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jueves, julio 05, 2007

343 El lado de adentro del aire

Ernesto quiso ponerse a tono con la idea de que todo era cuestión de sintonizar las ondas adecuadas y entonces dijo: Traten de mantenerlo por esa zona dando vueltas mientras yo descifro las partes que ya tenemos.

Le parecía que andaba sobre zona conocida porque, ya había vislumbrado más adelante en la lista y se notaba un ciclo que se repetía cada tanto de la misma manera.

-¡Si, estamos en una página del buscador de Google!

-¿Y qué está buscando el buscador –preguntó Cholo.

-Una dirección…http://manudo.blogspot.com.

Al pronunciarse esas palabras todos sintieron que una especie de cosquilleo les corría por la piel del cuerpo tras ver que Ernesto se ponía pálido y abría demasiado los ojos.

-Las Bolas de Manuel. Historia fantástica, risueña, erótica, política, filosófica, metafísica y uruguaya. ¡Es esta!

Ernesto se acercó a las páginas escritas con números, casi dudando de que allí en esos cientos de cifras pudiera encontrarse el contacto adecuado entre billones posibles. Era increíble. No sólo la cantidad de datos totales y el hecho de encontrarlos sino, mucho más todavía poder decodificar todos los protocolos de enlaces y los distintos significados….No. Así trabajaban las computadoras… Esto ha de ser la vía paralela que decía Ernesto. Una manera de mirar hacia adentro de Internet sin estar propiamente allí. Sin dejar huellas. Caminar en puntas de pie para entrar a la casa por la puerta de atrás…ni eso. Más bien entrar por alguna dimensión en desuso y hacer un giro cuando ya se está adentro…o quedarse con alguna dimensión de menos, no más, si es que se puede seguir leyendo o viendo en esas condiciones. Como el sargento Kirk que hablaba en dos dimensiones y veía y escuchaba sin problemas.

Dengue dijo que Manuel y la Magda lo que estaban haciendo era un milagro. Porque se metían por adentro del aire hasta llegar a la nada y de la nada sacaban todo lo que se escondía. Porque el una vez había pensado que en el mundo no hay lugar para la nada pero que en la nada pueden entrar muchos mundos. Manuel y la Magda habían llegado hasta allí para encontrar esa historia que alguien está contando de su vida. A ese mismo lugar que él había siempre llamado nada, pensando que era como decir que no existía, pero que aunque no existiera, podía tragarse a las otras cosas que entonces dejaban de existir. Porque adentro de la nada, nada es diferente. Aunque volvieran a salir las cosas de la nada, ya no serían las mismas, ni nadie podría recordar, como eran las cosas antes de ser tragadas por la nada, ni menos saber cual de las que entró es la que va a salir ahora.

Ernesto apenas se sostenía sobre su par de piernas que habían empezado a temblar como las hojas del otoño. Comprendía que estaba en presencia de algo que sobrepasaba su pretendida inteligencia. No es que no tuviera idea de los mecanismos implicados para lograr el portento, era la pasmosa facilidad con que habían sido abordados y vencidos. El nieto de Abelardo! El predestinado. Porque al decir de su abuelo, que era ducho en eso de la astrología, era un raro caso de coincidencia de todos los buenos augurios sobre el día y la hora de su nacimiento. Pero además, decía el viejo, que estaba destinado a conducir a los hombres de su continente hacia la verdadera liberación, que no es nacional ni internacional. Es humana.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

viernes, noviembre 24, 2006

134 - No queremos tener jefes

Ernesto se separó del grupo que todavía seguía riendo y se fue a recostar contra el muro de arenisca, a un costado pero a la vista de todos, con el dorso de una mano apoyado bajo la pera y denotando en la expresión el denodado esfuerzo que su mente estaría haciendo para llegar a resolver aquel oscuro enigma.
En algún momento, murmuro como para sí algo que todos sintieron.
-Me parece que se cómo lo hicieron.
-¿Apagar la compu?
-No meter el mensaje con la computadora desconectada y publicar un blog sin que figure en ningún registro. ¡Las dos cosas de la misma manera!
-Sí, me supongo.
-¿Y vos, podrías hacer lo mismo?
-Es lo que quería decirles. Me doy cuenta de cómo lo hicieron pero… No quisiera correr el riesgo de meter la pata…Tendría que pensarlo más en detalle.
Lo volvieron a dejar solo, separándose los otros tres hasta el derredor de la mesa otra vez.. Giorgionne, pensativamente se mesaba la nariz. Magda invitó a Manuel a aprovechar el entretiempo para “bajar” las nuevas instrucciones que les iba a mandar Abelardo. Manuel estuvo de acuerdo y Giorgionne se ofreció para ayudar en lo que fuera.
Fueron más de veinte carillas de cuaderno escritas con la apretada letra del licenciado. Algo así como tres horas de trabajo sostenido al cabo del cual sonrieron aliviados y se percataron de que Ernesto ya estaba de vuelta entre ellos –vaya a saber desde cuándo.
-Qué es todo ese texto?
-El manual de los guijarros que me había prometido el abuelo
-¿Tiene muchas posibilidades nuevas?
-No sabemos todavía. Lo hemos escrito sin leer.
Ernesto puso cara de cambiar de tema. Dijo haber estado pensando en lo que le dijera una vez el viejo Tunga sobre que para que un grupo sea igualitario era necesario que todos sepan todo. Que no hubiera especialistas cuyo conocimiento imprescindible, pudieran mantener en reserva.
-Nosotros no queremos tener jefes, no?
-¡Claro!
-Bueno, me parece que para mantener esto, ustedes tienen que aprender lo que yo sé y yo debo aprender de ustedes…
En ese momento sonaron las alarmas. En la pantalla titilante se había abierto el mapa de la costa canaria por sobre el que se veían varios puntos rojos que se movían con mucha lentitud. Todos se amucharon junto al aparato tratando de entender. Ernesto dio las primeras pistas.
-Esta banda es Gianastasio, este desvío es la avenida Becú.
-¿Y los puntos rojos son bolas patrulleras, no?
-Sí, se están moviendo con mucha lentitud. Parecen buscar algo…
Manuel entendió el plano y supo qué calle era cada calle. Tuvo un sobresalto.
¡Están arriba de mi casa!




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