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viernes, septiembre 26, 2008

602. WHO IS MY GOD

Todavía Manuel contemplaba los últimos bailes de los guijarros, en el suelo de la pieza, cuando entró Ernesto, de motas encrespadas y todo sudoroso.

-Están pasando cosas en el cielo!
-Sí, empezó la guerra. Abuelo me acaba de llamar.
-Pero qué pasa?
-Están usando armas muy poderosas. Hay una que mueve las estrellas desde lejos...
-Ah, sí... ha de ser lo que llaman Flujo Oscuro.
-Ese de la estampita que mataba al dragón, atacó primero. Pero dice abuelo que enseguida las cosas se le complicaron. Estaba aliado con Lucifer y con los Espíritus Oscuros, contra Satanás y Belcebú, pero parece que Los Espíritus se le habrían dado vuelta -lo habrían engañado. Ellos son los que manejan esa fuerza que desequilibra todo.

Sin embargo el abuelo nada había informado sobre las posibles repercusiones en el Imperio Terrestre. Montaron en la Harley y fueron a recuperar la caverna con sus equipos de comunicación en paralelo. Desde allí, con el celular de Ernesto, Manuel avisó a Cholo y los otros que, sin tardanza empezaron a llegar.
Ahora Ernesto estaba interceptando comunicaciones entre los altos mandos que, en el desconcierto, se hacían sin encriptación, aunque por supuesto en un inglés difícil, dentro del que apenas se distinguían las expresiones más repetidas...

-My God! My God! Who is my god now?

Tras cartón llegaban los informes de todas las bolsas de valores. Las acciones volvían a valer lo que algún día fueron. Papeles. El dinero iba en caída libre. Subían los alimentos... Llegó la primera orden: Erigir en las plazas monumentos al Macho Cabrío.

La Tierra había sido "liberada".

Enseguida todos los canales importantes cambiaban sus logos y la paleta de sus colores. Ahora era el rojo el color predilecto. También el verde violento y los rosas encarnados. Aparecían nuevos rostros a candidatearse como modelos de la nueva época. Pómulos salientes y ojos tan rasgados como seductores. Desnudeces mórbidas. Correas de cuero cruzando los cuerpos. Lenguas partidas a lo largo en dos...
Todo en quince minutos, sin que siquiera se hubiese informado al público que algo estuviera sucediendo, a no ser aquella imagen del Papa, descalzo y flagelado, por la Plaza de San Pedro, arrepintiéndose, disciplina en mano y cenizas en la cabeza, de sus múltiples pecados, víctima, decía, de aquel viejo engañador y decrépito que había confundido su mente. Palabras más o menos, que a cada rato acompañaba con un sonoro berrido. El nuevo Amén.



sábado, marzo 03, 2007

230: NO QUIERO SER UN CAGATINTA

Bajo el enmarañado de aquella oscura carpa de ramas y hojas que detenía la luz de la luna Manuel tomó la mano de Magdalena y empezó a hablar. No quería perderla ni perderse él por el camino de la ambición. Quería seguir siendo el que siempre había sido, el pardito Manuel, el hijo que la Margarita tubo de alguno de los negros que conoció en las llamadas, el que jugaba bien a la pelota pero sólo por divertirse, el que siempre tenía un chiste para caer en gracia, el que sabía cómo…¡No quería volverse un cagatinta! Un señor panzudo que todos escuchan aunque diga pelotudeces. Un tipo de esos que andan en buenos autos y toman whisky en el club mientras su mujer espía al jardinero por la ventana. No quería se un político amargado por no poder hacer lo que todos esperan, ni lo que prometió, ni lo que quisiera, ni nada; a no ser hablar en la televisión y consolarse con la importancia que todos le dan y el coro de alcahuetes que siempre le rodea.
El quería ser Manuel, el compañero de la Magda, aquella pardita flaca que jugaba en la calle con los gurises mientras la madre la volvía a llamar por las dudas, no fuera cosa… Que se conocieron otra vez de grandes, cuando había vuelto de Atlántida y la blusa se le levantaba a los lados pidiendo buenas manos para la caricia, que se habían reconocido a gatas en el comité de base, entre medio de las consignas y las juntadas de firmas y las discusiones que empezaron a ser cada vez más cortas cuando ellos se rajaban a lugares como este a conocerse primero y a quererse después….
-Pero ocurrieron cosas..
-Sí. Pero y si nos fuéramos lejos… a algún lugar que nadie sepa?
-Parece que siempre saben por dónde andás…
-¡Es por los guijarros! ¡Estoy seguro que es por los guijarros! ¿Y si los devolvemos?
-¿A quién?
Manuel comprendió enseguida que no era posible pararse a esperar una bola con la bolsita en la mano.
-Al que me la dio… Yo no la quiero más.
Magda no sabía que decir.
-Vamos a buscarla ahora antes que termine de aclarar. Después… me acompañás a dedo hasta Guichón?
Partieron apurados a los tumbos por la arena de los médanos más altos, buscando el camino más corto y viendo cada vez más claro que muerto el perro se acababa la rabia. Llegaron al caserón de los Dogones y se precipitaron por la ventana que habían dejado abierta, justo frente a la biblioteca de Ernesto que en ese momento era revisada por Mandinga.
-¿Qué hacés?
-Ernesto me habló de un libro que…
Manuel se enrojeció por dentro. No se pudo contener.
-Mentira. Andás buscando las piedritas!
Magda pellizcó el codo de Manuel para que le mirara el gesto que estaba haciendo para decirle que se callara, que ahí tenían un método rápido para deshacerse de las benditas piedras!
-Aunque… ¿Te las querés llevar…? Te las regalo…
Mandinga giró y traía una bolsita de gamuza pendiendo de sus dedos y una ancha sonrisa entre sus labios.
-Con la condición de que la lleves lejos…
-¿El regalo de tu abuelo?
-Que se vaya a cagar mi abuelo! No me está diciendo toda la verdad!
-En realidad en esta bolsa están las cinco piedras que yo le di a tu abuelo cuando él tenía la mitad de tu edad. Después él aprendió a agrandar el juego…
-Claro… Vos eras el linyera.
-Sí. Y Abelardo fue el único gurí que se animó a hablarme mientras yo atravesaba su pueblo fingiendo no verlos con la mirada alta como de quien sabe para donde va. Me preguntó por qué yo tenía ese aspecto tan extraño e impresionante….palabra más o menos. Bueno…yo se que para ustedes siempre tengo aspecto impresionante, pero esa vez lo venía exagerando para llamarles la atención. Porque sabía que para que uno se animara no sólo debía estar muy curioso sino estarlo tanto como para vencer el miedo que al mismo tiempo iba a sentir. Ese era mi método para encontrar al más valiente…o al más curioso, que a veces es el mismo… Así conocí a Abelardo Goiticoechea tu abuelo, y le enseñé a fabricar los guijarros –objetos les decía yo- a partir de una piedras informes que yo había sacado de una estrella oscura de Sirio.
-¿Y para qué querías enseñarle a hacer eso?
-Le dije que nos íbamos a comunicar por ese medio y que así le iba a enseñar muchas otras cosas, pero que tenía que mantenerlo en secreto… Las piedras…
-¿Y qué ganabas vos con enseñarle esas cosas?
-¿No es obvio? Yo buscaba y promovía a todas las personas valientes que se atrevieran a pensar y decidir por si mismas sin importarles la opinión de la gente del lugar. Esos son mi predilectos porque entre ellos están las únicas personas que pueden poner en duda al dios dominante… Pero además porque yo también acostumbro a poner en duda todo aquello que se me ha enseñado y, a pesar de las diferencias, me llego a identificar con cualquier ser que sea esencialmente rebelde.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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miércoles, febrero 14, 2007

