Mostrando entradas con la etiqueta bicicleta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bicicleta. Mostrar todas las entradas

viernes, mayo 29, 2009

698. Pedos en bolsas

Con el manubrio chanfleado por el golpe, las piernas doloridas y la cara ardiendo, solo consiguió dirigir el artefacto de dos ruedas por arenales y cuesta arribas, gracias al momentáneo entusiasmo que la posibilidad de reiniciar la comunicación con su abuelo le había provocado.
Llegó exhalando brutos resuellos y con la voz llamando a Magda mientras desde la puerta abierta ya estaba viendo que quien estaba sentado en el taburete verde no era la flaca sino Giorgionne de perfil, chupando tranquilamente un mate.

-¡ Es el abuelo, ya está todo claro !

Para él lo estaba.

Giorgionne, descartó de inmediato su tonta interpretación de aquello fuera una burla a sus cuarenta y pico de años. Por otra parte el muchacho se veía como pasando por un pico de euforia.
Pico. Palabra en común en dos pensamientos distintos que le dan sentidos distintos. Primero una cantidad imprecisa. Pico. Cuantitativo. Y después... "...un pico de euforia". Algo mayor en altura, supuestamente en un gráfico, o sea... Bueno... también cuantitativo.

(hubiese sido más bonito siendo cualitativo, yo creo, porque muchas veces, como en esta, se entrecruzan conceptos, ejemplo: burla con euforia, frente a la repetición por el otro lado: pico, pico. O sea que hay un pico que es burla y hay otro que es euforia...)

-Digo que los olores... me los manda mi abuelo... son una forma de comunicación!

Hasta gracioso. El abuelo envolviendo pedos en bolsas de nylon...
Ah, los olores aquellos que le venían...Dice... que son mensajes del abuelo que estaba en el otro mundo pero le ayudaba...
Sustituyendo la figura del padre ausente...

-Si se juntan las iniciales de los nombres de los olores aparece un mensaje.


jueves, mayo 28, 2009

697. MANVEL

Julieta le saludaba ya desde media cuadra cuando la oleada maciza de olor a mierda le dio de lleno en la cara haciéndole perder el equilibrio. Cayó Manuel enredado con el manubrio de su bicicleta y arrastró algo más que la mejilla izquierda y la rodilla derecha por la gravilla hasta detenerse, girar el cuerpo, y ya sentado agarrarse la cara con las manos.

Julieta gritó y corrió levantando el otro brazo casi a las risas pero preocupada.

El fuerte olor a ajo que sobrevino resultó como un alivio. Tampoco la sangre parecía ser mucha y a pesar del fuerte ardor comenzaba a reírse de su torpeza cuando una ola de naftalina le sumergió en el olvido del ropero de su antigua abuela. ¡Qué olor tan viejo y oscuro!
Pero enseguida una oleada húmeda, como si metiese la cabeza dentro de un barril de vino, y después caminase por un monte de eucaliptos, o ahora estuviese rozando la nariz con un limón recién cortado.

Julieta se detuvo junto a él preguntando cómo estaba.

-¡¿MANVEL?!

No llegó ella a comprender qué pudiera querer decir, pero se alegró de que hablara. Muchas veces, después de un porrazo decimos cosas inesperadas en vez de La Puta Madre.

-Vení a lavarte y desinfectarte.
-¿Porqué Manvel en vez de Manuel?

Ella le estiró una mano para que se tomara.

-¡Esto es cosa del abuelo!

Miró hacia la casa para ver si Rulo se aparecía. Dudaba de tener fuerzas para levantarle.

-Sí, ha de ser el abuelo Avelardo... pero... ¿por qué Manvel?

Era patético verle con la cara cubierta de tierra y esos rayones de sangre media seca, con la mirada perdida y las piernas abiertas sobre la calle, junto a la bicicleta.
Pero de pronto se levantó y la levantó.

