miércoles, octubre 29, 2008
617. ESENIOS DE A BUR NA BAR
Jesús bajó chancleteando una de aquellas barrancas y por último se agachó entre las zarzas desapareciendo sin dar explicaciones. Parecía chiste y no daba para seguir el ejemplo suponiendo, como se suponía, que las plantas fueran espinosas para protegerse del hambre y la sed de los chivos o los jumentos que pudieran deambular perdidos. Espinas eran, más que plantas, aunque tuviesen aquellas costras en los tallos, lo único que abultaba con apariencia de carnosidad que algunos insectos patilargos parecían estar libando, justo en ese lugar, por dónde apareció de vuelta la cabeza del nazareno y esa voz, entre gutural y nasal que les instaba a seguirle bajo las matas.
Llovido sobre mojado, debajo de las plantas se habría una bajada hacia una enorme cueva. Natural, tan natural como la galería máxima del Bosque aunque más ancha y mucho mejor iluminada. Desde la parte alta de las paredes se adentraban sobre el espacioso vacío central unas beligerantes puntas sobresalientes, restos de antiguos extractos de rocas más duras, del tipo de las que más por encima hacían de techo.
(Una descripción somera por no decir homérica)
La profundidad, no menor de doscientos metros y otros tantos en el ancho. Una plaza central por donde una buena cantidad de gente estaba en esos momentos entrando a un especie de templo rodeado de puertas, allí donde la claridad que venía de lo alto llegaba a su máximo esplendor... Aunque esa luz no debería estar atravesando varios metros de roca! ¿O sí?
Porque por ningún lado se veían lámparas ni juegos de espejos que tras cuarenta reflexiones hicieran entrar los rayos del sol. La parte central, la más alta, del techo mismo, era , toda ella la que emitía luz... o la estaba dejando pasar con ese color característico de la luz solar. Todos pensaron en cristal de roca. Y en Indiana Jones, pero callaron a la espera de poder preguntarlo. Algunos vecinos se estaban acercando a Cristo para decirle cosas que no parecían referirse a ellos, por extraño que pareciera, porque en ningún momento les miraban ni les señalaban disimuladamente con la pera.
Estaban vestidos como cristo, todos iguales, con un jubón entre corto y largo atado de forma suelta con una cuerda en la cintura. Todo en un color arena que viraba del castaño claro hasta el casi celeste, por decir algo, muy parecido a un conjunto de colores descoloridos. Todas cosas que no venían a importar tanto como saber en donde carajo estaban y para qué habían sido traídos.
Se acercaron al grupo que charlaba. Eran gente bastante joven con miradas de bueno. Todos parecían buenos y más lo parecían cuando se les observaba detenidamente. Parecían ser más buenos que los buenos de la películas. Mucho más. Con la bondad que se les veía en cada detalle del rostro y de la postura del cuerpo y el movimiento de las manos. Ernesto se decidió.
-¿Nos podrían informar de dónde es que estamos?
Cinco voces contestaron:
-A Bur Na Bar.
-Y eso... ¿dónde queda?
-En Galilea.
-¿Año...?
-Según el punto de origen...
-¿Antes de Cristo...?
-...
Cristo al sentirse aludido quiso darles una mejor explicación.
-Yo soy el mismo que les ha visitado allá en el otro continente, salvo que soy otro, es decir... Ustedes han hecho un viaje hacia sus propios pasados... Es decir... Al pasado de ustedes y de mi mismo, que allá en vuestro tiempo les visitaré por un motivo que ahora no puedo saber porque todavía no ha ocurrido. ¡Sean bienvenidos!
-Te queríamos preguntar sobre dónde estábamos y ya nos han contestado pero seguimos sin saber para qué nos han traído...
