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lunes, agosto 17, 2009

725. ¡ Manuel es un perdedor !

Al abrirse la puerta trasera, ruidosa, latosa y abusiva, con modales de repartidor de garrafas se subió un enfermero, entrevisto por Manuel hacia un costado, quien tironeó la camilla sobre tal vez unos rieles, para ser recibida afuera por alguna otra cosa que no le dejaría por suerte caer directamente sobre el suelo. Sobre ruedas por una rampa despareja. Entubado por pasillos cubiertos de pintura blanca. Introducido a través de puertas de vaivén anónimas. Depositado en algún lugar apenas iluminado... ¿Olvidado...? No.
Al cabo de diez minutos, o veinte... vuelven... A conversar del lado de la cabeza, por encima de toda línea de visión... del aumento de sueldos que está para salir y de la enfermera nueva, aquella...
Ahora, sí justo ahora que el mundo parece quererse hundir más profundo que todo el dolor y el mareo y...
Sí. Allá adelante de la tenue luminosidad del fondo...Ya venía avanzando a pasos insonoros aquella figura recortada, plana y difusa. La misma de otras veces. Odiosa y sin embargo familiar.

-Hola. ¿Otra vez en problemas?
-...
-¿Es que nunca te vas a avivar...?
-...
-(Suspiro) A ver, empecemos otra vez desde el principio...
-¿Que te cuente mi historia?
-Que empieces de una vez a reconocer la realidad.
-Ah, ja! ¿Y eso te parece tan fácil? ¿No ves que vivo varias realidades al mismo tiempo...?
-No. Vivís una realidad. La única que existe. Lo otro son meras fantasías.
-¿No me digas? Así que no te has enterado de nada...?
-La realidad es el presente. Vos estás aquí, hecho un guiñapo sobre una camilla, porque no te terminás de convencer de que no hay otra existencia ni otra oportunidad. Tenés que jugar con todas las fichas que estén a tu alcance y no andar con la boca abierta cayéndote de las escaleras!
-No era que tenía que meterme a líder anarquista en este mundo...? El anarquismo es algo muy parecido a una fantasía..., ¿O no?
-El anarquismo, puede ser. Pero ser líder sería algo muy posible para vos.
-Ah, claro... esa mierda...
-¿Y a qué querés jugar...? Todos están esperando a que empieces... el telón del teatro ya se ha levantado... Los aplausos empiezan a silenciarse...
-Decime... ¿A vos te mandó alguien a venir a romperme las bolas?
-Me estás mandando vos mismo. No te olvides de que...
-Si, ya me lo contaste. Que vos y yo...
-...somos la misma persona.
-...
-...
-¡Mentira! ¡!Yo no soy un hijodeputa!
-No, claro. Sos el hijo de la Margarita.
-Sabés que cuando digo puta, me refiero a otra cosa.
-Yo también. Digo que sos hijo de la pelotuda de Margarita. Tal para cual.
-Prefiero eso.
-¿Ser un perdedor?
-Ah, no! ¡No te aguanto! Ahora me querés dar púa con eso? ¿Te parezco tan estúpido como para morder ese anzuelo?
-Ja ja. Te dolió?
-Andá a cagar!
-(Con voz de teatralizado pregonero) ¡Manuel es un peeerdedoor!

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Cuando empezó a asomar otra vez en este mundo descubrió que a su lado habitaba un bulto oscuro que como todo el ambiente de aquella habitación permanecía en el quietismo del silencio. Sin embargo supo enseguida que no se trataba de Magda. Era otra su respiración y otro su perfume. Naranja en vez de canela.

