sábado, junio 09, 2007

322 SEGUNDA BASE

La cueva que decía el flaco era más grande que una cancha de fútbol, según decía, que la habían medido a pasos largos con el Teque, un amigo que sí, que claro, que era el otro que la conocía, aparte de que a muchos les habían contado… La entrada era el problema, entre dos piedras chatas que sobresalían de un cerrito cerca del río Queguay, había que echarse de panza y arrastrarse hasta que la piedra de abajo se terminaba antes de que acostumbraras la vista a la oscuridad y te caías más de un metro hasta lo que era el piso, de piedras también y con cagadas de murciélago.

-Podrían entrar cuatro o cinco bolas.

-Y cuanto mide una cancha de fútbol?

-No se, pero calculo que a lo ancho entran tres bolas de estas…y a lo largo fácil cinco.

-¿Y tus amigos…?

-Son buena gente.

-Pero… acostumbran a ir seguido a esa cueva?

-Yo me encargo de que no vayan por un tiempo.

Los pensamientos empezaron a entrecruzarse muy rápidamente

Entre todos. Estaban iniciando una nueva etapa de actividad. Desde otra base a la que debían acarrear los elementos usando las bolas como medio de transporte, con otro cielo y sin la costa, con menos testigos, con ninguna comida, sin dinero, demasiado aislados como para convencer a la gente, para juntarlos en cantidades apreciables…La palabra volvió por Cholo.

-No podemos hacer una revolución escondidos lejos de todos.

-Ah, quieren hacer una revolución? ¿Revolución de qué?

-Para liberarnos de los ángeles y hacer un país entre todos sin tener jefes.

-Pero no era que los ángeles esos tienen no se cuantas dimensiones y hasta un tiempo de más? Qué guerra les pueden hacer?

-Pero son estúpidos porque no conocen la libertad. Ellos cumplen órdenes del superior que las recibió de otro que a su vez…

-Y ¿ustedes no les tiran con nada?

-Una vez les tiramos tortas de merengues!

-Derrepente precisan amigos que les hagan el chamuye boca a boca entre la gente. Yo para eso me ofrezco porque para pelear no ando con ganas.

-Sabes qué? Traete una linterna de tu casa, pasamos a levantar mi bola y vamos a ver esa cueva.

Un rato después se iban deslizando entre las dos rocas chatas hasta caer advertidamente en el piso cagado de la cueva. El haz de la linterna recorría para uno y otro lado el techo abovedado que les cubría de roca a veces agrietada pero no mucho. Algunos mechones de líquenes sobresalían somnolientos, algunas goteras habían estado activas no hacía mucho. Era por cierto muy grande y factible de ser limpiada como para un habitáculo humano tras encender faroles de gas, conseguir dónde guardar agua y donde colocar las letrinas.
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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