No costó tanto ponerse de acuerdo. Mientras Ernesto y el Cholo estudiaban las fotos en la computadora, Dengue y el Rulo fueron a buscar el carrito para ir a pedir botellas de plástico por el barrio y papel de diario para la cartapesta. Giorgionne y Pepponne se quedaron haciendo llamadas para averiguar que estaba haciendo entretanto el gobierno. En esa cosas y algunas pérdidas de tiempo se pasaron el resto del día que era uno de esos serenos y quietos, en los que sólo brilla la luz y el canto de los pájaros.
Atardecía cuando los del carro volvieron a cruzar el portal de Los Dogones, cargados de botellas, de diarios y revistas de toda clase menos las de papel lustroso. Los de la compu ya tenían un panorama bastante claro del significado de los dibujos. Los del teléfono habían averiguado poco. Sólo que el desconcierto en el gobierno era general con tendencia a agravarse. Julieta y Magda terminaban de freír las últimas tortas fritas y bajaron con una fuente llena.
Se reunieron otra vez.
Cholo explicó las características de la forma que había que lograr.
-Se trata de tres curvas matemáticas acopladas a un manojo de siete más que vibran en armonía dando una serie de acordes que se van sucediendo…
-¡De qué mierda estás hablando, hermano? –Protestó Dengue.
-De que los trozos que tenemos que hacer con tus botellas cortadas en tiritas, no sólo deben tener una forma justa sino ser capaces de vibrar como si fueran cuerdas de guitarra. No va a ser fácil… Pero tampoco imposible…
-¿Cómo las cuerdas de los arcos, que también hacen sonido…Vieron esos de la capoeira?
-Algo así. Pero todas las partes se unen en algunos puntos y la vibración de unas influyen en las otras de modo…
-¡Otra vez te vas al carajo! Por qué no nos decís las medidas y chau.
-Es que lo de las medidas sería lo de menos. Es la elasticidad de las partes lo que importa. No debe ser ni mucha ni poca. Y cada parte vibrar dando la nota que corresponda…
-Sí, ahora te sigo, -contestó Dengue más tranquilo- yo creo que se puede. Hay que cortar las tiras bien parejas y trenzarlas prolijo… después con calor le… ¡Tendríamos que tener algo que caliente parejo!
Ernesto dijo tener ese elemento y de una corrida trajo una pistola de aire caliente.
-Esto da hasta ochocientos grados.
-¿Tijeras chinas, tenés?
-Dos.
-Precisamos muchas más. Si no vamos a estar una semana cortando tiritas.
-¿No sirven trinchetas…?
-Y…como servir…
Ahora el Dengue dirigía la cuadrilla. Indicó el modo correcto de cortar una botella de plástico, haciéndolo él mismo con la primera. El método era cortar en espiral desde abajo hacia arriba, manteniendo siempre el mismo ancho de serpentina.
Giorgionne, mientras miraba cómo las botellas se iban transformando en interminables rizos elásticos, se rascaba la cabeza sin decir palabra. No era culpa suya ser tan racional. No iba a decir nada… ¡No, no iba a decir nada que pudiera desanimar a sus compañeros! Pero…
(Esta es una historia continuada. Sería aconsejable leerla desde el post n. 1)
narrativa
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188: COMO CUERDAS DE GUITARRA
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sábado, enero 20, 2007
188: COMO CUERDAS DE GUITARRA
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cuerdas,
desconcierto,
matemática,
torta frita,
vibración
viernes, noviembre 10, 2006
120 - TORTAS FRITAS EN LA PANERA
-¿Y, Manuel… sale ese mate?
Los brasileros son exagerados hasta en el tamaño de los mates. Claro que si los mates de ellos fueran más chicos no entrarían en sus bocas esas bombillas que usan… Ya está hinchando la loca... Se pone espumosa y larga este olor como de bosta de vaca…o pasto. ¿Será cierto que a veces le agregan alfalfa…? Ahora un cachito más de agua y le enchufo la bombilla con la yerba bien mojadita para que no le duela. Porque es así, boludo, hay que tratarlo bien al mate. No apurarlo… ¡Parezco un gaucho viejo! Las cosas que pienso! ¿No será que soy medio tarado, nomás? El Rulo lo ha creído durante tantos años… No fue necesario que me lo dijera nunca, me daba cuenta por todo lo que hacía para evitar que yo me metiera con esas cosas que sólo él sabe hacer. Como jugar al fubol. Que ni me dejaba aprender! Parece que lo veo. ¡No, la pelota no se patea así! ¡Tenés-que-poner-la-pata de-esta-manera, ves? ¡Qué hincha pelotas! Y todavía no se da por enterado de que el fubol ya me paspó. Me pregunta ¿cómo terminó? Nomás. Se sabe que lo único que termina a cada rato es el partido. Y que todo el mundo sabe cómo terminó, basta con preguntarle al primero que ves…que puedo ser yo que no estoy siquiera enterado de que se jugara ningún partido… En realidad él no ha creído nunca que yo me haya paspado del todo. Se ha de suponer que es “otro de mis caprichos”. Como que un día se me hubiera ocurrido decir, porque sí nomás, que no me interesaba más el fubol, para hacerme ver o parecer más interesante y que después no hubiera podido dar el brazo a torcer y por puro testarudo me había perdido de escuchar los partidos por la radio ¡hasta la final del campeonato y la puta que los parió!
