Mostrando entradas con la etiqueta camas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta camas. Mostrar todas las entradas

lunes, abril 28, 2008

523. Viaje en moto

Con las luces del amanecer arrancó el motor de la Harley, ya con su piloto a horcajadas y la pareja de muchachos en el carrito. Eran las luces aquellas que alumbraban primero las lánguidas nubes, vueltas rosadas al sólo efecto de dar motivo a lo que dijera Homero sobre la aurora. La vieja Eo. El resto iba siendo de un tono desde añil hasta turquesa y más allá, el todavía oscuro trasfondo de lo que había sido la noche. Toda una noche al pedo, trabajando para que el boludo se mandara la cagada de no saber ni lo que había estado diciendo antes !
Tomaron por Aerosur. Es decir Ernesto junto con la moto, porque dentro del sidecar aun la pareja no terminaba de entrecruzar las piernas de una manera muy satisfactoria. Verse de nuevo, así de cerca, cosa que no habían hecho en el último par de días, desde que Manuel tuvo que ir a Montevideo a pedirle unos pesos prestados a un amigo que... ...se interrumpió el relato por la llegada de un fogonazo de culpa en el corazón de Magdalena ! Era el momento preciso para confesarlo, explicar el extraño primer capítulo de la historia de ese extraterrestre que pretendía ser Manuel, quien en horas de la madrugada y sin que ella lo advirtiera por estar durmiendo, se le había introducido en la cama, aprovechando el extraordinario parecido con el dueño de casa y que... Por otra parte el corazón de Manuel pasaba por semejante martirio recordando que él había sabido de antemano que era altamente posible que pasara lo que había pasado con Fátima en Montevideo, y sin embargo... Pero es que ella recién se había enterado de que no era Manuel cuando este apareció negando haber venido en la madrugada....Desde el primer cruce de miradas, apenas se había levantado a salvo de los torturadores del otro lado del tejido de mierda aquél y el puto club de bochas... aunque después de todo que puede importar todo eso si ahora puedo ser feliz mirando esa cara que me llena de placer.
La madrugada se iba mostrando embriagadora y a la vez romántica, ahora se comprendía la particular belleza que a veces adquieren las cosas completamente cursis como ese cielo, que estaba mostrando, en la zona donde el turquesa le iba ganando al azul oscuro, unas pegatinas de brillos extendidos, que daban un marco muy recontrarococó a los bordes del cuadrito. ¿O estampita?

Mientras restallaban las explosiones del motor y por el escape niquelado huían presurosas varias chispas por minuto, ellos, dentro de la carlinga saboreaban morosamente sus respectivos labios y lenguas.

Por último la claridad general se había extendido cuando una cuadra antes de Becú, la Harley abandonó la ruta adentrándose en el balastro claro con dirección al norte. Estaban llegando de vuelta a casa. No importaba que ya fuese de día.


jueves, marzo 08, 2007

235: AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Ernesto Se levantaba para ir a llamar a Trum cuando le sonó el teléfono lleno de palabras de Giorgionne que venía por la altura de Shangrilá en un 214 pelotudo que daba asco. Y bueno que si venía viniera, por supuesto. Ah, que traía cuestiones urgentes –dice- pero que las quiere decir acá. Está bien. ¿Está no? Que si viene que venga por supuesto, o acaso no sos también socio o no estamos en la misma lucha? Bueno, por eso. Para qué hablás ahora y me decís que no me lo podés decir? Claro para que no nos fuéramos a ir –dice- (Y aparte Ernesto) –Si no hubiésemos estado no se hubiera vuelto, me parece.

-¿No vendrá con Pepponne, no?

-No viene solo y parece que está muy nervioso.

-Tenemos que organizar el trabajo.

-Como la otra vez.

-Pero con Vittorio tenemos que ser sinceros…

-No es lo mismo. Ahora van a ser diez…Todo el largo de la galería.

-Hay que separar las cosas. Vittorio es un Maquis fundador. Peppone alguien muy conectado con los políticos de los que queremos mantenernos independientes…

-Conoce la galería.

-Podemos poner los materiales en esos huecos de las paredes.

-No parece mala gente.

-No, pero…

-Y vamos a tener que organizar primero el acopio.

-Le voy a enseñar a trenzar a alguno que quiera.

-El carro lo prendemos en la Harley.

-¡8000!

-Cuando llegue Vittorio nos va a decir hasta dónde se puede confiar.

