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jueves, mayo 17, 2007

300 SUBVERSIVO O TERRORISTA

Volvían caminando para Becú cuando se sintieron vencer por el delicioso hilo de olor a asado que les llegó al acercarse. Había fiesta de todos en mesas improvisadas y una gran parrilla. Damajuanas de vino y todos dando vueltas por ahí de gran jolgorio. El Roque con Aníbal y la Yiya, más atrás andaba la Mulata. Luque con toda la familia y hasta el Pichi, que fue unos de los primeros en reconocer a Manuel que se acercaba. Hubo gritería pero no tanto como de tarde ahora el ambiente era de fiesta y ya estaban conectando los parlantes para darle al baile. Algunos no sabían el motivo de la fiesta. Preguntaban. Por Manuel dijo alguien y los que preguntaban creyeron no entender por qué se le iba a hacer una fiesta tan grande a ese Manuel. Porque los que preguntaban el motivo de la fiesta casi nunca sabían quién era Manuel. Y vise versa o al revez. Todos los que conocían a Manuel sabían que la fiesta no era para Manuel sino por la Libertad que el venía a representar, como la mayoría había caído en la cuenta que era, aunque nunca hubieran puesto atención en el muchachito ese mulato, que andaba cortando pasto con el carrito… el primo del Rulo. Ah, ese sí, un gran muchacho! Se le veía algo particular en la mirada…
El Cholo y Manuel se sentaron con los otros amigos un rato y comieron asado mojado en vino, entre alharacas y felicitaciones de los que decían estar enterados de quien era el jefe de la revolución. Trató el Cholo de explicar los términos pero sin dejar de comer mientras Manuel masticando hacía que no con la cabeza y trataba de tragar para después decir algo. Que no llegó a decir porque al otro lado de la calle en otra hilera de mesas estaba sentada la señora de las blancas tetas que le saludaba sonriente con la mano y en el medio de la calle el marido con bigotes y ojos a los dos lados que empezaba a enfilar para donde él estaba. En tres pasos se le estaba tirando encima directamente a la garganta con las dos manos. Mientras la boca desencajada decía algunas cosas como subversivo o terrorista.
Pero las manos se cerraron estrangulando el aire cuando Manuel se escabulló hacía arriba dejando ver la suela de sus championes por encima de todas la cabezas. Estaba levitando sin haber terminado de tragar el asado!
Sorprendido como cualquiera, porque ni por un instante había pensado en salir volando cuando como en imágenes a de cine mudo estaba viendo las manos del milico que se acercaban a su garganta. Y encima el clamor de los vecinos que otra vez se empezaban a juntar. Quería bajarse pero se contuvo un poco hasta que Ferrari fue levantado por sus amigos e invitado a pasarse unos días por Montevideo hasta que estuviera más tranquilo.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, mayo 08, 2007

291: Por Quinientos Pesos.

Un largo silencio, durante el cual los impetuosos temblores que recorrían la flacura de Manuel fueron disminuyendo poco a poco hasta que, al desaparecer, devolvieron el valor al muchacho como para intentar el descenso desde aquella inestable tribuna. Estaba en eso, flexionando ya las piernas para saltar desde la mesa al suelo cuando un nuevo clamor se levantó desde las gargantas. Sobre las copas de los altos eucaliptos del fondo, venían avanzado tres bolas en silencio. Parecían inmensas y su blancuzca imperfección les daba una realidad, casi imposible de creer ingrávida… Pero no caían ni emitían sonido alguno, sólo se acercaban a la vertical de dónde aun estaba Manuel tratando de bajarse de la mesa y una vez encima completaron un pequeño círculo y después otro mayor antes de alejarse aceleradamente en direcciones equidistantes.
Manuel habló con quienes tenía cerca, pidiéndoles que repitieran, que no esperaran nada de él, ni de las bolas ni de nadie. Que tomaran todo en sus manos, que resolvieran como mejor les pareciera todo… que hablaran entre ellos y se pusieran de acuerdo… Y sobre todo, que no reconocieran otra autoridad que la de ellos mismos.
Esas flacas palabras fueron repetidas de boca en boca, de oído en oído y de corazón en corazón. Fueron afirmadas por movimientos de cabezas y por golpes de puños en los pechos. Por abrazos entre gente que antes no se había conocido, aun siendo vecinos, separados por quinientos pesos más en los sueldos o techos de tejas en vez de chapas. Entre aquellos que alguna vez fueron amigos, hasta que dejaron de serlo, apartados por el afán del lucro, el orgullo de una profesión o el pretexto de la política… Por un momento se olvidaron de Manuel. Caminaron en grupos sin dejar de conversar sobre las mil cosas en las que estaban de acuerdo. Sobre las tantas que quisieran cambiar y que tal vez no fuera imposible, si cada cual hablaba con el corazón y el cerebro y no con el hígado y el bolsillo…Porque ahora… ¿Qué cosa nueva habían comprendido que no supieran de antes…? Sí, había una cosa nunca antes tenida en cuenta. La sencillez de la verdad. La pura desnudez de sus simples existencias que una y otra vez, porfiadamente, se habían afanado en complicar con los pretextos del progreso, los merecimientos y las virtudes. Ahora volvían para sus casas desvestidos de pretensiones, contentos de ser iguales, descargados de ansiedad. Lo habían visto todo en los ojos de Manuel, ese muchacho pobre y desgarbado que subido al pedestal no quiso otra cosa que bajarse para meterse entre la gente a ser, como todos, uno más.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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lunes, abril 23, 2007