Parecieron sentirse molestos a pesar de ser tan buenos. Con cierta indignación negaron terminantemente haber traído a nadie. Si acaso lo que habían hecho era recibirlos como enviados de uno de sus hermanos desde el futuro. Eran bienvenidos a la comunidad Esenia de A Bur Na Bar. Ya podían pasar al templo de la luz a cumplir con la ceremonia de recibimiento formal y de asignación de responsabilidades. A partir de ese momento pasarían a ser miembros plenos bajo un nuevo nombre que deberían adoptar.
Estaban bajo un malentendido y este Cristo parecía no hacerse cargo de las motivaciones del otro para haberles mandado... Porque.... ellos apenas se habían asomado el borde de lo que momentos antes había sido la línea exterior de la figura de Cristo, el de allá... y.. sin ninguna intención habían aparecido aquí..
-Suponemos que el Cristo Jesús de allá nos ha mandado...
-Claro... Pero... ¿Ustedes no fueron informados sobre las características de nuestra comunidad?
-En absoluto.
Los cuatro esenios miraron a Jesús con cierto aire reprensivo a pesar de saber que no era el joven Jesús responsable por lo que en el futuro el maduro Jesús pudiera llegar a hacer. Una ley de antigua determina que el flujo de responsabilidad viaja hacia el futuro, nunca hacia el pasado. Hoy se es responsable por lo que se hizo ayer. De lo que se haga hoy se será responsable mañana. Pero nunca al revés. Del mismo modo que las cosas calientes se enfrían hasta cierto punto y no más allá. Nunca se va a formar un cubito de hielo en el vaso de agua que se está tomando.
viernes, agosto 10, 2007
363 ¡Un espía en el grupo!
Sobrevolaban otra vez
Durazno cuando se les apareció el bicho negro ese. El avión secreto que habían
visto descender sobre el incendio de El Bosque. Cuando se dieron cuenta ya venía
un misil derecho a ellos. Le enviaron ondas amplificadas que le invirtieron la
trayectoria. El avión quiso escapar pero fue inútil, no podía alcanzar tanta
velocidad. El cielo quedó limpio y abajo un campo lleno de escorias.
Fueron hasta la cueva
del Queguay. Allí reinaba gran actividad con varios voluntarios trabajando
integradamente. Tenían diez bolas terminadas en trabajo de entrenamiento de
pilotos y otras diez ya casi listas. Bosco quiso hablar con Manuel (se había
ofrecido para ayudar).
-Las cosas se complican
–dijo.- Llevo tres días trabajando aquí junto a todos y la historia sigue
saliendo en Internet. Pero ahora he descubierto que hay otro sitio donde sale
día a día. Hay un espía en el grupo que filtra la información!
-¿Hasta donde llega la
historia en este momento?
-El ultimo post, el 362
que leí hace un rato cuenta que se han encontrado con un fanático. Un actor que
hace el papel de fanático adorador de Manuel al que una especie de inspiración
extraña le dicta lo que tiene que hacer.
Manuel se quedó mirando
a Cholo, su cabeza trataba de sacar conclusiones imposibles. Nadie que le
hubiese acompañado andaba con una computadora ni una cámara o grabador.
-¿Y en Internet, no
dicen nada de cómo les llegan los capítulos?
-Sí, los envía un tal
Eustaquio Villalba, telegrafiados con un juego de guijarros como el que te dejó
Abelardo. Pero él dice que no es quién los escribe, que se los mandan escritos
en papel por un intermedio de Bartolo, un mudo que entrega su sobre y se va.
-¿Pero no dice quién se
los da al mudo?
-No. Pero ahora
apareció el famoso tocayo mío discutiendo con Eustaquio porque Eustaquio se
atrevió a mandar algo escrito por él cuando el otro pasó dos días sin mandarle
nada….Yo tengo una sospecha.
-¿Cuál?
-Mandinga. Eustaquio
contó que Mandinga le dejó el juego de guijarros después de hacerlos funcionar
frente a su vista. Después hicieron un pacto, comunicándose por ese medio.
-Y el mudo, para qué?