212: BOLAS X e Y

El tema se interrumpió porque Ernesto y Giorgionne les hacían señas de que se acercaran de nuevo. A ellos les preocupaba que los tipos del gobierno que vinieron a buscar a Mujica hubieran sospechado que aquel huevo de cinco metros que descansaba de panza sobre el pastito del frente pudiera tener algo que ver con el extraño rapto del ministro. Claro que Dengue con Magdalena se habían apurado a pintarle unos soles, unos corazones y unas caras sonrientes con restos de pinturas sobradas de los trabajos y hasta habían clavado en el suelo dos molinetes de cartulina, pero igual. No fuera a ser cosa que vinieran después a requisar los materiales sospechosos.
-¡Es…que eso que están viendo ha de ser más importante que lo que todos nosotros pensamos! –sentenció el licenciado.
Cholo contestó que a eso lo habían hecho ellos y que si lo llegaban a robar podían volver a fabricar todos los que quisieran. Con la técnica del Dengue para tejer botellas y las manos Julieta…Y mientras lo decía se le helaban los pelos de las sienes, mirándolo a Manuel al que no sabía por qué se lo imaginó de pronto al frente de una enorme flotilla de bolas que se perdían lejos entre las nubes. Parado arriba de la primera, se lo había imaginado y casi levantando el brazo derecho para señalar el sentido de la marcha, que era la marcha de la instauración de la anarquía de origen divino, avalada por el “verdadero” con un guiño que todo el universo conocido hizo en el momento convenido por anticipado para que significara un sí.
Ernesto y Giorgionne en cambio temían a dúo estarse imaginando el verdadero futuro cuando veían oscurecerse el sol por una armada de bolas con estrellas pintadas a los lados -las estrellas del bando X- y allá todavía debajo del horizonte imaginación 2 con otra flotilla igual pero con las bolas pintadas con una luna nueva en el costado –las lunas del bando Y- avanzando al encuentro de los otros para aniquilarlos!
Lo que se imaginó Manuel cuando tomó conciencia de que se podían fabricar muchas bolas… mejor dejarlo para otro momento.
-Tendríamos que encontrarle un lugar seguro…la caverna…
-Claro, la caverna!
-Pero no podríamos entrarla…
Cholo largó la risa diciéndole a Manuel que no había pensado en llevarla hasta allá sino que ella los llevara a ellos. Manuel entendió.
-Entonces vamos ahora!
-¡Solo tres conmigo que soy el piloto!
Se sortearon dos asientos con el viejo método de los palitos. El Cholo hizo el sorteo y capaz que lo trampeó porque salieron Manuel y la flaca. Casi un viaje nupcial con un cochero negro que bromas aparte condujo sobriamente la bola hasta el piso de la Galería Máxima donde todo estaba como lo habían dejado, restos de comida y almohadones, tiras de plástico y de papel…
-Los dejo un rato solos y voy a buscar otros dos…total esto no gasta nafta!
Cholo cerró la puerta de corredera y se ubicó en el lugar justo que su sensibilidad le indicaba (vamos bolita, ahora atravesemos la pared) Sintió enseguida el aire mojándole las orejas en la tentación de ponerse a hacer piruetas sobre los pinares y la costa, de allegarse a la vieja casa de Pando donde suponía que pudiera estar aquella única mujer que verdaderamente le había importado sin importarle que fuera bastante mayor y casada con familia, su profesora de historia. Sólo con sobrevolar la casa iba a saber si seguían allí sus ojos cuando se quitaba los lentes para mirarle parado dando la lección y ella haciendo apenas alguna correcciones menores con su voz cálida de hablar uno junto al otro.
-¿No es así?

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerl desde el post n.1)

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