miércoles, junio 06, 2007

318 ESTO ES UNA BOLA

Oscar no dijo nada de lo que estaba pensando del flaco este que se le había aparecido por segunda vez en cuarenta años. No podía arreglar su cabeza pensando que el guacho se había dado con algo fuerte porque no sólo la primera vez se había desaparecido entre el remolino de hojas secas sino que además… parecía no haber cambiado nada en cuarenta años! Algo raro había en él. Tal vez muchas mentiras y fantasías pero…mejor dejar correr la bola y ver por fin dónde se detiene. Total. Qué se iba a extrañar él, justo él que se había criado entre artistas, nómadas e hinduistas… Cuando cruzaron el viejo depósito de la Norteña y metros más allá vio en la penumbra, que los muchachos iban hacia el alambrado y se agachaban para cruzar entre los hilos… en cambio, una rápida intuición le hizo levantar la vista hacia el centro del campito y entonces vio. Vio, o casi creyó ver algo en la oscuridad de ese espacio confuso que antes era ocupado por el aire y ahora… ¡Algo había allí! Como un globo achatado, blancuzco y silencioso. Como.. Sí como una bola de aquellas que el otro día…Pero mucho más grande. Se le disparó el corazón en el pecho.
-¿Qué mierda es eso, che?
-No te asustes, es una bola.
-No me digas que es de verdad…
-Vení, acercate, vamos a subir.
Se agarró del piso con las manos cuando sintió que aquello se desprendía de la superficie del viejo planeta en el que siempre había vivido y que no tenía ganas de abandonar. No era joda! Y lo peor era ver que los flacos estos ni se ocupaban de él, desde que se habían sentado derechos como budas de porcelana china, haciendo om entre ellos y mirando la nada, dentro de esa caja de zapatos. En realidad la oscuridad no era total porque algo se veía, mucho más de lo que se ve después de un rato en lo oscuro. Se veía las líneas de las manos y el color de las alpargatas que llevaba puestas allá en la punta de las piernas, veía que…la luz salía de las paredes que lo envolvían todo convirtiéndose en piso y que volaban dando vueltas por sobre la noche del pueblo, aunque esto no lo tendría que estar viendo porque… Es que las paredes parecían haber desaparecido o vuelto transparentes y entonces… Allí debajo estaba Guichón con sus lucecitas encendidas en relieve. En relieve porque sentía cual estaba más arriba y cual más abajo, y todas las diferencias del terreno y los distintos tactos que tienen las ramas de distintos árboles, como si los estuviese tocando con enormes dedos largos que abarcaran con su tacto todo lo que se veía.
Podía ser un especie de cine con dimensiones y tacto que se hubiese empezado a fabricar después de tantos anuncios y que… Pero esas cosas son muy caras y estos flanquitos, que se ve que venían a mangarlo, no tenían pinta de ser inversores….además…Eso que estaba ahí abajo no era cine!
Magdalena se acercó y tomándole la mano le hizo gesto de tranquilidad antes de preguntarle con esa voz poco sonora que se usa en las iglesias, si ya estaba convencido de que todo lo que le habían dicho había sido la verdad o si era necesaria alguna otra demostración. Oscar no contestó enseguida, pero sintió de pronto que el alma le volvía al cuerpo y que estaba viviendo una aventura sensacional que ni de niño hubiese imaginado. Los muchachitos eran geniales!
-¿De dónde sacaron esto?
-Lo fabricamos con nuestras manos.
-¿Pero cómo se les ocurrió? ¿Quién lo inventó?
-El abuelo de Manuel….o un amigo, no sé.
Iba a decir que ese invento valía millones de dólares cuando Manuel hizo entrar la bola en pérdida precipitada de altura, subiendo el estomago del flaco hasta la garganta.
-Me parece que andan ángeles cerca. Vamos a escondernos. ¿Me decís un lugar?
-¿Para meter esto? Abajo del puente de la ruta 4, capaz que entra…


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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