lunes, mayo 14, 2007

297 No hay columnas.

Las últimas palabras de Manuel produjeron más conmoción que la mera presencia del Chumbo, al que benévolamente algunos vecinos justificaban, en parte, por la extrema miseria de todo tipo en la que se había criado. Hijo de la negra Luisa, una morena que apareció embarazada y borracha, un día, contra el tronco de un eucalipto y sin memoria más que para las fechas de los cumpleaños. De oficio limpiadora a domicilio por hora de trabajo cuando lo hacía, porque los días que se quedaba sin ir, no cobraba. El Chumbo se había criado en patas por las calles a las que salía por su cuenta cuando no había de comer. Se entiende. Pero que te lo pongan de jefe de policía!
Saliendo de la sorpresa quisieron preguntarle a Manuel, ya que lo había presentado en sociedad, cómo pensaba hacer para controlar las transas que ya estaría gestando el Chumbo. Pero no lo encontraron con los ojos porque Manuel se había escurrido a lo zorro por detrás de unos ligustros y se había adentrado en el monte llevado por sus pensamientos si es que pueden arrastrar a una persona que como se sabe se compone de dos partes bien distintas. Una, el cuerpo que es algo pesado y difícil de mover y la otra el espíritu liviano y cambiante como la donna. Aunque en el fondo puedan ser la misma cosa es más fácil separar en dos y poner frente a frente las ideas y ver cómo se pelean, se vencen y se derrotan continuamente. Si hasta puede ser placentero. Y para Manuel casi lo estaba siendo cuando tropezó con aquella raíz y fue a darse con la cara sobre las pinochas del suelo. Porque dentro del monte no hay columnas. Putear apenas un poco, por la costumbre y quedarse sentado de patas abiertas y brazos sobre las rodillas.
(¡Qué cagazo, hermano!
(No, si ya se que no puedo volver atrás…)
(Es bueno que lo comprendas! Ahora, estando de acuerdo, vamos a andar mucho mejor.)
(¡La puta que te parió!)
(Manuelito… no empieces con tu costumbre de llevar la contra porque sí.)
(¡Vos jedés a milico!)
(Seguro que vos, a doctor….)
(…)
(Vamos… levantate que todo el mundo te precisa.)
(¿Y quién sos vos para mandarme?)
(La razón.)
(¿Qué razón, anda a cagar!)
(Mirá que te bajo la llave.)
(Seguro que también vos te quedarías desconectado)
(No, yo no, la razón es eterna)
(No me vengas a joder! Nosotros dos somos el mismo)
(Podríamos serlo si a vos no te llevaran los caprichos)
(Entonces no eras la razón)
(Represento a la razón)
(¿Ah, sí? ¿Y por qué yo no?)
(Ja, porque sos lo menos razonable que se pueda pedir, con esos sueños locos de vivir todo el tiempo cogiendo, como si no hubiera otra cosa para hacer en la vida)
(¿Y qué tiene de malo?)
(Que te haz transformado en un vago que no trabaja ni hace nada!)
(Pero vos querés que haga de héroe y por eso no se cobra)
(Te parece? Es otra manera de cobrar…)
(Como el sargento Kirk)
(Que pasó a la historia)
(Por ser un rebelde)
(Obedeció a la razón)
(Lo razonable sería hacerse el boludo y pedir traslado)
(Eso sería indigno)
(Y si no le hubiera dado el coraje?)
(En ese caso lo razonable era pegarse un tiro)
(Menos le iba a dar el coraje)
(Por eso digo que obedeció a la razón)
(¿O al corazón?)
(A la razón, hizo lo más razonable)
(Y si no se hubiera hecho famoso, ponele que en el primer enfrentamiento con el ejercito le hubiesen pegado un tiro entre los ojos, vos ¿qué dirías?
(Que había muerto un héroe)
(Anda! Eso pudiera decirlo yo. Para vos hubiese sido un pelotudo que no supo cumplir con su deber…Ahí está! Te tengo. Vos sos el deber. El famoso deber que me parece que está medio vendido para el bando de los que ganan)
(…)



(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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