Entrados a la casa Manuel empezó a bromear con que estaba muy enfermo, que necesitaba cuidados especiales de parte de la Magda, caricias y todo tipo de contactos que sólo ella sabía hacer, flaquita degenerada, divina que conocía todos sus puntos alfabéticos, sus dolores y sus placeres… Lo decía mientras buscaba ropa para cambiarse después del baño y la flaca no estaba junto a él sino en la cocina sentada en el taburete, a las risas, comiendo algunas fetas de mortadela –callate atorrante- y haciendo sanguche con las palabras y lo que comía.
-Atorranta serás vos- contestó el otro cuando ya habría la llave de la lluvia y se metía bajo el agua empezando a canturrear guasadas cambiándole la letra a canciones conocidas –Yo no quiero ser mormón.- En eso se le llenaron los ojos de jabón y hasta sintió el gusto salado en la boca. Gritó puteadas , se atragantó con saliva y casi se fue al carajo cuando sin querer pisó el jabón que se le había caído. Pero las manos de la flaca llegaron a tiempo a acariciarle la espalda y él entonces se enderezó orgulloso para girar y encontrarse con su compañera desnuda. Flor de canela y graciosas formas.
Así que Manuel se puso a bañarla y a mirar cómo la piel ya de por sí morena se iba oscureciendo a medida que se mojaba con el agua que iba recorriendo todas sus formas. Excitado pero sin apuro, no podía evitar algunos roces que le iban levantando a pesar de haber puesto su mente en sintonía con el recuerdo de Fátima y sus alto vuelo, cada vez más alto pero sin llegar al final sino siempre a un nuevo principio. Enjabonó su espalda, enjabono sus pechos y bajó la mano jabonosa al monte de Venus a enjabonar la espesura. Se miraron a los ojos y los ojos eran transparentes. No había ningún misterio.
Después del baño fueron a la cama, donde estuvieron mucho tiempo el uno para el otro, inventando juegos y saboreando pieles. Trepando a las máximas alturas y por fin abandonándose a dejar de ser dos cuerpos y dos personas para, por un instante luminoso dejar de saber nada y confundirse en el océano de la verdadera existencia.
Más tarde durmieron hasta alguna hora de la tarde en la que la pereza les impidió levantarse para ir a comer y apenas le dio la voluntad para acomodar los miembros en la dificultosa angostura de la cama. Acomodo para uno que era para el otro desacomodo y vuelta a acomodar. Una y otra vez hasta que se volvió juego y carisias y también cosquillas y vuelta a empezar…
Se hacía la noche cuando Manuel despertó con el recuerdo de otro día que había tenido que correr para comprar comida … Saltó de la cama al piso y empezó a ponerse los pantalones mientras la flaca le miraba con un ojo y aun se resistía entre un embrollo de sábanas.
-Bueno, esperame que voy con vos…
Salían por el pastito del frente cuando sonó el teléfono de Magda. Era Giorgionne quién igual hablaba con ella. Tenía que comunicarles algo muy interesante.
Se cruzaron con las hermanas Bronté y sus bolsos de mandados tejidos de piola zizal.
Le había preguntado a su hijo por aquella vieja revista con el avión secreto. La tenía aún y le contó que cuando había ido a Durazno a casa de su amigo, un hombre del lugar que trabajaba en una cantera junto a la base aérea, le había visto aquella ilustración y le dijo que esos aviones despegaban desde allí, derecho para arriba y con un chiflido impresionante.
El almacenero preguntó qué iban a llevar y Manuel comprendió que le hablaba sólo a él que no a la flaca, todavía teléfono en mano y sólo boca para las exclamaciones.
-Te das cuenta Magdalena, que ese avión que vimos viene de esa base de Durazno?
-Y… déme una lata de arvejas…un trapo de piso, antes de que me olvide y eso que se usa para fregar las ollas…
-Esto en vez de aclararse se complica cada vez más!
-Papas, boniatos y zapallo… ah, y cebollas y salsa de tomates…
-Contale a Manuel. Yo ahora lo llamo a Ernesto. Chau.
-Además un pedazo de chorizo de rueda.
narrativa
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152: YO NO QUIERO SER MORMÓN
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martes, diciembre 12, 2006
152: YO NO QUIERO SER MORMÓN
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martes, noviembre 14, 2006
124 - Caminando bajo la lluvia.
El mundo amaneció boquiabierto de sí mismo. Al menos la tierra que, mientras se desperezaba agotando los posibles ángulos para estirar los brazos, abrió los ojos y no pudo menos que sonreír a la visión de sus faldas ajadas, pero pobladas aun de seres vivos. Sus millones de hijos de las más distintas especies y raleas también despertaban, al menos todos aquellos que a aceptaban la que los sabios enseñaban sobre el vivir de día y el dormir de noche, sin olvidarse de hacer el amor porque el trabajo no enriquece a nadie y el sexo jamás engorda.