-No se…
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla
desde el post n. 1)
jueves, junio 28, 2007
336 Un guacho rompehuevos
Primero fueron a la cueva de Abelardo a recoger las pocas cosas que habían dejado y a entretenerse un rato jugando en aquella depresión del suelo que habían elegido como cama. Después a Magda le entró el miedo a los escorpiones que podrían vivir en las grietas y salir con esos pasos articulados aprovechando la oscuridad. Los guijarros estaban donde los habían dejado, como bien lo mostró el círculo de luz que daba la linterna sobre las piedras que a esa altura, enseguida de la repisa, se comenzaban a curvar para terminar siendo techo. Ese techo de piedra que tenían a medio metro sobre las cabezas y que además de interesantes betas turquesas que brillaban con la luz les mostró una serie de…letras humanas que parecían formar la frase:
YO ESTUVE AQUÍ-AG
Claro-dijo Manuel- estuvo cuando era un gurí. Te imaginás? Un guacho rompehuevos debería ser. Me contó que vivía leyendo historietas que canjeaba con los amigos e imaginándose que era alguno de los héroes. No, no Artigas no. Se imaginaban ser…¡ah! Su primer héroe había sido el Capitán Marbel, cuando apenas empezaba a reconocer las letras. ¿Nunca lo oíste nombrar, claro, yo tampoco a no ser por él. El tipo, que era como cualquiera, decía ZaZam y se transformaba en un superhéroe que salía volando a través de un rayo que caía con los bordes dibujados como serruchos. Ja. El quería volar, me contaba que después de las historietas su gran pasión siempre había sido fabricar aparatos que volasen. Tenía en su caso uno de los primeros que había fabricado a los doce años. Un avión hecho con madera de ceibo y una cuerda de gomas trenzadas que movían la hélice. Cuando me lo mostró se moría de risa contando que como había visto que las ramas de ceibo flotaban muy bien, se le había puesto en la cabeza que si era capaz de vencer al agua y flotar, también debería vencer al aire y volar. En ese tiempo, cuando me contaba, ya era viejo y vivía allá en San José de Carrasco donde tenía un galpón para fabricar de toda clase de cosas raras, pegado al la piecita de los cajones de las revistas, que era donde yo me pasaba las horas.
-¿Y no ibas a ver qué era lo que estaba inventando?
-A veces entraba y lo veía entre medio de un montón de cosas raras que yo no entendía y cuadernos con apuntes y… hablaba solo. Sabés que me daba un poco de miedo por él. Margarita siempre dijo que estaba loco. Pero claro, que íbamos a entender nosotros… Margarita por lo menos terminó el liceo, yo ni eso.
-¿Estaría inventando las bolas?
-No sé. Las cosas que yo veía estaban llenas de cables eléctricos y él se quejaba de que si se jubilaba no iba a ganar para pagar la luz. Miraba por un caño grueso que atravesaba la mesa. Que estaba todo enrollado con unos zunchos que parecían estar hechos con hilitos también enrollados. Pero adentro del caño no había nada, yo lo había visto, y él miraba por una y otra punta…No se qué miraría, porque no había nada!
-¿No te explicaba?
-No, porque cuando me explicaba yo le decía que no entendía y me ponía a querer hacer lo mismo que él hacía hasta que me corría, porque aquellos aparatos eran muy peligrosos. Un día que yo estaba en las revistas de historietas sentí una explosión y fui corriendo, muerto de miedo de que le hubiera pasado algo, pero no, estaba loco de la vida. Se le había reventado todo el aparataje aquel pero él saltaba en una pata por todo el galpón, gritando no se qué cosa lleno de alegría. Después me dijo que no importaba que se hubiese estropeado todo. El podía reconstruirlo y reforzarlo para que la próxima vez no reviente. Lo que importaba era que por primera vez había registrado una torsión que significaba que se había liberado una fuerza. Siempre hablaba de torsiones.
sábado, junio 09, 2007
322 SEGUNDA BASE
La cueva que decía el flaco era más grande que una cancha de fútbol, según decía, que la habían medido a pasos largos con el Teque, un amigo que sí, que claro, que era el otro que la conocía, aparte de que a muchos les habían contado… La entrada era el problema, entre dos piedras chatas que sobresalían de un cerrito cerca del río Queguay, había que echarse de panza y arrastrarse hasta que la piedra de abajo se terminaba antes de que acostumbraras la vista a la oscuridad y te caías más de un metro hasta lo que era el piso, de piedras también y con cagadas de murciélago.
