Cuando Rulo torció la boca para rechazar el cigarro que había armado Aníbal y del cual todos iban fumando, Julieta, que venía de sacar las pizzas del horno, se asomó y sacudió la cabeza. El Dengue al recibir el cigarro bromeó con que lo querían mamar y el Cholo propuso que se llenaran de nuevo todos los vasos y que cada uno hiciera su brindis. Así se hizo.
Ernesto brindó entonces por la humanidad del futuro. Julieta, que ya había depositado las piceras sobre la mesa con las porciones desprolijamente cortadas, brindó por su futuro hijo mojando apenas los labios en el vino, con lo que llenó de emoción a Manuel, que la observaba y ahora abrazó a la flaca sintiendo que las mujeres eran seres admirables. Desde ese estado brindó Manuel por el amor.
El Cholo, en cambio levantó su vaso lleno de rojo vino y brindó no por los veinte años de Manuel, sino por los treinta de Bordaberry a quien deseó larga vida.
El roque brindó por la amistad. El Rulo quiso que nunca les faltara el trabajo. Magdalena que se terminaran todos los problemas y fueran jóvenes para siempre. Aníbal en vez de decir el deseo de su brindis lanzó una sonora carcajada. La Mulata no quiso brindar.
Comieron y bebieron y se rieron con grandes aspavientos. Recordaron cosas del pasado en común. Cantaron sin guitarra y con poca afinación. Abrieron latas de sardinas y cajas de vino. Asaron chorizos a destiempo y hablaron tantas ingeniosas pavadas que probablemente nunca iban a poder recordar…
Al rato Manuel comenzó a ver la fiesta desde progresiva distancia, alejándose de las carcajadas y las bromas por un camino interior que de pronto le hizo perder todo contacto con la realidad externa llevándolo a un lugar desconocido donde sólo se sentían voces. Las voces eran dos y discutían… Una de las voces era la de su abuelo Abelardo y la otra…¡Y discutían sobre él!
-Yo te lo dije desde el principio, Germán. Esto no es lo mismo que escribir un guión!
-Pero igual quisiste hacerlo! Si no ¿por qué le dejaste el juego de los guijarros?
-Después me di cuenta… Todo empezó cuando yo era un niño y tenía la cabeza llena de absurdas fantasías!
-El problema es que ahora se nos salió de control.
-¡Nunca debimos intentarlo! Nos metimos a aprendices de brujo.
-Bueno, pero algo tenemos que hacer. Toda la trama de su vida ha quedado alterada. Por lo menos tendríamos que remendar algunas cosas…
-Sí. Y seguir haciendo cagadas…!
Un par de labios húmedos apoyados suavemente sobre los suyos lo trajeron de vuelta al mundo de los vivos. Los ojos luminosos de Magdalena le miraban ahí enfrente, serenos y al mismo tiempo seductores, esperándolo para seguir navegando las aguas compartidas… Alrededor se volvían a conectar los sonidos de la fiesta como un trasfondo sonoro que completaba el escenario.
Decidió seguir jugando. Se levantó y fue a subir el volumen de la música. Llevó a la flaca a un costado de la rueda y se pusieron a bailar.
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165: UN BRINDIS POR BORDABERRY
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martes, diciembre 26, 2006
domingo, diciembre 03, 2006
143: ¡BLANCAS!
Por último todos acordaron quedarse en la cueva. Ernesto ofrecía pizzas o en su defecto chorizos que podía subir a cocinar en el horno…o comprar alguna cosa, pero no. Lo mejor era mantenerse adentro y arreglarse con lo que hubiera. Fueron pizzas. El vino, abundante y embotellado, apareció como atención de la casa, haciendo que Manuel mirara significativamente a la flaca mientras comía la primera porción y se pegoteaba los dedos con la muzzarella que se deslizaba y amenazaba caer engrasando todo. Suerte que lo otros también levantaron la porción sobre la cara y abriendo la boca lograban engullir los hilos sin perder ninguno. El método de todo lo meto en el Metotodo. Para reírse.
Ellos raramente iban a la pizzería. Por falta de money, claro, pero lo novedoso no era la pizza, ni mucho menos el vino, ja! Sino lo otro que también se dijeron con aquella misma mirada, porque sólo con la mirada se puede decir. Eso extraño que flotaba en el ambiente dándole un toque de galante ceremonia, a pesar de los guarangos modales de ellos y aun de Giorgionne, que empezó con un precioso cacho de muzzarella sobre su propio pantalón. ¡Me cago en el cacho!