Sonó la alarma de cercanía superficial a la casona. Ernesto subió con Dengue detrás y al querer abrir la puerta del frente decidieron dar la vuelta por el costado para atender al comisario, no fuera cosa que a la bendita puerta se le diera por caérsele encima con marco y todo, como ya tiempo venía amenazando.

Era una cuestión de rutina de esas que de vez en cuando los comisarios que intentan integrarse en la sociedad para servirla mejor, se ven necesitados de ir haciendo un día si y otro también viéndose cara a cara con los vecinos y conociendo las cosas que con referencia a la seguridad y la tranquilidad -bienes inapreciables si los hay- ellos piensan, o mismamente las quejas, las cosas que de pronto inadvertidamente un funcionario muy encerrado en su despacho puede dejar de lado ya sea por desconocimiento como, lo que es más frecuente, por simple olvido.

Mientras hablaba con esa sonrisa de dientes blancos bajo el prolijo bigote negro el hombre iba dando pasos hacia la puerta del costado. De costado también él porque Dengue se le había puesto enfrente viendo la intención y ahora era Ernesto el que sin dejar de sonreír y de confirmar que no tenía ninguna queja se le iba atravesando en ese costado hasta hacerlo detener.

-Esta casa, por ejemplo, vecino. Esta casa es muy insegura.

Ernesto no dio vuelta el cogote para mirar embelezado la recién descubierta decrepitud de su morada.. Demasiado presente lo tenía hasta en el más detallado detalle, cuantificado en pesos, en dólares o en euros. Por otra parte no le interesaba vivir en una fortificación. Entrecerró los ojos en vez de contestar y los abrió rápidamente pero no tanto como para prevenir el movimiento del poli que ya se escabullía y apoyaba un pie en el step, entre los championes del Dengue que de piernas abiertas estaba haciendo de golero.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile


Literature Blogs - Blog Top Sites

lunes, marzo 05, 2007

232 : AROMA DE CAFE

Cuando Mandinga se fue Magdalena y Manuel se sentaron en la cama. Primero miraban al frente sin tocarse ni hablarse. No había necesidad. Sus conciencias se habían encendido y se estaban agrandando ya pasando los límites de cada cual como en una silenciosa película que fuera modulando los colores, esos tornasolados que se tejen como hebras multicolores.
Luego se miraron a la cara. Serenos rostros juveniles libres de toda crispación y de toda amargura aunque tampoco jocosos y ni siquiera sonrientes. La impasible expresión de los que sólo experimentan la implacable existencia de la existencia, lejana a todo pretexto, a todo subterfugio, a todo engaño.
Desnudos se acostaron uno en el otro sintiendo las melodías que estaban entonando con cada parte del cuerpo y con cada latido de sangre que por los vasos circulaba gritando su existencia en un universo en infinita y acelerada expansión.
Se compenetraron en todo sentido. Acto místico, misterioso que les borraba la conciencia clara de los límites y les acercaba a la compresión infalible de que por ahora eran ellos pero que sería fácil dejar de serlo para ser el otro, eso distinto e igual que se presenta tan cercano apenas cruzando aquel insondable abismo.
Y por un instante lo hicieron, inenarrable instante que nadie pudiera medir pero que sonaba como el silencio que sobreviene al golpe del gong antes de que el sonido llegue a nuestros oídos.
En ese tiempo sin tiempo se sumergieron y vivieron mil sucesivas vidas que sumadas y superpuestas no engrosaban más que una hoja de papel de fumar o el ala de una mariposa blanca sobre la que han caído algunos granitos de polen. Por qué decirlo. Por qué intentarlo, si sólo una poesía se necesitara.
Por fin durmieron abrazados a la desnudez del otro al que habían conocido de cerca, presenciando la luz latiente que hay en el centro de todo ser y que es lo único de real que pueda tener una persona.
Y despertaron cuando el aroma del café recién preparado cruzó la sala abandonada de la decrépita casona de Ernesto y sobre las tablas flojas de aquel piso avanzó a tientas, guiado apenas por el olfato, hasta el estudio donde en la parte baja de la biblioteca el sillón de todos los días se había transformado en cama y en la cama yacían, entre revuelos de sábanas, los dos jóvenes que se desperezaban.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile

sábado, febrero 24, 2007

222: El olor de la espera.

