lunes, junio 25, 2007

334 Internet Básico

Dicho que fue lo anterior, algo grande se movió para el lado del fondo. Un estampa rastafari de camisola floreada y hojotas de caucho que en tres pasos estuvo frente a la luz del farol que le daba de lleno en los ojos para que los entrecerrara y hablara al bulto del medio de la reunión.

-¿Habla de un tal Mandinga?

Bosco quedó un tanto sorprendido, por no decir amedrentado. Aquel sujeto traía una vibración muy potente que le rodeaba y se percibía desde lejos, además… Además creía haberle visto en otro lado…En algún lugar de no muy buen recuerdo, de esos que uno nunca quiere acordarse…

-No. De alguien llamado Mandinga, no.

Manuel aclaró la duda explicando que su caída en la galería había sido anterior a la de Mandinga entre los árboles y con eso volvió a encarar al visitante.

-¿Y si no lo escribís vos…? ¿Quién puede ser?

-No sé… Alguien que conozca esta historia en todos sus detalles porque…-paseó la mirada por los ojos que le rodeaban-…Han quedado escritas hasta cosas muy íntimas…

-¿Y cómo se hace para escribir en internet?

-Con una computadora.

-Eso ya lo sé, pero… Hay que tener algún permiso o…?

-No. Entras a internet y ahí enseguida aparece alguien que te quiere guiar aunque vos no quieras.

-Y escribís ahí mismo?

-En un lugar donde primero das tus datos y le ponés nombre a lo que vas a escribir.

-¿Y después…?

-Y después hacés lo que quieras hacer.

-Si, pero…Eso que escribiste queda ahí para siempre y todo el que llega lo encuentra ?

-No. Para encontrarlo hay que conocerle el nombre, o preguntar por ahí adentro, dando algunos datos y referencias, para ver si alguien te ayuda.

-¿Cómo buscar una persona en una ciudad…?

-Si, sin conocer a nadie y sabiendo que quien buscás tiene cejas anchas, calza 44 y no se llama Juan.

-¿Y si no tenés computadora?

-Bueno…

Lo cierto era que nada coincidía con nada porque quién estuvo cerca de la historia no tuvo a su alcance una computadora y quien sí la tuvo, como Ernesto, le había conocido justo en el punto en que según el tipo la historia terminaba. Y no sólo eso, estaba muy claro que a no ser él mismo nadie había estado todo el tiempo siguiendo los sucesos! A no ser que… la historia no estuviera completa…

-Nosotros la queremos ver.

Bosco se lo había supuesto y traído en su mochila una portátil que a sólo salir de la cueva podía conectar a internet justo que había salido la luna y una vaca balaba allá a lo lejos.

Magda se puso a leer en voz alta, bajo la luz de la luna, una historia de la que era parte y ahora se transformaba en testigo. En risueño testigo cada vez que el texto hacía referencia a sus reiterados regalos de calzoncillos amarillos a su querido Manuel. O apenado testigo, cuando las peripecias ponían en riesgo el cuerpo o la vida del mismo. Todos se arrimaron y comenzaron los comentarios cruzados entre Manuel y los otros, sobre la veracidad o no de cada detalle de la historia. Sobre quienes pudieron ser los testigos en cada caso….

Pero en cierto momento Manuel volvió a poner toda su atención en el texto que Magda leía. Atravesó la zona de la gracia que le daban ciertas cosas y se fue hundiendo poco a poco en la sucesión de palabras que hablaban desde un mundo donde las cosas iban en constante cambio apareciendo como fotografías en movimiento que se volvían a ocultar para dar entrada a otras tomas. Era muy similar a lo que le ocurría cada vez que intentaba entender el mundo en que le había tocado vivir. Una película que parecía no tener otro argumento que joder al personaje central con accidentes y percances que no lo dejaran en paz por un momento.

¡Quién había escrito aquello le conocía mucho!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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