Era un aire de película de aquellas del tiempo de las ceremonias y las pelucas. Costumbres de antes cuando todos los hombres parecían maricones. ¿Ernesto Federico, sería marica? Era difícil de decidir…y sin embargo… tal vez no fuero eso lo extraño que flotaba en el ambiente.
Manuel tocó con disimulo la rodilla de la flaca para que le mirara otra vez y en la mirada ver si estaban pensando en lo mismo sobre eso que ahora se hacía un raro perfume que untoso e insistente se pegaba a las narinas y cargaba la atmósfera con algo a la vez comestible y desconfiable.
Sí, lo extraño no era otra cosa que un perfume. Uno de esos que usan los ricos, que son más pesaditos que los de ellos, puro alcohol con una gota de extracto, que se desaparecen al menor soplo del viento.
Así que el negro era rico y por eso tenía esos modales. Que te acomodo la mesa de la mejor manera. Que te alcanzo el azucarero y no me olvido de las servilletas…Compro perfumes caros y me los echo encima. Almendras o nueces mezcladas con miel y ese pañuelo en el pescuezo…de seda con seguridad.
Pero lo había salvado de la escalera luminosa y no lo había hecho por Dios, sino por los hombres. Por El Hombre, como él decía. Para salvar al hombre de su esclavitud. ¡Lastima que fuera tan pegajoso! Pero generoso… Y hasta a veces cómico. ¡El famoso Mem! Ernesto Federico de Oliveira e Souza, nativo de Caxías do Sul, en el estado de Río Grande pero venido al Uruguay de pequeño a habitar en aquella casa enorme que tenían encima. Ahora Manuel se la imaginaba nueva y bien pintada, rodeada de jardines por dónde correteaban varios niños ricos. Negros por esta vez, seguidos de niñeras como en esas películas americanas de las plantaciones de algodón, pero con los colores cambiados. ¡Las niñeras eran blancas, ja ja! Y los niños negros eran atrevidos y jactanciosos y maltrataban a las niñeras gritándoles altivamente: “¡Blancas!”
Le vino mucha risa con la boca llena y un trozo de muzzarella huyó de la boca a la nariz, como a veces se mete el arroz, y se atoró totalmente. Un desastre. Quiso ayudarle la flaca dándole golpes en la espalda pero, a ella también le vino risa y también se atoró, con lo que la ayuda la dio por fin Ernesto aconsejando tragar pequeños sorbos de agua para restablecer el sentido de la circulación natural.
Dijo que para la risa sí era bueno el método de los golpes en la espalda. Golpes no. Lo bueno era un solo golpe fuerte tomando al paciente de sorpresa cuando se encontrara distraído y al mismo tiempo a las risas –el método era contra la risa—Era así que se hacía, aunque fuera difícil imaginar alguien a las risas y al mismo tiempo distraído.
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Ellos raramente iban a la pizzería. Por falta de money, claro, pero lo novedoso no era la pizza, ni mucho menos el vino, ja! Sino lo otro que también se dijeron con aquella misma mirada, porque sólo con la mirada se puede decir. Eso extraño que flotaba en el ambiente dándole un toque de galante ceremonia, a pesar de los guarangos modales de ellos y aun de Giorgionne, que empezó con un precioso cacho de muzzarella sobre su propio pantalón. ¡Me cago en el cacho!
Era un aire de película de aquellas del tiempo de las ceremonias y las pelucas. Costumbres de antes cuando todos los hombres parecían maricones. ¿Ernesto Federico, sería marica? Era difícil de decidir…y sin embargo… tal vez no fuero eso lo extraño que flotaba en el ambiente.
Manuel tocó con disimulo la rodilla de la flaca para que le mirara otra vez y en la mirada ver si estaban pensando en lo mismo sobre eso que ahora se hacía un raro perfume que untoso e insistente se pegaba a las narinas y cargaba la atmósfera con algo a la vez comestible y desconfiable.
Sí, lo extraño no era otra cosa que un perfume. Uno de esos que usan los ricos, que son más pesaditos que los de ellos, puro alcohol con una gota de extracto, que se desaparecen al menor soplo del viento.