Sonó el teléfono. Mujica lo miró con esa manera diagonal que tiene de mirar las cosas que rompen los huevos pero lo acercó a su pabellón con la mano que no golpeteaba el lápiz. “Se” –dijo apenas, sin mirar la pantallita pero reconociendo la voz de Peppo de cuando quiere disimular lo que dice por tener testigos al lado-Decime, entre uno y diez , por dónde andamos?-Por…catorce, yo que se. Pero va…va!-Bueno, teneme al tanto y acordate de que si hablás de esto con tus amigos periodistas te saco las tripas!

Manuel observó la manera que tenía Pepponne de separarse a hablar por teléfono y encoger casi la cabeza entre los hombros como escondiendo la cara o por lo menos la boca. Se miraron con Magda y sonrieron. Enseguida buscaron con la mirada a Ernesto y marcharon hacia él a pedirle prestado el dormitorio de arriba u otro, si es que tenía. Debería comprender que la situación no les estaba permitiendo estar ni un rato solos… Ernesto lo comprendía. Si lo podré comprender –les dijo cuando sin querer dirigía dulce mirada hacia donde Dengue se rascaba la espalda contra la pared de arenisca haciendo para ello extraños movimientos circulares. –Les presto mi dormitorio sí, vayan nomás que hoy he cambiado las sábanas.

Se abrió la puerta de golpe mientras Mujica intentaba dar con el dedo en el botón del teléfono. El que entró habló con calentura porque les habían quitado el otro hombre gris justo cuando lo iban a agarrar.
-El avión ese se lo llevó!
Lo primero que dijo el Pepe fue pelotudos! Para después recapacitar en lo que acababa de oír. ¿El avión otra vez? ¿Y no era que ya no corría el tratado militar secreto?
-Conectame con la Berruti. Al celular de ella!
El que había abierto la puerta de golpe tomo el telefonito de sobre el escritorio y se puso a toquetearlo para conseguir ese número, frente al Pepe que lo miraba con aquella lejana mirada, casi sonriente, que usan para mirar los ancianos muy sabios cuando están pensando cosas. Por ejemplo hasta qué punto se podía confiar en un sujeto como ese que tenía enfrente. Porque bien podría ser que el Pepe tuviera varios proyectos superpuestos en su cabeza y probara de evaluar quienes servían o no y hasta qué nivel. Mono viejo.

El dormitorio, estudio, de Ernesto estaba bien puesto una vez retirados los libros de sobre la cama y media docena de tacitas de té vacías que de la mesa de luz temieron tirar al suelo en algún momento. Estuvieron medios desnudos antes que medio acostados o vise versa, porque acariciar con mucha necesidad conlleva torpeza cuando no pasión que se desata con el primer roce de las pieles y el olfateo de aquel olor reconocido, más intenso entonces por la espera. En este caso después de la ansiedad fue la pasión



(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)


Technorati Profile

miércoles, febrero 07, 2007

205: El enterito celeste.