-¿Dengue...?

jueves, agosto 13, 2009

724. Ruta 66

Ganar tiempo. Como tantas veces, mientras los pasos duros de los de uniforme blanco se acercan para tomarle como una bolsa de ropa sucia, lista para ser arrojada a la gran lavadora industrial que son las salas de los hospitales y su atmósfera cargada de cloro o formol o cloroformo o lo que sea. Como aquella vez en el Hospital de Niños, ganar tiempo... Se sentía mareado. Y la sirena ululaba por caminos insospechados de Buenos Aires o de la Interbalnearia. ¿A dónde le llevarían? O tal vez solamente un sueño como tantos, desagradable por haber tomado algún vino de más y de menos calidad. Con el Dengue, aquella vez, por hacerle compañía y que no lo tomara como desprecio, que en el fondo somos todos iguales, y sangramos de similares heridas, aunque algunos... Y el dolor que vuelve a primer plano, lacerando el costado de la cabeza que se apoya sobre el ángulo vidrioso del cristal y las arenas... Como en un mal sueño, o fiebre, que no podría estar teniendo, sino apenas algún que otro hueso roto... (¿cráneo) (¿Vértebras?)

¡Si por lo menos apagaran esa maldita sirena que...!

Ella sonríe guiñando un ojo como si jugase al truco, sin dejar de hacer dedo para que la ambulancia la levante de la ruta 66. Seductora, con su cola escamada color verde turquesa Qué tontería!

¿Habremos llegado?

A alguna parte donde me sacarían el dolor... Si no es que me han traído engañado todos esos que piensan que estoy loco. Qué horrible sería, justo ahora que me siento tan débil y dolorido, que no podría ni pensar en saltar un muro para escapar a los jardines de cipreses de aquel cementerio bajo la batalla final entre las bolas de la anarquía y las doradas bolas de los ángeles. Qué tiempos aquellos y por qué no habría yo de volver a ser uno de tantos héroes anónimos, especialmente cuando han de estar necesitándome porque... Porque... Como todos nos necesitábamos y confiábamos unos en otros sin fallarnos y sin temor de enfrentarnos a aquellas escuadras poderosas, muy poderosas, dueñas de la galaxia pero vacías de humanidad. Y nosotros... Ni siquiera sabíamos qué posibilidades de éxito podríamos tener, si es que eso alguien lo pudiera saber, como el resultado de un cálculo definitivo que para nada consulta a la libertad que tiene el futuro de ser lo que quiera...






sábado, diciembre 13, 2008

634. Las lágrimas y el sudor

Cuando los muchachos salieron del consultorio Giorgionne les observó desde la ventana de vidrios opacos que abrió para eso. Un cuadro de complejo diseño humano formado por tres cuerpos y un nudo de emociones autenticas que allí próximo se alejaba dejándole la extraña sensación de haber participado por fin en una verdadera interacción con la realidad y no con la teoría. Lástima que se fueran, supuestos pacientes que de haberse quedado un rato tal vez le hubiesen permitido aproximarse un poco más al misterio de la existencia. Ese carozo inabordable desde los esquemas, perfume volátil por el que los más de los humanos guían los pasos y las acciones que componen la trama de sus historias. Desde ya que se había exedido en sus funciones. Desde ya que nunca debió aprobar que el muchacho fuera mantenido en un domicilio particular, ni tuvo por un instante que dar los nombres de posibles remedios para bajar la ansiedad. Es que había actuado como una persona, como ellos, dejándose llevar por el juego de las imágenes reflejadas, por la emoción empática... por el dolor...

Hasta un rato después no cerró la ventana... Se sentía lleno de una vieja sensación que no había vuelto a sentir en muchos años. Soledad. Como si la vida se le hubiera escapado. Su vida, su propia vida de la que sólo le quedara una sombra. Vida que sí había sentido latir en ellos, llena de coraje y de miedo. De lágrimas y de sudor. De esperanza...
De pronto sin pensarlo se estaba poniendo la campera, abriendo la puerta, despidiéndose parcamente de las funcionarias de la entrada, llegando afuera y mirando en la dirección hacia la que los muchachos se habían alejado, con una sola idea en la mente. No perder contacto.

