sábado, abril 12, 2008

511. El Proyecto

El asado fue comido a dentelladas. Sobre el mantel de la mesa armada bajo la parra, cayeron, no sólo algunas rodajas de tomate escapadas de la fuente, sino pedazos de asado, y vasos de vino que se derramaron completamente, mientras ellos a gritos y superposiciones de voces, discutían la mejor manera de hacer vibrar varias dimensiones al mismo tiempo con varias cuerdas convenientemente dispuestas... y (¿qué tendrá que ver?) además dejando espacio, como para instalar la décima cuerda que era la que debía cerrar el círculo pasando por una dimensión que nadie comprendería. Un puente. Que en realidad está entre nosotros sin que lo podamos percibir...

A Miguel aquellas teorías le parecían un montón de divagaciones sin fundamento, pero..., lo sentía como el inicio de una aventura apasionante que pondría a prueba y en ejemplar lucha a los más encumbrados ingenios de la zona, él mismo y el amigo Abelardo, tan proclive a las ensoñaciones románticas. ¡Vendería la farmacia! Podría venderla evidentemente. -Nunca se había puesto a pensar- ¡Venderla y liberarse! Para vivir por fin la vida apasionada que soñaba en la juventud... la única que se lograba imaginar en aquella época. Y se fue viendo, Miguel, proyectado en la juventud de aquella barra de amigos que habían sido. Se vió riendo y lanzando afirmaciones audaces con la tranquilidad del que está contento y sabe que arreglar el mundo es sólo cuestión de arreglar dos o tres cosas. Y se vió afirmando errores perfectamente justificados por la necesidad de acción en vez de reflexión, esa reflexión de siempre parado frente al mostrador de la farmacia. Supo que la vida es cada instante que vale por su contenido. Que los instantes siempre iguales se anulan porque sólo se recuerdan los cambios. Que una vida sin cambios no pasa por ser una vida. Y que...

-Yo financio el proyecto.

Manuel explicó que casi no se necesitaba dinero, sino materiales de descarte y un rollo de alambre de acero. Lo importante era montar todo de una manera perfecta.
La convicción de Miguel se desequilibro un poco con esto de que el dinero no iba a importar. Así no solía suceder en este tipo de historia. Pero se contuvo en el punto en que el famoso aparato a construir se le empezó a representar como la combinación de tres grandes arpas que pudieran sonar sus cuerdas mientras levantan vuelo. Nueve largueros rígidos y una cuerda por c... no! Son tres direcciones por triángulo, pero de cuerdas , no,... son diez cuerdas, así que...

-Pero explicame otra vez cómo es que van instaladas las cuerdas...
-Te puedo decir cómo van las primeras nueve... la décima después calza sola.
-Bueno las nueve primeras, a ver.
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