-Podrían entrar cuatro o cinco bolas.
-Y cuanto mide una cancha de fútbol?
-No se, pero calculo que a lo ancho entran tres bolas de estas…y a lo largo fácil cinco.
-¿Y tus amigos…?
-Son buena gente.
-Pero… acostumbran a ir seguido a esa cueva?
-Yo me encargo de que no vayan por un tiempo.
Los pensamientos empezaron a entrecruzarse muy rápidamente
Entre todos. Estaban iniciando una nueva etapa de actividad. Desde otra base a la que debían acarrear los elementos usando las bolas como medio de transporte, con otro cielo y sin la costa, con menos testigos, con ninguna comida, sin dinero, demasiado aislados como para convencer a la gente, para juntarlos en cantidades apreciables…La palabra volvió por Cholo.
-No podemos hacer una revolución escondidos lejos de todos.
-Ah, quieren hacer una revolución? ¿Revolución de qué?
-Para liberarnos de los ángeles y hacer un país entre todos sin tener jefes.
-Pero no era que los ángeles esos tienen no se cuantas dimensiones y hasta un tiempo de más? Qué guerra les pueden hacer?
-Pero son estúpidos porque no conocen la libertad. Ellos cumplen órdenes del superior que las recibió de otro que a su vez…
-Y ¿ustedes no les tiran con nada?
-Una vez les tiramos tortas de merengues!
-Derrepente precisan amigos que les hagan el chamuye boca a boca entre la gente. Yo para eso me ofrezco porque para pelear no ando con ganas.
-Sabes qué? Traete una linterna de tu casa, pasamos a levantar mi bola y vamos a ver esa cueva.
Un rato después se iban deslizando entre las dos rocas chatas hasta caer advertidamente en el piso cagado de la cueva. El haz de la linterna recorría para uno y otro lado el techo abovedado que les cubría de roca a veces agrietada pero no mucho. Algunos mechones de líquenes sobresalían somnolientos, algunas goteras habían estado activas no hacía mucho. Era por cierto muy grande y factible de ser limpiada como para un habitáculo humano tras encender faroles de gas, conseguir dónde guardar agua y donde colocar las letrinas.
viernes, junio 08, 2007
321 ¿Te das por vencido?
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
jueves, mayo 31, 2007
313 PICA PIEDRAS
-¿Cuanto tiempo tendremos que mantenernos escondidos?
Manuel tampoco lo sabía e iba a ser difícil saberlo ahora que ella le informaba de la muerte del celular. Se le había terminado la tarjeta, no había dinero ni lugar donde comprar….
-Tengo algunos conocidos en el pueblo.
-Tendríamos que ir a pié. Si ven la bola se van a dar cuenta de quienes somos.
-De noche…
Siguieron buen rato con las tareas. Armaron un especie de plumero, o escoba sin cabo para barrer el piso, una pequeña pila de bostas para encender en la boca de la cueva y repeler los mosquitos. Terminaron de armar el hogar, no se atrevieron a comer unos tomatitos silvestres que habían recogido, pensaron en qué hacer para esconder la bola, no se les ocurrió nada, Manuel enderezó un poco la herradura enganchándola en un hueco de la pared y tirando hasta gritar.
-¿Qué hacés…?
-Un búmeran.
-¿Un boomerang?
-Si, para cazar. Ahora le tengo que dar filo.
-Arriba de la hornalla podría sernos útil..
-Pero primero hay que tener algo para cocinar.