Los muchachos seguían durmiendo, arroyo manso que cruza el paisaje sin cortarlo. La flojedad de aquellos miembros era más que visible y, haría suponer a cualquier indiscreto cuáles y cuán intensos habían sido los lances de la noche. Estaban agotados. Vacíos de ansias por un rato aunque en sueños, seguramente seguirían copulando para vaciar de ensueños el sueño y acabar despertando a la luz en medio de un verdadero orgasmo de realidad…
Sin embargo despertaron perezosos, encandilados y hambrientos. Reptaron a la cocina uno tras el otro, con la misma idea de rescatar algo para comer. Atragantados de risa comieron, sentados en el piso y al modo del mastín asesino, unos mendrugos de pan y otros de queso, por no haber visto otra cosa…ni las cebollas ni los ajos.
Recién después fue lo de lavarse la cara y preparar el mate y mirar como al descuido por los rincones por si se hubiera caído alguna torta frita o trozo de ella o… Estaba claro que iban a tener que ir al almacén por un surtido de todo eso que no te puede faltar.
Al rato salieron, ya no llovía y la luz que atravesaba la gruesa capa de nubes acentuaba el verde de los colores verdes. Las hierbas nuevas, largas y pálidas, algunos rebrotes de pinos y toda cosa que fuera medianamente verde, se había puesto vistosa y coqueta. Coqueteaban su verdor aprovechando que por un rato el suyo fuera el color preferencial, el de moda…
Manuel y Magdalena iban de la mano por la calle de balastro empapado en agua, chapoteando los championes como par de gurises acostumbrados a jugar bajo la lluvia.
-¡Allá van!
-Ah, se dignaron a levantar!
-¡Qué asco!
-Revolcándose en el suelo!
-Como los perros.
-¡Como las gatas!
-Sin ninguna vergüenza.
-¡Sin ninguna ropa!
-Habría que denunciarlos.
-…estaban en su casa…
-¿Y si alguna criatura mira por la ventana?
-¡Qué horror!
-Bueno… las que miramos fuimos nosotras…
-Para ver qué pasaba, nomás.
-Para saber qué clase de vecinos tenemos.
-No si yo…
-Vos te ponés de parte de ellos. Defensora de degenerados!
-¿No serás vos también de hacer esos jueguitos?
-Ya soy una vieja.
-Por eso mismo… Cuanto más vieja más degenerada!
Volvieron a pasar los muchachos de vuelta con el bolso lleno. Apuraban el paso porque de nuevo empezaba a garuar. En la esquina fueron saludados por las tres vecinas que mantenían su puesto de observación sin importar cuanto sacrificio de salud costara.
-Fueron a hacer las compras juntos…Seguro que se han juntado.
-Claro, ella ha de estar preñada!
-¡Zulema! No es una vaca…
-Y dale con ponerte de su parte!
narrativa
Los muchachos seguían durmiendo, arroyo manso que cruza el paisaje sin cortarlo. La flojedad de aquellos miembros era más que visible y, haría suponer a cualquier indiscreto cuáles y cuán intensos habían sido los lances de la noche. Estaban agotados. Vacíos de ansias por un rato aunque en sueños, seguramente seguirían copulando para vaciar de ensueños el sueño y acabar despertando a la luz en medio de un verdadero orgasmo de realidad…
Sin embargo despertaron perezosos, encandilados y hambrientos. Reptaron a la cocina uno tras el otro, con la misma idea de rescatar algo para comer. Atragantados de risa comieron, sentados en el piso y al modo del mastín asesino, unos mendrugos de pan y otros de queso, por no haber visto otra cosa…ni las cebollas ni los ajos.
Recién después fue lo de lavarse la cara y preparar el mate y mirar como al descuido por los rincones por si se hubiera caído alguna torta frita o trozo de ella o… Estaba claro que iban a tener que ir al almacén por un surtido de todo eso que no te puede faltar.
Al rato salieron, ya no llovía y la luz que atravesaba la gruesa capa de nubes acentuaba el verde de los colores verdes. Las hierbas nuevas, largas y pálidas, algunos rebrotes de pinos y toda cosa que fuera medianamente verde, se había puesto vistosa y coqueta. Coqueteaban su verdor aprovechando que por un rato el suyo fuera el color preferencial, el de moda…
Manuel y Magdalena iban de la mano por la calle de balastro empapado en agua, chapoteando los championes como par de gurises acostumbrados a jugar bajo la lluvia.
-¡Allá van!
-Ah, se dignaron a levantar!
-¡Qué asco!
-Revolcándose en el suelo!
-Como los perros.
-¡Como las gatas!
-Sin ninguna vergüenza.
-¡Sin ninguna ropa!
-Habría que denunciarlos.
-…estaban en su casa…
-¿Y si alguna criatura mira por la ventana?
-¡Qué horror!
-Bueno… las que miramos fuimos nosotras…
-Para ver qué pasaba, nomás.
-Para saber qué clase de vecinos tenemos.
-No si yo…
-Vos te ponés de parte de ellos. Defensora de degenerados!
-¿No serás vos también de hacer esos jueguitos?
-Ya soy una vieja.
-Por eso mismo… Cuanto más vieja más degenerada!
Volvieron a pasar los muchachos de vuelta con el bolso lleno. Apuraban el paso porque de nuevo empezaba a garuar. En la esquina fueron saludados por las tres vecinas que mantenían su puesto de observación sin importar cuanto sacrificio de salud costara.
-Fueron a hacer las compras juntos…Seguro que se han juntado.
-Claro, ella ha de estar preñada!
-¡Zulema! No es una vaca…
-Y dale con ponerte de su parte!
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