278: EL DULZOR QUE CAYO DEL CIELO

Hubo clima festivo en la cueva. A las risas todos se abrazaban sin fingir felicidad. Manuel bailo unos pasos de milonga con Margarita y la boca llena de empanadas, mientras el Dengue se movía en candombe sin salirse del compás. Recién después prendieron la tele para enterarse de los comentarios que no escuchaban por comentar arriba y hacerse chistes. Estaban eufóricos. Todo había salido a pedir de bocas y encima se estaban perfeccionando en el manejo hasta el punto que en este momento se animaban a hacer cualquier cosa con el método de amplificar el pensamiento entre las cuerdas. Ellos lo podían, porque entre ellos circulaba una energía que no daba lugar a pensar en el fracaso.
Así lo fueron comentando mientras caminaban rumbo a sus respectivas bolas que fueron cerrando sus puertitas y con ello el paso al sonido de afuera…De afuera de las bolas, pero adentro de la caverna.
Comenzaba otra serie de misiones! Fraile Muerto, Melo, Paraje del Cerro de las Cuentas, Santa Clara de Olimar… Después Castillos, Rocha, San Carlos, Maldonado, Gregorio Aznares…
Al otro día lo mismo desde las diez de la mañana a las nueve de la noche. Y al otro día retornaron los ángeles sobre Santa Lucía y frente a los ojos de todo el mundo las bolas celestes y rosadas del Arcángel San Gabriel se lanzaron en funesta picada arrojando proyectiles sacrosantos que reventaban en los claros que dejaba la gente. Ellos sabían que debían huir hacia el punto, pero antes se conectó Manuel mentalmente con el Cholo y la Flaca y estos con los otros para acordar un único proyectil a largarles entre todos. Una soberana torta de merengues de cinco metros de diámetro que se estampó en el frente la nave madrina haciéndola perder el rumbo y recibir uno de los rosarios que venían de más atrás. Pero no pudieron ver más porque debían meterse para adentro antes de que les llegaran los proyectiles. Fue mucho más tarde, cuando ya estuvieron de vuelta frente al televisor que se enteraron que los laboratorios de la facultad de química se habían habilitado para el estudio de aquella extraña sustancia que había llovido sobre los campos y las calles a lo largo de quilómetros mientras se retiraba la flotilla a media marcha y a baja altura como no pudiendo con sus almas.
Había sido el bautismo de fuego para ellos y la segunda vez que salían ilesos. Preguntaba el Dengue por qué los estúpidos ángeles no les seguían cuando ellos entraban y el Cholo se cansó de quererle explicar mientras él sólo miraba a Manuel como si fuera el dueño de todo el poder y toda la sabiduría. Manuel se encogió de hombros con los labios apretados como no sabiendo la respuesta, aunque en realidad lo que ni buscó ni encontró fue la manera de poner aquella sensación en palabras. El interior del punto era sin dudas un lugar seguro, pero por qué… ¡Qué chicas quedaban las palabras…! Como un colador de fideos roto perdían todo el contenido junto con el agua. Se rió para Dengue que todavía le interrogaba con los ojos y pensó que sólo a Dengue se le podía ocurrir que pudiera entrar más de uno adentro de un punto!


