viernes, mayo 11, 2007

294: CONOCER EL SEXO

De vuelta todos en la caverna se encontraron conque Mandinga había vuelto del Perú con las orejas llenas de música negra y haciendo pábulo de que el yengué era un invento de su abuelo… o bisabuelo del que había fabricado sólo dos con pequeñas diferencias y regalado a un par de griots, uno de lo que ahora es Senegal y otro del actual Malí.
-¿Y ustedes, qué han hecho? –preguntó recién después de largas onomatopeyas del sonido del instrumento hechas con su proteiforme boca y golpeteos en las piernas.
-Nada… - apenas le contestó el Cholo con la boca llena de pan que estaba comiendo allí contra la pared de arenisca y una rodilla doblada. Para qué decirle que tenían la mitad del poder por lo menos dentro de un limitado territorio que nadie pretendía escindir del Uruguay por mucho tiempo. Iba a ser por poco tiempo. Para organizarse, lo que es decir darle tiempo a la gente para que se organice de alguna manera para que se pueda vivir sin tener que siempre estar organizando. Una sola norma, la libertad, que se dice libremente y sin mucho esfuerzo cuando uno no piensa que si fuera tan simple ya se hubiera logrado..-
-Ah. Manuel, estuve un rato charlando con Germán…
-¿Y con mi abuelo?
-No Abelardo anda medio de luna de miel.
-¿Se consiguió una vieja?
-Sí, tu abuela!. Se volvieron a juntar.
-Claro! Ella también está muerta…Mirá vos, yo casi no me acuerdo de…Margarita…apenas de haberla visto asomada en una ventana.
Margarita terció.
-Ustedes están hablando de mi madre. Y dígame don Diablo ¿Usted la vio?
Mandinga sonrió y hablo con toda la boca.
-No… yo no la conozco.
-¿Y papá como está?
-Como siempre, medio rezongón, pero como buen curioso… Qué le voy a decir mejor que contarles como lo tenté con mi extraña apariencia y tamaño apareciendo por el medio de su pueblo perdido entre las pampas. Un loco no podía ser porque no conocía locos tan grandes, un ladrón menos, que no se hacen propaganda ni tampoco un extraterrestre porque no andaba en ninguna nave. Conclusión que debía ser un especie de héroe muy sabio que venía a revelarle algún secreto a poco que domine el miedo que le da ese aspecto espantoso lleno de crines de caballos y mandíbulas de vaca. Los amigos le gritaban desde una cuadra que volviera, sin gritar ni decir que no irían a ningún lado con un personaje así, que volviera o al menos les tirara la pelota que se estaba llevando por la mitad del partido.
-Entonces ahora entiendo quién fue que lo volvió loco.
-Muchacha. Primero, que Abelardo no es ningún loco. Y ojalá tuviera yo el poder de volver loco a alguien!
-Pero si agarra a un gurí chico y le llena la cabeza de cosas raras…!
-Eso decían que te había pasado a vos.
-A mi nadie me llenó la cabeza. Lo que pasó es que mi padre sólo vivía para sus experimentos y yo quedaba sola en casa con mis discos de blues o de rocanrol y ganas de ser hippy.
-Para los vecinos eso era que estabas loca.
-Y un poco tenían razón. Pero mi padre sí que estaba cada vez más loco, pobre. Me decía discursos interminables para demostrarme que todo era mentira siendo eso verdad. Que la única verdad era la esencia de no se qué cosa que parecía recibir cuando se ponía a hacer yoga en el galponcito del fondo. Un día me fui para volver después que descansara y conociera el sexo… pero me fui quedando. Habían tantos muchachos en aquella época! Ja ja. Era otro tiempo nuestra generación no conoció mucho de política pero si de la hermandad entre pocos bajo la dictadura. Los artesanos…
Margarita pudo perderse en sus recuerdos por varios minutos que callaron los otros pendientes de la continuación del relato que nunca llegó, porque Margarita recordó de pronto que había dejado una pizza en el horno de la cocina.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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