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martes, septiembre 23, 2008

600. La Paz Rumorosa

Magda confirmó que aun se necesitaban maestros voluntarios.
Salieron pues, cada uno para el lugar de en que se organizaba su grupo, un trecho juntos, respirando el aire luminoso que prolongaba el pasado otoño sobre esta comunidad de gente dispuesta libremente al trabajo. A lo largo de las calles se veían personas de todas las edades, de cabeza alta y paso decidido, aunque no exento de gracia, canturreando, cuando solos, estrofas de viejas canciones populares. o bromeando en viva voz, cuando iban en grupo.
Los niños sin ningún tipo de uniforme, se veían más o menos en la misma, rumbo a sus escuelas, no queriendo llegar tarde, por no perderse un nuevo capítulo de la aventura de aprender a resolver los misterios de la existencia en común, los vericuetos del razonamiento, la práctica de la solidaridad o la oportunidad de mejorar algo entre todos.
Casi un paraíso, utopía, o como quiera llamarse, este contento generalizado que, venía a contradecir el general pensamiento de que el hombre es un ser inconformable por naturaleza. Aunque lo sea, de algún modo. Porque todos esos lugareños que transitaban las calles de Lagomar y El Bosque, como tantos millones que en el mismo momento encaraban sus tareas en común a lo largo y ancho de América Latina con alegría real, eran por cierto seres completamente inconformables, contradictorios y empecinados, pero, seres que habían aprendido a luchar contra las dificultades en vez de contra sus semejantes.
Sabían que tendrían pronto que enfrentar al enemigo más portentoso que ningún movimiento político en la tierra haya nunca tenido, al menos que se sepa. Las fuerzas del Imperio Galáctico aliadas con los alcahuetes de siempre. Pero especialmente habían comprendido que el quid de la cuestión no estaba radicado en la fuerza militar. La lucha principal se iba a librar dentro de las cabezas y dentro de los corazones. Nadie puede dominar a un pueblo que se siente libre. Quedarían los bravucones con sus garrotes al hombro, incapaces de doblegar a tantos millones. Quedarían los seductores con sus promesas de fría saliva inútil. Con sus lisonjas y sus pretextos para la traición. Solitarios, frente al terrible espejo de su propia conciencia, aquella, sí, que por muy soterrada que se encuentre, un día habrá de despertar a fuerza de desengaños.

Pero cada uno seguía siendo uno. Distinto e irrepetible. Una mirada única hacia un mundo que a cada cual se le antojaba otro, aunque con algunos elementos en común. Todos habían terminado descubriendo que el enemigo invencible era aquel se se incrusta en los más inadvertidos repliegues de la mente y desde allí susurra su canto de sirenas, ese que viene encriptado bajo las siete capas del sentido común, cuando nadie se ocupa de ponerlo en duda.

Era la paz rumorosa.

En cambio, muy distintas cosas se decían del resto del mundo. Una inexplicable sucesión de temblores y quebrantos sacudía el mundo occidental y cristiano, haciendo doler los molares a los más eminentes profesores de teoría económica, encoger el escroto a los ancianos doctores de la ley y orinarse de a chorritos a los cuatrocientos dueños del oro y las divisas. Todos sospechaban que se avecinaban otros tiempos. Pocos de ellos estaban enterados, por cierto, del fallecimiento del viejo Dios y de la inminente lucha abierta por su sucesión. En cambio, la mayoría miraba a América Latina. -América La Pobre.- Y maldecían la conducta inmoral de sus pobladores, hija de la proverbial indolencia de los indígenas, que se había continuado y aun contagiado a toda la gente que Europa enviara para ayudar, y a los millones de esclavos negros que, ¡pobres!, tuvieron que hacer el trabajo que ellos -los indígenas- se negaron. No por otra causa levantaban airadas protestas por los muchos sudacas que habían llegado en los últimos años a trabajar y comer en la mesa europea, como antaño hicieran ellos en América salvándose del hambre y de las guerras. ¡No era posible continuar recibiendo gente hambrienta y mal educada! ¡Bastante han tenido nuestra ayuda cuando les hemos enviado nuestras inversiones y nuestras empresas para darles trabajo y bienestar a costa de, apenas, destruir el doble de puestos de trabajo mal pagados y realizado con tecnologías completamente en desuso. Esas eran sus razones, las que rezongaban mientras chupaban los huesos del pollo y eructaban burbujas de bebidas efervescentes frente a las pantallas planas que tal vez no iban a poder cambiar este año por el nuevo formato Zip Out.