Salió afuera para poner a prueba su teoría seguido de todo el mundo que pudo observar atónico cómo aquel proyectil salía despedido como una pedrada que se iba a estrellar diez metros más allá contra las otras piedras. Pero no giraba y en eso la teoría rengueaba del lado de que aunque tuviese la herradura sus extremos afilados.. al no avanzar girando…no se iba a introducir a través del cuero de algún bicho para después asarlo. Porque según Abelardo los objetos avanzan con la parte más pesada para adelante porque… y todo eso.
Me parece que los boomerangs son más abiertos. Si querés yo te ayudo tirando del otro lado. No, lo metemos en el mismo hueco de hoy y tiramos los dos juntos.
-Vamos.
Después venía la cuestión aerodinámica que determinaba el sentido de giro del proyectil y los lugares más adecuados para conllevar el filo cortante que hiriese y penetrase las carnes de los pobres animalitos. Quedando por supuesto, libre de filo, algún lugar para afirmar los dedos e imprimirle el impulso y el simultáneo giro que haría de aquella un arma de precisión milimétrica. Rasparla contra las piedras más duras primero hasta darle la forma y después contra las más blancas y lisas para mejorar el filo. Que debería ser preservado durante las pruebas de cualquier choque contra las piedras. .. porque Iban a ser necesarias muchas pruebas…para llegar a hacer de un chambón como yo- pensó Manuel –alguien que pueda darle con esto en el cuerpo de un animalito tan chico como un tero! A no ser que…
-Y vos…¿tenés puntería?
-Si, pero no me animo a tirarle eso a…
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
miércoles, mayo 30, 2007
312 Junto al Manantial
Antes de la media tarde estaban volviendo cargados de todo lo que encontraron. Veinte guayabas maduras, medio kilo de macachines y un montón de hojas de lengua de vaca en la remera roja de Manuel transformada en bolsa. Con unos trozos de cuerda media podrida que encontraron habían atado dos haces de ramas secas de junto al montecito de la cañada, una herradura perdida, un pedazo de alambre negro y varias bolsa de nylon que corrieron para alcanzar.
-Esta es la leña para cocinar- -dijo Manuel cuando la estaban acomodando del lado donde pensaban armar una cocina con piedras cerca de la entrada- voy a buscar bosta de vaca para calentar el ambiente de noche y correr los mosquitos- agregó tomando las bolsas y partiendo decidido otra vez a la bajada. Tranquilo. De pronto muy tranquilo como si siempre hubiera hecho lo que ahora estaba haciendo y no lo conociera todo por el recuerdo de los cuentos de su abuelo que decía que esos eran lugares especiales donde se encontraban restos de animales prehistóricos y se veían luces de las que los paisanos llaman malas. Claro, era este el lugar donde Mandinga le había traído a buscar las piedras negras para hacer el juego de guijarros. Estaba seguro. Aquí había comenzado toda esta historia. Estaban en el punto de partida.
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martes, mayo 29, 2007
311 LA CUEVA DE ABELARDO
Se dieron vuelta y miraron desde allí la playa hondonada que, surcada por algún hilo de agua se ponía a trepar ya la subida de otros cerros. Ese era el hogar. Estaban parados frente a la casa. La Cueva del abuelo Abelardo que había sido medio aficionado al alpinismo criollo como escenario apropiado para sus fantasías interplanetarias. Tuvieron que agacharse para pasar la puerta que en su parte media era más alta, justo donde ese promontorio, seguramente caído del techo -porque ahí faltaba un pedazo- impedía pasar. Obstruía pero por último quedaba bien allí para recostarse a él y mirar otra vez hacia fuera, la distancia del campo. En vez de hacia adentro, porque no se veía nada para adentro hasta que se fueron acostumbrando muy de a poco y observaron que aquello era un hermoso lugar con forma de carpa redondeada. Casi limpio, que ni telas de arañas tenía y un piso firme, horizontal y a penas ondulado. Daban ganas de quedarse oliendo eso imperceptible que estaba en el aire, en las paredes y pronto en ellos mismos que no habían parado de caminar acariciando las piedras que los rodeaban como el vientre de una madre. Se besaron. Se vieron pausadamente iluminados casi fosforescentes, como las piedras de las paredes que se habían vuelto. Seres de piedra marrón, amarronados de sol y de viento seco, todo el día…y a la noche negros de oscuridad nocturna.