Aprovechando el susto del ángel Cholo le atenazó los dedos sobre las mejillas obligándole a abrir la mandíbula.
-¿Dónde tienen a Manuel? ¡Hablá o te rompemos las bolas a patadas!
Mandinga se rió.
-No tiene bolas, Cholo. Estos son clones de pollitos bb. Pero que nos despierte a Mujica primero o le separo la cabeza del cuerpo!
El pollito mojado –de transpiración- apenas pudo decir “en el laboratorio”, tirando la mirada hacia un costado con un esfuerzo tal que le enviscaba los ojos al modo del carnero degollado por sorpresa. Mandinga le insistió.
-Despertame a este y ponémelo de pie.
-No puedo…
-Vas a poder!
El brazo de Mandinga sobre la boca ahogó un grito y el rodillazo sobre el sacro le aflojó la lengua para decir que era peligroso desconectar al pecador de su campana y que sólo se podía hacer desde el laboratorio dónde también estaban tratando de curarle unos pecados gravísimos al “otro”. Mandinga y el Cholo se miraron y miraron a Mujica. Magda opinó que el Pepe estaba entero y que la campana apenas envolvía al cráneo pero sin entrometerse en él. Cholo puso la oreja sobre el pecho. Late, dijo y sintió el brusco tirón con que Magda sacaba aquel bonete…
El Pepe se sentó sobre la cama. Extrañado de verse vestido con un enterito celeste y mucho más de encontrarse con ese negro gigantón que mantenía agarrado a un enclenque pajarito… La amiguita del Manuel…Este lugar tan enorme y gris…
-¿Quién me ha traído hasta aquí…?...Ah, ya me acuerdo…nos mandaron por un tubo…
En eso ya mandinga terminaba de subir al angelito a la cama y le sunchaba el secapelos en la cabeza. Mujica se rascaba, el Cholo le preguntaba si seguía pensando lo mismo, la Magda buscaba con la mirada la posible puerta del laboratorio y…el ángel se había dormido
Marcharon todo lo sigilosos que pudieron hacia aquella puerta que en celestiales jeroglíficos rezaba algo que no podía ser otra cosa que la palabra laboratorio. Adentro otra clase de ángeles de piel apergaminada y cráneos largos rodeaban, en grupos circulares a tres o cuatro cuerpos humanos que levitaban verticalmente como colgados por sus cerebros de una potente zona de luz que vibraba en un zumbido. De un salto tuvieron tres rehenes y Magda tomó el control del tablero de mandos más cercano al cuerpo de Manuel. De alguna manera supo que aquella corredera del monitor de plasma, servía para bajar la intensidad de la luz…Manuel fue bajando con lentitud…Se le veía de mal color, inexpresivo. Les miraba y parecía no conocerles…
Magda le agarró de una mano y todos corrieron con su carga, otra vez por la sala, por las escaleras, por el techo del cubo negro…donde no se vió la bola hasta que Mandinga volvió a dar vuelta su bolsita al tiempo que le hacía una guiñada a Mujica
-Mandinga sabe por ser Mandinga pero más sabe por viejo.
Esa tarde –porque era una tarde- los transeúntes de las radas del Purgatorio levantaron la mirada a los cielos. Sabían que esa bola no era de las que traían casi a diario nuevos prisioneros. La vieron perderse velozmente en las alturas dibujando su trazo negro de esperanza. Algún día otras vendrían a rescatarlos. Algún día “El Verdadero” despertaría de su largo sueño de indiferencia y dejaría caer sobre los mortales aunque sea una gotita del divino néctar de la justicia.


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile

martes, febrero 06, 2007

204: ¡ SI CHILLÁS TE ESTROPEO !

El Purgatorio tenía forma de embudo. Era una isla solitaria en un planeta cubierto por un océano de caldo con olor a puchero de gallina. La isla era circular y el embudo escalonado y arenoso se iba hundiendo hacia el interior del planeta en una sucesión de rampas circulares por las que caminaban millones de prisioneros atontados por el aburrimiento.
Por suerte la bola de Mandinga era muy rápida. En pocos minutos dieron vuelta a la primera rampa, a la segunda y a la tercera. Esperaban sentir la presencia de Manuel, cuando pasaran por encima suyo pero llegaron al fondo del embudo, al cubo negro del fondo, sin registrar nada y ya se iban bajando de la bola sobre el techo de aquello, cuando vieron cómo algunos ángeles medio desplumados se perdían hacia abajo por estrechas escaleras. Simplemente les siguieron. Las escaleras terminaban en un ambiente enorme cubierto de camas de hospital ocupadas por cuerpos inertes cuyas cabezas estaban enfundadas en gorros secadores de pelo conectados a la consolas fijadas al respaldo. Había allí pantallas tridimensionales que mostraban un espacio poblado de puntos luminosos que cambiaban de colores y de intensidad todo el tiempo.
-Son matrices simplificadas de las mentes. –Explicó Mandinga
-¿Qué les están haciendo?
-Confundiéndolos para que no jodan.
Al fondo del salón vieron a los ángeles nuevamente. Estaban de espalda a ellos ocupados observando vertiginosas cifras que corrían por los monitores. Mandinga tomó entre sus dedos la bolsita que colgaba de su cuello. La dio vuelta de adentro a afuera y la soltó.
-¿Qué hace? –Le preguntó Magdalena.
-Me había olvidado de hacer invisible mi bola. Ahora ya no la pueden ver.
Caminaron lo más sigilosamente que pudieron, agachados entre las hileras de camas, sin perder de vista a los ángeles enfermeros. Magda se encargaba de observar las caras de los cuerpos que impávidos apenas respiraban…
-¡Aquí está el Pepe!
Habían tenido suerte. Era efectivamente Mujica el que descanzaba relajadamente sobre esa especie de nube de gas espeso que hacía las veces de colchón. ¿Pero cómo despertarlo sin hacerle daño? ¿Cómo preguntarle si tenía noticias de Manuel?
-¡Agáchense! –Susurró Cholo casi demasiado fuerte.
Se estaban dispersando de frente a los monitores y un ángel con cara de idiota enfilaba ya hacia donde ellos se escondían. Esperaron quietos debajo de dos de las camas –que por cierto eran bastante altas- y cuando el sujeto iba pasando enfrente Mandinga lo agarró por los atrofiados alerones y le cruzó el brazo por frente a la garganta.
-Si chillás te estropeo! –le dijo llenándole la asustada cara con un ola de aliento a ajo y aguardiente de Saturno.
El gris angelote temblaba como una hoja. Perdió sus adminículos y toda compostura. Era un simple subángel enfermero de cuarta, no había sido preparado para lances de esta clase y sí, en cambio para temer con todas las células de su cuerpo a todo lo que se pareciera a esto que estaba viendo, esta cara simiesca, procaz y desacatada que le estaba llenando de aromas fétidos y le estrujaba los muñones de sus pobres y atrofiadas alas, lo único que aun le identificaba con la vieja y gloriosa estirpe de los ángeles.
-¡¿Satanás?!


