miércoles, febrero 07, 2007

205: El enterito celeste.

Aprovechando el susto del ángel Cholo le atenazó los dedos sobre las mejillas obligándole a abrir la mandíbula.
-¿Dónde tienen a Manuel? ¡Hablá o te rompemos las bolas a patadas!
Mandinga se rió.
-No tiene bolas, Cholo. Estos son clones de pollitos bb. Pero que nos despierte a Mujica primero o le separo la cabeza del cuerpo!
El pollito mojado –de transpiración- apenas pudo decir “en el laboratorio”, tirando la mirada hacia un costado con un esfuerzo tal que le enviscaba los ojos al modo del carnero degollado por sorpresa. Mandinga le insistió.
-Despertame a este y ponémelo de pie.
-No puedo…
-Vas a poder!
El brazo de Mandinga sobre la boca ahogó un grito y el rodillazo sobre el sacro le aflojó la lengua para decir que era peligroso desconectar al pecador de su campana y que sólo se podía hacer desde el laboratorio dónde también estaban tratando de curarle unos pecados gravísimos al “otro”. Mandinga y el Cholo se miraron y miraron a Mujica. Magda opinó que el Pepe estaba entero y que la campana apenas envolvía al cráneo pero sin entrometerse en él. Cholo puso la oreja sobre el pecho. Late, dijo y sintió el brusco tirón con que Magda sacaba aquel bonete…
El Pepe se sentó sobre la cama. Extrañado de verse vestido con un enterito celeste y mucho más de encontrarse con ese negro gigantón que mantenía agarrado a un enclenque pajarito… La amiguita del Manuel…Este lugar tan enorme y gris…
-¿Quién me ha traído hasta aquí…?...Ah, ya me acuerdo…nos mandaron por un tubo…
En eso ya mandinga terminaba de subir al angelito a la cama y le sunchaba el secapelos en la cabeza. Mujica se rascaba, el Cholo le preguntaba si seguía pensando lo mismo, la Magda buscaba con la mirada la posible puerta del laboratorio y…el ángel se había dormido
Marcharon todo lo sigilosos que pudieron hacia aquella puerta que en celestiales jeroglíficos rezaba algo que no podía ser otra cosa que la palabra laboratorio. Adentro otra clase de ángeles de piel apergaminada y cráneos largos rodeaban, en grupos circulares a tres o cuatro cuerpos humanos que levitaban verticalmente como colgados por sus cerebros de una potente zona de luz que vibraba en un zumbido. De un salto tuvieron tres rehenes y Magda tomó el control del tablero de mandos más cercano al cuerpo de Manuel. De alguna manera supo que aquella corredera del monitor de plasma, servía para bajar la intensidad de la luz…Manuel fue bajando con lentitud…Se le veía de mal color, inexpresivo. Les miraba y parecía no conocerles…
Magda le agarró de una mano y todos corrieron con su carga, otra vez por la sala, por las escaleras, por el techo del cubo negro…donde no se vió la bola hasta que Mandinga volvió a dar vuelta su bolsita al tiempo que le hacía una guiñada a Mujica
-Mandinga sabe por ser Mandinga pero más sabe por viejo.
Esa tarde –porque era una tarde- los transeúntes de las radas del Purgatorio levantaron la mirada a los cielos. Sabían que esa bola no era de las que traían casi a diario nuevos prisioneros. La vieron perderse velozmente en las alturas dibujando su trazo negro de esperanza. Algún día otras vendrían a rescatarlos. Algún día “El Verdadero” despertaría de su largo sueño de indiferencia y dejaría caer sobre los mortales aunque sea una gotita del divino néctar de la justicia.


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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