Tampoco querían sacar el tema de la ayuda que pudiera ofrecerles para resistir las andanadas de Satán. No ahora, hasta que no terminaran de digerir la extrañas cosas que acababa de decir y que les dejaba provisoriamente la impresión de estar tratando con un sujeto bastante cínico, un sofista o quizá un prestidigitador de palabras que pudieran ser entendidas de cualquier manera, como los quiromantes o los adivinadores, que logran por fin enterarse de nuestros secretos cuando nosotros mismos se los terminamos confesando, convencidos de que ya los conoce.
Él parecía estarse muy cómodo ahora que Margarita empezaba a preguntarle cosas de la historia sagrada para que él pudiera ir apartando las mentiras de las verdades que eran pocas. Reconocía haber hecho algunos milagros casi sin proponérselo, hablar a los paralíticos y caminar a los mudos, según viejas técnicas que le había enseñado el mago Simón por encargo del pícaro de Satanás que por aquella época ya había escapado del pozo y andaba buscando aliados. Tan ingenuo era en esa época que le costó bastante darse cuenta de la triquiñuela y decidirse a aplicar las técnicas sobre el propio maestro. Quiso transformarlo en un camello pero apenas logro una joroba.
Todos rieron sin saber si se trataba de un chiste mientras Jesús se ruborizaba completamente.
-Creo que nunca aprenderé a hacer un buen milagro...
Margarita preguntó si existían, los buenos milagros y en ese caso quién conocía él que los supiera hacer.
Se meció las barbas con sus largos dedos y con cejijunta mirada de loco afirmó que Satanás, por cierto.
-En una ocasión creó frente a mí toda una corte con sus lujosos palacios y plazas y mercados y un harén con mujeres perfumadas que se podían tocar. Dijo que todo sería mío y mucho más si así meramente lo deseaba, con solo asentir con un movimiento de cabeza de los que entre nosotros significa irrevocable voluntad de renuncia a ella.
-¿Quedabas para siempre sin ninguna voluntad?
-En realidad podría en el futuro hacer uso del pequeño resto que me quedaría. La voluntad de querer más placeres al precio que fuera. Era muy duro negarse. Yo era muy joven y andaba solo, atravesando el desierto, sin más compañía que un burro testarudo que me habían prestado.
-¿Qué hizo cuando te negaste...?
-¿Quién te dijo que me negué?
-Ah... Aceptaste!
-En realidad... tampoco... Le contesté que de qué me servirían placeres ilusorios que nunca podría disfrutar a pleno, acuciado como estaría por continuos nuevos deseos que debería pagar cada vez con recargados intereses. Argumentó que los placeres serían siempre reales y no condicionados más que a un sólo y único precio, que le diera el asentimiento. Todavía no cedí. Pedí comprobar por vía de los hechos la calidad del servicio. Sólo después de experimentar podría tomar una determinación tan importante. Soy virgen -le dije- no se si estas cosas me pueden satisfacer...
-¿Se la creyó...?
-Sí, tres meses de tiempo ilusorio estuve nadando entre los rosados pétalos del harén, servido sin complejos por cientos de esclavas imaginarias que vertían agua fresca desde las ánforas, bajo las palmeras del gigantesco oasis que sólo existía para mi placer y el de aquellas muchachas que, ¡la puta!, parecían más reales que yo...
-¿Y después...?
-Le pedí una prorroga. No me sentía muy seguro...
-¿Cuantas veces?
-No sé. A la larga se pierde el sentido del tiempo
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sábado, octubre 25, 2008
615. El Harén
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domingo, agosto 24, 2008
587. Pequeñas diferencias
Manuel le hizo comprender la situación en pocas palabras.
-Ellos son demasiado inteligentes para convencerse con algunas pruebitas. Están aburridos de magos y de efectos visuales.
En cambio tendrían otra vez que ponerse a trabajar para que la bola volviese a levantar vuelo. Si tal cosa fuera posible. No, reconstruirla, era sí, posible, pero tal vez no quisiera volar, por esas cosas de las diferencias pequeñas que aparecían entre un mundo y el siguiente paralelo. Ya le había pasado en Tierra 2, donde había hecho un papelón frente al abuelo y sus mejores amigos.