-El abuelo me está llamando. Después vengo, Julieta. Quiero que la flaca me ayude...


sábado, marzo 01, 2008

484 Orden y Desorden

Algo le chocó violentamente al entrar de nuevo a su casa. En la pared que se veía al frente estaba, allí ajado por el tiempo que hacía que lo habían clavado, un tremendo banderín de Peñarol con cordón y flecos de seda! ¿Quién se podría haber tomado el trabajo de colocarlo allí de ese modo, para que pareciera estar así desde años?

Entró de todos modos olvidándolo enseguida por levantar el rastrillo y la cortadora que junto con la tijera de podar y un par de guantes seguramente Rulo había dejado tirados después de usar. Estaba la bicicleta pero no el carro y dentro del galponcito alguien había ordenado todos los cachivaches que nunca se decidía a acomodar.

Se rascó la cabeza para pensar una alternativa de transporte, pero como no se le ocurría nadie amigo con vehículo en el barrio, salió no más pedaleando mientras ordenaba las ideas sobre las organizaciones solidarias de la comuna. No se acordaba de si ya había sido construido el hospital comunal, pero en todo caso lo necesario era el transporte, pensó.

Fue cuando levantó la vista por sobre la calle y vio la inconfundible figura del Cholo, a la que se le adivinaba la sonrisa de siempre. Era bueno confirmar que Cholo también había escapado. Tal vez tuviese noticias de los otros...

viernes, diciembre 29, 2006

168: Él no es humano.

Entonces comenzó aquel silbido que Manuel reconoció de inmediato y le hizo mirar enseguida los ojos luminosos de Mandinga que parpadearon y se esforzaron por mirar en la dirección en que venía. Era la última etapa del enfrentamiento. Borrado de huellas. Porque aunque se les hubiera escapado la víctima, ellos dejarían las cosas como que no hubiese ocurrido nada para que todo el mundo se dedicase a abrir los regalitos y cantar los villancicos de nochebuena. Ernesto pidió a Magda su celular para llamar un taxi de la parada de Becú –su propio celular había volado por los aires- y llevar el herido a un lugar adecuado. Manuel captó las entrelíneas e invitó a los otros a volver a la fiesta mientras ellos resolvían este contratiempo. Cuestión de minutos. Pero cuatro, la Mulata, Aníbal, el Rulo y Julieta, prefirieron volverse desde allí a sus casas, si era que no los iban a necesitar. Roque y el Dengue aun no habían llegado y Manuel se los imaginó tirados de panza en el patio, esperando el desenlace del juego.
-Si querés andá vos también, Cholo. Nosotros nos encargamos del herido.
-No, yo me quedo –contestó muy seguro el Cholo. taxi,
-En el taxi podemos ir tres…y la flaca.
-Por cualquier cosa los voy a seguir en tu bicicleta.
Corrió hasta la casa y trajo la bicicleta, pero entonces quisieron convencerle de que era mejor llevarlo al hospital de Pando para que lo dejaran en observación. “Un golpe en la cabeza es siempre algo delicado…”
-¡Díganle la verdad! – Dijo la voz cascada – ¡Es uno de los nuestros!
Manuel recordó todo lo que habían hablado en el rancho. Las puntas de flechas… El banderín rojo y negro…No podía hacerse el boludo!
-No, no lo vamos a llevar a Pando. El no es humano.
-Dijo que era Mandinga. Yo sé quien es Mandinga… y con esos ojos que brillan en la oscuridad….
Sonó Para Elisa desde el teléfono sorprendiendo a todos. Era Giorgionne preguntando nervioso, por qué había –la flaca- tenido todo ese tiempo el teléfono apagado. Las noticias se habían precipitado sobre él y él no había podido evacuarlas hacia ningún lado! Estaban ocurriendo episodios bélicos en distintos lugares. En los cielos de Neuquén se habría librado una verdadera batalla aérea. En Elisa, provincia de Buenos Aires, el comisario afirmaba tener entre rejas a un piloto desertor que se habría tirado desde su nave dejando que esta cayera a una laguna y que habría pretendido huir en una hondita 50 propiedad de una agente de segunda. En Gualeguaychú, Entre Ríos, otro comisario habría chocado su vehículo al perder el control del mismo por interposición de un objeto ovoide en la línea de su visual.. En el departamento de Artigas aparentemente no habría pasado nada, pero en Young, Río Negro, habría caído una lluvia gelatinosa sobre los campos del Sr. Stirling… Por otra parte Pepponne también le informaba que el sujeto de traje gris poseía huellas digitales completamente concéntricas y aun no se le había podido localizar para preguntarle cual de las tres era su verdadera identidad.
-¿Les dije antes que tenía tres fichas distintas en el Ministerio, no?
¡Pero tenía más! Desde El Vaticano se anunciaba el lanzamiento, para el primero de Enero de un programa de oraciones por la paz universal! –sic- Consistiría en una maratón de rezos desde la plaza de San Pedro, por lo menos diez mil personas rezando día u noche hasta que las velas no ardan. El presidente Bush ya a adelantado que sería muy gustoso de estar allí si era que su santidad en persona le acompañaba. En cambio la gente del Islam ha declinado diplomáticamente la invitación ya cursada, alegando la incompatibilidad de las oraciones y algunos otros problemillas menores…
Llegado el taxi tuvieron bastante trabajo en meterse todos –el tachero era macanudo- alrededor de aquella mole viviente cuyas extremidades carecían de suficientes coyunturas. Pero más complicado era explicar que ese sujeto extraño y desconocido no era más que un viejo vecino, ausentado por un tiempo, y que de vuelta al pago había tenido la desgracia de tropezar con una raíz sobresaliente y romperse la cabeza contra una piedra; la única que había en todo Lagomar.