viernes, agosto 22, 2008

586. No Estamos Para Shows

La conferencia se interrumpió con la vuelta de los dos autos que venían cargados de provisiones, frazadas y algunas otras cosas como libros y un televisor. Akiíto quedó de una pieza cuando se encontró con Mandinga y su extravagante look jamaiquino-lumpen-proletario. Quiso tener alguna explicación distinta a la pavada de que le dijeran que había caído del cielo como el color, que en este caso era negro. (ja ja) No creyó para nada la historia de la pandorga, aunque sabía que en oriente se habían llegado a remontar personas con esos cachivaches, cometas como le dicen en algunos lados, o barriletes en otros. Remontar personas hubiera sido una cosa pero, hacerlo con tamaña bestia, parecía exceder cualquier credibilidad, por más que se alegase que esta funcionaba mediante otros principios. Ja. Que mucho no parecía haber funcionado, por lo visto. Era un testigo peligroso. Eso a no dudarlo, aunque por lo pronto no fuera a ser dicho en voz alta. Callando también las noticias del próximo traslado a Uruguay y los contactos frenéticos que se había estado realizando con las organizaciones anarquistas del país hermano, especialmente con una llamada "Los Maquis", de un balneario cercano a Montevideo.

-Hay comida para tres días... Calculada sobre la base de seis personas... -Comentó pensativamente Akiíto luego de concluir que sería mejor que el nuevo personaje se mantuviera dentro del grupo aunque no se le creyese nada.
-Si falta después les traeremos más.
Tomó por el hombro a Toshiro y con un gesto le hizo entender que quería hablar privadamente con él. Se fueron a la habitación del al lado.

De modo que se reinició la charla sobre los novedosos sistemas propulsores y las últimas concepciones del espacio y la distancia, ahora con cuatro participantes nuevos. Los muchachos que acompañaban a Akiíto.
Ellos al principio creyeron estar en uno de los acostumbrados intercambios de opiniones y experiencias entre aficionados a los juegos de red. Hasta llegaron a preguntar cual era el juego del que hablaban los otros, extrañamente lleno de teorías y vacío de armamento.

-No es un juego, -les quiso explicar Jarumi.
-¿Una película?
-Tampoco.

Para nadie hubiese sido fácil inventar una nueva explicación ante oídos vírgenes, por eso Manuel recordó aquella película en que Cristo volvía de la muerte y para ser reconocido mostraba las llagas producida por los clavos. Pero ellos no tenían llagas y él, por lo menos, parecía haber perdido los pocos "superpoderes" que antes, y a veces, le asistían. No era capaz de leer un mísero pensamiento, por mucho que ya se lo había propuesto. No había sido capaz de fabricar una simple bola en Tierra 2 y ahora... El pelotudo de Mandinga, su padre, (para qué negarlo si cada vez se le hacía más evidente), acababa de destrozar una bola en perfecto funcionamiento.... Aunque... Ahora se le ocurría pensar que tal vez aquello no hubiese sido una simple distracción... Tal vez las bolas no pudieran volar bien en este mundo...

Mandinga decidió volver a presentar su número estrella y recién después explicar el resto de las teorías. Se separó de todos en el centro de la pieza justo cuando volvían Toshiro y Akiíto, serios, muy serios, con expresiones que no daban para shows.

-Vean esto y después no van a pensar que se trata de jueguitos, -dijo, y se volvió a hacer flit para adentro transformado en un puntito negro, que aun por unos instantes bailoteó en el aire de la pieza.

Cuando volvió le tuvieron por mago, de esos que levantan un piano de cola frente a las cámaras y lo introducen en una caja de fósforos.
Distinto es viajar entre los mundos paralelos gastando el sólo combustible del pensamiento.
O haber encontrado la verdadera y definitiva explicación de todas las complicadas cosas del universo.

