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miércoles, noviembre 26, 2008

Recuerdos del Futuro

Rulo extrajo billetes de su bolsillo y liquidó los mencionados haberes sin chistar otra cosa que el consejo de que se tomara unos días todavía de descanso, no fuera que el trabajo le pudiera reavivar ese problema que le había dejado K.O. durante los últimos quince días. Si le parecía, mientras él se pusiera en contacto con el tipo ese y arreglara los detalles. También que podría ser importante no olvidar la cita con ese psicólogo, por lo que fuera, considerando que lo que le había pasado no era cosa común.
Manuel le propuso tranquilidad al respecto, que se encargara no más del negocio, que no le mirara demasiado el escote a la esposa del tipo y que si se ponía a revisar las rutas de la humedad por las paredes, tuviera especial cuidado en no apoyarse en la alacena que colgaba de la pared de la cocina.

-En cuanto le hagas fuerza se te cae encima y vos con ella arriba de esa señora que anda con muchas ganas de sentir algo. El marido es un milico retirado, de la pesada, amigo del comisario y de los hombres grises del ministerio de defensa.

La cara de Rulo parecía no terminar de empalidecer.

-Otra cosa. Si vas al garaje al buscar la escalera tené cuidado con un rollo de alambre de acero que hay a un costado, que podrías engancharlo al sacarla, y rayar la pintura de la Cherokee azul metalizado. Si subís a revisar el tanque tené cuidado con los contactos del flotador, patean. Si te caes no te agarres de las tejas, se sueltan. Pero si igual te pasa todo eso no rajes, el tipo es medio idiota y si te sigue de atrás no va a ser para matarte sino para ofrecerte más trabajo. Su mujer le pide cosas y él busca alguien que quiera hacerlas.
-¿De qué estás hablando, primo...?
-Del futuro.
-¿Te has vuelto vidente?
-No... Pero sé lo que te digo. Ja. Tantas veces me has dado consejos... Bueno tu otro yo, el de mi mundo que no ha de ser muy distinto que vos... Y vos a mi otro yo, seguro, sin que nunca te los pidiera, porque... ¿nunca te dijeron que sos medio sabihondo? Te lo digo de onda, no para molestarte. Vos por lo general venís de vuelta de todo y de todo sabés cómo hay que encararlo. Ja, esta vez estás medio asustado, no? Tu primo se ha vuelto loquito y habla cosas que no podés entender. No te preocupes, yo me sé cuidar.

Las muchachas volvieron de la cocina mucho más distendidas. Habiendo revisado los distintos aspectos del problema concluían en que el tratamiento debía hacerse en base a paciencia, amor y sexo. Eterna receta trasmitida por las viejas matronas desde tiempos inmemoriales. Paciencia para esperar, amor para optimizar, y sexo, dosificado sabiamente, para mantener vivo el interés.

-¿Nos vamos, Manuel? Tenemos que comprar algunas cosas para cumplir con la dieta que te mandaron...

martes, marzo 25, 2008

498, ¿De qué hablabamos?

Justo entonces sonaron suaves golpes de nudillos en la puerta cerrada. Era la funcionaria que amablemente venía a requerir información sobre el paradero del sujeto que se había negado a hacer la cola correspondiente. Las normas eran estrictas en el sentido de no despilfarrar los recursos del ministerio y ya debería saber el señor licenciado que le estaba terminantemente prohibido hacer beneficencia con los dineros públicos. Ella, por ejemplo se ganaba a conciencia su sueldo impidiendo cualquier tipo de irregularidad en cualquier cosa que llegara a su conocimiento...
Giorgionne, que había quedado con media cabeza asomada al borde de la apenas entreabierta hoja, la retiró justo a tiempo para sentir el golpe de las maderas, que no de la cara de aquella funcionaria ultranacionalista, que ya le tenía harto. Volvió algo perturbado.

-¿Qué era lo que me estabas contando...?
Manuel no contestó en seguida. Sentía que la sangre se le venía a la cabeza. No podía creer que todavía hubiesen funcionarios de esa categoría. Guardianes, como perros Rodwiller, de la propiedad privada representada por el estado, mezquinos de repartir lo poco que ha quedado después del robo.
-¿Siempre te trata así?
-Te parecerá ridículo, pero tiene razón. Ella cumple al pié de la letra con las instrucciones que bajan del ministerio. En los últimos meses han logrado bajar la atención de pacientes en un sesenta por ciento... con el agregado de tres pasos intermedios nuevos. El carnet de indigencia involuntaria, que se gestiona en el ministerio de industrias. La declaración jurada ante escribano público de no poseer bienes suntuarios como televisores o calculadoras de bolsillo. Y después el clásico carnet de asistencia que ahora se consigue por sorteo o licitación. Más un sobreprecio si lo querés con tapa de cartón.... Disculpá, me fui de tema... ¿Que era lo que me estabas contando...?
-Me estás diciendo que el país a vuelto al capitalismo salvaje?
-Ja! Y cada vez más.
-Pero, desde cuando? Por lo menos en la última elección antes de la revolución, había ganado el Frente.
Giorgionne se pasó la mano por la frente, ahora acalorada.
-Uy, muchacho...! Bueno volvamos a nuestra conversación anterior. Decías que conocías todo sobre mí. Será eso seña de que de alguna manera te importo... Me viniste a buscar...

