Mostrando entradas con la etiqueta abuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuela. Mostrar todas las entradas

jueves, mayo 28, 2009

697. MANVEL

Julieta le saludaba ya desde media cuadra cuando la oleada maciza de olor a mierda le dio de lleno en la cara haciéndole perder el equilibrio. Cayó Manuel enredado con el manubrio de su bicicleta y arrastró algo más que la mejilla izquierda y la rodilla derecha por la gravilla hasta detenerse, girar el cuerpo, y ya sentado agarrarse la cara con las manos.

Julieta gritó y corrió levantando el otro brazo casi a las risas pero preocupada.

El fuerte olor a ajo que sobrevino resultó como un alivio. Tampoco la sangre parecía ser mucha y a pesar del fuerte ardor comenzaba a reírse de su torpeza cuando una ola de naftalina le sumergió en el olvido del ropero de su antigua abuela. ¡Qué olor tan viejo y oscuro!
Pero enseguida una oleada húmeda, como si metiese la cabeza dentro de un barril de vino, y después caminase por un monte de eucaliptos, o ahora estuviese rozando la nariz con un limón recién cortado.

Julieta se detuvo junto a él preguntando cómo estaba.

-¡¿MANVEL?!

No llegó ella a comprender qué pudiera querer decir, pero se alegró de que hablara. Muchas veces, después de un porrazo decimos cosas inesperadas en vez de La Puta Madre.

-Vení a lavarte y desinfectarte.
-¿Porqué Manvel en vez de Manuel?

Ella le estiró una mano para que se tomara.

-¡Esto es cosa del abuelo!

Miró hacia la casa para ver si Rulo se aparecía. Dudaba de tener fuerzas para levantarle.

-Sí, ha de ser el abuelo Avelardo... pero... ¿por qué Manvel?

Era patético verle con la cara cubierta de tierra y esos rayones de sangre media seca, con la mirada perdida y las piernas abiertas sobre la calle, junto a la bicicleta.
Pero de pronto se levantó y la levantó.

-El abuelo me está llamando. Después vengo, Julieta. Quiero que la flaca me ayude...