sábado, febrero 24, 2007

223: EL SANGUCHE

Manuel y la flaca bajaron al otro día sonrientes y bañados. Pepponne ya no estaba, había sido llamado de urgencia a Montevideo. Vittorio tampoco ni el Rulo con la Julieta. En la rueda de los sillones y la mesa baja estaban los otros tomando té, Dengue con su vaso de vino y Trum Urum con jugo de macachines. Parecían deprimidos Nada extraño después de tanta excitación refrenada de golpe por el análisis de las posibilidades reales. Estaban cercados. Por un lado las bolas de los ángeles que continuaban patrullando la zona y por otro los milicos con sus carromatos y sus fusiles, supuestamente al servicio de la sociedad y a las órdenes del gobierno.¡Un Sanguche! El pan de abajo proponía alianza al sólo precio de ponerse al servicio de una causa política bastante confusa y bajo la protección de…
Manuel les tranquilizó. Porque sabía o supo en el momento que esperaban su opinión para serenarse. No tenía esa opinión y tal vez no la iba a tener hasta no enterarse de lo que hablaban, pero, sonriendo y con algún chiste volvió a reflotar los ánimos al tiempo que probaba el vino del Dengue y un sorbo de los macachines que Trum le ofrecía con aquellos movimientos de bigotes al borde de su vaso.
Ernesto era el más preocupado.
-Estamos los Tucus y los humanos en la misma disyuntiva. No sabemos si se puede confiar en los únicos que pueden ser nuestros aliados.
-Para peor, no es el gobierno el que nos ofrece alianza, es sólo Mujica y tal vez alguno de los suyos –redondeó el Cholo sin comprender por qué Trum le estaba golpeteando las costillas con el morro de su ocico. Claro. Trum se reía de la nueva coincidencia.
-Nosotros podemos confiar en ustedes pero ustedes no pueden controlar la humanidad!
Fue lo único que dijo porque la aparición de un perfil humano a su lado le hizo retroceder hasta detrás del sillón de Ernesto, desde dónde siguió viendo lo que todos, la aparición, línea a línea –peladas, sin ningún acuarelado- de la figura completa de Juan Salvo, el Eternauta, con traje de apicultor y todo.
Apareció justo enfrente de Manuel y cuando hablo pareció hacerlo para él.
-Dice Abelardo que con todo, la alianza con el Pepe es la más conveniente. En estos últimos tiempos ha estado haciendo una serie de revisiones de su ideas y ha llegado a la conclusión de que no se puede hacer una revolución en base a una lucha económica. La economía tiene sus leyes, la primera de las cuales es la eficiencia. Quién le puede ganar en eficiente a un empresario capitalista y quién no se vuelve uno si pretende competir con ellos. La cuestión vuelve a ser espiritual. Al Pepe le da vergüenza pronunciar esa palabra, pero se lo ha dicho así al oído de Lucía y le ha pedido ayuda para pergeñar ese plan que les ofrece. Lo ven algo así como el peronismo pero más en serio, con un componente mistico que oficiaría de pega pega y de hilo conductor de las voluntades de las masas.
Dijo Salvo y desaparecieron todas sus líneas de una plumada!


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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