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martes, agosto 25, 2009

728. ¿Anduviste en las macumbas?

Dengue se había puesto a mirar por la ventanilla los troncos de los árboles que de su lado pasaban repiqueteando su ritmo silencioso, seguramente iba recordando algo, o dando vueltas alguna idea relacionada, una indecisa idea, algún temor en particular... Porque se le veía como entonces hundido en sí mismo, sin deseo de seguir hablando o, al menos, momentáneamente incapaz de hacerlo.

...me habló de vos...
-Ah. ¿Y qué te dijo?
-Que vos también eras...
-¿...del otro mundo...?
-Sí.

La mirada de Dengue planeó rápidamente por la cara de Manuel y luego se refugió bajo las cejas.

Manuel se quedó considerando la forma en que debería explicar lo que era necesario explicar. Porque...

-Estuve por allá por accidente... Me llevaron...
-Anduviste en las macumbas? A mi siempre me dieron miedo.
-No. Apareció un huevo hueco, me caí adentro y... me llevó.
-¿Un huevo?
-Una nave. Teledirigida. Me raptaron...
-¿Y a donde te llevó?
-A ese lugar donde vivía ese otro Dengue. Igual a vos. Todo era igual que aquí... Bah, casi igual. Algunas cosas eran distintas.
-¿Ahí estábamos todos repetidos... vos también?
-No. Yo no, y nunca me expliqué por cual razón. Yo no estaba repetido. Mirá... todo eso es muy difícil de explicar, pero era un lugar muy lindo donde la gente se ponía de acuerdo con más facilidad que aquí. Lo malo fue que enseguida empezamos a ser atacados por unos seres... Sí, no te rías. Así ocurrió como en las películas de alienígenas...
-Enanitos verdes?
-No ángeles del cielo. Algunos hasta tenían alas, aunque...
-Andá, Manuel, yo ya te estaba creyendo! Ja ja. Qué hijo de puta que sos!
-Te estoy diciendo la verdad. No estoy jodiendo. Los tipos usaban alas para darse importancia porque eran unos estúpidos que obedecían cualquier orden que les dieran...
-¿Quién los mandaba?
-Uno que se hacía llamar Dios y que tenía una corte llena de alcahuetes por algún lado de esos espacios llenos de estrellas.
-Y cómo te volviste. ¿Disparando de la guerra?
-No. Yo me dí cuenta de que esa no era mi Tierra recién hace poco. Yo creía que estaba aquí. Nunca quise volver. Me tiraron para acá...
-Los ángeles esos?
-No. Otro que les ganó la guerra. Otro que también se cree Dios.

En ese punto de la conversación tuvieron que pararse porque ya estaban en Lagomar. Bajaron juntos de acuerdo en ir a tomar unos mates a la casa de Manueld, Y tal vez a comer, si en la casa quedaba algo.






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viernes, agosto 29, 2008

591. El Domo

Sólo salió Manuel de sus cavilaciones cuando sintió la caricia que Magda le había venido a hacer.

-¿Qué te pasa flaquito...? ¿Algo te preocupa?

Ya no le preocupaba nada, ni nada le ocupaba la mente a no ser el contacto de la mano de Magda sobre su pecho. Estaba ella allí, junto a él, como siempre, calor y vida y ese brillo en la mirada que...

Más atrás se veían las múltiples órbitas de los alambres, circulares o elípticas, con las gruesas cuerdas de las resonancias, puestas y aceptablemente tensas cada una en su lugar. Los nipones miraban todos en dirección a ellos, con los baldes de engrudo, los fajos de diarios... como pidiendo permiso para comenzar a reparar, construir casi, toda la forma del enorme huevo.

-Te dejamos la décima cuerda para vos.

Allá fueron. Magdalena a dar instrucciones sobre la forma de en que la carcasa se debía afirmar sobre los alambres externos y Manuel, a subirse sobre los hombros de Mandinga, llevando el extremo de la cuerda hacia el ángulo superior, donde otras dos ya estaban colocadas.
Y otra vez aquello que parecía milagro se produjo. La décima cuerda, la de la trayectoria imposible, entrecruzada a la de sus compañera, saltó literalmente de entre sus manos y se enganchó a las otras dos, para ponerse a vibrar rumorosamente sin que ningún rozamiento se lo impidiera.

Todos gritaron de alegría, salvo Akiíto que hacía rato rastreaba con su equipo portátil las banda policial y otras que usaban las organizaciones de cazadores de recompensas.

-Nos queda poco tiempo. Vienen rastreando cerca en busca de los autos.

