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sábado, mayo 03, 2008

525. Gran Explosión Gran

Así fue que marcharon codo con codo dentro de un vehículo disfrazado de croqueta ,mientras Dow manejaba su Mustang All Star y sonreía con 33 grados de deriva, similar a la de Boogie el Aceitoso. Iban tirados sobre el suelo, casi entre la colección de borceguíes y culatas de fusiles. No eran policías comunes, por cierto y Manuel comprendió que con la mirada Abelardo le estaba diciendo que nada dijera ni aunque se pudiera sacar la cinta de esparadrapo super adesivo sin hacer uso de las manos porque estas...estaban también pegadas.
Atravesaban ya el puente de carrasco por el lado del Paso cuando enseguida sintieron que abandonaban el asfalto y se adentraban a un lugar bastante amplio, tal vez rodeado de hileras de arboles altos. ¡El parque! Y en el parque a poco de seguir avanzando entraban en una especie de rampa que descendía a una zona de silencio, que se hizo total cuando se apagó el motor del vehículo.

-¡Bajen!

No llegaron a pisar el suelo porque abajo había una especie de rampa movil que se desplazó manejada por un miliquito flaco parecido a Kafka, por todo la cuadrada extención de ese establecimiento subterráneo. Base militar o lo que fuera, iluminada con tristes luces que distribuían su producto de una manera ecxesivamente homogénea. Nada daba sombra, ni nada estaba más claro que nada, en ese submundo pintado de blanco... salvo lo que veían detenido al fondo de la espanción allá adelante... Aquella mancha horizontal y negra tan parecida a una cucaracha gigante.

Los ojos de Abelardo mostraron miedo por primera vez. Parecieron ignorar la existencia de la X666 La Bestia y en cambio percibir todo el expresionismo maléfico que emanaba de ella. Manuel nada le podía explicar, ni siquiera advertirle sobre la identidad del sujeto de cara gris que les había detenido o preguntarle si había alguna vez tenido noticia de la existencia de este lugar subterráneo.

-Entrá vos.

Incomunicados quedaron, en dos celdas de acero inoxidable desde el piso hasta el techo. dos hora, tres, y un tiempo indefinido, que solo se percibía por el aumento progresivo del apetito Al cabo comenzó el interrogatorio que consistía en el aumento progresivo de una onda pulsante de sonido puro. Una frecuencia que resonaba en algunos escondidos puntos del cuerpo produciendo una extraña cosquilla que poco a poco se transformaba en dolor. No eso fue sólo el ablande. Lo peor vino cuando la vibración dejó de pulsar sobre la misma frecuencia y empezó a dar saltos de frecuencia, pero unos saltos increíbles que no había manera de soportar! Y después aun peor cuando fueron dos las notas al mismo tiempo haciendo cada uno de los extremos de la inarmonía. Parecía que el esqueleto se desarmaba en pedazos y la mente, bueno, la mente se sentía al borde de la desintegración más angustiante.


Después de una aminoración brusca del volumen apareció la voz de Douglas Dow sugiriendo estar dispuestos a firmar la declaración de culpabilidad y colaborar con la filmación del documental que se iba a hacer sobre la captura de la célula terrorista que tenía planeado volar el hospital Pereira Rosell con todos sus niños adentro.
Vinieron los guardias a sacarles las vendas de la boca, de un tirón, les hicieron decir que si, frente a un micrófono inalámbrico y los fletaron para un micro de turismo que salía lleno de carteles alusivos a la Gran Explosión Rosell. Adentro del micro estaban otros desgraciados, tan asustados como ellos, que portaban cada uno un cajoncito de tubos de cartón oscuro muy parecidos a cartuchos de dinamita. Tampoco sabían de qué se trataba todo ese carnaval pero igual temían que algo iba a salir mal sobre sus cabezas.
Especialmente cuando advertían que a ambos lados del micro les acompañaban tres camiones del ejército con tropas armadas hasta los dientes.
Por suerte cuando llegaba la caravana a la altura de Avenida Italia y Cooper chocaron. Fue un choque tremendo y en principio impremeditado, porque fuera muy difícil premeditar una cosa tan estúpida. Chocaron todos con una barricada de tanques de nafta vacíos que el propio ejército había colocado para desviar el tránsito hacia Camino Carrasco, sin esperar a que pasara el convoy de prioridad estratégica. Convoy que se vió llenado de frustración en un coro de ridículos lamentos, que a la postre comenzaron a transformarse de disculpas en acusaciones y por encima insultos. Cosa que aprovecharon los pasajeros involuntarios para correr por Cooper y doblando por Havre seguir hasta perderse de vista por la bajada de Máximo Tajes.