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sábado, marzo 17, 2007

244: PUNTA INDIO

Cholo Aplaudió apenas un poco porque se había quedado mirando a Manuel que caminaba, desde el fondo hacia el grupo, como si no hubiera estado un instante antes junto a la flaca. Venía aguantando una sonrisa que se le desparramó de la cara cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando. No sólo soltó la sonrisa sino que aprovechando que los otros miraban el marcador de trazo grueso escribir su nombre sobre el papel de la bola, se adelantó varios pasos de forma instantánea, para no caminarlos y aparecer más cerca, aunque trastabillando un poco y ahora sí, cagándose de risa!
-Vamos a probarla –dijo para la Magda.
Cholo objetó que faltaba la afinación final. El Dengue pedía posta para aprender a conducir. Trum en vez de decirlo cambiaba de a dos sus patas de apoyo. Todos querían manejar las bolas.
Manuel dijo que subiera Cholo como técnico, Magda como copiloto y el Dengue como aprendiz. Más de cuatro tal vez resultara mucho peso. Subieron. El piso de cartapesta se quejó un poco hasta que los cuatro estuvieron ubicados, quietos y mentalizados para volar. Fue un flash mental el que sintieron apenas antes de saberse en el espacio exterior, libres y concientes del extenso paisaje que se extendía allá abajo. La bola iba serena, ni siquiera entraba algún viento por los bordes de la puerta corrediza, ni vibraciones ajenas al normal canto de las dimensiones que en su sereno fluir no estaban anunciando ningún tipo de contratiempos….
-Flaca…Vamos a probar de manejarla entre los dos. En cuanto le agarres la mano te largo sola. Acercate aquí.
Enseguida Magda ocupó el lugar central, casi el mismo en que había estado Manuel. Primero un poco seria, pero se pudo relajar y disfrutó mucho de la sensación.
-Vamos sobre Santa Lucía –dijo- Parece mentira pero es como que estuviera viendo todo!
Cholo pidió que volara sobre zonas despobladas no fuera cosa que de algún lugar despegaran aviones militares a pretender perseguirlos. Magda cambió entonces de rumbo y volvió a la costa del Río de la Plata, agua adentro, sobrevolando el estuario y buscando un poco hacia el oeste la costa argentina.
-Por ahí está –dijo de pronto-
-¿Quién está?
-Punta Indio.
-¿Conocés…?
-Sí, una vez estuve. Es un lugar tan raro…
La vuelta la hizo Cholo llevando a Dengue como acompañante, explicándole cada maniobra por adelantado, preguntándole si se sentía en comunicación con la bola, si se imaginaba el movimiento que iban a hacer. Cuando Dengue quedó solo grito un especie de Zapucay lleno de gozo.
-Esto es lo más grandioso que he conocido!
Pero venía la parte difícil. Manuel y Cholo explicaron que entre todos debían ensayar esa maniobra que había dicho Mandinga por si en algún momento les atacaban. Meterse hacia adentro con bola y todo. Soltarse de los hilos de las dimensiones y dejarse llevar, flotando en la nada. Para empezar iban a ponerse todos a escuchar el canto de la cuerdas y a vibrar con ellas. Luego, a la cuenta de cinco iban a hacer ese gesto espiritual de largarse hacia adentro, coincidiendo los cuatro en un mismo punto…


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domingo, marzo 04, 2007

231: POMPAS DE JABON

No sabía cómo decirle que ya estaba arto de todo eso, que quería irse con la flaca a algún lado donde no lo jodieran más, que no confiaba del todo en él. Aunque confiaba, de alguna manera en su valentía y en el arrojo de su manera de pensar y… Pero no quería confiar! Confiar en un aliado tal, significaba comprometerse en una lucha imposible - bien lo había dicho el mismo Mandinga- de un puñado de boludos volando en bolas de papel, enfrentando a los poderes más grandes del universo. Que no quería su ayuda, aunque fuera una gran ayuda que pudiera transformar pompas de jabón en endiabladas naves de combate. No quería ser un líder ni mucho menos un guerrero…quería simplemente…ser el pardo Manuel y…
-Estás pensando pavadas, muchacho!
Manuel le miró sorprendido ¿Le habría leído el pensamiento?
-Nadie puede huir de si mismo
-Es que yo quiero volver a ser el que era!
-Querés congelarte en un freezer?
-Me metieron a prepo en esta historia!
-De todas maneras ya estás en ella. Ya no sos el muchachito inocente que no sabía nada de nada…
-Pero si yo ahora me voy con la flaca a donde no me puedan encontrar…
-Te lo repito. No vas a poder esconderte de vos mismo.
Manuel giró la cabeza para ver a la Magda que había estado todo el tiempo en silencio. Había en ella una sonrisa ambigua, dividida también como el ánimo de Manuel entre la alegría y la tristeza. Alegría por el regalo que recibían de la vida envuelto con las cintas de la fama y el poder. Tristeza por todo lo que estaban a punto de perder, todo lo que habían construido a tientas en la oscuridad, eligiendo senderos y no autopistas, desechando fantasías, aprendiendo a disfrutar de lo poco y de lo bueno…
-Lo vamos a tener que pensar…no verdad flaca?

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