sábado, mayo 12, 2007

295 LOS MANDINGAS

-Bueno y como le decía, Germán me pidió que les siguiera ayudando. A mi no me cuesta nada en realidad y ustedes van a precisar algunas cosas para dominar el territorio liberado.
A Cholo le hizo gracia eso de dominar lo liberado pero no le quiso cortar el tema porque quizá el tipo tenía nomás algo que les sirviera adentro de ese enorme cráneo de pitecántropus. Manuel sí lo cortó con unas preguntas sobre Germán y su abuelo que lo pusieron contra las cuerdas evidenciando que no quería decir mucho.
-Yo sólo te pregunto qué hacen. Durante todo el día, que hacen, porque no me vas a decir que los muertos también trabajan.
-Trabajar por unos pesos como ustedes no… Aunque siempre hay mucho que hacer, en este o en cualquier mundo…Pero no me quiero olvidar de dos temas pendientes porque enseguida tengo que salir otra vez para Iruruqui
–¿No sos como Dios, que puede estar en todos lados al mismo tiempo?
-Ah, y vos te lo creíste? Que va a poder ese viejo carcamán que no es capaz de limpiarse el culo sin la ayuda de los ángeles. Hasta ustedes están haciendo cosas más poderosas…Ese truquito de meterse dentro del punto los ángeles no lo pueden hacer.
-Y vos no venis a ser un ángel también? ¿No sos uno de los ángeles caídos?
-Mirá, la cosa es así. Esa historia que te contaron es toda una mentira, pero además vos nunca la entendiste. Yo no figuro en ella. Nosotros andábamos para el lado de África cuando algunos traidores de cristo se aliaron con el imperio romano y empezaron a rescribir los evangelios. Mucho después los españoles en sus barcos fundan un imperio en América con el trabajo de los africanos pretextando que los indios eran indolentes. También ayudó que un cura dijera que los indios tenían almas. A los negros no les hizo la prueba pero en cambio les encontraron un montón de maldades que únicamente se podían subsanar si dejaban de adorar al demonio dijeron, ese Mandinga que ustedes dicen. Mi familia. La que por siglos había ,mantenido la cultura y las costumbres del continente donde apareció el hombre. Yo me sigo sintiendo en deuda con los negros que no logramos proteger de la barbarie blanca y por eso no descanso de tratar de organizarlos otra vez aunque estén desparramados y mestizados con cualquier raza…pero aquí vine por encargo de mis amigos a tratar de darle una mano… les manda decir Germán que lo que el viejo les dijo sobre los guijarros no es tan así, que los ángeles no están interceptando ese tipo de ondas y que el señor Mandinga, aquí presente no tiene objeciones que hacer. Que las partan con cuidado en cuatro cada una y que las pulan de nuevo con la misma forma. Que esos serán sus celulares inviolables cuando las cosas se compliquen. Por lo menos cuatro juegos para empezar.
-Bueno, ¿y la otra noticia es la mala?
-No que mala, me pasó todos los diques, de cómo hacía pequeñas bolas que las manejaba desde allá. Al principio eran difíciles de guiar con precisión pero ahora ya pueden ser usadas como armas.
-Y para qué sirven?
-Para hacer raptos de personas o cosas…para hacer rescates… Se abren de repente en un lugar y se traga a alguien.
Manuel largó la risa.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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