lunes, abril 14, 2008

512. La décima cuerda

Manuel se puso a contar todo lo que recordaba sobre el esqueleto de las bolas, acompañando el relato con contínuos pedidos de paciencia. ´Él no había participado del estudio de los planos que había mandado el otro Abelardo, aquel que... Las líneas generales sí las recordaba, el largo exacto de las cuerdas principales que formaban el triángulo de arriba y el de bajo. Preguntó si le iban comprendiendo mientras mantenía una palma sobre la otra, paralelas y horizontales a doce centímetros. Como dos triángulos imaginarios, en realidad rectángulos.
Le pareció increíble, mientras les seguía hablando con la cara inclinada sin motivo, le pareció increíble que esos dos viejos sabihondos le estuvieran escuchando en ceremonioso silencio. A él que de pronto ni tenía mérito alguno por haberse enterado de cosas extrañas. Y que menos estaba capacitado para enseñarles nada. Se calló y enganchó las manos en los bolcillos.

-Bueno, cuando nos pongamos a trabajar me voy a ir acordando...

Miguel protestó pidiendo teorías, al menos para algún generador de impulsos superlumínicos. Algo que ir mascando ahora que se había terminado el asado y las mentes continuaban con hambre. Trajeron papeles y lápices. Despejaron la mesa. Manuel se puso a dibujar.
Al cabo de una hora y veinte hojas en el suelo se sabía lo que físicamente venía a ser una bola. No se comprendía en cambio nada. ¿Cómo era que ese cachivache alegórico del carnaval pudiera por ninguna causa levantarse del suelo? Claro que, siempre se había presentido que el principio revolucionario pudiera tener características desconcertantes, como las de este muchacho, que sin haber terminado el liceo les venía a hablar de Teoría de Cuerdas, explicada como para ineptos mentales. Era cuestión de tomarlo como hipótesis verdadera por un momento. Con un verdadero espíritu científico. Sin preconceptos... No, claro, con el marco general de lo ya descubierto por la física, pero sin descartar que pudiera estar bastante equivocado. Como el que dice no creer en brujerías pero igual si el asunto es grave recurre a lo que fuera, por lo general con buenos resultados.

-¿Pero y la décima cuerda, cómo es que va a calzar sola entre el punto "a" y el "q" pasando por todas estas otras líneas, sin tocarlas, porque se trata de una cuerda que está vibrando?
-Mirá, yo sólo te puedo repetir una explicación que me dió Mandinga... Nos dijo que la cuerda podía pasar porque en realidad tenía una forma sinuosa...
-¿Una cuerda tensa y sinuosa?
-...con una curvatura dentro de otra dimensión... Me dijo que una vez que se cerraba el círculo... mejor dicho que había certeza del que le círculo se iba a cerrar, ya el círculo estaba cerrado generando el intercambio de las dimensiones que circulando por el entramado de las cuerdas iba transformando ese corazón de energías que fluyen, en una cosa que deja de estar en un lugar determinado... que queda afuera de la realidad común y....
Abelardo se rió.
-Me estás haciendo acordar de tu madre... ¿No te me estás yendo al carajo, Manuelito...?

Pero siguio pensando callado, en lo mismo. Ahora que le había terminado de dar forma mental y veía con mucho mayor claridad. Más allá de lo que el librezco conocimiento de estos ancianos pudiera llegar, probablemente. Aunque tal vez... ¿No sería que la mente misma presiona cuando quiere en cualquier sentido, la realidad, para que sea como uno quiere? O por lo menos está claro que no hay leyes que se cumplan siempre y en todos lados. Cada lugar tiene su propia vibración y un poquito de sus propias leyes, como nosotros los hombres que cada cual tenemos creída una verdad que da sentido a la vida y nos metemos a opinar como si fuera la misma para todos.
Abelardo bajó la voz arrepentido.

-Perdoname, nieto. Seguí con tu explicación.

Ahora fue Manuel quien sonrió.