Fácil es decir que Dios ha muerto. Difícil es que te crean aquellos que nunca han creído en El.




lunes, agosto 11, 2008

581. En el supuesto

Cuando Akiíto y los otros cuatro salieron en los vehículos en procura de alimentos y enseres necesarios, ellos seis siguieron alternando argumentos a favor y en contra de la credibilidad de los mensionados mundos paralelos. Que era algo vistoso dentro de una especulación científica de esas que los grandes teóricos lanzan para pegotear unos cuantos hechos rebeldes a toda explicación, decía Toshiro, pero agregando que, otra cosa sería tomárselo tan en serio como algo que uno se pueda encontrar a la vuelta de la esquina.

-Según he entendido, las otras dimensiones, de existir realmente, estarían confinadas a una escala de tamaños verdaderamente insignificantes

Toshiro no comprendía que no se trataba de una discusión teórica. Hablaba como si una vez demostrada la imposibilidad de la existencia de mundos paralelos, así como así, aquel mundo maravilloso donde habían nacido Manuel y Magdalena, dejaría de haber existido para siempre jamás y ellos, huérfanos de espacio-tiempo, deberían comenzar a reconocer su excesivo entusiasmo por la ciencia ficción. Manuel en cambio desconocía que el realismo a ultranza de Toshiro hundiera sus raíces en la basta experiencia de un pueblo que, desparramado por el mundo, venía sobreviviendo a la única masacre atómica de la historia humana. Cinco bombas atómicas sobre cinco grandes ciudades habían sellado las puertas del celeste imperio para siempre.
Pero Magda tampoco lo sabía. No sabía que en este mundo la guerra contra japón se había sido más larga y terminado de peor modo. Que ahora y aquí, el pueblo trashumante era el japonés, cuyo país se había terminado hundiendo en el océano como una ballena con cinco arpones clavados y humeantes. Que los japoneses tenían memoria. Y que a pesar de reconocer algunos errores propios...
Las razones de Toshiro eran espadas que dibujaban en el aire los antiguos ideogramas de las etapas de la elevación espiritual, que Magda desconocía. Las palabras de Manuel invitando a que le creyeran eran como el campo verde florecido. Pacientes, amigables.
Jarumi, la primera, le creyó. Pero con una condición, que le dejaran a ella la tarea de explicarles a sus compañeros, porque ella podía hablarles desde la base del pensamiento compartido. Que era partir de los principios, es decir, de la objetividad, la racionalidad y la honestidad.

-No nos pueden probar que esos mundos existan. Eso es un hecho. Otro hecho es que nosotros tampoco podemos probar lo contrario. Yo propongo que hagamos de cuenta de que todo es verdad, cosa que cuenta por ahora con un cincuenta por ciento de posibilidades. Ellos dicen que vienen de fundar una nación anarquista, un continente casi. Han de tener mucha experiencia si es cierto. Si no es cierto y todo no ha sido más que una mala ocurrencia o locura, enseguida, cuando entremos a cambiar ideas sobre como organizar una nación anarquista, va a quedar en evidencia el engaño.

Hubo acuerdo unánime.

Claro que tras el acuerdo unánime las ideas volvieron a chocar. ¿Como que si formamos un aparato de poder dejamos de ser anarquistas? ¿Acaso se ha visto alguna vez que el pueblo espontáneamente se organice sin que haya una organización. Claro que si se ha visto, muchas veces, aunque cuesta, tienen esa inercia de agachar la cabeza y evitarse problemas. Pero el pueblo siempre está organizado, aunque sea en contra de sus propios intereses, por una trama de relaciones y... casi siempre en contra. Claro que sin embargo hay en todos el deseo de la libertad. Más bien! O acaso nosotros somos marcianos.
Bueno pero que fuéramos a lo concreto, a comparar las ideas que tenían los Kamikazes con las de los Maquis, en cuanto a eso. ¿Como organizar una nación anarquista?

Manuel estaba en la confluencia de todas las miradas.