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
Technorati Profile


rpc.technorati.com/rpc/ping

domingo, noviembre 19, 2006

129 - Muchachito atolondrado.

Manuel salió pedaleando en dirección al horizonte oeste que detrás de todas esas nubes apretadas, plomizas y medio herrumbradas por los bordes, se estaría tragando en ese momento al sol, rojo. Seguramente rojo y enorme. Era un momento de quietud aparente. Una hora lenta, que sin embargo le daba a Manuel mayor sensación de movimiento, mientras las ruedas de la bicicleta hendían la gravilla húmeda. Iba mirando hacia delante, ese era el mundo en el que le tocaba vivir. Como a otros les tocaba en suerte la selva con sus animales y sus pantanos. O a otros los hielos eternos… La cuestión era decidirse, aceptar la partida o decir, como si fuera una mano de poker, “paso” si no daba el ánimo para aceptar las cartas que le habían tocado…Sin dejar de pedalear tomo la bajada y con la mirada en la distancia se dijo “voy”, para decir que aceptaba. ¡Estaba vivo! Era conciente de que este muchachito medio atolondrado que era él, se estaba metiendo en problemas sin más necesidad que la de hacer de la vida una cosa que mereciera algún día ser contada.
Cuando llegó a la casa se encontró con que Magda tenía visitas. Estaba en la cocina de mucha conversación con la Mulata, quién mostraba en su rostro, por lo general sonriente y seductor, una seriedad que evidentemente se remarcó cuando apareció Manuel por la puerta.
Manuel no quería interrumpir la conversación que acababa de interrumpir, pero la bolsa de los guijarros estaba justamente dentro del cajoncito de la mesa que Magda había cubierto con un mantel blanco que colgaba por el lado en que el cuerpo perfecto de la Mulata rozaba contra el borde… No quería meterse allí, entre las dos y sus miradas, para abrir el cajón debajo del mantel, como si fuera metiendo la mano por debajo de la minifalda de la Mulata, como el Dengue, para que después le viniera también a él la piña voladora del Roque a hacerle bum sobre la cara.
Iba a decir “con permiso” y desde cierta distancia alargar el cuerpo y el brazo pero no las gambas, cuando justo la Magda le nombró de modo que pasara de golpe a formar parte de la charla.
-¿No verdad, Manuel?
Recién después de pasados unos días fue que se vino a enterar de cómo la cosa había empezado cuando la Mulata llegó y se puso a procurar, con indirectas y mohines, que la flaca se ocupara en interceder frente a Roque para que volviera a darle bola. La flaca entonces se había parado en los pedales para decirle lo mal que había estado al darle entrada al Dengue nada más que por divertirse, sabiendo que estaba mamado, y dejarlo pagando después, como si no tuviera ella nada que ver. Y la Mulata se había ido en pretextos, nada más. El mejor de los cuales era la merecida fama de bailarín que tenía el Dengue. El mejor bailarín de Cumbia de la ciudad de la costa.
La flaca, un poco antes de la entrada de Manuel en la cocina, le había dicho que bueno, que si tanto gustaba del Dengue, por qué no se quedaba con él y lo dejaba tranquilo al Roque y de paso a ella que no tenía ganas de meterse en el asunto. Y justo por verlo en la puerta había agregado eso de “¿No verdad, Manuel?” pensando que el habría escuchado al menos parte de lo anterior.
-¿No verdad, que qué?
-Que el Dengue es un lindo muchacho?
Extrañamente, los tres rieron al mismo tiempo.




