viernes, junio 08, 2007

321 ¿Te das por vencido?

Enseguida del despegue Cholo consiguió estabilizar la bola a doscientos metros y comenzó a pasar su informe. Ellos eran los primeros del grupo que lograba juntar. Había sido derribada una bola de las propias sobre Pando y dos de los ángeles sobre el Río de la Plata. No había podido averiguar quiénes tripulaban la nuestra ni qué había sido de ellos. Lo que había comentado la tele más que lo de Gran Hermano, era la batalla que se había librado frente a la Playa Ramírez entre una bola a la que se le habían desprendido varios papeles en las maniobras y tres esferas perfectas de brillante luz tornasoladas de las que dos se estrellaron contra las aguas y la tercera huyó. Las angélicas dispararon todo lo que traían en materias de rezos de grueso calibre que se veían brillar en la pantallas de los televisores pantalla plana de más de cincuenta pulgadas del Alto Mando de Maniobras Permitidas por las Naciones Amigas. (AMMPNA). La bola criolla sólo maniobraba vertiginosamente entre las otras haciendo que se chocaran entre ellas como unas torpes tratando de quitarle la pelota a Maradona. -Ese es Mandinga! –afirmó Manuel Lo mismo que habían pensado los otros mientras sacaban la cuenta de quiénes entonces podrían ser los derribados. Ernesto con el Dengue o Rulo con Julieta embarazada. -Y mi madre, Cholo, dónde la dejaste. -En tu casa, que ahora han dejado tranquila todos los espías que la espiaban. Quedate tranquilo que tiene algo de plata y va a tratar de mostrarse lo menos posible. -Hasta que se olviden de nosotros. Cholo buscó con atropello la mirada de Manuel. -¿Te das por vencido?! -Por ahora. Ayer nos vencieron porque nos quedamos sin lugar para guardar las bolas. No podemos vivir todo el tiempo escondiéndonos dentro del punto, tenemos que salir a comer. -O dar batalla, como hace Mandinga. -Pero Mandinga perdió su guerra…él vence en las pequeñas camorras… -Claro, el ejército de los cobardes es más numeroso. -Y nadie lleva la cuenta de sus muertos. -Bueno esperamos, pero, qué esperamos? -A encontrar otra cueva grande. Reparar las bolas y fabricar nuevas y además todas esas cosas que vos sabes de cómo mantener en secreto la existencia de un grupo. Oscar que se había venido arribando a la charla de todos en el suelo de cartón, levantó una mano como si pidiera la palabra en una asamblea. -Si ustedes quieren yo les digo donde hay una bruta cueva que nadie conoce. Lo miraron acordándose de su presencia. -¿Pero es grande, grande? ¿Cuántos metros serán) -Y…
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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