lo hizo sobre un tronco caído.
-Che. Ustedes saben que yo soy un burro, que nunca ha estudiado nada, pero…En esto voy a hacer como… Es lo que estoy haciendo, como mi abuelo que a veces me llevaba aparte y me explicaba las cosas. Porque aunque yo no sea ningún sabio, hay unas cosas que conozco y que ustedes no. Como mi abuelo que sabía cosas que yo no sabía… Rulo, entendés ahora por qué uno a veces no puede explicar lo que le pasa o lo que ve porque los otros piensan que uno está loco?
-Pero es que vos veías cosas que nadie más veía!
-Y vos ves desaparecer hombres en el aire. ¡Es lo mismo!
-Bueno, ¿y cual es la explicación?
-No, la explicación encontrala vos! Yo sólo te digo que también lo vi.
-Y yo también. –Aseveró la flaca muy seria.
-…y que era muy parecido a un personaje de las historietas que yo leía en la casa de Abelardo. Un personaje inventado por un tal Germán Oesterheld, quien después los milicos argentinos hicieron desaparecer junto con otros treinta mil.
Manuel se crecía. Se sentía parecido a Abelardo, a quién siempre había admirado. Sin embargo no se dejaba dominar por la vanidad. La usaba y un poco también, la disfrutaba. Especialmente por poderle dar esta lección a su primo, que siempre lo había tenido por el nene tonto que siempre lo hace todo mal. Aunque lo quisiera. ¡Y qué decir de su habilidad, no, no era esa la palabra…su ASTUCIA! Eso era lo que había usado para dejar al Rulo al borde de cualquier cosa pero sin poder llegar a nada. Ni a calentarse por sentirse bapuleado por un contrincante habilidoso… Ahora estaría pensando a mil. ¡Si le conocería! Pensando, pensando, tratando de pescar algo. Como un pescador solitario que no logra encontrar nada en las redes cada vez que las retira… ¡Pobre Rulo!




jueves, noviembre 02, 2006

113 - Ni al Eternauta ni al Sargento Kirk

Salieron y cuando llevaban menos de una cuadra de camino, un grito estridente y desgarrador que venía de sus espaldas, les electrizó los vellos. Se dieron vuelta y vieron a la flaca Magda correr hacia ellos seguida de cerca por un hombre todo envuelto de trapos hasta la cabeza, una mirilla de vidrio frente a los ojos y un colador de té frente a la boca.
-¡El Eternauta!- Gritó Manuel, asombrado de que esas cosas del mundo de más allá pudiera aparecer al la luz del día en pleno Lagomar Norte, a las tres y media de la tarde.
La flaca iba llegando a ellos cuando un cero de nada, que había venido zigzagueando por el paisaje, se encontró con El Eternauta y lo hizo desaparecer en su propia nulidad.
-El tipo se hizo humo! –Exclamó atónito Rulo.
Manuel miró a su primo para confirmar la dirección de su mirada.
-¿Viste?
-¿Pero qué pudo ser? ¡Eso era un hombre!
-El Eternauta, boludo. ¿No conocés al Eternauta?
El Rulo no conocía al Eternauta ni al sargento Kirk. Ni siquiera había visto nunca una tapa de Frontera dibujada por Hugo Pratt! Pero el Rulo era así, nunca se había ocupado de ese tipo de cosas. Desde chiquito siendo el mejor y más responsable, casi como un padre que da buenos consejos, aunque a veces no los cumpla con sus propias acciones y no se de cuenta o no quiera reconocerlo…¡El Rulo era como un hermano que siempre está ahí para apoyarte, aunque sea a través de la crítica, de no comprenderte, pero estando ahí. No comprendiendo pero siempre ahí. Manuel creía en el Rulo, aunque tuviera esas cosas por no haber leído nunca historietas o tal vez por no haber tenido un abuelo bromista. Por haberse tenido que hacer cargo de ayudar a mantener a sus hermanitos y casi hasta a un primo prestado, cuando sus respectivos padres abandonaron los hogares y las mujeres no daban abasto trabajando para mantener a todos. La madre de Rulo había logrado sacar de él un tipo más derecho que no se qué! Porque las mujeres tienen esa habilidad para sacar de todos lo mejor cuando quieren… o pueden, o … yo qué se…
Magda llegó a ellos sin correr, porque se había dado cuenta de que ya nadie la perseguía. Había mirado para atrás justo en el instante en que El Eternauta desaparecía y eso, aunque muy asombroso no le había sorprendido, tan intensa era su necesidad de que el mundo se portara bien. El segundo portento había venido a corregir al primero y volver todo a fojas cero, o casi.
-¿Lo llegaron a ver…? Se me apareció de golpe dentro de la casa.
-Sí Magda, lo vimos. Es El Eternauta, no te preocupes.
-¿Vos estás loco, Manuel? ¿Cómo que no se preocupe? Quién es ese disfrazado que se metió en tu casa y la quería agarrar?
-Yo no sé si me seguía. Parecía estar confundido…
-No eso ha de ser un error de Germán.
Rulo y Magda quisieron saber al unísono a cuál Germán se refería. Pero eran dos preguntas distintas con las mismas palabras. La del Rulo era preguntar si otra vez se había vuelto loco, porque él le conocía todos los amigos y no había entre ellos ningún Germán ni ningún Eternauta. En cambio la Magda dudaba de haberse equivocado en alguna letra cuando los mensajes y haber transformado una palabra en otra que le hubiera hecho entender al tal Germán que ellos le hubieran pedido que les mandara ese ser envuelto en trapos.