¡De chiquitos! A los uruguayos nos taran de chiquitos…y al pobre Rulo…quién lo taró? Alguno de los maridos de la tía, que no es mi tía, su madre la Shirley… o los amigos…¿Por qué será que un tipo se tara? ¿Por qué le hinchan mucho las pelotas con que tenés que ser así, tenés que ser como tal o cual? ¿O será que nacemos tarados nomás? Unos un poco más que los otros y la diferencia se nota?
-(Y yo, seré tan tarado?)
-(Quién, yo?)
-(Sí, yo)
-(Ah, sí. ¡Yo soy muy tarado!)
-(¿Y yo, también?)
-(Sí, yo también.)
-(Ah, qué bueno! Pero…nos van a cortar. Están hablando del mate que no corre)
-(¡Les cebo uno y se los largo!)
-(Pah! ¿Vi la cara que pusieron?)
-(Agarraron el mate y me miraron mal porque no soportan la lejanía de la mente que se aleja para hablar consigo mismo. Los comprendo pero…)(¡Ya se cortó!)
-¿Y el mate, dónde quedó?
-Arriba de la mesa, flaquito. Cuando te lo devolví estabas papando moscas…
-Sí, mi amor. Si me lo decís con esa trompita estirada está todo bien.
-¿Probaste las tortas?
Manuel se movió para girar de frente cuando estuvo junto a la mesa. Desde allí la Magda quedaba otra vez en el centro de la escena, pero además abarcaba con la vista toda la reunión. Primero, a la derecha, parte de la mesa con el mantel corrido y la madera salpicada de harina. La panera de plástico verde cotorra llena de tortas doradas que hacían una pirámide de perfumes sabrosos. Más allí un cuchillo en 45 y el brazo del Rulo apoyado en la tabla, su piel color cáscara de papa y la manga de la camisa arremangada, de color más claro que la piel. Allá un trozo de pared al fondo, entre celeste y blanca y la gorda heladera Siam, verdesita…Más a la izquierda la flaca de vaqueros y pulóver rompevientos en tonos de…malva, dice ella…pero…¿no es hermoso su culo? Flaquita, te quiero. Claro que te quiero, pero igual. ¿No es hermoso tu culo?
Agarró una torta caliente de la panera de plástico verde cotorra y apreció que la torta hinchada de gases había expandido sus formas en busca de las curvas suaves y cariñosas pareciendo piernas de muchachas en flor atractivas a las miradas y los deseos de morder aunque con dulzura tan tiernas cosas. Se dejó llevar por aquel impulso e hincó sus dientes en la dorada y tibia masa para que rápidas salivas le llenaran la boca
Los brasileros son exagerados hasta en el tamaño de los mates. Claro que si los mates de ellos fueran más chicos no entrarían en sus bocas esas bombillas que usan… Ya está hinchando la loca... Se pone espumosa y larga este olor como de bosta de vaca…o pasto. ¿Será cierto que a veces le agregan alfalfa…? Ahora un cachito más de agua y le enchufo la bombilla con la yerba bien mojadita para que no le duela. Porque es así, boludo, hay que tratarlo bien al mate. No apurarlo… ¡Parezco un gaucho viejo! Las cosas que pienso! ¿No será que soy medio tarado, nomás? El Rulo lo ha creído durante tantos años… No fue necesario que me lo dijera nunca, me daba cuenta por todo lo que hacía para evitar que yo me metiera con esas cosas que sólo él sabe hacer. Como jugar al fubol. Que ni me dejaba aprender! Parece que lo veo. ¡No, la pelota no se patea así! ¡Tenés-que-poner-la-pata de-esta-manera, ves? ¡Qué hincha pelotas! Y todavía no se da por enterado de que el fubol ya me paspó. Me pregunta ¿cómo terminó? Nomás. Se sabe que lo único que termina a cada rato es el partido. Y que todo el mundo sabe cómo terminó, basta con preguntarle al primero que ves…que puedo ser yo que no estoy siquiera enterado de que se jugara ningún partido… En realidad él no ha creído nunca que yo me haya paspado del todo. Se ha de suponer que es “otro de mis caprichos”. Como que un día se me hubiera ocurrido decir, porque sí nomás, que no me interesaba más el fubol, para hacerme ver o parecer más interesante y que después no hubiera podido dar el brazo a torcer y por puro testarudo me había perdido de escuchar los partidos por la radio ¡hasta la final del campeonato y la puta que los parió!
