domingo, junio 24, 2007

333 La libertad no es un poncho

Así que todos estábamos enredados en los hilos de las condiciones pactadas. Si vas a hacer eso, dame tiempo que yo prepare esto otro, porque si no, va a quedar eso como un acto colgado al borde de un abismo irracional. Hagamos las cosas prolijamente y nadie sufrirá los dolores de la angustia existencial, a no ser algún filósofo de esos que se pone, sin necesidad alguna, a escarbar en lo que sería si no fuera lo que es, por puro masoquismo. La justicia y la libertad. Quieras que no se autojustifican, porque qué mundo de mierda sería este si no dejara aunque más no fuera un resquicio para que ellas mantengan la esperanza de existir. Un equilibrio, tal vez entre las posibilidades de que exista la libertad y las de que no exista. Que tampoco tendría gracia si la libertad fuera un regalo inexcusable que nos cayera puesto todos los días antes de lavarnos la cara esa que tenemos sin haberla elegido ni mucho menos dibujado.

Eso era bastante comprensible pero el acuerdo no justificaba el silencio que hacía rato dominaba la rueda de los sentados sobre las piedras colocadas en el piso de la caverna. El silencio se producía naturalmente, mientras ellos imaginaban la continuación del pasado a través de este presente que por sí mismo no conducía a ninguna meta predeterminada, sin el pulso que la imaginación colectiva le va dando mientras vive y descubre las consecuencias de la acción en libertad. Estaban creando. Desechando proyectos arrugados en la papelera. Reteniendo otros a un costado para después volver a verlos, o compartirlos, cuando volvieran las ganas de conversar. Estaban fabricando un proyecto de futuro…

Fueron tres golpes seguidos que sonaron de alguna manera similar a como habrían de sonar tres golpes de manos dados en la boca de una caverna. Las miradas confluyeron entonces hacia la puerta donde todas pudieron apreciar una cosa redondeada y clara que obstruía la única parte por dónde se veía un cachito de cielo. Allí había una cabeza humana que se estaba asomando.

-Buenas noches.

Era Bosco, el amigo del abuelo Abelardo –Manuel le reconoció enseguida por haberlo visto no hacía mucho. Venía con el flaco Oscar dando desde atrás explicaciones de por qué lo había guiado hasta aquí. Algo urgente que quería decirles Bosco al que por otra parte Manuel ya conocía.

-Si, nos conocemos de hace mucho.

Manuel les hizo lugar en la rueda colocando a Bosco bien enfrente del suyo y mirándole con interrogación una vez que todos se volvieron a sentar.

-Yo no quería verme incluido en esta historia pero, ha ocurrido algo que me obliga a hablar personalmente con ustedes.

-¿Qué ha pasado?

-Esta historia está apareciendo en Internet firmada con mi nombre!

Manuel abrió los ojos.

-Pero yo no la escribí. Recién ahora caigo en que ustedes son los que pilotean esas bolas voladoras que tienen al país al borde de la anarquía.

Manuel le interrumpió.

-¿Qué cuenta esa historia?

-Cuenta una historia de enredos dónde el personaje central se llama Manuel Aquelarre Goiticoechea, que tiene una compañera que se llama Magdalena y se apoda Magda o la Flaca y que se han vinculado a otros personaj…personas que por lo que veo han de ser las que están en esta rueda, y que entre todos están armando un grupo de resistencia a la tiranía angelical.

-Por ahí va la historia?

-Sí, la acabo de leer. Termina en que Manuel se salva de los ángeles porque cae por una galería cavada por los Tucus, dentro de una gran caverna donde conoce al “Hombre Primitivo” que por la descripción ha de ser este hombre de la derecha. Don Ernesto Federico de Oliveira e Souza, aunque ahora ande de vaqueros y championes.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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