Los colores del cielo tras las copas de los pinos ya estaban virando a rosado sobre los hilos amarillos de desflecadas nubes. Sintió la aspereza de la arena bajo las suelas, el rumor indiferente del tránsito sobre Gianastasio, la premura de los muchos que bajaban de atestados omnibus desde Montevideo, a descansar para retomar la rutina mañana, los que como él debería estar haciendo y no hacía, se embarcaban ahora dentro del engranaje constante, todo eso en el aire, en las voces que alla lejos se sentían hablar como un fondo sobre el que debería filmarse la escena. LLegó ahora a lo alto del callejón, donde comienza el paulatino declive y los vió, allá, enredados tadavía con los largos miembros del pobre Dengue, así le habían llamado, paso a paso sobre el plateado brillo del balastro, figuras oscuras, pequeñas, solo ocupadas en asumir plenamente sus destinos.

Corrió un trecho. Les gritó sin que le oyeran. Se agitó. Estaba nervioso. Tan nervioso como cuando... Estaba vivo!

miércoles, noviembre 05, 2008

621. Aquella Voz

Pasó en espera un lapso de tiempo indefinido. No sentía los latidos del corazón ni tenía forma de tensar los músculos para obligarlo a latir fuerte. No sabía dónde fijar la atención para buscarlo. Un tiempo algodonoso, informe.. y sin embargo creía estar sabiendo algunas cosas como que... En primer lugar que estaba vivo y en segundo que estaba acostado. Por nada. Por ningún dato de los sentidos. Por ninguna sensación corporal o espacial, simplemente... porque creía estar acostado sobre una cama, en algún lugar real y en la cercanía de una mujer que poseía una voz, la que en algún momento había oído repetir la palabra que su mente pronunciaba, una voz... íntimamente conocida. ¿Qué sería esto? Cual ese lugar donde se encontraba horizontal e insensible bajo la protección... Sí, bajo el cuidado de esa voz!
¿Como y por qué habría llegado hasta allí...? No podía recordar nada. Recordaba sí, por supuesto, llamarse Manuel y una casa... una pequeña casa de paredes blanqueadas sobre la que la luz del sol dibujaba acuáticos reflejos al pasar entre las hojas del álamo. Del álamo... Ese álamo que volvía a ver como visto desde una cuadra de distancia... y después mirado desde abajo, sus ramas plateadas y ese constante vibrar de las hojas, como gotas de agua sobre un techo de cinc... Creía conocerlo, como se conoce al perro que todos los días nos mueve la cola. Quizá ese era su álamo y esa, la que recordaba apenas bajo la sombra, su casa...

-Manuel, ¿me oís...?

¡Otra vez la voz! Sí, es esa misma voz que... De antes...

En el sobrecogimiento acababa de sentir el calor de su propio cuerpo sin percatarse de ello, tal era la emoción. Pero enseguida sus imaginarios pies comenzaron a girar como la aguja de una brújula desconcertada hacia todos los derroteros posibles en el espacio. Recuperaba el espacio pero en desconcierto. Por momentos creía estar cabeza abajo, por momentos al revés... colgado, ¡qué extraño! desde los ojos, con un rayo de luz que le taladrara el cerebro. ¡Debía responder! No fuera que la voz callara o que se fuera!¿Pero cómo? Todavía lo poco que sentía le era externo. Datos que confusamente le llegaban, que confusamente trataba de interpretar... Esa cosa por ejemplo, que sentía ahora, calor tal vez, o rozamiento... ¿dolor? ¿sería eso lo que su mente decía conocer como dolor? Era en la parte frontal, eso redondo y extenso que... ¿O acaso simplemente la sensación del color rojo? Porque... No recordaba como era que se sentía el color rojo... los colores.... El había vivido en un lugar lleno de colores y de luz pero.... No podía recordarlos aunque, por alguna razón extraña ahora se le había ocurrido pensar que eso que estaba sintiendo podría ser precisamente el rojo. Un color rojo que por cierto le agradaba, mucho... y que... ¡No no era un color, era un calor, una tibieza bah, recontraagradable que le llenaba de felicidad! ¡Sí, ahora sabía que eso era la felicidad! Lo que estaba sintiendo con respecto a ese calor que allí adelante amorosamente se había acercado a su ser. ¡Eran labios! ¡Eso era un beso! ¡La voz de la mujer le estaba besando sobre sus propios labios!