¡De chiquitos! A los uruguayos nos taran de chiquitos…y al pobre Rulo…quién lo taró? Alguno de los maridos de la tía, que no es mi tía, su madre la Shirley… o los amigos…¿Por qué será que un tipo se tara? ¿Por qué le hinchan mucho las pelotas con que tenés que ser así, tenés que ser como tal o cual? ¿O será que nacemos tarados nomás? Unos un poco más que los otros y la diferencia se nota?
-(Y yo, seré tan tarado?)
-(Quién, yo?)
-(Sí, yo)
-(Ah, sí. ¡Yo soy muy tarado!)
-(¿Y yo, también?)
-(Sí, yo también.)
-(Ah, qué bueno! Pero…nos van a cortar. Están hablando del mate que no corre)
-(¡Les cebo uno y se los largo!)
-(Pah! ¿Vi la cara que pusieron?)
-(Agarraron el mate y me miraron mal porque no soportan la lejanía de la mente que se aleja para hablar consigo mismo. Los comprendo pero…)(¡Ya se cortó!)
-¿Y el mate, dónde quedó?
-Arriba de la mesa, flaquito. Cuando te lo devolví estabas papando moscas…
-Sí, mi amor. Si me lo decís con esa trompita estirada está todo bien.
-¿Probaste las tortas?
Manuel se movió para girar de frente cuando estuvo junto a la mesa. Desde allí la Magda quedaba otra vez en el centro de la escena, pero además abarcaba con la vista toda la reunión. Primero, a la derecha, parte de la mesa con el mantel corrido y la madera salpicada de harina. La panera de plástico verde cotorra llena de tortas doradas que hacían una pirámide de perfumes sabrosos. Más allí un cuchillo en 45 y el brazo del Rulo apoyado en la tabla, su piel color cáscara de papa y la manga de la camisa arremangada, de color más claro que la piel. Allá un trozo de pared al fondo, entre celeste y blanca y la gorda heladera Siam, verdesita…Más a la izquierda la flaca de vaqueros y pulóver rompevientos en tonos de…malva, dice ella…pero…¿no es hermoso su culo? Flaquita, te quiero. Claro que te quiero, pero igual. ¿No es hermoso tu culo?
Agarró una torta caliente de la panera de plástico verde cotorra y apreció que la torta hinchada de gases había expandido sus formas en busca de las curvas suaves y cariñosas pareciendo piernas de muchachas en flor atractivas a las miradas y los deseos de morder aunque con dulzura tan tiernas cosas. Se dejó llevar por aquel impulso e hincó sus dientes en la dorada y tibia masa para que rápidas salivas le llenaran la boca
jueves, noviembre 09, 2006
119 - Preparando el mate.
Llegaron derecho a guardar los materiales dentro de la casa y el carrito bajo el paraíso del fondo. Allí Manuel se entretuvo en dar cien manijazos a la bomba de mano para subir agua al tanque mientras miraba allá a lo lejos los calzones de las hermanas Bronté, colgados del alambre entre los pinos, única forma que conocían de ventilar sus intimidades. No eran ni anchos por demás ni tan angostos, como se pudiera suponer en mujeres tan esquivas. Aunque… y después de todo… A él que le podía importar?
Sintió de pronto un fuerte olor a grasa caliente y se apresuró a entrar a la cocina donde la Magda ya preparaba dentro de la olla vieja, una buena cantidad de masa para hacer tortas fritas. Besó a la flaca y la felicitó por la iniciativa y puso a calentar agua para preparar un mate. Un buen mate preparado despacito, como le había enseñado Abelardo.
Desde ayer tenía el mate lavado y boca abajo. Le puso yerba hasta tres cuartos y lo inclinó a 45 –no más- para que dejara una cavidad donde apoyar la paleta de la bombilla. Hecho esto dejó el conjunto sobre el posamates de cuero, manteniendo la inclinación y volvió sobre la caldera a ver cómo iba la calentura puesto que se sabía un punto justo para verter sobre la yerba sin quemarla y dejarla así chupando e hinchando, que es cuando el verdadero perfume del mate se expande y con eso comienza a crear el ambiente para una conversación.
En pocos minutos el agua estuvo pronta, como siempre termina ocurriendo te guste que hierva o no y Manuel tomó la manija de la caldera con un trapo, para no quemarse, y con la caldera humeante en vilo se acercó a la mesa dónde el termo ya esperaba vacío y destapado el momento en que una vez más se iba a intentar lo imposible: meter toda el agua adentro…del agujero. Imposible de toda imposibilidad. Como ya varias generaciones de uruguayos lo habían comprobado dándole la razón a los científicos de…Palo Alto que habían calculado que por lo menos el 20 por ciento del agua se derrama. ¿Palo Alto! Le gustaba ese nombre, que no sabía a qué correspondía ni a dónde. “Escuela de Palo Alto”, había dicho Ernesto hablando con Giorgionne y él se había imaginado un montón de niños sentados en el suelo alrededor de un palo alto.
