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viernes, noviembre 07, 2008

622. ¿No habrá sido él?

Es posible que haya abierto los ojos, porque algo en él se abrió de pronto y de par en par a todos los sentidos simultáneos. Cataratas de sensaciones le inundaron y sacudieron al mismo tiempo que el beso primordial continuaba según sus más profundos deseos. Los labios sentidos en toda su tierna realidad de calor y delicioso tacto corrugado, el perfume aquel, nunca olvidado de las más antiguas flores abiertas en el aire de las noches, la humedad... La luz que ahora a raudales le inundaba en orgiástica tocatta, el cuerpo todo que revivía de forma violenta latiendo a todo vapor, la respiración que tragaba resuellos insaciables y por cierto el sexo que ahora también despertaba reclamando su lugar. Estaba vivo por cierto y aquella era su flaca de siempre! La impagable, que acababa de hacerle saltar desde la grisura de la inexistencia a la vorágine de la vida.

-Flaca!

Vino desde el costado una enfermera blanca a controlarle la sonda del suero. Magdalena le acariciaba las mejillas. Él sentía necesidad de preguntar todo pero el corazón le reventaba en el pecho y de pronto se estaba mareando.

-Qué me pasó? Por qué estoy aquí?

Magda, con un gesto le pidió una pausa. La enfermera se retiraba...

-¿No te acordás de nada...?
-Y... lo último... que estábamos volviendo de A Bur Na Bar... la carpa aquella...

Magda en silencio le palpó la frente.

-En tu casa. Te encontré tirado en el piso del baño.
-¿En casa...? Qué raro... No me acuerdo de haber llegado. ¿Y vos, no estabas conmigo...?

Vino un médico con comentarios alegres, los de siempre. Le tomó el pulso, le miró un ojo estirando el párpado. Apuntó cosas en una libretita y murmuró otras hacia la enfermera.

-Haz estado mucho tiempo inconciente...
-¿Qué me pasó?
-No se sabe... Los estudios dan resultados normales. Estabas caído, desnudo, pero aparentemente no te habías golpeado al caer.
-¿Y Satanás...?
-¿De qué hablás...?
-Digo. ¿No habrá sido él...?
-¿El que qué...?
-...el que me tiró... que me hizo algo y me dejó incociente...
-...

La enfermera estaba de vuelta quitándole la mariposa del suero en la muñeca. Había escuchado parte de la conversación pero apenas movió la mirada en silencio de uno a otro. Cuando por fin se fue, Manuel arremetió con sus preguntas. Quería ponerse al día. Si era que había estado inconciente entonces... qué había pasado en aquella vuelta de Galilea traídos por Jesús dentro del receptáculo formado por las líneas de guiones. ¿Habían llegado sin inconvenientes? Ernesto ¿Se había seguido quedando con Rommel, el pequeño zorrito que se les había colado? Jesus, ¿Estaba todavía con ellos, en la caverna, aconsejándoles sobre el mejor modo de defenderse de Satanás?

En vez de contestar los labios de Magda temblaban y sus manos apretaban sin motivo las de Manuel.

-Esperame un momento. Tengo que hablar con el doctor...


martes, febrero 19, 2008

476 NI CHICHA NI LIMONADA

No llegó a abrir los ojos en este mundo. No era ya necesario, lo supo al darse cuenta de que habían cesado todas las sensaciones corporales. Ni temperatura, ni pulso en las venas de la sien, como hasta el instante previo, cuando vislumbrara el abismo que se abría entre la imponente pretensión del animal y los ingenuos planes que anidaban en las mentes de sus amigos. Ya estaban a salvo. Disponían de tiempo para encontrar la vía de escape a la sorpresiva encrucijada... Primero, encontrarse. Como anteriores veces, con el pensamiento... y el sentimiento... en ese ámbito, o mundo sin dimensiones ni materia...
-(Magda...)
Después, encontrar la mejor estrategia para evadir los peligros que la locura de este poderoso sujeto les venía a significar...
-(Cholo...?)
Daba por descontado que nadie , ni siquiera la mayor de las Bronté, iba a querer continuar el diálogo anterior, con este sujeto tan loco...
-(Ernesto...¿estás ahí...?)
...que pretendía dividir el universo en dos bandos, más parecidos que distintos y tan asquerosos uno como otro...
-(¿Vittorio...?)
Se comenzaba a preocupar. ¿Por alguna razón sus amigos no habrían podido refugiarse dentro del punto? ¿Estarían aún frente a frente con la impresionante figura de Satanás y su trasfondo de berreantes majadas colorinches...?
-(Vieja...)
Debía mantener la calma. De un momento a otro se iba a restablecer el contacto. Quién sabía... No él, por cierto, cuales eran las leyes y las limitaciones de ese extraño mundo donde sólo podían habitar los pensamientos... las emociones...los sueños... pero no los cuerpos, ni las cosas, ni siquiera los colores...
-(¿Hay alguien ahí...?)
...por decir lo menos, ya que ni siquiera -ahora se daba cuenta- podría decirse que aquello era un reino oscuro... ni por supuesto claro, o intermedio. No lograba determinar si allí había claridad u oscuridad. Podía, sí, recordar lo que era un ambiente luminoso u otro oscuro, pero... Aquello, lo que le rodeaba, no era ninguna de esas cosas, ni otra distinta tampoco... Ni chicha ni limonada, ni lindo ni feo, era... simplemente un lugar solitario.




