martes, mayo 22, 2007

303 IMAGINACION TRABADA

No habían pasado ni dos minutos cuando se sintieron las primeras ráfagas. Fueron tres seguidas, que en el silencio de la noche sonaron como si la profunda cúpula del cielo se hubiera rajado de pronto dando término a una ilusión demasiado bella. A Manuel se le pararon los pelos de la nuca, se le congelaron los huesos a lo largo de las piernas, señaló al oeste sin atreverse a decir lo que estaba pensando que era lo mismo que decía aquella mirada hueca del Cholo.
-Vamos a buscar las bolas!
Enfilaron para El Bosque, pero enseguida se desviaron para reencontrarse con Magda y tratar de hacer contacto con
Ernesto por el celular. Magda había salido detrás del Rulo y Julieta que acababan de pasar en frente, pero Julia les prestó su teléfono y llamaron gracias a que Cholo recordaba el número. Ernesto contestó desde su bola. Estaba sobrevolando el parque cuando sintió el sacudón de una bala de grueso calibre que pasaba desde el piso al techo sin dañar por suerte ninguna cuerda. Se había refugiado en la baja altura buscando la playa pero tenía que salir de allí tratando de lograr mucha velocidad para que no le pudieran apuntar de nuevo.
-Aguantate un poco que nosotros vamos por el otro lado para distraerlos.
Justo venían los otros llegando y sumaron al Rulo para el operativo. Magda y Julieta debían encontrar a Miguel o algún otro Maquis de San José de Carrasco y a Margarita. Nadie había visto al Dengue desde la tarde, ni a Mandinga desde el mediodía.
Ahora se sintió una sorda explosión que había venido por la tierra sacudiéndola y otras varias más aéreas que rebalsaron las copas de los pinos y cayeron como truenos sobre el grupo de las almas. Detrás y de inmediato, una escuadrilla completa de bolas angelicales con todas sus luces prendidas.
Manuel tomó otra vez el teléfono y le gritó a Ernesto que se metiera para adentro, pero Ernesto no podía. Se le había trabado algo en la imaginación y las manos le temblaban. No estaba seguro de poder conducir la bola de la manera más conveniente. Qué vergüenza. Aguantate como puedas entonces, le dijo. Pero ustedes se arriesgarían mucho, veo pasar los ángeles. Metete abajo del agua. La bola está agujereada, no se… Bueno tratá de volar apenas sobre el agua y te metés en Shangrilá donde están aquellas acacias altas enfrente del pescadero. Si no te animás nosotros vamos. No, ya salgo, me tengo que tranquilizar. Si, tranquilizate, pensá que la bola va a hacer todo lo que vos le pidas. Si vos lo creés, va a ser así…
Treinta segundos después estaba llamando él.
-Estoy debajo de las acacias.
Además estaba más tranquilo y se acordó de informar del motivo de su vuelo y la confirmación de dos versiones que había escuchado de una gente de Shangrilá. Los milicos habían juntado tantas armas y vehículos dentro del parque que no se podía ni caminar. Tal vez por ello estaban haciendo avances periódicos de cuerpo a tierra y caras pintadas de casa en casa, en lo que parecía ser un cerrojo que se comenzara a estrechar, seguramente que en simultáneo con otras fronteras.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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