A partir de esa advertencia la actividad se multiplicó. Magda al frente, los trozos de papel pasaban literalmente debajo de los pinceles y volaban llevados para múltiples manos hasta el lugar que le correspondía ser sostenido por un momento, y después abandonado a la tensión que entre todos iban ejerciendo al secarse. Cáscara de huevo traslúcido que crecía hacia el domo desde todos lados a la vez, y que parecía cerrarse sobre las cabezas con esa perfección de lo perfectamente vital. Esa ilusión que alienta todas las grandes obras. Las que pasan a la historia como grandes maravillas, y aquellas otras, innumerables, que todos los días mantiene viva la esperanza de millones de seres inocentes, ellos la tenían y la sentían, ahora, vibrando en los pechos, muy probablemente en la justa frecuencia de resonancia.

El domo se cerró completamente sobre las miradas.

Akiíto dijo que estaban a docientos metros.

Magdalena comenzó a indicar los mejores lugares para sentarse.

Mandinga y Manuel ocuparon lugares de pilotos.

Cerraron la puerta corrediza y... supieron que estaban elevándose del suelo.

Al instante pasaban sobre las hordas de los rescatistas, quienes deste un amplio abanico de caminos vecinales y campos traviesos, montados en variados vehículos todoterreno, revoleando armas de todos los calibres y redes y garrotes y lanzas y boleadoras..., confluían en asesino entusiasmo, sobre la casa solariega que acababan de abandonar.

Mandinga lo anunció.

-Próxima parada, Tierra Uno.

sábado, mayo 24, 2008

540. Maestro

Hay muchas y diferentes versiones de lo que se habló aquella noche dentro de aquel huevo de papel y engrudo salido del mundo originario de Manuel. Aquí, como podrán haber apreciado los lectores, no existía la Cadena de las Bolas de Manuel ni nadie que pudiera sustituir sus modernos métodos de espionaje. Un mundo poco tecnológico, si se quiere, Apegado en todo a esquemas tradicionales y a métodos probados por los siglos.
En cambio los comentaristas coinciden en que la ruta que siguieron fue recorrer metódicamente los otros mundos paralelos, comenzando por los más cercanos, según estimaba Mandinga las distancias, haciendo vibrar sus negros mofletes en unas frecuencias extrañas, que enseguida eran resonadas por las cuerdas de la bola. Un maestro.
No llegaron a cruzar cinco nuevas fronteras dimensionales. Los encontraron a todos y a todos recogieron sacándoles a veces de situaciones bastante comprometidas. Salvo Dengue. Dengue les pidió para quedarse un tiempo donde estaba. Donde había caído parado, en casa de su doble, que en ese mundo vivía divertidamente y sin ningún apremio económico. Se habían hecho amigos desde el primer momento.
A todos les había pasado el mismo percance con su viaje en punto. Primero habían quedado trabados y después habían aparecido en los lugares más inconvenientes e inoportunos. Salvo Dengue, todos habían sufrido algún tipo de discriminación o persecución. Magdalena contaba que le había tocado en suerte Lagomar 4, un mundo súper nervioso donde la gente se peleaba por cualquier motivo y sospechaba de todas las intensiones. Allí estaba gobernando la izquierda por segunda vez después de haber sido sacado del poder por una contrarrevolución de derecha. Pero la gente estaba desconforme de nuevo, por el asunto de la seguridad que no mejoraba según decían los medios. Ya andaban algunos locos pidiendo mano dura y represión. Había pasado muy mal. Se había arrimado al Manuel de allá, antes de ni siquiera sospechar que que este era otro. Le había saltado su doble, que era una bruja celosa, y le había querido arrancar los ojos. Manuel mismo... era muy distinto. Un botija de la calle que había crecido sin poder salir de la calle... Tenía una manera de encarar las cosas totalmente distinta. Cosas que se aprenden, en las cortadas bravas cuando hay que salvarse en ancas del instinto.

Cholo decía haber aprendido mucho de organización de cooperativas en Pando 3, donde gobernaba una coalición Anarco-Trostkysta-Cristiana, que había transformado el país en una enorme colección de granjas donde se producía de todo.
Las hermanas Bronté separadas y arrojadas en mundos distintos,. una a uno bastante tranquilo donde sus otras dos hermanas la habían acogido con buena voluntad. Pero la otra, pobre, de mala gana volvía después de haberse encamado allá con el doble del Toba, el vecino de la moto. Qué mundo apacionado!
Otra cosa no sabía decir.

Y es que poco más que eso fueran las cosas que se supieron como dichas por el conjunto, hasta que aparecieron en el cielo del lugar, las mencionadas líneas de luz que determinaron un cupo hipotético alrededor de ellos. Cuatro verticales láseres parecieron, en tonalidades turquesa, más ocho horizontales que en realidad eran nueve, eran once, que comenzaron a elevarse llevándose el pedaso de espacio total en su interior, con un cacho de tierra , con los árboles y todo por el espacio de arriba y empezar a girar sobre un posible eje central, con acelerada precipitación, hasta que todo reventó en un big bang de pedacitos que volaban para todos lados.