sábado, diciembre 15, 2007

446 NO HAY GUERRA BUENA


Nerviosamente miró a su abuelo, al Cholo, a Mandinga otra vez… Observó al Dengue, cómo se recostaba en uno de los saledizos de la nave y fingía estar mirando por uno de los ojos de buey las redondas nubes del verano, tal cual que si estuviese tirado a la sombra de un árbol frondoso y mascando un tallo de hierba mirase las vacas que pastaban sin otra cosa que hacer. Como Dengue se podía imaginar a millones de muchachos que sobre el planeta esperan turno para comenzar a vivir… Observó la catadura del chumbo, con su mandíbula apretada y los ojos vidriosos, en plena lucha, continuando su lucha de uno contra todos, despareja, injusta, desesperanzada pero sin claudicaciones… Se detuvo en la flaca, su entrañable flaca, siempre al pié del cañón, adaptándose a la extraña vida que le había tocado por culpa suya, sensible pero contenida, inteligente pero postergada. Ernesto… Ese extraño niño grande que no ha dudado en perder toda su fortuna para brindársela a la humanidad… Margarita, su madre hippy… Abelardo, su loco, loco abuelo, más genio que Einstein y más idealista que un adolescente solitario…


Llegaban al término de las escaramuzas. Para adelante estaba la guerra. La verdadera guerra, aquella de la que ningún combatiente sale del todo indemne… ¿Tenía acaso él, algún derecho a mandarlos a al combate?


Se decidió a hablar.


-No hay guerra buena. Tampoco es bueno vivir de rodillas. Propongo que mandemos toda la información que tenemos a las comunas de América y dejemos que ellos resuelvan.


Cholo advirtió que toda América y gran parte del resto del mundo ya estaban informados por Las Bolas de Manuel, sus repetidoras y comentaristas.


Ernesto objetó que había mucho más información que la que nunca se hubiese publicado.


Abelardo, que no tenía sentido decidir sobre lo inevitable.


Margarita prefería que se hiciese el amor y no la guerra.


El Cholo filosofó sobre la vida. No lo era, según él, aquella que no se basara en la dignidad.


Chumbo no quería aflojar ahora que ya los tenían dominados.


Mandinga tampoco.


Magda y el Dengue dijeron que fuera para lo que fuera irían a dónde Manuel.


Manuel se sentó en el punto de comando de la nave. Respiró hondo y dejó que todas las vibraciones concéntricas bañaran su mente y su cuerpo, las concentró como en una bola de luz enceguesedora y la lanzó vertiginosa en todas las direcciones que les rodeaban.


Todos sintieron el nudo que se les desataba en las entrañas. El camino a la caverna estaba nuevamente despejado.

domingo, abril 08, 2007

264: COMIDA FRÍA


Bajó Manuel de la bola y dijo que ya estaba. Miró a Magda a los ojos y aún sabiendo el resultado, le posó la palma sobre la frente para sentir la pulsación de la luz interior. Le dijo: Elegí la tuya.
Fue Magda y apagaron las luces. Vino luego sobre ellos hamacando los costados y brillando con una rosada luminiscencia. Tres destellos bastaron como prueba.
Le siguió Cholo. Su frente quemaba como de fiebre y no precisaba explicaciones. Su saludo vino con el canto de gallo negro.
Dengue en cambio brillaba en la gama del rojo al verde.
Todos pasaban la prueba a las once de la noche. Las instrucciones estaban dadas, el ánimo templado. Era hora de salir.

Aquel día 7 de febrero del 2007, la oscuridad de los pinares escupió en silencio nueve carozos luminosos de aceituna. Se elevaron (los carozos) en la verticalidad de los humos de los valles sin viento y allá arriba, abrieron el pimpollo de la rosa, giraron lentamente y enfilaron vertiginosos. Como manada de espermatozoides enterados de la llegada del óvulo, hacia el mayor conglomerado humano de la zona. Montevideo.

