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lunes, junio 08, 2009

701. Rompan Filas


Que no era una composición musical ni una manera de afinar ningún instrumento, era... La resonancia, se acuerdan de aquello que nos explicaban sobre el batallón de soldados que rompen filas para cruzar un puente, porque... Ahora tal vez ya no, porque los puentes se hacen de otra manera y los batallones no marcan más el paso, pero... Antes...

-¿Antes qué...?
-Los puentes se caían.
-¿Se caían?
-Dicen que sí, cuando pasaba un batallón marcando el paso si el ritmo coincidía con ... Porque es como una cuerda que empieza a vibrar más y más, hasta que se rompe.
-¿La cuerda se rompe...?
-No, el puente. Porque, justamente no es una cuerda, aunque se parezca.-
-Bueno. Pero eso qué tiene que ver con lo que estábamos hablando.
-La resonancia. Cada vez que una vibración llega hasta una cosa que puede vibrar en esa misma frecuencia, o que ya está vibrando, la energía de la vibración aumenta, es cada vez mayor. El pensamiento también tiene su energía aunque sea muy pequeña...
-¿Una cuerda que se hace vibrar con el pensamiento?
-Dice mi abuelo que las cuerdas siempre están vibrando aunque sea con muy poca energía. Si ponemos nuestra mente en resonancia podemos aumentar y manejar su vibración.

Distraídamente las manos de Manuel habían tomado unos lápices de colores y un bloc de hojas que por casualidad había olvidado Margarita sobre la mesa de la cocina. Tarareando ahora su plagio de la canción del Cuarteto de Nos, Yo no Quiero ser Normal, los lápices bailaban sobre la primera hoja, temblorosos pero divertidos:


viernes, mayo 29, 2009

698. Pedos en bolsas

Con el manubrio chanfleado por el golpe, las piernas doloridas y la cara ardiendo, solo consiguió dirigir el artefacto de dos ruedas por arenales y cuesta arribas, gracias al momentáneo entusiasmo que la posibilidad de reiniciar la comunicación con su abuelo le había provocado.
Llegó exhalando brutos resuellos y con la voz llamando a Magda mientras desde la puerta abierta ya estaba viendo que quien estaba sentado en el taburete verde no era la flaca sino Giorgionne de perfil, chupando tranquilamente un mate.

-¡ Es el abuelo, ya está todo claro !

Para él lo estaba.

Giorgionne, descartó de inmediato su tonta interpretación de aquello fuera una burla a sus cuarenta y pico de años. Por otra parte el muchacho se veía como pasando por un pico de euforia.
Pico. Palabra en común en dos pensamientos distintos que le dan sentidos distintos. Primero una cantidad imprecisa. Pico. Cuantitativo. Y después... "...un pico de euforia". Algo mayor en altura, supuestamente en un gráfico, o sea... Bueno... también cuantitativo.

(hubiese sido más bonito siendo cualitativo, yo creo, porque muchas veces, como en esta, se entrecruzan conceptos, ejemplo: burla con euforia, frente a la repetición por el otro lado: pico, pico. O sea que hay un pico que es burla y hay otro que es euforia...)

-Digo que los olores... me los manda mi abuelo... son una forma de comunicación!

Hasta gracioso. El abuelo envolviendo pedos en bolsas de nylon...
Ah, los olores aquellos que le venían...Dice... que son mensajes del abuelo que estaba en el otro mundo pero le ayudaba...
Sustituyendo la figura del padre ausente...

-Si se juntan las iniciales de los nombres de los olores aparece un mensaje.


jueves, mayo 28, 2009

697. MANVEL

Julieta le saludaba ya desde media cuadra cuando la oleada maciza de olor a mierda le dio de lleno en la cara haciéndole perder el equilibrio. Cayó Manuel enredado con el manubrio de su bicicleta y arrastró algo más que la mejilla izquierda y la rodilla derecha por la gravilla hasta detenerse, girar el cuerpo, y ya sentado agarrarse la cara con las manos.

Julieta gritó y corrió levantando el otro brazo casi a las risas pero preocupada.

El fuerte olor a ajo que sobrevino resultó como un alivio. Tampoco la sangre parecía ser mucha y a pesar del fuerte ardor comenzaba a reírse de su torpeza cuando una ola de naftalina le sumergió en el olvido del ropero de su antigua abuela. ¡Qué olor tan viejo y oscuro!
Pero enseguida una oleada húmeda, como si metiese la cabeza dentro de un barril de vino, y después caminase por un monte de eucaliptos, o ahora estuviese rozando la nariz con un limón recién cortado.

Julieta se detuvo junto a él preguntando cómo estaba.

-¡¿MANVEL?!

No llegó ella a comprender qué pudiera querer decir, pero se alegró de que hablara. Muchas veces, después de un porrazo decimos cosas inesperadas en vez de La Puta Madre.

-Vení a lavarte y desinfectarte.
-¿Porqué Manvel en vez de Manuel?

Ella le estiró una mano para que se tomara.

-¡Esto es cosa del abuelo!

Miró hacia la casa para ver si Rulo se aparecía. Dudaba de tener fuerzas para levantarle.

-Sí, ha de ser el abuelo Avelardo... pero... ¿por qué Manvel?

Era patético verle con la cara cubierta de tierra y esos rayones de sangre media seca, con la mirada perdida y las piernas abiertas sobre la calle, junto a la bicicleta.
Pero de pronto se levantó y la levantó.

-El abuelo me está llamando. Después vengo, Julieta. Quiero que la flaca me ayude...