Así que el negro era rico y por eso tenía esos modales. Que te acomodo la mesa de la mejor manera. Que te alcanzo el azucarero y no me olvido de las servilletas…Compro perfumes caros y me los echo encima. Almendras o nueces mezcladas con miel y ese pañuelo en el pescuezo…de seda con seguridad.
Pero lo había salvado de la escalera luminosa y no lo había hecho por Dios, sino por los hombres. Por El Hombre, como él decía. Para salvar al hombre de su esclavitud. ¡Lastima que fuera tan pegajoso! Pero generoso… Y hasta a veces cómico. ¡El famoso Mem! Ernesto Federico de Oliveira e Souza, nativo de Caxías do Sul, en el estado de Río Grande pero venido al Uruguay de pequeño a habitar en aquella casa enorme que tenían encima. Ahora Manuel se la imaginaba nueva y bien pintada, rodeada de jardines por dónde correteaban varios niños ricos. Negros por esta vez, seguidos de niñeras como en esas películas americanas de las plantaciones de algodón, pero con los colores cambiados. ¡Las niñeras eran blancas, ja ja! Y los niños negros eran atrevidos y jactanciosos y maltrataban a las niñeras gritándoles altivamente: “¡Blancas!”
Le vino mucha risa con la boca llena y un trozo de muzzarella huyó de la boca a la nariz, como a veces se mete el arroz, y se atoró totalmente. Un desastre. Quiso ayudarle la flaca dándole golpes en la espalda pero, a ella también le vino risa y también se atoró, con lo que la ayuda la dio por fin Ernesto aconsejando tragar pequeños sorbos de agua para restablecer el sentido de la circulación natural.
Dijo que para la risa sí era bueno el método de los golpes en la espalda. Golpes no. Lo bueno era un solo golpe fuerte tomando al paciente de sorpresa cuando se encontrara distraído y al mismo tiempo a las risas –el método era contra la risa—Era así que se hacía, aunque fuera difícil imaginar alguien a las risas y al mismo tiempo distraído.
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martes, octubre 10, 2006
91 ¿Cómo le fue por el otro mundo?
-¿A qué estabas jugando?
¿Cómo decirle, cómo contestarle sin mentirle?
-Sabés que estaba pensando en la comida. Estoy muerto de hambre, ¿Vamos a comprar alguna cosa?
-Bueno. Pero contame qué son esos trompitos…¿De dónde los sacaste?
-Los encontré…
-Mostrame. ¿Cómo hacés para que bailen todos a la vez?
-Como cualquier trompo, Magda. Con los dedos, como si fuera una perinola… ¡Quiero comer carne! Hace días que le damos a las pizzas y a los fideos.
Salieron apurados como si todos los comercios fueran de pronto a cerrar. Manuel adelante, caminaba a las zancadas llevando a la flaca casi de tiro y sin resuello como para seguir preguntando. Ella lo siguió, pero picada de curiosidad ante su evidente evasiva. Le conocía demasiado como para no desconfiar de tanto apuro… Le conocía tanto que ahora estaba segura de que andaba con otra mujer. No se veían desde el baile, ayer… Pero de que no se acostaban juntos ya iban como dos días!
En eso que caminaban apurados por la calle, vieron dos hombres que enfilaban directamente hacia ellos. Resultaron ser el licenciado Giorgionne y Ernesto Federico de Oliveira e Souza! Manuel correspondió a los saludos efusivos del Licenciado y saludo al Mem, que como pudo, a media voz…
-Perdóneme Manuel por el exabrupto de ayer. No quise ofenderle ni atemorizarle.
Giorgionne quedó sorprendido ante las palabras de Ernesto Federico, se le borró la sonrisa de la cara - único lugar donde la tenía – y miró a Manuel como si Manuel pudiera aclararle algo. Pero Manuel, si bien sabía a qué se refería el hombre, ignoraba todo posible significado de la palabra exabrupto, con lo que se quedó pensativo un segundo. Pensativo por pensar que estando la flaca presente no le iba poder preguntar a Giorgionne cómo le había ido por el otro mundo.
-Bueno, nosotros seguimos…íbamos muy apurados!
-Un segundo Manuel. ¡Tenemos que reunirnos!
-Usted me dijo que en quince días. Todavía…
-No, mañana en la policlínica, a la misma hora.