-Antes pasé por lo de Ernesto y me había encontrado con Dengue y el Cholo... No sé mi madre dónde está?
-Y supusiste que un sicólogo te podría ayudar a encontrarla...?

Manuel se impacientó.

-Qué sicólogo, Vittorio! Te vine a buscar porque sos el compañero de mi madre, y... se supone que escaparon juntos de la caverna, cuando... Pero, decime, nada de estos te hace recordar ninguna cosa?

El licenciado se asombro del asombroso parecido que mostraba Manuel con una persona muy dueña de su realidad.

-Manuel, deberíamos acordar que todavía no se ha demostrado que mi memoria sea la que falla...

Aunque no quedara ninguna duda... El delirio mostraba tener un desarrollo amplio, con más de dos niveles lógicos de desajuste, metido allí en este joven aparentemente de buena inteligencia y menguados recursos.

-Yo de todas maneras te podría atender dos veces por semana aunque la señorita del frente patalee. Tal vez haya también en vos algunas cosas mal archivadas...

Manuel suspiró, se dio vuelta y apenas dejó un saludo.




domingo, enero 07, 2007

175: ¿Funcionario del Ministerio?

Resultó ser que el Roque y el Dengue estaban allí en calidad de refugiados. Habían quedado en la casa de Manuel después que todos salieron a las corriditas para el monte. Y se habían seguido quedando, por hablar entre ellos algunas cosas, incrédulos de todo aquel juego de peligros y luces apagadas, hasta que un relumbre encima de la casa les hizo entender que les habían hablado en serio. Claro que entonces no sabían que hacer, si salir rajando o quedarse quietos atragantados de susto bajo la mesa, mientras pequeñas pelotas de luz recorrían la casa y desde la radio, que había quedado prendida en la estación de las cumbias, sonaban ahora canciones de navidad y música sacra. Cuando el relumbre, cesó corrieron a los tumbos por dentro del monte hasta el rancho del Cholo –era lo más cercano- que encontraron abierto pero sin el Cholo, al que esperaron casi sin hablar, al oscuro, tirados sobre el colchón en el suelo hasta que se quedaron dormidos.
El Cholo fue el que más se rió. Descargaba tal vez las tensiones que había soportado su cabeza que aunque abierta no era muy proclive a las fantasías ni a replantearse a cada rato su lugar en el mundo.
-Estamos prisioneros, carcelero. –Digo canturreando.
-Y a nosotros nos vinieron a buscar a casa unos tipos armados!
-¿Policías?
-De traje gris y pistola de esas grandes. Rompieron la puerta a patadas.
-¡A la mierda! Otra vez el tipo ese…!
-Sí era el mismo.-Afirmó la Magda.
-Esperá!-gritó Manuel cerrando los ojos y levantando una mano en diagonal como un juez de algún deporte que quisiera detener el juego. Su cabeza le tiraba flashes con una reiteración tan violenta y rápida que no llegaba él a recordar más que alguna foto de entre todas. Eran algunas desagradables como… Los cadáveres entre los hilos incandescentes en el incendio. Atemorizantes como…El arcángel Filiisdei tomándole el juramento sobre la pirámide. O recientes como el propio sorete del Ministerio muy metido en su traje gris, ancho de hombros y delgado…¡Como un ángel! ¡Sí! ¡Es un ángel vestido de hombre!
-Sí. Es un ángel vestido de hombre!
-¿Qué…?
Atropelladamente Manuel trató de hacerles entender que el tipo del Ministerio era un ángel disfrazado de hombre. Que él lo decía con conocimiento por haber estado frente a varios ángeles y que tenían ellos una cosa que era difícil de explicar pero que se sentía cuando la distancia achicaba. Una sensación de aplastamiento del pecho, como un desánimo, como unas ganas de no acercarse a ese sujeto o más bien alejarse todo lo posible.
-Es un rechazo natural que te sale de adentro…
El Cholo estaba atento.
-¿Un ángel trabajando para el Ministerio de Defensa?
-Según Mujica, -acotó la flaca- el tipo desapareció del Ministerio y nadie lo encuentra.
-Y se había registrado con tres nombres distintos.
El Roque logró preguntar por fin qué querían decir cuando decían ángel. El Dengue, con la naturalidad que da el no haber entendido nada le preguntó que cómo que querían decir y de corrido contestó que un ángel, un angelito de esos que vuelan y tiran flechitas a los enamorados. Cuando le dijeron que no era así y le explicaron qué era en realidad un ángel, el Dengue se asustó mucho. Porque una cosa es creer en esos niños gorditos que no le hacen daño a nadie y otra cosa…


