domingo, febrero 18, 2007

216: Un viejo de pelo blanco.

-Che Cholo vení, me tenés que enseñar a manejar.

Caminaban rumbo a la bola y el Cholo se había detenido apenas un instante antes de seguir a Manuel. Sorprendido en ese mismo pensamiento que le perturbaba cuando se ponía a actuar.
-Para vos va a ser muy fácil. Solo tenés que abandonarte a la idea de que la bola es como otro cuerpo que tenés y sentirlo.
-Y cuando lo haya sentido?
-Ahí empezás a conversar con ella, mentalmente.
-¿Es una persona?
-Ah, no. No me hagas pensar en eso! Tu mente se a puesto muy rápida.
-Por curiosidad, nomás.
El Cholo le indicó el lugar, más o menos, en que se tenía que poner y se fue a tirar al suelo del fondo.
-Sentilo, sentilo! Y no te apures…
Manuel lo sintió, lo entendió… la bola estaba fuera de la caverna, sobrevolando Lagomar por encima de Gianastasio, serena y sin apuro. A Cholo le llegaban suficientes ondas desde la bola como para darse cuenta de la trayectoria y la velocidad con que navegaban, por eso le sorprendió que de pronto estuvieran acelerando hacia la derecha y ganando altura como una jabalina que fuera apuntada bastante más allá. Pero no dijo nada hasta que tocaron tierra junto a las copas de grandes árboles y una carretera que se perdía ondulando en busca del horizonte oeste, justo a la hora del atardecer.
-¿Dónde es esto?
-Guichón. Vení ayudame a correr la bola más debajo de los árboles.
-Y porque vinimos acá?
-Tengo que encontrarme con un tipo de aquí…ha de ser viejo porqué lo vi hace cuarenta años.
-¿Qué…?
-Ja, no importa! Vamos a ver si lo encontramos. Me acuerdo de su casa.
Entraron al pueblo por la curva de la avenida mientras en las casas se iban prendiendo las luces y algunos gurises insistían en seguir el partido aunque ya no se viera la pelota. También se sentían algunos tambores a pesar del ladrido de los perros y los primeros cri-cri de los grillos. Algunas conversaciones entre vecinos a pesar de las mil pantallas encendidas…
-Aquí está el hotel argentino, es la casa siguiente.
Manuel llegó, subió el único escalón redondeado por el uso y dio dos golpes con el llamador sobre la puerta. Silencio. Por la otra puerta asomó una cabeza que preguntó que quería. –Quiero hablar con Bosco.-¿Bosco?-Sí, Bosco- ¿Y para qué? Quiero decir… que él acaba de llegar. ¿Ya se sabe en el pueblo que ha vuelto? –No, yo lo conozco de otro lado…¿Está?
-En la casa de otra hermana. Te explico…
Aquello parecía una fiesta familiar. Muchas risas y bastante bebida que se veían brillar en la cabeza del que quedaba frente a la ventana entreverando gritos en brasilero y carcajadas. Golpeó las manos desde el pastito del frente. El pelado había dejado de reír y una señora muy bonita salió a ver quién llamaba.
-¿Bosco? Si ya te lo llamo.
Manuel se sacudió cuando vió aparecer a un viejo de pelo blanco y arrugada expresión de extrañeza marcada en una cara bastante acostumbrada a la sonrisa.
Más se sacudió Bosco cuando reconoció a Manuel.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)


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