Probaron de recostarse sobre las losas del piso…
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domingo, mayo 27, 2007
309 NARCOCAEDA
Tanto revolvió y revolvió los escombros que por fin dio con la bolsita y con ella colgando en vez de levantada en victorioso gesto, fue a dónde Magdalena iba terminando esa conversación con varias exclamaciones que bajaban en importancia o en interés. La tomó desde atrás por los hombros con ambas manos que apenas hicieron contacto con el calor del cuerpo y se detuvieron apoyando sólo el calor y la vibración incontenible que había armado un puente colgante entre los dos.
-Tenemos que escondernos…
-Irnos…
La bola blancuzca se levantó somnolienta sobre las copas de los pinos, buscando el viejo cielo de Lagomar en el otoño. Alto, más alto para mientras ir pensando para dónde irse, que hacer y en qué entretenerse hasta que apareciera el próximo capítulo de esta historieta.
-Preguntale a tu abuelo…
Manuel se puso a desear que hubiese como una especie de piloto automático en su inconciente que manejara la bola mientras él se ocupaba de otra cosa. Disponer en el centro de la bola, entre él y la Flaca un espacio para hacer bailar los guijarros. Así lo hicieron y pronto estuvieron mandando la pregunta a Abelardo de si sabía de algún lugar seguro para esconderse.
-¿Manolito!
-¡Tenemos que escondernos!
Abelardo sabía sí. Conocía un solo lugar con esas características, un lugar que había descubierto en su infancia…
-Hacela corta.
-¿Te acordás de Guichón? Bueno siguiendo para el oeste por sobre la cuchilla de Haedo unos cinco quilómetros vas a encontrar una cueva al costado de un cerrito que se distingue por sus piedras blancas. La boca mira al sudoeste y adentro es grande como una casa. Ahí van a estar seguros, es una estancia, no pasa nadie, ni las vacas.
-Gracias. Después te llamamos.
-Llámenme. ¡Les tengo una sorpresa…!
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lunes, noviembre 27, 2006
137 - Las cuevas del aeropuerto.
Mas al norte no había cavernas tan importantes, pero sí una de las comunidades más grandes de Tucus gigantes con miles de miembros, con muchas salidas por las rutas 101 y 102 tanto como sobre la carreterita llamada Aerosur que conecta Gianastasio con el Aeropuerto de Carrasco.
Trum Urum describió esa comunidad con indisimulado orgullo. Se trataba de la metrópolis de los Tucus, con más de mil quilómetros de intrincadas galerías.
-Todos esos campos del aeropuerto están encima de la mayor maraña de cuevas hechas por los de nuestra especie…
Manuel a esa altura bromeo sobre que en cualquier momento algún avión se iba a enterrar de trompa pero, o no entendieron la broma o no les causó ninguna gracia.
Trum Urum y Porum Trucú siguieron con su relato aun más allá de lo que nadie les había preguntado. Pronto estuvieron entrando en los aspectos cuantitativos de todas las cuevas, sus volúmenes métricos, la acidez o alcalinidad de sus terrenos y la composición porcentual de sus atmósferas. Los humanos tuvieron que detener aquel alud de cifras para poderse centrar en lo que realmente interesaba.
-Y por casualidad, ¿saben ustedes si esos humanos de San José de Carrasco han estado tratando de comunicarse con otros grupos por intermedio de la computadora?
-Sí, sabemos que han mandado un mensaje…Ese mismo que ustedes tienen en la de ustedes…Claro que este lo trajo en persona un congénere nuestro al que le pidieron el favor cuando supieron que ustedes desconectaban la compu.