Montevideo se vio sorprendida hace momentos -anunció la voz del conocido telenoticiero- ante la invasión de sus cielos por cientos de luces ovoides que realizaban extraños movimientos parecidos a un baile. La gente salía a la calle tratando de esquivar los postes y los cables con la mirada para ver. El tránsito se atascó. La comida, la más de las veces, se enfrió servida en los platos. Por algunas ventanas abiertas asomaron parejas aparentemente desnudas mientras otras en otras ventanas, no se enteraban.
Un muchacho señalaba con el brazo extendido cuando bajó el cordón de la vereda y el bocinazo le sacudió las orejas.
-¡Se fueron! -
Una señora abrió su paraguas cuando aparecieron sobre las cornisas de la iglesia del Cerrito. Iban alto sobre el fondo de estrellas y se tiraban en hilera como si fueran Stukas pero sin el ruido ni soltar ninguna bomba. Era sólo para abrirse en flor sobre los techos y volver a elevarse junto con cientos de miradas que abandonaban lo que estaban haciendo en los patios después de la cena o durante.
La televisión suspendía sus programas. Las cámaras miraban para arriba, los autos quedaban abandonados en sus puertas abiertas, también las casas.

Sobre la medianoche se pasó al movimiento final del arrastre humano hacia la Plaza Independencia. Ahora eran tres columnas las que confluían. Llegaron a las 2 A.M. La gente a pie y las bolas a cien metros. La plaza estaba acordonada. En el centro de ella un puñado de funcionarios conversaban cosas diversas, pero a cinco pasos, solo, junto a la entrada del mausoleo, esta el Pepe Mujica con el celular en la mano y un pucho desgraciado entre los labios.
-¿Me decís que la columna más corta tiene veinte cuadras? ¡Y bueno...! ¿Qué te digo yo...que te he estado diciendo? Es el pueblo... No podemos cerrarles el paso!
Las barreras fueron sacadas y la plaza apenas si contuvo un diez por ciento de la multitud cuyo resto lleno la 18 aunque en el parte no haya quedado constancia.

Fue entonces que las bolas formaron aquella estrella sobre las cabezas y empezaron a vibrar entonando un estribillo que lentamente iba siendo repetido por la multitud. Una corta melodía que se levantaba por contra las viejas paredes de los edificios, esquivando carteles y cables y lamiendo las cortinas de las ventanas hasta allá arriba en las redondeces del Palacio Salvo y que se iba contagiando calle arriba y retornaba como sordos ecos en la distancia. Montevideo cantaba!

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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sábado, abril 07, 2007

263 TIEMPO DE ACCION



Cuando Manuel se dio cuenta de que todos callaban, regresó. Ya sabía que Mandinga les había dejado la pelota picando como un desafío frente al arco. Patear y hacer el gol no era difícil, difícil era saber lo que había detrás del arco de la mente de Mandinga si no era que decía la verdad.
-Bueno, yo voy a hacer la prueba. Apaguen todas la luces y esperen.
Salió a grandes pasos hacia la primera bola y se metió en ella justo cuando se hacía la completa oscuridad. Se sentó en el lugar de la mayor resonancia y esperó a serenar el pulso y la respiración que empezaba a hacerse fácil y profunda.
Después, como cuando estaba sólo en la cama, dejó que frente a sus ojos llegaran esas luces de colores que juegan a hacer dibujos, las contempló sin quererlas dominar, las dejó deshacer los cuadros más hermosos con ese telón de otro color que de vez en cuando se les antoja correr. Jugó con ellas flotando entre los colores y de a poco, fue subiendo la atención, que no lo ojos, hacia ese lugar que habita la luz, a veces destellante, a veces de claridad serena que otras se transforma en el ojo quememira. Allí, en su único lugar, sin decir palabra ni emitir gesto, ella espera desde siempre que volvamos y reconozcamos íntimamente haber estado frente a ella solo esta primera vez. Y volvemos. Una y otra vez, después de mil peripecias y zozobras que pretenden por momentos terminar con nuestra existencia o con nuestra felicidad para siempre. O nuestra congoja. Porque aunque no lo admitamos y no pensemos nunca ni un instante en que alguna vez vimos esa luz, sabemos que ella está allí esperando, más que esperando...es sólo que nosotros nos tardamos pero...cuando llegamos vemos que esos no han sido tiempos más que de la fantasía y de la diversión entre dos únicos instantes que nunca se podrán separar, tal ha sido su igualdad...
Y la contempló. Como siempre con mucha emoción y hasta un pequeño temor de... ser tragado o aniquilado por aquella claridad perfecta que no dejaba traslucir ningún pensamiento. Porque estaba. Allí frente a su mente desnuda, más ancha y luminosa que nunca, quieta y sin embargo viva, vibrante y sin embargo serena. La luz
Los de abajo empezaron a ver una ligera claridad y que en ella flotaba la bola a medio metro del suelo sin emitir ningún sonido ni quebrantar ninguna ley. La luminosidad iba en aumento y después decrecía como en ondas, como en muy lentas pulsaciones que se sucedían de manera regular. Pero de pronto la bola se elevó varios metros, casi todos los que la altura de la caverna permitía y se vino a detener frente a la reunión apenas un instante antes de empezar a hablar. Porque la bola empezó a emitir palabras que sonaban como los truenos retumbando en los cercanos montes y sacudiendo las columnas de la tierra y encrespando las delicadas superficies de las aguas que parecen quererhuir de la tormenta. No era voz sino que eran voces las que retumbaban. Como voces de ejercidos que restallaran las suelas a un tiempo sobre la dura tierra para que las voces fueran encima, cabalgando sobre el estruendo y superándolo.
Cayeron todos al piso, menos Mandinga que sin embargo apenas pudo disimular su sorpresa con la ausencia de testigos. No se tiraron, ni hubo causa aparente más que el sacudimiento interior producido por el despertarsorpresivo de los recuerdos atávicos. Desde el suelo oyeron -sólo oyeron- aquel corto discurso que salía de la bola:

"Humanos, ha llegado el tiempo de la acción."
Restallaban las botas y chirriaban las trompetas desafinadas.
"Vamos a rescatar nuestro planeta de las garras del tirano"
La multitud no hacía saludos árabes porque ya tenían las manos contra el suelo
"Ja ja ja ja...¡Tenés razón Dengue, esto es lo más!"

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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martes, abril 03, 2007

260: UNA CAUSA PERDIDA

Sin embargo Manuel ni siquiera amagó a darse vuelta para buscarla, estaba claro para él que el problema no existía, por alguna razón, o por ninguna. Lo razonable era por supuesto calentarse y salir puteando solo, para atrás todo el camino y después volverse en la moto, pero no. Eso lo tenía claro y tanto que nada le dijo a la flaca, ni al Dengue mientras terminaban de bajar el declive y empezaban a sentir el pistoneo de la Harley allá arriba, junto al aljibe donde retumbaba. Con la mirada recontó los presentes para darse cuenta de que no faltaba nadie, salvo Mandinga. El muy tramposo que los había seguido entonces, quién sabe escondiéndose como, con ese corpachón de caballo y esas rastas con aspecto de palmera.
-¡La moto! -reaccionó la flaca.
-Mandinga la trajo -le cuchicheó Manuel.

Los de la Galería abrieron paso para rodearles enseguida con miradas y silencios interrogativos. sólo Cholo se había mantenido en el lugar y ahora se disponía a hablarle.
-Yo propongo que nos hagamos fuertes.
No podía fallarle! Ese era Cholo, el negro más sabihondo que se había visto, pero valiente. Hacerse fuertes, le gustó. Como si uno no fuese fuerte y a fuerza de voluntad se hiciera. Es la voluntad, la cosa. Que a lo último nos pertenece como una punta de lanza que va abriendo el camino y acomodando las fichas en el tablero. Estaba a punto de pensar algo interesante con respecto a eso, cuando a la salida del declive tropezó Mandinga con sus propias sandalias y dio con sus huesos en el suelo levantando bastante polvo. El muy animal!
-Hagamos la del tero. Mucha bulla por ahí lejos para mantenerlos ocupados
-Y si mientras tanto nos copan la caverna?
-De la caverna no saben nada -dijo con orgullo Pepponne.
Manuel le miró con simpatía.
-Y los grises...?
-Tampoco. Estuve mirando algunos informes de ellos... Los hice decodificar por un amigo matemático.
-¿El Pepe lo sabe?
Pepponne se puso colorado. A ustedes les puedo parecer un traidor pero...mi corazón siempre va a estar con las causas perdidas!
-¿Cual causa perdida?
-¡Muchachos! Esta lucha nuestra, porque es nuestra, es mía, también... Hacerle la contra a los poderes de la tierra y los del cielo juntos! Un puñado de soñadores como somos...! Si no fuera porque me copa totalmente me tendría que dar mucha lástima.
-Pensás que vamos a fracasar?
- ¡No se! Si lo pienso no lo dudo pero... No puedo resistir a lo que me dice el corazón.
Varios sonrieron. Pepponne había dicho los que casi todos pensaban.
Manuel se aproximó al Cholo.
-Organicemos un montón de misiones partiendo de Montevideo para el norte y para el oeste, sin volver para acá, una tras de otra, volando en escuadrilla, sin chocarnos, claro, con la luz del día aunque... no podríamos llevar alguna luz adentro, que atraviese el papel y parezca...
-Que no sea un farol con fuego porque... No no creo que se pueda...
La carcajada de Mandinga les aturdió
-Perdón.
Manuel se dio vuelta.
-¿Qué...? Sabés la manera de hacerlo?
-Es que ustedes no terminan de entender que las bolas que han construido son aparatos que amplifican el pensamiento y lo vuelven poderoso... Miren, seguro que alguno de ustedes ha visto en la oscuridad lucesitas que dibujan figuras de colores y también una más fuerte adelante de la frente...Esas son luces de verdad, no son imaginación. Estando en el punto adecuado de la bola la pueden amplificar todo lo que quieran con sólo acordarse y concentrarse en ellas.