-Lo gracioso es que no se preguntaron en ningún momento cómo es que las cuerdas están tirantes si se agarran unas de las otras...

Contestó Miguel que sí lo había anotado entre las cosas absurdas del supuesto aparato, pero que igual estaba dispuesto a pagar los gastos y acompañar el emprendimiento porque... Por favor!. No podría estar atendiendo la farmacia mientras otros fabrican una nave transdimensional a cinco cuadras de distancia!

La carcajada de Abelardo fue estentórea y dio para el comentario de su amigo en el sentido de no haberle visto reírse así desde la juventud. Aquellos tiempos en que todavía tenían las colecciones de Hora Cero y Frontera con las tapas relucientes en alguna biblioteca de la casa. Y El Eternauta conducía sus mentes al vuelo sin parar hasta Arthur Clarke o El Hombre Ilustrado.

Una carcajada contagiosa que terminó por derribar cualquier otra barrera de vergüenza intelectual que mantuvieran entre ellos
Una carcajada feliz.

domingo, mayo 27, 2007

309 NARCOCAEDA

Mientras Manuel se empeñaba en encontrar la bolsa de los guijarros entre los escombros de lo que había sido aquel dormitorio, Magda conseguía comunicarse con Giorgionne para deprimirse en caída libre con las noticias. Si bien el militar había sido detenido y se encontraba ahora en el hospital, el gobierno a punto de disgregarse había aprobado la ocupación militar de Lagomar hasta tanto los cabecillas de la rebelión terrorista no se entregaran y fueran puestos a disposición de la justicia. Atentado a la constitución y a la integridad territorial de la república, rezaba el bando que hoy poblaba la primera página de los matutinos y llenaba de palabras las emisoras, los teléfonos y las conversaciones. Algunos medios clarividentes argumentaron encima contra la predica antisocial del grupúsculo terrorista que estaría en principio trabajando en alianza con Al Kaeda y los narcotraficantes. No dijeron por educación que fueran en su mayoría afro-uruguayos, aunque lo estuvieran pensando mientras la nota escribían. Tampoco dijeron, unos por engañosos y otros por ignorantes, que el grupo de los Maquis no había en ningún momento sido peligroso para nadie, cosa que no se podía decir de las fuerzas del orden, con lo que los conceptos se entrecruzan y… Bueno, ese grado de relatividad no siempre es cómodo para las cabezas que siempre todo lo tuvieron claro.
Tanto revolvió y revolvió los escombros que por fin dio con la bolsita y con ella colgando en vez de levantada en victorioso gesto, fue a dónde Magdalena iba terminando esa conversación con varias exclamaciones que bajaban en importancia o en interés. La tomó desde atrás por los hombros con ambas manos que apenas hicieron contacto con el calor del cuerpo y se detuvieron apoyando sólo el calor y la vibración incontenible que había armado un puente colgante entre los dos.
-Tenemos que escondernos…
-Irnos…


La bola blancuzca se levantó somnolienta sobre las copas de los pinos, buscando el viejo cielo de Lagomar en el otoño. Alto, más alto para mientras ir pensando para dónde irse, que hacer y en qué entretenerse hasta que apareciera el próximo capítulo de esta historieta.
-Preguntale a tu abuelo…
Manuel se puso a desear que hubiese como una especie de piloto automático en su inconciente que manejara la bola mientras él se ocupaba de otra cosa. Disponer en el centro de la bola, entre él y la Flaca un espacio para hacer bailar los guijarros. Así lo hicieron y pronto estuvieron mandando la pregunta a Abelardo de si sabía de algún lugar seguro para esconderse.
-¿Manolito!
-¡Tenemos que escondernos!
Abelardo sabía sí. Conocía un solo lugar con esas características, un lugar que había descubierto en su infancia…
-Hacela corta.
-¿Te acordás de Guichón? Bueno siguiendo para el oeste por sobre la cuchilla de Haedo unos cinco quilómetros vas a encontrar una cueva al costado de un cerrito que se distingue por sus piedras blancas. La boca mira al sudoeste y adentro es grande como una casa. Ahí van a estar seguros, es una estancia, no pasa nadie, ni las vacas.
-Gracias. Después te llamamos.
-Llámenme. ¡Les tengo una sorpresa…!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)


