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miércoles, julio 29, 2009

717. El Brindis

Largo rato estuvo Manuel caído sobre la cama, filosofando sobre esas y otras cuestiones que le llegaban sin pausa luego de sobrevolarle en espera de que terminara de atender las anteriores. Por eso no advirtió que los contornos de las ideas se iban poniendo borrosos y hasta tal vez mezclados de elementos que no venían ni por casualidad al caso. Aquella mancha de humedad en el techo, que se volvía ave de enormes alas abarcativas de conceptos contradictorios... Esos duendes que no cesaban de aparecer a recordarle (engañosamente) cual era la línea de pensamiento actual... La tonadilla de su blue que aun continuaba con su tiovivo en segundo plano...
Se quedó dormido.
Tan dormido que cuando apareció Magdalena y empezó a hacerle cosquillas en la planta de los pies descalzos, y después a lo largo de la pierna enfundada en el vaquero, y en la cintura y después el pecho... No dejaba él de creer que aquel dulce Universo había decidido ser por fin el suyo, dejando de lado las dudas y los problemáticos problemas que hasta entonces en el otro, aquel escabroso e incomprensible, le habían mantenido jaqueado, impidiéndole el ejercicio de la felicidad.
Por eso no quería despertar. Es decir dormirse dentro del sueño o pesadilla de la que se acababa de despertar. Quería seguir despierto en la cosquilla suave que poco a poco efervescía su sangre dispuesta para el entusiasmo del brindis festejado en aquella su copa predilecta, la Magdalena.
Ya venía siendo tiempo de beber otra vez de la fuente insondable de las tibias aguas. De nadar en el mar privado de la felicidad. De compartir las pieles y disolver los cuerpos en uno solo, que se expansiona en la morosa satisfacción de todas las ansias antes de que lo pidan, ni que lo esperen.
Casi ni importa ya, si esto es el sueño o el despertar, porque mientras siga fluyendo... El Universo, fuera cual fuere, tendría permiso para seguir existiendo como un adecuado paisaje que contuviera en su seno la fiesta serena del almuerzo campestre.
Pero también la pasión. Y los labios mordidos y la saliva en el cuello, mientras los pezones enhestan su monte de Venus mil veces lubricados por los labios, y el falo relame, entre relinchos, las umbrías oquedades de la delicia


martes, julio 15, 2008

567. Gusto a Sangre

Magda confesó no saberlo y que justamente eso le preocupaba. No puedo recordar sin que se me entreveren recuerdos que no tienen nada que ver y hasta... cosas que nunca ocurrieron!

-Pero... ¿te sentís mal por algo?

Se exasperó.

-No me siento mal. Tampoco me siento bien. ¡Es que no me siento de ninguna forma, Manuel! Nos tienen dopados.
-¿Dopados...? ¿Como nos van a tener dopados...?
-¿No te parece posible? Bueno, mirá lo que voy a hacer.

Levantó la mano derecha y se metió la carnosidad que hay entre el pulgar y el índice dentro de la boca. Empezó a morder cada vez con más fuerza. Con mucha fuerza, hasta que los dientes se vieron rodeados de sangre. Manuel le obligó a soltar.

-¿Qué hacés? Te has vuelto loca flaquita? Mirá te lastimaste, vení... vamos a...

Magda se soltó y se puso en su camino.

-Pero es que no me entendés. Me mordí hasta cortar la carne sin sentir ningún dolor...¡Nos tienen dopados!
-... tal vez estés enferma...
-No, Manuel. probá de morderte y vas a ver.

Manuel probó. Cuando sintió el gusto metálico dentro de la boca soltó y atónito quedó mirándose la mano lastimada.

-¡Las amapolas! Esa leche que largan...
-Sí, pero eso no es todo. Decime a ver, ¿cuantos días hace que estamos presos aquí?

Era imposible. A Manuel le parecía que tal vez no fuese tan importante, que tal vez era mejor así, dejar pasar el tiempo, total, veinte años no son nada, mientras estuvieran juntos... de esta nueva forma que... aunque ciertamente se sentía tan excitado cuando le acariciaba el rostro o como ahora le tomaba la mano... ¿Por qué sería que después se iban a dormir cada uno a su colchón...? Tan cansados no podrían estar... Sí, Magda tenía razón, algo raro les estaba pasando...

-A vos te parece que en la comida... o en el agua...?
-No lo se. Me acuerdo que de las amapolas se extrae el opio, del opio la morfina y, de la morfina, la heroína.

Sintieron una voz susurrante a sus espaldas.

-Sigan, sigan, conversen caminando a lo largo de las líneas. Nos controlan por los sombreros desde las atalayas.

Era una interna diminuta que parecía trabajar a pocos metros de distancia bajo su inclinado sombrero chino.

-Me llamo Jarumi. Ustedes están en lo cierto. El problema no es sólo el látex que largan las adormideras. Pertenezco a un grupo que hemos conseguido guantes de goma para trabajar. Mi familia es de esta zona, me los hacen pasar pagando coimas a los funcionarios. ¡Sigan, por favor, sigan arrancando capullos, caminen...

Ellos aceptaron el consejo comenzando a avanzar en líneas paralelas, pausadamente, hamacando el cuerpo y los sombreros igual que un rato antes, mientras observaban de reojo a la muchachita de rasgos orientales que le venía conversando.

-Estas no son plantas comunes. Son transgénicas. El látex de estas plantas contiene un porcentaje de morfina muy alto. Mis padres son floricultores y conocen de esto. Pero estamos insensibilizados y atontados por el opio que respiramos en los dormitorios.
-¿Los sahumerios...?
-No son sahumerios. Son vapores que entran por unos respiraderos que están en las paredes. Se producen en unos zótanos donde hacen hervir un pegote de este látex. Tenemos que organizarnos...