viernes, noviembre 07, 2008
622. ¿No habrá sido él?
-Flaca!
Vino desde el costado una enfermera blanca a controlarle la sonda del suero. Magdalena le acariciaba las mejillas. Él sentía necesidad de preguntar todo pero el corazón le reventaba en el pecho y de pronto se estaba mareando.
-Qué me pasó? Por qué estoy aquí?
Magda, con un gesto le pidió una pausa. La enfermera se retiraba...
-¿No te acordás de nada...?
-Y... lo último... que estábamos volviendo de A Bur Na Bar... la carpa aquella...
Magda en silencio le palpó la frente.
-En tu casa. Te encontré tirado en el piso del baño.
-¿En casa...? Qué raro... No me acuerdo de haber llegado. ¿Y vos, no estabas conmigo...?
Vino un médico con comentarios alegres, los de siempre. Le tomó el pulso, le miró un ojo estirando el párpado. Apuntó cosas en una libretita y murmuró otras hacia la enfermera.
-Haz estado mucho tiempo inconciente...
-¿Qué me pasó?
-No se sabe... Los estudios dan resultados normales. Estabas caído, desnudo, pero aparentemente no te habías golpeado al caer.
-¿Y Satanás...?
-¿De qué hablás...?
-Digo. ¿No habrá sido él...?
-¿El que qué...?
-...el que me tiró... que me hizo algo y me dejó incociente...
-...
La enfermera estaba de vuelta quitándole la mariposa del suero en la muñeca. Había escuchado parte de la conversación pero apenas movió la mirada en silencio de uno a otro. Cuando por fin se fue, Manuel arremetió con sus preguntas. Quería ponerse al día. Si era que había estado inconciente entonces... qué había pasado en aquella vuelta de Galilea traídos por Jesús dentro del receptáculo formado por las líneas de guiones. ¿Habían llegado sin inconvenientes? Ernesto ¿Se había seguido quedando con Rommel, el pequeño zorrito que se les había colado? Jesus, ¿Estaba todavía con ellos, en la caverna, aconsejándoles sobre el mejor modo de defenderse de Satanás?
En vez de contestar los labios de Magda temblaban y sus manos apretaban sin motivo las de Manuel.
-Esperame un momento. Tengo que hablar con el doctor...
jueves, febrero 21, 2008
477 SIN SUDOR NI LÁGRIMAS
Tenía que volver a la caverna, donde seguro habrían encontrado alguna dificultad para escabullir el bulto. Volver ahora, antes de que fuera tarde...
Se disponía a ello. Establecía la misma imagen mental incomprensible pero justa. Un punto. El punto de pequeñez inaudita y ubicación imposible en que estaba, que se expandía a los cuatro vientos desenrollando sus faldas y extendiendo sus alas para llegar a acoger todo el universo con sus múltiples sistemas y galaxias. ¡Asi! De este modo! ¡Habriéndose...!
No funcionaba.
Probó otra vez y otra. Se concentró con mayor convencimiento...
¡Estaba atrapado! Alguna fuerza muy poderosa estaba impidiendo que su voluntad ejercitada pudiera realizar su propósito. Tal vez el mismo Satán. O tal vez...
Decidió calmarse y descansar Era posible que a todos le estuviera ocurriendo lo mismo. Cada uno encerrado en su punto e incomunicado como si fuera otro criminal de extrema peligrosidad...
Pensar, pensar serenamente y... pensar. ¿Qué otra cosa se podría hacer allí? Tal vez no sólo lo único posible, sino lo único también imposible de no hacer...
