martes, febrero 06, 2007

204: ¡ SI CHILLÁS TE ESTROPEO !

El Purgatorio tenía forma de embudo. Era una isla solitaria en un planeta cubierto por un océano de caldo con olor a puchero de gallina. La isla era circular y el embudo escalonado y arenoso se iba hundiendo hacia el interior del planeta en una sucesión de rampas circulares por las que caminaban millones de prisioneros atontados por el aburrimiento.
Por suerte la bola de Mandinga era muy rápida. En pocos minutos dieron vuelta a la primera rampa, a la segunda y a la tercera. Esperaban sentir la presencia de Manuel, cuando pasaran por encima suyo pero llegaron al fondo del embudo, al cubo negro del fondo, sin registrar nada y ya se iban bajando de la bola sobre el techo de aquello, cuando vieron cómo algunos ángeles medio desplumados se perdían hacia abajo por estrechas escaleras. Simplemente les siguieron. Las escaleras terminaban en un ambiente enorme cubierto de camas de hospital ocupadas por cuerpos inertes cuyas cabezas estaban enfundadas en gorros secadores de pelo conectados a la consolas fijadas al respaldo. Había allí pantallas tridimensionales que mostraban un espacio poblado de puntos luminosos que cambiaban de colores y de intensidad todo el tiempo.
-Son matrices simplificadas de las mentes. –Explicó Mandinga
-¿Qué les están haciendo?
-Confundiéndolos para que no jodan.
Al fondo del salón vieron a los ángeles nuevamente. Estaban de espalda a ellos ocupados observando vertiginosas cifras que corrían por los monitores. Mandinga tomó entre sus dedos la bolsita que colgaba de su cuello. La dio vuelta de adentro a afuera y la soltó.
-¿Qué hace? –Le preguntó Magdalena.
-Me había olvidado de hacer invisible mi bola. Ahora ya no la pueden ver.
Caminaron lo más sigilosamente que pudieron, agachados entre las hileras de camas, sin perder de vista a los ángeles enfermeros. Magda se encargaba de observar las caras de los cuerpos que impávidos apenas respiraban…
-¡Aquí está el Pepe!
Habían tenido suerte. Era efectivamente Mujica el que descanzaba relajadamente sobre esa especie de nube de gas espeso que hacía las veces de colchón. ¿Pero cómo despertarlo sin hacerle daño? ¿Cómo preguntarle si tenía noticias de Manuel?
-¡Agáchense! –Susurró Cholo casi demasiado fuerte.
Se estaban dispersando de frente a los monitores y un ángel con cara de idiota enfilaba ya hacia donde ellos se escondían. Esperaron quietos debajo de dos de las camas –que por cierto eran bastante altas- y cuando el sujeto iba pasando enfrente Mandinga lo agarró por los atrofiados alerones y le cruzó el brazo por frente a la garganta.
-Si chillás te estropeo! –le dijo llenándole la asustada cara con un ola de aliento a ajo y aguardiente de Saturno.
El gris angelote temblaba como una hoja. Perdió sus adminículos y toda compostura. Era un simple subángel enfermero de cuarta, no había sido preparado para lances de esta clase y sí, en cambio para temer con todas las células de su cuerpo a todo lo que se pareciera a esto que estaba viendo, esta cara simiesca, procaz y desacatada que le estaba llenando de aromas fétidos y le estrujaba los muñones de sus pobres y atrofiadas alas, lo único que aun le identificaba con la vieja y gloriosa estirpe de los ángeles.
-¡¿Satanás?!


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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