-Ya me enteré.
-Claro que fueron varias las diferencias entre el modelo original, el de Germán, y eso que yo hice allí, sólo y sin acordarme mucho.
-Me dijeron que estaba dentro del aquel galponcito que se incendió.
-No, ese era el de la Última Tierra, esto en Tierra Uno, en la que mi abuelo estaba vivo y me consiguió los materiales para hacer una bola.
-Ah, sí, ya me acuerdo.
-También era mucho más chica. Dentro del galpón no había más lugar...
Entonces Mandinga convencióse de que la pequeñez habría sido la causa del fracaso, no por encontrarlo razonable, más bien todo lo contrario, sino porque alguna explicación tenía que tener que un aparato tan bien diseñado pudiera así de repente antojarse de no volar.
-Las cuerdas no daban la nota...
-...
-...quedaban flojas... y todos los alambres se caían...
-...
-...no pude nunca poner la décima cuerda en su lugar, es decir... la coloque medio a la fuerza, pero ella no colaboraba y más bien parecía no querer hacer ese jueguito que hacía allá en Tierra Uno, cuando ella sóla se terminaba acoplando en el lugar adecuado.... y quedaba vibrando sin rozar a las otras.
Mandinga escuchaba boquiabierto.
-¿Pero que cagada hiciste, muchacho?
-No sé, todo era bastante parecido, aunque más chico...
-¡Que raro...!
A los nipones toda aquella dialéctica familiar los tenía sorprendidos. No podían creer que fuera el producto de algo ensayado, y por otra parte... Parecían tan reales todos los gestos y los ademanes simultáneos a las palabras que, aparte de parecer verosímiles, producían el placer de leer en aquellas caras las emociones y sentimientos que se iban sucediendo en cada uno de los personajes, ignorantes del límite de agresividad y amor que podían expresar sin hacer daño al otro.
Los iban a ayudar. Fuera por lo que fuera, o fueran. Locos geniales capaces de inventar una patraña increíble y hacértela creer. O gente que no más ha tenido experiencias fuera de lo que se considera normal y que... Daban ese aire de cosa cotidiana a lo que otros llenan de una parafernalia de efectos y luces sicodélicas. Vaya con los otros orientales!
-Ellos son demasiado inteligentes para convencerse con algunas pruebitas. Están aburridos de magos y de efectos visuales.
En cambio tendrían otra vez que ponerse a trabajar para que la bola volviese a levantar vuelo. Si tal cosa fuera posible. No, reconstruirla, era sí, posible, pero tal vez no quisiera volar, por esas cosas de las diferencias pequeñas que aparecían entre un mundo y el siguiente paralelo. Ya le había pasado en Tierra 2, donde había hecho un papelón frente al abuelo y sus mejores amigos.
-Ya me enteré.
-Claro que fueron varias las diferencias entre el modelo original, el de Germán, y eso que yo hice allí, sólo y sin acordarme mucho.
-Me dijeron que estaba dentro del aquel galponcito que se incendió.
-No, ese era el de la Última Tierra, esto en Tierra Uno, en la que mi abuelo estaba vivo y me consiguió los materiales para hacer una bola.
-Ah, sí, ya me acuerdo.
-También era mucho más chica. Dentro del galpón no había más lugar...
Entonces Mandinga convencióse de que la pequeñez habría sido la causa del fracaso, no por encontrarlo razonable, más bien todo lo contrario, sino porque alguna explicación tenía que tener que un aparato tan bien diseñado pudiera así de repente antojarse de no volar.
-Las cuerdas no daban la nota...
-...
-...quedaban flojas... y todos los alambres se caían...
-...
-...no pude nunca poner la décima cuerda en su lugar, es decir... la coloque medio a la fuerza, pero ella no colaboraba y más bien parecía no querer hacer ese jueguito que hacía allá en Tierra Uno, cuando ella sóla se terminaba acoplando en el lugar adecuado.... y quedaba vibrando sin rozar a las otras.
Mandinga escuchaba boquiabierto.
-¿Pero que cagada hiciste, muchacho?
-No sé, todo era bastante parecido, aunque más chico...