viernes, octubre 20, 2006

101 - Preguntarle a Oesterheld

-Con decirles que anoche mismo fui raptado… No ví la venir la bola porque estaba dormido, pero no era de pasajeros. Era… de las más simples y la manejaba Oesterheld, el de Hora Cero.
Ernesto Federico lo quedó mirando con la frente comprimida por el esfuerzo de intentar entender de qué hablaba. Giorgionne que se había separado un par de pasos a mirar la boca de una galería, volvió de pronto.
-¿Oesterheld dijiste?
-Sí.
-¿Sabés que fue una de los treinta mil desaparecidos de la Argentina?
-Sí el mismo. No está más en este mundo pero vive en… el segundo tiempo.
Ernesto Federico quería saber más sobre la bola. Preguntabas si tenía comando, palancas o botones para manejarla. Manuel le explicó que era una bola hueca de algo como papel y que ni tenía asientos siquiera. Que uno ahí dentro se acomoda como puede…
-Una vez me tocó viajar frente a El Eternauta, pero no pude hablar nada con él. Parecía estar enfermo. Y ahora con Oesterheld, que viene a ser como su padre y que no manejaba nada pero me dijo que me llevaría a un lugar para que viera lo que sucedía o para que escuchara, que fue lo único que pude hacer. El lugar era una reunión de milicos que estaban planeando algo que casi estaba por entender cuando me cayó un chaparrón de babas y Germán, que se ve que estaba muy atento, me sacó de ahí y me trajo al pique para casa… ¡Me tuve que bañar enseguida!
-Entonces resulta que hay dos tipos de bolas.- Anotó Giorgionne.-Las de gran porte y confort y las artesanales, tipo “hágalo usted mismo”
-Para saber más de eso le podríamos preguntar a mi abuelo Abelardo y al mismo Germán Oesterheld… Ellos saben… Aunque…
-¿Aunque qué?
-Nooo… Parece que en algunas cosas no están muy de acuerdo. Mi abuelo no quería que Germán me anduviera llevando y trayendo y que me metiera por esos tubos y que me achicara…
-¿Qué te achicara?
-Claro, no se por qué me achicó tanto que cuando me bajó allá quedé adentro de un vaso de whisky parado arriba de un cubito de hielo que yo creí que era el polo sur…
Giorgionne se había quedado trancado en lo de momentos antes.
-Un momento, creo que estamos mezclando las realidades con las fantasías. Dijiste recién que viajaste con el Eternauta. ¿No es ese el nombre de un personaje de historietas?
-¿Y qué tiene?
-Que un personaje no es real. No pertenece a la realidad.
Ahora saltó Ernesto Federico.
-¡Claro que no es real! No es real de esta realidad. Las bolas no pertenecen a esta realidad, ni los ángeles ni los diablos.
-Pero es distinto. No me puedo imaginar un mundo poblado de dibujos vivientes!
-Los personajes tienen alma, que es un alma real a la que el dibujante les da rostro. Ese rostro que los identifica es como el nombre de un personaje escrito. El nombre no está vivo pero nos evoca al personaje y nos permite la comunicación.