Technorati Profile

miércoles, noviembre 15, 2006

125 - Versos de Martín Fierro.

A la tarde Manuel partió para la reunión, en bicicleta y dentro de su equipo de lluvia que ahora le hizo recordar aquel otro del hospital de niños. Pedalear con aquello puesto no era sencillo ni silencioso y de buena gana lo tiraría por el camino si no fuera porque a veces resultaba útil, cuando de veras llovía, por ejemplo y no como ahora que apenas caían gotas que ni llegaban a mojar aunque sí a joder la paciencia…
Allá adelante, en el famoso portón, vio que lo estaban esperando, Giorgionne con su pilot azul de altas solapas y Ernesto Federico todo vestido de blanco aunque con zapatos y paraguas negro. La impaciencia se les veía de lejos en el cambio constante de postura y las miradas estáticas sobre la longitud de la calle, siguiendo el bulto amarillo de Manuel que en equilibrio inestable sobre las ruedas, los charcos y los barros, se iba hamacando y aproximando hasta confirmar su identidad y terminar estrechando las manos del saludo.
Un saludo corto. Las espaldas apuradas le condujeron al interior de la casa, al patio y al aljibe. A la conocida escalera y al tobogán posterior que les dejó paraditos sobre el piso rosado de la Galería Máxima. ¡Estaba todo cambiado! Era increíble todo lo que había hecho Ernesto para cambiar aquella enorme catedral vacía, al menos ese rincón, en un verdadero ambiente de trabajo, con muebles cómodos, sillones y mesa baja, alfombra persa, biblioteca y toda la maquinaria electrónica que rodeaba el monitor de la computadora.
Ernesto no dio tiempo a los comentarios. Estaba muy nervioso.
-Alguien entró a la computadora y dejó un mensaje!
Manuel se sorprendió:
-¡Descubrieron la cueva?
-¡No! Sólo entraron a la compu…. Como piratas… Como hago yo!
Viendo que Ernesto sacudía un papel que tenía entre los dedos, Giorgionne se lo pidió y viendo que era el mensaje se puso a leer en voz alta.


Mientras el mundo se agita / por disputas de allá arriba.
Abajo hacemos guaridas / en las cuevas de la tierra.
Que siempre ha sido la guerra/ de los hombres enemiga.
Una acción es dar la mano / y lo contrario esconderla.
Insístase en ofrecerla / para las fuerzas sumar.
Si nos podemos juntar / saldremos de las cavernas.