(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n.1)

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domingo, diciembre 17, 2006

157: Secreto Militar Uruguayo

Después de despistar a los perros llegó corriendo al rancho del Cholo Ramirez que por casualidad estaba en casa.
-¿Qué te pasa que venís tan apurado?
-Me persiguen.
-¿Quién te persigue?
-La cana y el Ministerio.
-¿En serio? ¿Qué Ministerio te puede perseguir?
-El de defensa, boludo. Parece que me creen terrorista…
-¡No me jodas. Quién te va a creer terrorista a vos?
-El Pepe Mujica, nada menos!
-Andá a cagar! ¿Con qué te estás dando, pelao?
-Uno que estaba con el Pepe llamó a los patrulleros y él ni pestañó.
-¿Y vos qué habías hecho?
-Nada.
-¿Cómo nada…?
-¡Es que yo sé un secreto, boludo!
-¿Alguna transa de la policía?
-No algo mucho más groso…
-¿Qué cosa?
-Y… Un secreto militar…
¿Cómo podría tener el Uruguay algún secreto militar cuando el ejercito sólo se ha usado para darle palo a la gente? Y eso no era ningún secreto.
-Me persiguen Cholo. Esto no es joda. Escapé corriendo de casa antes de que me cerraran la manzana…la flaca quedó allá…
-¿Se la llevarán a ella…?
-No. No creo, estaba con varias personas más…
-Pero Manuel, explicame! ¿De qué te acusan?
-De haber visto algo que ellos dicen que no existe.
-¿Y qué era eso?
-Un avión secreto que remonta de una base aérea de Durazno.
-¿Un avión secreto uruguayo?!
-No boludo! Te estoy hablando en serio. El incendio de ayer se produjo porque hubo un enfrentamiento entre dos o más naves y una cayó a tierra. Después bajó verticalmente ese avión secreto y no sé cómo, recogió todos los restos.
-Y por ver eso te van a querer llevar preso?
-Loco, es un secreto! ¿No te das cuenta de que nunca se dijo que hubieran aviones extranjeros…? ¡Y menos ese tipo de aviones!
-¿Otras personas vieron lo mismo?
-Varias pero yo me desboqué frente al Pepe y al tipo del Ministerio de Defensa.
-Sabés que me contaron que hubo otra persona que vio eso? Ahora que lo decís me acuerdo. Todos se reían porque es alguien que siempre anda mamado. Es conocido tuyo, el Dengue…
El Dengue había entrado a la madrugada a la trastienda del boliche de Luque dónde había timba de monte. Nadie le creía lo del avión con forma de cucaracha que se había metido dentro del incendio. Ni siquiera le habían creído que hubiera ningún incendio.
-Bueno, Cholo, pero ahora me persiguen a mí y yo no me pienso entregar a esos torturadores!
-Quedate acá, muchacho! Yo voy al comité de base a ver si averiguo cómo está la cosa.
-Ni se te vaya a ocurrir decir que me viste!
-Quedate tranquilo, no soy tan tarado.
El Cholo se fue y Manuel quedó solo en el rancho. Era un rancho clásico de terrón y paja brava, con dos cuerpos. Uno para vivienda y el otro para taller de los muchos oficios del Cholo.
En el cuarto habían muchas cosas coleccionadas al acaso, puntas de flechas, un diploma de electricista, una imagen del cacique Zapicán, muy agrisado por el tiempo que hacía que no lo limpiaban, unas boleadoras colgadas de los palos del quincho con un alambre negro… Algunos libros sobre un banquito contra la pared y más arriba un banderín rojo y negro en el medio de la gran bandera de Otorguez…el retrato de una mujer sonriente…Un cuero de oveja en el suelo junto a una de las camas. Una guitarra…
Manuel agarró la guitarra. No sabía tocar pero se la colocó sobre las rodillas y puso la izquierda, de memoria, dónde la ponen los guitarristas. Se imaginó tocando frente a un público que hacía silencio. Un silencio grande para que su voz se pudiera derramar sobre las cabezas y los corazones que él había estado auscultando… Porque se imaginaba que la canción que iba a cantar, más que música , iba a ser un lugar lleno de sentimientos… Como si fuera Fernando Cabrera

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