martes, junio 26, 2007

335 Una firma anónima

Bosco completó su justificación mostrando la poca gracia que le daba aparecer en la historia como un cagón que no se atrevía a enterarse de las cosas ni a aceptar el cambio de parecer de su amigo. Un especie de fanático de la formula de los juramentos por encima de la opinión de los conjurados. Un ayatolá del ritual que terminó perjudicando al nieto de su mejor amigo veinte años antes de que naciera.

-Hace cuarenta años que vivo con el remordimiento de haberlo hecho. Pero lo hice para cumplir con aquello que le prometí a mi amigo que nunca cambió de opinión a pesar de mis dudas y prevenciones.

En ese punto Manuel le detuvo.

-Pero vos me dijiste que mi abuelo te había pedido que no me entregues los guijarros!

-No Manuel, como te voy a decir eso. Hacé memoria, acordate de cuando estábamos en la casa de los Goiticoechea, que te dije que no sabía si con darte los guijarros te estaba trayendo un bien o un mal…que…

-No. Todo lo contrario. Me dijiste que mi abuelo te había mandado un mensaje con los guijarros, pidiendo que no me los dieras! Como dice la historia esa.

-No vos te has olvidado de eso…

-Para mí eso ocurrió el año pasado. Para vos hace cuarenta.

Tal vez alguien piense que las cuentas estén mal hechas para que Bosco haya pasado cuarenta años arrepentido y no veinte, pero así está consignado en los archivos de esta historia, siendo yo solamente un escriba que transcribe de un libro a otro, historias que muchas veces ni comprende pero cuyas cifras numéricas involuntariamente memoriza con una precisión espantosa. Perdón por no firmar esta nota, pero si lo hiciera no cambiaría nada. Me llamo Anónimo.

Quedaron unos momentos mirándose a los ojos hasta que ambos se convencieron de la sinceridad ajena y apuntaron en el registro de las cosas extrañas un capítulo nuevo donde se consignaba que en 1967 Bosco le había dicho a Manuel unas palabras que eran otras, con un significado contrario. Y que recién después de un año, es decir cuarenta, se volvían a encontrar recordando cada uno un juego distinto, sin poner ninguno en duda la memoria ni la buena fe del otro! En algo se parecían, Manuel por haber vivido todo el último año a los saltos de un mundo a otro y Bosco… bueno, Bosco tal vez leyó demasiadas historietas y ciencia ficción…

Manuel se apartó bruscamente y mirando a todos les arengó para que nos pusiéramos en movimiento. Construcción de nuevas bolas. Entrenamiento de nuevos pilotos. Elaboración de planes para llegar a la total paralización del país hasta que los políticos nos pudieran asegurar, por lo menos que nuestros territorios no iban a ser invadidos nunca más por milicos humanos de cualquier tipo.

Mandinga saltó a los aplausos desde el costado en que estaba pasando el aburrimiento. Volvía a vivir. Iban a entrar en acción! Todavía tenía algunas artimañas para enseñarle a estos pequeñitos y varios huevos de pascua de nuevos modelos para reventar contra los celestiales.

La escena cambió por completo ante los ojos de las visitas que quedaron abandonados encima de sus zapatos. Todo el mundo rodeando la mesa de bajoelfarol repetía cifras de los calculistas en materia de botellas de plástico vacías, metros de alambre galvanizado, bolsas llenas de diarios y revistas, harina de trigo de un solo cero y otras menudencias.

-Vamos Flaca? A…buscar la bola del Rulo antes de que la descubran..Vos podés volver en ella.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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