-Parecen los versos de Martín Fierro.
-¡No, muchacho! Fijate en lo que dice…
-Sí, veo que habla de la cueva. Es de alguien que sabe que estamos acá.
-No sólo eso. Saben que hay guerra en el universo y que nosotros nos llamamos Maquis.
-¿Qué nos llamamos Maquis…?
-Sí, fijate que el verso es un acróstico…
Manuel no comentó más nada. Ignoraba lo que era un acróstico pero, la experiencia le decía que si seguía la conversación ya se iba a enterar.
-Parece que a otros se le ha ocurrido lo mismo que a nosotros.-dijo Giorgionne.
-Esconderse en cuevas y llamarse Maquis.
-Conectarse con otros que se hayan dado cuenta del peligro que corremos…




sábado, noviembre 11, 2006

122 - Beato Angélico.

Sonó el teléfono de Magda y ella con la boca llena de tortas contestó ycon sorpresa miró a Manuel a tiempo de decir el “sí, le paso” y enseguidapasarle el aparatito mientras vocalizaba en el aire una palabra que Manuel nocomprendió, en ese momento, sino cuando escuchó que una voz desde el otro ladodel eter le decía ser del licenciado Giorgionne.



Pedía perdón,-el licenciado- por interrumpir su vida privada, pero tenía que
trasmitirle la noticia de que al otro día a la misma hora y en el mismo lugar
iban a tener una reunión urgente por el acaecimiento de un hecho muy importante.
Habían recibido un mensaje. Si él ya estaba enterado, seguramente por parte de
Ernesto, entonces mejor, pero como se trataba de algo tan importante aprovechaba
para pedirle que no faltara.


-Es aquel doctor que te recomendaron…¡Te quiere ver de nuevo?



Manuel dejó pasar la pregunta, pensando que decirles que era por el tema de la
sociedad secreta era lo mismo que descubrir que Giorgionne era uno de los socios
secretos. En cambio tenía que decidir, pensando, cuál de sus aventuras en el más
allá contarles. No podía ser alguna complicada o atemorizante. Debía ser fácil
de comprender…por el Rulo que si no se le iba a disparar como caballo espantado
e iba a desmontar su jinete necio que todo lo niega. Pero no debía perder más
tiempo, la guerra se le venía encima y en cualquier momento se podían desatar
batallas sobre sus propias cabezas!


-Che. Les había prometido contar algo.

Rulo dejó de masticar y levantó las pupilas hacia Manuel con expresión de Beato
Angélico asustado. Magda, en cambio, apoyó la cola contra el borde del fogoncito
de la cocina y sin dejar de masticar se dispuso a oír.


La historia elegida fue la de los milicos torturadores de Rincón del Cerro, unpoco arreglada y podada de los detalles más fuertes. Como para los oídos delRulo. Destacó el comienzo en Lagomar ante los ojos del Cholo. El hueco que sehabía abierto en su camino y su traslado hasta el armario de los milicos. Lo delarmario dudó en contarlo, tan entupido parecía pero, si seguí quitando detallesterminaría no contando nada, así que siguió adelante pasando por elinterrogatorio con esa droga inyectada en las venas y la manera que habíaencontrado de dominar al estúpido que habían dejado de custodio y su huída por

la carretera hasta Montevideo. Por supuesto nada contó de su paso por la casilla
del Chumbo ni tampoco lo de su encuentro con la señora Fátima pero detalló
morosamente su segundo encuentro con el Pepe y su promesa de ayuda que se
concretó aquella tarde cuando llamó para pasarle el teléfono del Licenciado que
por fin lo atendió y dejó bien en claro que su mente no sufría de ninguna
alteración.


-Ustedes se han de acordar…


Chumbo soportó toda la historia con ojos desorbitados pero sin interrumpir. Sólocuando Manuel daba por terminada la historia preguntó cómo había vuelto.
-Pedaleando en la bici.

Manuel pensó en dejarlo así, pero arrepentido, agregó la historia de la bola
espejada y de su primer encuentro con El Etermauta, en su interior, cuando le
vió atontado y sentado en el suelo, sin fijar sus ojos en nada.