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lunes, mayo 07, 2007

290: EL SILENCIO COMPARTIDO

En San José de Carrasco, frente a la farmacia de Miguel, se estaba juntando mucha gente. También en Gianastasio y Becú, pero la noticia de la mayor concentración de allá, iba llevando a los caminantes y pronto el tránsito quedó cortado enseguida del puente. Eso no lo contó Julieta, sino Vittorio que había aparecido casi corriendo con la noticia del ultimátum que su mujer le había transmitido por teléfono. O volvía al hogar de inmediato a hacerse cargo de la conmoción familiar, el desconcierto de sus hijos –eran dos- y la congoja de su compañera o -podía elegir- que ya no volviera.
Manuel le dio consuelo. Que viniera con ellos a ver lo que estaba sucediendo y del otro lado de la muchedumbre se tomara algún ómnibus de los que hasta allí llegaban desde Montevideo. Eso le volvió la sonrisa a la cara, el entusiasmo y las ideas. Porque después de todo, el movimiento iniciado iba a necesitar una cabecera de puente en la capital, o mejor dos, porque también Pepponne luchaba desde hacía días con su deberes parentales, aunque se olvidara de toda otra obligación o compromiso laboral.
Ni quince minutos demoraron en llegar al puente. De ahí en adelante había que pedir permiso para avanzar entre la gente y arrimarse a la veredita de la farmacia donde ya con la voz bastante gastada Miguel peroraba levantando las manos por sobre sus escasos pelos. En eso estaban, pidiendo permiso y caminando como hormigas demasiado cargadas cuando alguien gritó el nombre de Manuel por sobre las cabezas. La multitud contestó con un clamor que fue creciendo mientras muchos brazos le subían en andas y le llevaban junto a Miguel. Trajeron una mesa y sobre la mesa una silla donde le colocaron en problemático equilibrio por encima del oleaje sonoro que la repetición de su nombre sin acuerdo ni orden producía. Desde esa altura pudo ver los lejanos límites de la asamblea más allá del entronque con Aerosur. Se sintió abrumado por saberse el sujeto de semejante clamor. Se salió de los límites temblorosos de su cotidiana estampa y de pronto estuvo en todas las gargantas y la espuma hirviente de las voces que no cesaban de arrullar un nombre que ya no le pertenecía. Cerró los ojos. Llenó el pecho no de aire sino de ese algo luminoso y vibráctil que sentía expandirse como una gigantesca burbuja de emoción compartida. Levantó las palmas de sus manos sobre ella y supo que iba a decir algo.
-Somos los dueños de este planeta.

No lo había gritado. Ni siquiera había hablado fuerte y sin embargo la multitud se recogió en el silencio que entre todos habían inventado.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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sábado, abril 07, 2007