-Y, Manuel…¿sale ese mate?
Pero parecía que los tipos eran unos capos que sabían de todo. Famosos y conocidos por todos, así que mejor no preguntar dónde quedaba eso. Que sabían mucho, pero no todo, seguramente… Como por ejemplo preparar bien un mate, seguro que no sabían. Porque no iba a saber que a la yerba había que tratarla como a una mujer tierna y tímida que de a poco se la convence de entregar sus encantos. Que no es de golpe que se le echa el agua caliente, sino después de haberla iniciado con la tibia dándole tiempo de humedecerse e hinchar debidamente.
Después venía lo de colocar la bombilla en su posición de tiro. Firme sobre un costado de la “calabacita” –como habían dicho en una película- erecta en su posición y dispuesta a dar de si todo lo mejor que la calidad de la yerba le permitiera de sus conocidas propiedades diuréticas, reanimantes y vitaminosas.
Porque era preciso aclarar una cosa. El mate se toma en mate. Nunca en esos asquerosos jarritos de lata enlosada que usan los porteños. Y otra cosa: Al mate se le pueden dar hasta dos vueltas –que no son verdaderas vueltas sino posiciones de la bombilla. A no ser que se esté tomando en uno de esos mates brasileros que han de llevar como un quilo de yerba y que… ¿Cuántas vueltas les darán?
Sintió de pronto un fuerte olor a grasa caliente y se apresuró a entrar a la cocina donde la Magda ya preparaba dentro de la olla vieja, una buena cantidad de masa para hacer tortas fritas. Besó a la flaca y la felicitó por la iniciativa y puso a calentar agua para preparar un mate. Un buen mate preparado despacito, como le había enseñado Abelardo.
Desde ayer tenía el mate lavado y boca abajo. Le puso yerba hasta tres cuartos y lo inclinó a 45 –no más- para que dejara una cavidad donde apoyar la paleta de la bombilla. Hecho esto dejó el conjunto sobre el posamates de cuero, manteniendo la inclinación y volvió sobre la caldera a ver cómo iba la calentura puesto que se sabía un punto justo para verter sobre la yerba sin quemarla y dejarla así chupando e hinchando, que es cuando el verdadero perfume del mate se expande y con eso comienza a crear el ambiente para una conversación.
En pocos minutos el agua estuvo pronta, como siempre termina ocurriendo te guste que hierva o no y Manuel tomó la manija de la caldera con un trapo, para no quemarse, y con la caldera humeante en vilo se acercó a la mesa dónde el termo ya esperaba vacío y destapado el momento en que una vez más se iba a intentar lo imposible: meter toda el agua adentro…del agujero. Imposible de toda imposibilidad. Como ya varias generaciones de uruguayos lo habían comprobado dándole la razón a los científicos de…Palo Alto que habían calculado que por lo menos el 20 por ciento del agua se derrama. ¿Palo Alto! Le gustaba ese nombre, que no sabía a qué correspondía ni a dónde. “Escuela de Palo Alto”, había dicho Ernesto hablando con Giorgionne y él se había imaginado un montón de niños sentados en el suelo alrededor de un palo alto.
-Y, Manuel…¿sale ese mate?
Pero parecía que los tipos eran unos capos que sabían de todo. Famosos y conocidos por todos, así que mejor no preguntar dónde quedaba eso. Que sabían mucho, pero no todo, seguramente… Como por ejemplo preparar bien un mate, seguro que no sabían. Porque no iba a saber que a la yerba había que tratarla como a una mujer tierna y tímida que de a poco se la convence de entregar sus encantos. Que no es de golpe que se le echa el agua caliente, sino después de haberla iniciado con la tibia dándole tiempo de humedecerse e hinchar debidamente.
Después venía lo de colocar la bombilla en su posición de tiro. Firme sobre un costado de la “calabacita” –como habían dicho en una película- erecta en su posición y dispuesta a dar de si todo lo mejor que la calidad de la yerba le permitiera de sus conocidas propiedades diuréticas, reanimantes y vitaminosas.
Porque era preciso aclarar una cosa. El mate se toma en mate. Nunca en esos asquerosos jarritos de lata enlosada que usan los porteños. Y otra cosa: Al mate se le pueden dar hasta dos vueltas –que no son verdaderas vueltas sino posiciones de la bombilla. A no ser que se esté tomando en uno de esos mates brasileros que han de llevar como un quilo de yerba y que… ¿Cuántas vueltas les darán?
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