Impelidos por el motor fuera de borda del apuro de Manuel, se separaron rápidamente del lugar dejando atrás a los dos hombres, allá en la esquina, tal vez desconcertados o tal vez mal pensando uno del otro como el causante de tan precipitada salida de los muchachos
Unas cuadras adelante Manuel aflojó la marcha.
-¿Qué quiere decir exabrupto?
-Si no sabés vos… A vos te lo dijo.
-¡Ese tipo está loco!
-¿Y quién es?
-Un loco que vive en el bosque y es amigo de los Tucu tucus…
-¿Y por qué te pidió disculpas…?
-¡Qué sé yo!
La flaca estaba mal. Era comprensible. Manuel se sentía un boludo haciendo todo ese teatro de despistes con ella. Con la flaquita divina que él quería. ¿Cómo sincerarse? No sabía cómo pero tendría que hacerlo!
-¿Sabés de dónde salieron los trompitos?
-No. No me contaste nada.
-Eran de mi abuelo y me los dejó para que… me comunicara con él.
-¿Después de muerto?
-Sí.
¿Cómo decirle, cómo contestarle sin mentirle?
-Sabés que estaba pensando en la comida. Estoy muerto de hambre, ¿Vamos a comprar alguna cosa?
-Bueno. Pero contame qué son esos trompitos…¿De dónde los sacaste?
-Los encontré…
-Mostrame. ¿Cómo hacés para que bailen todos a la vez?
-Como cualquier trompo, Magda. Con los dedos, como si fuera una perinola… ¡Quiero comer carne! Hace días que le damos a las pizzas y a los fideos.
Salieron apurados como si todos los comercios fueran de pronto a cerrar. Manuel adelante, caminaba a las zancadas llevando a la flaca casi de tiro y sin resuello como para seguir preguntando. Ella lo siguió, pero picada de curiosidad ante su evidente evasiva. Le conocía demasiado como para no desconfiar de tanto apuro… Le conocía tanto que ahora estaba segura de que andaba con otra mujer. No se veían desde el baile, ayer… Pero de que no se acostaban juntos ya iban como dos días!
En eso que caminaban apurados por la calle, vieron dos hombres que enfilaban directamente hacia ellos. Resultaron ser el licenciado Giorgionne y Ernesto Federico de Oliveira e Souza! Manuel correspondió a los saludos efusivos del Licenciado y saludo al Mem, que como pudo, a media voz…
-Perdóneme Manuel por el exabrupto de ayer. No quise ofenderle ni atemorizarle.
Giorgionne quedó sorprendido ante las palabras de Ernesto Federico, se le borró la sonrisa de la cara - único lugar donde la tenía – y miró a Manuel como si Manuel pudiera aclararle algo. Pero Manuel, si bien sabía a qué se refería el hombre, ignoraba todo posible significado de la palabra exabrupto, con lo que se quedó pensativo un segundo. Pensativo por pensar que estando la flaca presente no le iba poder preguntar a Giorgionne cómo le había ido por el otro mundo.
-Bueno, nosotros seguimos…íbamos muy apurados!
-Un segundo Manuel. ¡Tenemos que reunirnos!
-Usted me dijo que en quince días. Todavía…
-No, mañana en la policlínica, a la misma hora.
Impelidos por el motor fuera de borda del apuro de Manuel, se separaron rápidamente del lugar dejando atrás a los dos hombres, allá en la esquina, tal vez desconcertados o tal vez mal pensando uno del otro como el causante de tan precipitada salida de los muchachos
Unas cuadras adelante Manuel aflojó la marcha.
-¿Qué quiere decir exabrupto?
-Si no sabés vos… A vos te lo dijo.
-¡Ese tipo está loco!
-¿Y quién es?
-Un loco que vive en el bosque y es amigo de los Tucu tucus…
-¿Y por qué te pidió disculpas…?
-¡Qué sé yo!
La flaca estaba mal. Era comprensible. Manuel se sentía un boludo haciendo todo ese teatro de despistes con ella. Con la flaquita divina que él quería. ¿Cómo sincerarse? No sabía cómo pero tendría que hacerlo!
-¿Sabés de dónde salieron los trompitos?
-No. No me contaste nada.
-Eran de mi abuelo y me los dejó para que… me comunicara con él.
-¿Después de muerto?
-Sí.
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