-¿Y cómo lo supieron?
Los bigotes del morro de Porum se achataron sobre el labio.
-Bueno…Nosotros… es decir nuestra comunidad y la de ellos intercambiamos a veces comentarios sobre todo…
Ernesto se puso rojo.
-¿Y cómo entró eso a la computadora de aquí?
Ahora Porum miró el suelo y lo mismo hizo Trum.
-Fue uno de nosotros, el que recibió el mensaje. Tenía miedo de olvidarse de alguna palabra y se sentó frente al teclado a escribir aquello.
Los tipos se parecían bastante más a los hombres que lo que cualquiera se hubiera imaginado. Confesaron por último que estaban estudiando idiomas. Aprendían palabras de cualquier modo y cuando ya podían sin duda su significado y ámbito de aplicación las intercambiaban, primero dentro del grupo local y después con las otras comunidades.
Tampoco la vergüenza les era ajena. Muy avergonzado estaba todavía, según dijeron, el pobre Tucu que se había comedido a escribir aquel mensaje y a punto de terminar se le redujo el tamaño de las letras del último renglón. No lo había podido remediar!
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miércoles, noviembre 15, 2006
125 - Versos de Martín Fierro.
Allá adelante, en el famoso portón, vio que lo estaban esperando, Giorgionne con su pilot azul de altas solapas y Ernesto Federico todo vestido de blanco aunque con zapatos y paraguas negro. La impaciencia se les veía de lejos en el cambio constante de postura y las miradas estáticas sobre la longitud de la calle, siguiendo el bulto amarillo de Manuel que en equilibrio inestable sobre las ruedas, los charcos y los barros, se iba hamacando y aproximando hasta confirmar su identidad y terminar estrechando las manos del saludo.
Un saludo corto. Las espaldas apuradas le condujeron al interior de la casa, al patio y al aljibe. A la conocida escalera y al tobogán posterior que les dejó paraditos sobre el piso rosado de la Galería Máxima. ¡Estaba todo cambiado! Era increíble todo lo que había hecho Ernesto para cambiar aquella enorme catedral vacía, al menos ese rincón, en un verdadero ambiente de trabajo, con muebles cómodos, sillones y mesa baja, alfombra persa, biblioteca y toda la maquinaria electrónica que rodeaba el monitor de la computadora.
Ernesto no dio tiempo a los comentarios. Estaba muy nervioso.
-Alguien entró a la computadora y dejó un mensaje!
Manuel se sorprendió:
-¡Descubrieron la cueva?
-¡No! Sólo entraron a la compu…. Como piratas… Como hago yo!
Viendo que Ernesto sacudía un papel que tenía entre los dedos, Giorgionne se lo pidió y viendo que era el mensaje se puso a leer en voz alta.
Mientras el mundo se agita / por disputas de allá arriba.
Abajo hacemos guaridas / en las cuevas de la tierra.
Que siempre ha sido la guerra/ de los hombres enemiga.
Una acción es dar la mano / y lo contrario esconderla.
Insístase en ofrecerla / para las fuerzas sumar.
Si nos podemos juntar / saldremos de las cavernas.
-Parecen los versos de Martín Fierro.
-¡No, muchacho! Fijate en lo que dice…
-Sí, veo que habla de la cueva. Es de alguien que sabe que estamos acá.
-No sólo eso. Saben que hay guerra en el universo y que nosotros nos llamamos Maquis.
-¿Qué nos llamamos Maquis…?
-Sí, fijate que el verso es un acróstico…
Manuel no comentó más nada. Ignoraba lo que era un acróstico pero, la experiencia le decía que si seguía la conversación ya se iba a enterar.
-Parece que a otros se le ha ocurrido lo mismo que a nosotros.-dijo Giorgionne.
-Esconderse en cuevas y llamarse Maquis.
-Conectarse con otros que se hayan dado cuenta del peligro que corremos…
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