263 TIEMPO DE ACCION



Cuando Manuel se dio cuenta de que todos callaban, regresó. Ya sabía que Mandinga les había dejado la pelota picando como un desafío frente al arco. Patear y hacer el gol no era difícil, difícil era saber lo que había detrás del arco de la mente de Mandinga si no era que decía la verdad.
-Bueno, yo voy a hacer la prueba. Apaguen todas la luces y esperen.
Salió a grandes pasos hacia la primera bola y se metió en ella justo cuando se hacía la completa oscuridad. Se sentó en el lugar de la mayor resonancia y esperó a serenar el pulso y la respiración que empezaba a hacerse fácil y profunda.
Después, como cuando estaba sólo en la cama, dejó que frente a sus ojos llegaran esas luces de colores que juegan a hacer dibujos, las contempló sin quererlas dominar, las dejó deshacer los cuadros más hermosos con ese telón de otro color que de vez en cuando se les antoja correr. Jugó con ellas flotando entre los colores y de a poco, fue subiendo la atención, que no lo ojos, hacia ese lugar que habita la luz, a veces destellante, a veces de claridad serena que otras se transforma en el ojo quememira. Allí, en su único lugar, sin decir palabra ni emitir gesto, ella espera desde siempre que volvamos y reconozcamos íntimamente haber estado frente a ella solo esta primera vez. Y volvemos. Una y otra vez, después de mil peripecias y zozobras que pretenden por momentos terminar con nuestra existencia o con nuestra felicidad para siempre. O nuestra congoja. Porque aunque no lo admitamos y no pensemos nunca ni un instante en que alguna vez vimos esa luz, sabemos que ella está allí esperando, más que esperando...es sólo que nosotros nos tardamos pero...cuando llegamos vemos que esos no han sido tiempos más que de la fantasía y de la diversión entre dos únicos instantes que nunca se podrán separar, tal ha sido su igualdad...
Y la contempló. Como siempre con mucha emoción y hasta un pequeño temor de... ser tragado o aniquilado por aquella claridad perfecta que no dejaba traslucir ningún pensamiento. Porque estaba. Allí frente a su mente desnuda, más ancha y luminosa que nunca, quieta y sin embargo viva, vibrante y sin embargo serena. La luz
Los de abajo empezaron a ver una ligera claridad y que en ella flotaba la bola a medio metro del suelo sin emitir ningún sonido ni quebrantar ninguna ley. La luminosidad iba en aumento y después decrecía como en ondas, como en muy lentas pulsaciones que se sucedían de manera regular. Pero de pronto la bola se elevó varios metros, casi todos los que la altura de la caverna permitía y se vino a detener frente a la reunión apenas un instante antes de empezar a hablar. Porque la bola empezó a emitir palabras que sonaban como los truenos retumbando en los cercanos montes y sacudiendo las columnas de la tierra y encrespando las delicadas superficies de las aguas que parecen quererhuir de la tormenta. No era voz sino que eran voces las que retumbaban. Como voces de ejercidos que restallaran las suelas a un tiempo sobre la dura tierra para que las voces fueran encima, cabalgando sobre el estruendo y superándolo.
Cayeron todos al piso, menos Mandinga que sin embargo apenas pudo disimular su sorpresa con la ausencia de testigos. No se tiraron, ni hubo causa aparente más que el sacudimiento interior producido por el despertarsorpresivo de los recuerdos atávicos. Desde el suelo oyeron -sólo oyeron- aquel corto discurso que salía de la bola:

"Humanos, ha llegado el tiempo de la acción."
Restallaban las botas y chirriaban las trompetas desafinadas.
"Vamos a rescatar nuestro planeta de las garras del tirano"
La multitud no hacía saludos árabes porque ya tenían las manos contra el suelo
"Ja ja ja ja...¡Tenés razón Dengue, esto es lo más!"

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viernes, marzo 16, 2007

243: COMO CELOFÁN EN EL FUEGO

-Lo que les voy a explicar va a sonar muy extraño, pero atiéndanme igual. Sólo hagan interrupciones cuando entiendan algo, porque entonces sí han de estar confundidos. Lo que les voy a decir no es entendible, al menos para los humanos. Tienen que oírlo igual, confiando en que alguna parte de sus mentes va a hacer un registro y va a saber ejecutar el programa en el momento adecuado. Bien, el asunto es achicarse, como lo he hecho yo mismo frente a ustedes, tomar contacto con los sonidos internos de las dimensiones y deslizarse en la dirección de lo pequeño, hundirse hacia el centro sin mirar atrás, volver al punto que nos dio origen. Ustedes no podrían hacerlo simplemente con su cuerpo pero las bolas que han construido son esencialmente un resonador capaz de trabajar en once dimensiones al mismo tiempo. Entréguense a esas vibraciones y pídanle íntimamente a la bola, como si fuera una verdadera oración silenciosa, que haga aquello que quieren hacer. Es lo mismo que van a hacer para pilotear las bolas pero con la diferencia que en esto lo que tienen que pedir nunca lo han vivido ni conocido. Si lo logran las balas van a pasar de largo porque es imposible acertar sobre un verdadero punto, uno de los infinitos puntos que rellenan los huecos que tienen todas las cosas, desde una líneas hasta un cristal de diamante. Lo esencial del universo está mucho más allá de ningún número infinitesimal. Sólo lo aparente tiene dimensiones, números…colisiones. Ustedes habrán escapado por breves instantes de todos los universos posibles y navegarán tranquilos en la nada indeterminada que por ahora no establece contacto con ninguna dimensión. No estarán ni lejos ni cerca pero cuando quieran podrán volver a aparecer en el universo aparente aunque les va a costar muchas pruebas y errores volver a aparecer justo en el punto que habían elegido. No se preocupen, La misma bola los va a proteger aunque por error la hayan conducido al interior de una montaña, al fondo del mar o a cualquier lugar porco hospitalario. Claro que no hay que abusar. Las bolas no son invulnerables, todo lo contrario, deben su solidez al acorde perfecto que todas la vibraciones tienden a hacer alrededor suyo, bastaría que uno de ustedes se lanzara de golpe sobre una de las cuerdas interrumpiendo sus vibraciones, para que todo el armatoste de papel se arrugara como celofán en el fuego y ustedes perecieran de la forma más ridícula…
Manuel observó a Cholo, cómo apretaba apenas su sonrisita desdeñosa, pensando chocolate por la noticia!, acaso ha sido otra cosa lo que hemos hecho todas la veces que volamos? Aunque no nos hayamos achicado, que no sé… porque tal vez es por eso que hemos atravesado estos muros de piedra sin sentir ni un rozamiento, pero igual el método es el mismo en general!
Y tenía razón el Cholo, porque él ya tenía bastante experiencia en la navegación de las bolas y, seguramente lograba una perfecta compenetración con ellas…Y en cuanto a achicarse uno mismo…
La flaca gritó y todos miraron. Manuel venía caminando desde el fondo de la galería hacia ellos, habiendo dejado de estar junto a todos en la rueda, frente a la bola número uno que iba a ser bautizada en ese momento y nombrada. Ernesto esperó a que Manuel viniera más cerca para levantar la mano con aquel marcador de trazo ancho y tinta indeleble que ante la vista de todos comenzó a escribir sobre el papel de la nave: “la bola de manuel”
Todos aplaudieron.
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lunes, enero 29, 2007