martes, julio 15, 2008

567. Gusto a Sangre

Magda confesó no saberlo y que justamente eso le preocupaba. No puedo recordar sin que se me entreveren recuerdos que no tienen nada que ver y hasta... cosas que nunca ocurrieron!

-Pero... ¿te sentís mal por algo?

Se exasperó.

-No me siento mal. Tampoco me siento bien. ¡Es que no me siento de ninguna forma, Manuel! Nos tienen dopados.
-¿Dopados...? ¿Como nos van a tener dopados...?
-¿No te parece posible? Bueno, mirá lo que voy a hacer.

Levantó la mano derecha y se metió la carnosidad que hay entre el pulgar y el índice dentro de la boca. Empezó a morder cada vez con más fuerza. Con mucha fuerza, hasta que los dientes se vieron rodeados de sangre. Manuel le obligó a soltar.

-¿Qué hacés? Te has vuelto loca flaquita? Mirá te lastimaste, vení... vamos a...

Magda se soltó y se puso en su camino.

-Pero es que no me entendés. Me mordí hasta cortar la carne sin sentir ningún dolor...¡Nos tienen dopados!
-... tal vez estés enferma...
-No, Manuel. probá de morderte y vas a ver.

Manuel probó. Cuando sintió el gusto metálico dentro de la boca soltó y atónito quedó mirándose la mano lastimada.

-¡Las amapolas! Esa leche que largan...
-Sí, pero eso no es todo. Decime a ver, ¿cuantos días hace que estamos presos aquí?

Era imposible. A Manuel le parecía que tal vez no fuese tan importante, que tal vez era mejor así, dejar pasar el tiempo, total, veinte años no son nada, mientras estuvieran juntos... de esta nueva forma que... aunque ciertamente se sentía tan excitado cuando le acariciaba el rostro o como ahora le tomaba la mano... ¿Por qué sería que después se iban a dormir cada uno a su colchón...? Tan cansados no podrían estar... Sí, Magda tenía razón, algo raro les estaba pasando...

-A vos te parece que en la comida... o en el agua...?
-No lo se. Me acuerdo que de las amapolas se extrae el opio, del opio la morfina y, de la morfina, la heroína.

Sintieron una voz susurrante a sus espaldas.

-Sigan, sigan, conversen caminando a lo largo de las líneas. Nos controlan por los sombreros desde las atalayas.

Era una interna diminuta que parecía trabajar a pocos metros de distancia bajo su inclinado sombrero chino.

-Me llamo Jarumi. Ustedes están en lo cierto. El problema no es sólo el látex que largan las adormideras. Pertenezco a un grupo que hemos conseguido guantes de goma para trabajar. Mi familia es de esta zona, me los hacen pasar pagando coimas a los funcionarios. ¡Sigan, por favor, sigan arrancando capullos, caminen...

Ellos aceptaron el consejo comenzando a avanzar en líneas paralelas, pausadamente, hamacando el cuerpo y los sombreros igual que un rato antes, mientras observaban de reojo a la muchachita de rasgos orientales que le venía conversando.

-Estas no son plantas comunes. Son transgénicas. El látex de estas plantas contiene un porcentaje de morfina muy alto. Mis padres son floricultores y conocen de esto. Pero estamos insensibilizados y atontados por el opio que respiramos en los dormitorios.
-¿Los sahumerios...?
-No son sahumerios. Son vapores que entran por unos respiraderos que están en las paredes. Se producen en unos zótanos donde hacen hervir un pegote de este látex. Tenemos que organizarnos...