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile

lunes, enero 22, 2007

190: E PUR SI MUOVE

Trabajaron casi sin descanso todo el día. Dengue trenzando tiras -nadie logró hacerlo como él- y los demás arriba de las camas como contrapeso. Ignoraron todo el tiempo que las manifestaciones se sucedían y que incluso ahora se sabía que el que había sido raptado junto a Mujica se llamaba Manuel. Su madre, Margarita Goiticoechea, se había venido desde Maldonado, donde vivía como artesana vendiendo biyuta en la calle, al reconocer su propia casa en la pantalla de la tele. Algunos hablaban de Manuel como de un amigo íntimo del Pepe. Otros decían que sería un nieto ilegítimo y otros por fin que se trataría nomás de un desconocido que estuvo en el lugar y el momento inapropiado.
Claro que estaban todos muertos de hambre. Desde arriba de las camas no pudieron ir a cocinar ni a comprar nada, así que cuando Dengue declaró en un suspiro, haber terminado la cuerda número diez, se produjo un remolino de movimientos y de nombres de comidas que subió por el declive de 45 a la cocina y volvió a la galería en menos de lo que canta un gallo. Ernesto le presentó a Dengue, en reconocimiento al esfuerzo, una bonita botella de vino añejo, de las que tenía guardadas en un rincón especial de la caverna y abrió para todos una lata gigante de sardinas Coqueiro que quedó vacía enseguida no habiendo más en la reserva.
Pero había que seguir con el trabajo. Ahora tocaba lo más delicado, el ensamblaje. Cholo tomó la directiva limpiándose la boca con la manga de la camisa y movilizando a todos para que le ayudaran a poner las partes en la posición que según él correspondía. Primero un gran triángulo isósceles con las cuerdas más largas, enseguida de fijadas estas correspondía poner vertical las tres más cortas y fijar después en ellas las cuatro restantes que hacían de puentes elevados y le daban al conjunto un aspecto endiabladamente extraño.
Giorgionne protestó en nombre de la lógica. Si abajo se tenía un triángulo y los parantes eran también tres, entonces le parecía que arriba sólo habría lugar para otras tres cuerdas, no cuatro.
-Y sin embargo fijate qué bien que han quedado las cuatro…-le mostró Cholo con una sonrisa.
-Sí, lo veo pero no lo creo. ¿Cómo puede ser?
En eso estaban cuando notaron que la estructura se empezaba a despegar del suelo.
-¡Vuela! –gritaron todos.
Eso fue todo. Porque la estructura se quedó quietecita allí, a menos de un centímetro en el aire. Parecía esperar a su amo con los motores ronroneando, sumisa y bien dispuesta.
-Ahora te toca a vos, Julieta. Hay que darle a esto un aspecto agradable. Manos a la obra!
Pero hubo una interrupción. La alarma de la compu se puso a sonar anunciando merodeadores en la casa de arriba. Ernesto fue a ver y cuando volvía se supo que venía acompañado porque resonaban risas y exclamaciones ya desde el aljibe. Mandinga estaba de vuelta! Cierto que nunca había dicho que iba a volver, pero cuando estuvo entre todos, en ves de explicarse, separó con una de sus enormes y negras manos a los que lo rodeaban, para poder ver bien lo que estaba viendo. Brotó de su pecho entonces una horrible carcajada que no pudo acallar ni por cortesía hasta que por si misma se agotó dejando a todos desolados y a sus ojos llenos de lágrimas.
-¡No me digan que eso pretende ser una bola!
No hubo respuesta. Sólo brazos caídos.
-¡Pero muchachos! Perdonen mi sentido del humor un tanto antipático, pero tengan cuidado que eso se les va a escapar en cualquier momento.
-¿Cómo escapar?
-Claro, lo han hecho demasiado bien. Demasiado exacto. ¡Vuela sólo, ¿no lo ven? Y cuando se suban arriba no va a haber quién lo mueva!
-¿Por qué?
-Porque así debe quedar cuando esté con el piloto arriba…cuando se deforme…

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile

domingo, enero 21, 2007

189: Tres en cada cama.