197: Una pequeña resonancia.

Tal vez por aquello que se dice de no tomar decisiones con el estómago vacío se suspendió la oratoria en el punto en que lo único que quedaba por resolver era cuál sería el primer piloto una vez que Mandinga cumpliera con su promesa de sacar la bola de la cueva. Era tiempo de comer algo y a eso se abocaron una vez hechas las compras y trajinados, aljibe mediante, los bocadillos y tentempiés desde la cocina a la Galería.
-Yo me ofrezco para probarla. –Dijo Cholo, parándose frente a su refuerzo de mortadela con salame. Cosa que pareció razonable a todos sin ninguna discusión. Que fuera el Cholo, el que más había entendido los planos de Abelardo el que intentara dominar aquel huevo de ganso con el sólo poder de su mente aplicado sobre los puntos adecuados. Rulo y la Magda reconocieron no tener una idea muy clara de dónde habían quedado aquellas cuerdas fabricadas por Dengue. Giorgionne y Pepponne confesaron simplemente que no entendían nada. Julieta y Ernesto habían considerado ofrecerse y Dengue pidió turno para el segundo viaje.
Miraron a Mandinga para decirle que era el momento de cumplir su promesa. Mandinga perdió el ritmo de su entusiasta masticación. Contestó la mirada y se recogió el cacho de mortadela que resbalaba de su boca.
-¿Y ahora, qué me miran?
-Tenemos que sacar la bola…
-¿Para qué?
-Para probarla. Cholo va a ser el primer piloto.
-No… Ya les dije que no se preocupen.
-No estamos preocupados. Queremos hacer la prueba ahora.
-¡Y háganla!
-Tenemos que sacar la bola…
-¿Para qué…? ¡Ja, ja¡
Se puso amoratado y medio se atoró con lo que tenía dentro de la boca. Aquello le causaba mucha gracia. Sigan, sigan –repetía- para probarla, tocaba. Ja,ja!
El Cholo le enfrentó.
-Te estás riendo de nosotros?
-No, muchacho. Me río de la gracia. Por un momento habíamos entrado en una resonancia cortita… Lo que les quería decir conque no se preocuparan era que no es necesario sacar la bola. Ya les dije que ella se sale del espacio cuando empieza a funcionar más fuerte. Se produce un hueco al que el que viene de afuera no puede llegar…las piedras de esta caverna por ejemplo. No le pueden hacer ni un rasguño mientras la bola las atraviese. Es como que la bola se hiciera tan pequeña que pasara entre átomo y átomo, dicho de una manera muy bruta.
Cholo cambió de cara.
-Así que me subo y le doy para adelante!
-Si vos querés llamarle adelante…Vos lo que tenés que hacer es comunicarte con la bola, sentir sus vibraciones, pero no con el oído, en el centro de tu pecho lo vas a sentir. Cuando logres eso ya vas a saber cómo seguir.

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