¿Sería posible allí dormir? ¿Y soñar? Y si soñara... ¿Habría acaso alguna manera de distinguir el sueño de la vigilia? ¿La vida de la muerte...? Las iluciones de las realidades...
sábado, diciembre 15, 2007
446 NO HAY GUERRA BUENA
Nerviosamente miró a su abuelo, al Cholo, a Mandinga otra vez… Observó al Dengue, cómo se recostaba en uno de los saledizos de la nave y fingía estar mirando por uno de los ojos de buey las redondas nubes del verano, tal cual que si estuviese tirado a la sombra de un árbol frondoso y mascando un tallo de hierba mirase las vacas que pastaban sin otra cosa que hacer. Como Dengue se podía imaginar a millones de muchachos que sobre el planeta esperan turno para comenzar a vivir… Observó la catadura del chumbo, con su mandíbula apretada y los ojos vidriosos, en plena lucha, continuando su lucha de uno contra todos, despareja, injusta, desesperanzada pero sin claudicaciones… Se detuvo en la flaca, su entrañable flaca, siempre al pié del cañón, adaptándose a la extraña vida que le había tocado por culpa suya, sensible pero contenida, inteligente pero postergada. Ernesto… Ese extraño niño grande que no ha dudado en perder toda su fortuna para brindársela a la humanidad… Margarita, su madre hippy… Abelardo, su loco, loco abuelo, más genio que Einstein y más idealista que un adolescente solitario…
Llegaban al término de las escaramuzas. Para adelante estaba la guerra. La verdadera guerra, aquella de la que ningún combatiente sale del todo indemne… ¿Tenía acaso él, algún derecho a mandarlos a al combate?
Se decidió a hablar.
-No hay guerra buena. Tampoco es bueno vivir de rodillas. Propongo que mandemos toda la información que tenemos a las comunas de América y dejemos que ellos resuelvan.
Cholo advirtió que toda América y gran parte del resto del mundo ya estaban informados por Las Bolas de Manuel, sus repetidoras y comentaristas.
Ernesto objetó que había mucho más información que la que nunca se hubiese publicado.
Abelardo, que no tenía sentido decidir sobre lo inevitable.
Margarita prefería que se hiciese el amor y no la guerra.
El Cholo filosofó sobre la vida. No lo era, según él, aquella que no se basara en la dignidad.
Chumbo no quería aflojar ahora que ya los tenían dominados.
Mandinga tampoco.
Magda y el Dengue dijeron que fuera para lo que fuera irían a dónde Manuel.
Manuel se sentó en el punto de comando de la nave. Respiró hondo y dejó que todas las vibraciones concéntricas bañaran su mente y su cuerpo, las concentró como en una bola de luz enceguesedora y la lanzó vertiginosa en todas las direcciones que les rodeaban.
Todos sintieron el nudo que se les desataba en las entrañas. El camino a la caverna estaba nuevamente despejado.
domingo, agosto 26, 2007
373 No Tenés Patrón
Al otro día se pusieron todos en movimiento y desde temprano se sentían ruidos que provenían de la Galería Máxima y de todos sus recovecos. Pero Manuel no quería presentarse tan temprano sin haber tomado unos mates con la flaca y ponerse al día con las conversaciones. Una especialmente que más que conversación era una consulta a su inteligencia, más directa por lo general que la suya, que solía perderse dando vueltas por ahí sin recordar para qué era que había venido. Parecía que la flaca todo esto de los mundos y trasmundos, después de los primeros sustos, se lo estaba tomando con una naturalidad asombrosa y estaba viviendo todo con una serenidad tal como para tener el pensamiento despejado al momento de que él le preguntara... lo que le tenía que preguntar...¿Cómo era? Sí, si era posible, que él, Manuel Aquelarre, estuviera escribiendo su propia historia mientras la vivía. Es decir...
-Decime flaca qué te parece si yo te digo que al mismo tiempo que estoy viviendo, estoy escribiendo la historia de esta vida...?
-¿Estás escribiendo? ¡Ah, qué bueno!
-No. Yo te pregunto en serio si eso será posible.
-Bueno.... Vos no tenés patrón....Podés reservarte el tiempo que precises...
-Quiero decir que si es posible que en este momento yo además de hablar con vos, esté escribiendo esto mismo que estoy hablando.
((Si estuviera de este lado la pregunta terminaría con "hablando esto mismo que estoy escribiendo.))
-¿Me estás jodiendo, flaco?
-No, qué te voy a estar jodiendo. Es una idea que me tiró Mandinga y que no me la puedo sacar de la cabeza. ¿Te parece posible?
-¡No! qué me va a parecer posible. ¿Por cual motivo lo harías sin decirte a vos mismo?