A las once tenían todas la tiras cortadas y decidieron descansar.
Inteligencia del Ministerio declaraba que el pretendido oscurecimiento simultáneo al rapto del Ministro Mujica, era una simple patraña inventada por algunos periodistas. Que no había ninguna sospecha pesando sobre ningún grupo del frente ni ningún partido de la oposición. Que se habría tratado de un operativo comando, perfectamente orquestado y que el caso presentaba muchas similitudes con otros raptos perpetrados últimamente en Ranchos de Sinecapa (Nicaragua) y Paitilla (Panamá). Que se seguía investigando y que por el momento los raptores no se habían puesto en contacto con ninguna autoridad, ni directa ni indirectamente.
La prensa de derecha especulaba fuerte. La de izquierda tiraba la pelota afuera. Las agencias noticiosas estaba preocupada por la situación en Irak y mucha gente por las incidencias de Gran Hermano. De Manuel no hablaba nadie
Entonces fue que empezaron a llegar las primeras noticias de la movilización en las calles. En Bella Unión la gente había salido a manifestar pidiendo que se dijera la verdad. En seguida fue en el barrio de Maroñas, en Montevideo y casi simultáneamente en Salto y Paysandú, donde un grupito pequeño se había subido al monumento a Artigas y le había adosado carteles que decían “ESTAMOS EN GUERRA-¿Quién es nuestro enemigo?” Los canales mostraban imágenes en flashes que se iban sucediendo cada pocos minutos. Las radios empezaban a comentar, a opinar, a llevar gente que decía cosas…Cosas que se dicen, cosas que se han visto. Pronto en todo el país las calles reclamaban verdad. Reclamaban por Mujica. Por Manuel, todavía no.
En la caverna los Maquis decidieron descansar unas horas y seguir con la bola. A las cuatro de la madrugada Dengue despertó a Ernesto –estaban todos tirados en colchonetas- preguntándole si no tenía alguna cama antigua, de las de hierro. Sí, tenía. Subieron a buscarla pero, al traerla apenas entraban los respaldares por la boca del aljibe…por la pequeña galería del declive en 45…ni pensarlo.
-Esperame aquí –dijo Ernesto al meterse solo por el declive.
Diez minutos después aparecía por la espalda de Dengue. Ya estaba resuelto. Habían abierto otra entrada a la caverna.
-Quienes?
-Los Tucus.
La cama era para atar los extremos de las tiras que Dengue enseguida comenzó a trenzar mientras los otros miraban. Era una trenza de 32 tiras que formaban un especie de tubo apretado.
-Cuantos metros tiene que tener la primera cuerda, Cholo?
-Cinco.
-Vamos a precisar otra cama y un rollo de alambre de acero para darle tensión.
-¿Tensión…? ¿Cómo le vas a dar tensión?
-Que a cada cama se suban dos o tres parta que al tirar no se corra.
Así se hizo y por varias horas estuvieron Ernesto, Giorgionne y Pepponne sobre una cama y Rulo, Julieta y el Cholo sobre la otra, tomando mate. Dengue no quiso tomar porque si agarraba el mate perdía el orden en que tenía que pasar cada una de las 32 tiras, una por arriba, otra por abajo. Una por arriba, otra…hasta el final.
Hubo que despertar a Julieta y a Pepponne, por lo demás todos se mostraban satisfechos y admirados por la belleza de aquella cuerda que Dengue ya se aprestaba a “curar” con la pistola de aire de Ernesto.
Cuando terminó soltó los extremos del alambre de ambas camas y la levantó verticalmente. ¡Era una maravilla! Llegaba casi hasta la parte alta de la galería y se mantenía rígida y vertical a no ser que se la sacudiera a los lados, en cuyo caso vibraba como un látigo y volvía a su posición.
-Dame la medida de la segunda, Cholo.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

Technorati Profile