-¡Que raro...!
A los nipones toda aquella dialéctica familiar los tenía sorprendidos. No podían creer que fuera el producto de algo ensayado, y por otra parte... Parecían tan reales todos los gestos y los ademanes simultáneos a las palabras que, aparte de parecer verosímiles, producían el placer de leer en aquellas caras las emociones y sentimientos que se iban sucediendo en cada uno de los personajes, ignorantes del límite de agresividad y amor que podían expresar sin hacer daño al otro.
Los iban a ayudar. Fuera por lo que fuera, o fueran. Locos geniales capaces de inventar una patraña increíble y hacértela creer. O gente que no más ha tenido experiencias fuera de lo que se considera normal y que... Daban ese aire de cosa cotidiana a lo que otros llenan de una parafernalia de efectos y luces sicodélicas. Vaya con los otros orientales!
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martes, mayo 13, 2008
530. El Mago
xcen > esRAltavista
-Bosco fue mi gran amigo de la infancia -explicó Abelardo- Hace añares que no se nada de él... No sé por qué Manuel dice eso...-Y dirigiéndose a Manuel- ¿De dónde lo conocés?
Manuel pidió disculpas por el exabrupto y dejaba a un lado las hojas del cuento cuando ya Abelardo volvía con entusiasmo a lo anterior. Las mil y una travesuras que habían hecho juntos, los inventos que explotaban por exceso de pólvora, los que no funcionaban por carencia de todo fundamento. Las excursiones en busca de cavernas, porque las cavernas siempre habían ocupado un lugar de privilegio dentro de la complicada trama de sus creencias fantasiosas... y por último la aparición de El Mago.
-¿Qué mago? -preguntó Manuel casi con insolencia.
-El mago, muchacho que vino al pueblo a hacer demostraciones de hipnotismo y
telepatía! Hizo tres funciones en el cine a las que fue todo el mundo menos nosotros, que nos enteramos tarde por andar en nuestras aventuras.
-¿Y entonces...?
-Lo visitamos en el hotel donde paraba y le pedimos que nos explicara algo.
Juan Carlos se reía mucho porque recordaba haber oído más o menos las mismas historias de boca de su hermano. Más o menos, porque siempre hay detalles que...
-Por ejemplo, a ver... ¿A cual de ustedes se le ocurrió la idea de construir revólveres que se cargaban con unas cápsulas viejas a las que les metían pólvora , plomo y una mecha que..
-¡A los dos al mismo tiempo! -contestó Abelardo en la cúspide de la diversión- Porque nuestros cerebros funcionaban en paralelo, en muchos temas y a tal velocidad que después no lográbamos saber de quien había sido la idea. Lo mismo ocurrió con la máquina de cine.
Eso llamó la atención de Manuel.
-¿Llegaron a hacer una máquina de cine, siendo chicos...?
-Bah, era una porquería, pero proyectaba nuestras historietas. Eso fue muy anterior a lo del mago. El mago era un tipo medio extraño, muy serio y con una mirada absolutamente fija y penetrante que si no te dejabas hipnotizar, yo creo que te podría agujerear de lado a lado. Bueno,... de eso vivía, era su oficio... A nosotros nos hizo una demostración privada de lo que él llamaba la "sugestión profunda" y que comenzaba concentrándose en un punto entre los ojos, un poquito más arriba, donde después me enteré que dicen que está el tercer ojo. ¡Lo notable fue, que el asunto funcionó tal cual él lo iba diciendo! Allí adelante de nuestros ojos cerrados, palpitaba una hermosa luz iridiscente que llevaba el mismo ritmos que las palpitaciones de nuestros corazones que sentíamos circular por las sienes. El cagazo que teníamos era enorme pero el entusiasmo de haber comprobado una realidad nueva fue in crescendo y lo venció, antes de que llegáramos de vuelta a nuestras casas. ¡Teníamos por delante un montón de planes nuevos que aun no empezábamos a pensar siquiera!
Juan Carlos interrumpió.
-¿Y vos, Manuel, Cómo lo conociste?
Manuel empezó con una sonrisa llena de picardía.
-Yo hablaba de otro Bosco...
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