jueves, junio 07, 2007

320 Los Esbirros del Viejo Dios

Por último encontraron un hueco en un monte de eucaliptos pasando el cementerio y volvieron de a pie para la casa del Oscar que les prometió unos chorizos hechos en un momento en la parrilla acompañado del rojo vino que restaba en la madrejuana…y conversar de todas esas cosas extrañas de las que recién se venía a enterar y que siempre había desdeñado por estúpidas. Que resultaban ser las verdaderas verdades aunque visto de otra manera, como en las novelas de ciencia ficción aquellas de Gilgamesh y la fuente de la eterna juventud. Los dioses también se mueren había dicho Magdalena y Manuel había asentido aclarando que vivían mucho más que nosotros pero al final se terminaban muriendo como el Dios de ahora que está por espichar.
-¿Y quién queda? ¿El flaco de la cruz?
-No. Parece que no porque anda en otra. Entre todos seguro que van a elegir al más hijodeputa.
-Jajaja.
-Al Cristo lo han usado para propaganda mucho más que al Che me dijo un amigo y creo que tiene razón.
-¿Así que todo es como en una comedia donde entran personajes a cada rato, a cual más extraño a decir sus cosas y se van.
-…
-Los que no existen son los que verdaderamente existen y los que vemos no existen!
-…
-Claro que ellos creían que eso era así y vos lo que venís a creer es que todo parece que fuera así. Lo cual es lo mismo, qué estoy diciendo? el otro solamente se ahorró el trabajo de parecerle.
-¿Estás hablando con nosotros?
-¡Loco! ¿Qué querés? Toda la vida puteando a los curas y ahora vos me venís con que los ángeles existen!
-Sí…pero no te digo que sean buenitos como los de las estampitas.
-¡No me lo puedo imaginar!
-Son unos tipos que hay allá del otro lado, no les llames ángeles, llamales extraterrestres…
-Claro, pero son los esbirros del famoso viejo Dios. El que creó el universo.
-Eso es mentira! Ellos tampoco saben un carajo. Cuando nacieron…como nosotros…el mundo ya estaba ahí.
A esa altura del diálogo iban llegando a la luz de la esquina de la casa del Flaco que no llegaron porque levantaron las cabezas para ver lo que presintieron a trío. Una mancha blancuzca que flotaba sobre sus cabezas. Una bola!, de papel pegado al engrudo y medio abollado en varios lugares. Una bola totalmente artesanal.
Era el Cholo quién asomó la cabeza por la portecita e invitó a subir.



(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
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