(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)

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sábado, noviembre 25, 2006

135 - Yo no veo nada.

Manuel se desesperó, aquellas cosas parecían dispuestas a no dejarlo en paz. Cuando no era el amigo del abuelo eran los ángeles.
-¿Por qué se la agarran conmigo?
-Porque sos una persona muy especial, -contesto Ernesto.
¿Qué podría él tener de especial aparte de tener tanta suerte como para que la flaca se fijara en él?
-¿Especial de salame con queso?
-No, mirá…yo no puedo ver el aura de las personas pero, ¡la tuya la veo!
-¿Qué cosa?
-El aura muchacho, el aura! Es como una luz que rodea al cuerpo de las personas y que es más intensa y hermosa cuanto mejor sea el tipo.
Se imaginó un cuerpo humano iluminado desde atrás por los faros de un auto.
-¿Y qué hacés con esa luz?
-Nada. La llevás porque es parte de vos.
-Pero yo no tengo eso…
No continuó contestando porque se encontró con los ojos de Magda que lo miraban sonrientes mientras la cabeza le hacía un sí con el movimiento. Era una sonrisa genial!
Ernesto siguió.
-Todos la tenemos pero unos pocos la pueden ver.
La flaca siguió sonriendo mientras ellos dialogaban y Giorgionne observaba atentamente el juego de significados y significantes del intercambio verbal. Le resultaba reconfortante comprobar que últimamente era capaz de percibir los distintos planos de la conversación al mismo tiempo. Era capaz ahora de disfrutar de lo cotidiano con la misma satisfacción estética que si fuera una representación del mejor teatro…sin embargo yendo a lo que se hablaba no era lo mismo.
-Yo no veo nada, -dijo.
-Yo tampoco,-remató Manuel.
Giorgionne pasó ahora a sentir un poco de vergüenza por su pobre universo de posibilidades. Todas las complejidades de la sicología le resultaban pocas o tal vez mezquinas frente a ese otro mundo que siempre se le escondía y que siempre había querido experimentar. La zona dónde habitan las almas y las fuerzas que gobiernan el universo.
Ernesto insistía.
-Ya les dije que tampoco yo veo el aura. Pero arriba de la cabeza de Manuel hay una luz que no se corresponde con ninguna iluminación.
Giorgionne observó un momento la coronilla de Manuel y luego sacudió decepcionado la cabeza.
Ernesto volvía a insistir.
-A mi me parece que pasa eso porque las vibraciones de tu alma son muy elevadas.
-¡No me rompas las bolas!
Era un punto final para el intercambio de opiniones, al menos por el momento. Pero Giorgionne ni se enteró. Estaba ya muy ocupado discutiendo consigo mismo. Se acusaba de ser un tipo excesivamente racional. Irracional. Había tenido, como pocos, la oportunidad de viajar al trans-mundo y seguía tan escéptico como un perro de presa. Claro que su experiencia había sido más bien decepcionante. Llevado y traído en una nave de pasajeros con todas las comodidades y brillos del primer mundo… y dejado estúpidamente en el mismo momento y lugar. Para él otro mundo era sinónimo de inmaterialidad de espiritualidad y no de butacas super pullman…
Ernesto quiso hacer un cierre amable.
-No te enojes, Manuel. Es que aunque no quiera confirmo todo lo que me había dicho tu abuelo de vos.
Una mirada fulminante de Manuel, ahora sí fue suficiente. Ernesto dejó de hablar pavadas.



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