-Capaz que por ningún motivo. Que lo hago nomás.
-Todas las cosas tienen una causa.
-Causa sí. Pero tal vez no motivo.
-¿Qué decís?
-Que yo por ejemplo tengo causa. Porque mis padres cogieron. Pero no tengo motivo, porque si no existiera sería lo mismo.
-Ah, Manuel estás deprimido...Vení, vení flaquito. Es demasiado temprano. Tomamos mate más tarde...
En la galería habían puesto diez mesitas cada una con un juego de guijarros encima, los tableros estaban siendo conectados a un manojo de cables que por el interior de unos largos caños de plástico, cruzaban todo el espacio hasta el semicírculo donde ahora estaba la computadora de Ernesto, más provista de adminículos que nunca. Sobre un costado Trum y Porum vigilaban a los diez primeros cachorros que venían a iniciar los cursos de comunicación telepétrica, para que puestos en ese espacio tan grande no les viniera a ninguno un repentino impulso corredor, de esos que en la infancia resultan casi irrefrenables. Faltaba una prueba final.
Ernesto desde su silla giratoria frente a los monitores, dio una señal sonora que era lo convenido en el programa. Los guijarros de todos los tableros corrieron buscando sus respectivos lugares para ponerse a girar en cada momento y en el sentido que le indicaban las corrientes vibrátiles del derredor y así encontrar el mayor placer.
Trum hizo otro de esos grititos para indicarle a Ernesto que todo funcionaba bien y le indicó a su esposa de esos días, otra vez Porum, que dejara nomás a los niños llegar a los tableros, cada uno en uno mientras los dos iban a estar para dar ayuda solo en caso de que se les pidiera. No fue necesario. En una hora se retiraron correteando y haciendo bromas con los códigos de determinadas letras.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)jueves, abril 19, 2007
274: ¿Y vos, sos muy guapo?
¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿Estaré desmayado? ¿Me habré caído y volcado la tasa de café? ¿Me estarán llevando a algún hospital.
-No me escondo, vos me tenés escondido.
-¡¿Yoo?!
-No me ves, claro, no tengo forma, aunque la podría tomar para tus ojos. Como te gustaría verme… ¿Cómo un león o como un conejo?
-Y… mejor parecido a mí, que creo que sos vos…
Flotando en la nada le apareció a Manuel otro Manuel aunque un poco más musculoso. Le sonreía.
-¿Sabés lo que sos vos? Un cagón. Eso es lo que sos.
-Y vos qué…? Sos muy guapo?
-No se. Pero yo me paro acá y de aquí nadie me mueve.
-Por mí quedate parado!
-El que se mueve sos vos…
-Que me mue… Y qué querés que me quede mirándote?
-Sabés a lo que me refiero.
-Ah, sí… Ya me doy cuenta de que sos muy duro.
-No tan duro, sé hacer bromas…
-Pero querés siempre tener razón.
-Sólo cuando la tengo.
-Y ahora, por ejemplo, qué querés de mi. Que me pase dando vueltas en bola en vez de disfrutar de la vida.
-¿Y a qué le llamás disfrutar de la vida?
-Sabés a lo que me refiero.
-La vida para vos parece ser la que hacen los demás.
-No! La mía, que yo aprendí a vivir desde abajo y a disfrutarla, qué mierda, que eso también es difícil!
-Pero tu vida…es TU vida, la que tenés que vivir!
-Ah, vos también querés escribirme?
-Manueel…Yo no escribo nada, leo lo que está escrito.
-¿Y quién lo escribió?
-Es nuestro destino! Te querés esconder y lo único que hacés es perder el tiempo.
-¿Y hacértelo perder a vos, eh?
-Yo soy vos.
-No se. Podrías ser otro invento.
-Ja. ¡Vaya invento! Que cuando quiere te deja desconectado…!
-Y qué vas a ganar con eso?
-Por lo menos conversar.
-Hasta cuando? Ya estaremos en el hospital…
-Hasta que te des cuenta de que tengo razón.
-Ah, ¡qué macanudo!
-Es lo que hay.