-No hay nada que organizar. Sólo hay que decir lo que uno quiere.
-Pero la gente quiere cualquier cosa. Si todos piden cosas distintas?
-Ellos mismos van a encontrar la solución. No hay delegados.
-Ni tampoco un partido?
-Cada comuna es autónoma.
-Y si una comuna deja de funcionar de forma anarquista.
-Nunca se presentó el caso, pero supongo que estaríamos de acuerdo en respetarla. Les puedo contar un caso extremo que se presentó en una comuna del departamento de Rivera que no tenía sistemas de comunicación boca a boca, todo iba a la asamblea y las asambleas demoraban horas y horas, la gente empezó a dejar de ir y los pocos que sí iban se encontraron de pronto resolviendo en minoría asuntos comunes a todos. Exigieron que la gente concurriera, votaron una resolución que volvía obligatoria la asistencia a las asambleas, sin darse cuenta que esa resolución también salía debilitada por los pocos votos que la habían aprobado. Fueron insultados de dictadores y ellos mismos dejaron de reunirse en asamblea. Quedaron un tiempo sin tomar ninguna nueva decisión, hasta que viajeros que venían de otra comuna les alcanzó la noticia de que se estaban utilisando otras formas de conectarse y tomar posición sobre los temas. Entre nosotros toda vez que hablamos es como que estuvieramos votando. No se necesitan taquígrafos ni gravadores cuando la gente es honesta, ni escribanos ni abogados


lunes, julio 28, 2008

571. PÓLVORA

A los que se le van sumando otros, que por aquí y por allá trepan primero a los respaldos de las camas, después meten los dedos grandes de los pies ente las hileras de ladrillos desnudos, después alcanzan con estirados brazos, alguna de tantas vigas de hierro que les sirven de sustentador para ágiles movimientos de vaivén, al modo de avezados trapecistas y ya están, parados sobre las ménsulas! Tres, cuatro, y otros más que ya llegan también a las banderolas para abrirlas y dejar que entre, a raudales, el aire y las sangrienta luz del atardecer. Tal vez por puro gusto, en la única aventura que se habría visto en mucho tiempo o, tal vez, no habría por qué descartarlo, por haber comprendido de algún modo, que el mensaje gestual de los primeros alpinistas de la barraca había querido significar libertad. El inicio de la segunda parte de esta historia, que hasta allí habría resultado seguramente poco divertida. Porque así como todos los humanos tenemos el gen de la pelotudez encima, también tenemos el de la lucha vital, que no admite repeticiones ni permanencia. El gen de la idiotez y también el de la inteligencia, así como otros tantos pares de virtudes o defectos, según como se lo mire, perfectamente previstos en nuestra herencia humana, en medidas y potencias semejantes, para que no tengamos más remedio que hacernos cargo de elegir nuestro camino y escribir el programa de nuestras vidas.

Provistos estamos de herramientas. La razón, por ejemplo, que junto con la intuición, nos podría develar los secretos más profundos de la existencia, si no fuera porque los datos nos llegan de tan endiablada manera confusos, que nos parece siempre tan probable la verdad de una teoría como la verdad de la contraria. Materia o espíritu. Onda o partícula. Órden o libertad...

Pero los muchachos allá arriba terminaban de abrir todas las banderolas y ahora se concentraban sobre la ménsula central. La luz del atardecer a sus espaldas les rodeaba con un aureola de película heroica, sin la música, pero con todo el ángulo exacto de la toma número uno, desde dónde se supone les miraba la multitud, todavía hundida en el sopor del opio. Levantaron todos los brazos. Primero los de allá arriba, y después, aunque con simiesca emulación, los de abajo. Muchos participaban ya del nuevo espíritu, pero otros, tal vez la mayoría, comenzaban a sospechar recién, que todo lo que habían estado presenciando en los últimos minutos, no constituían una serie de coincidencias producidas por puro azar. Pareciera que el conjunto, pudiera tener, tal vez, un sentido...
De todas maneras los brazos estaban en alto saludando a los jóvenes de las ménsulas, allá arriba, que ahora hacían nuevas señas, como queriendo decir algo.

La muchedumbre calló cuando en lo alto el grupo de jóvenes empezó a indicar, con concéntricos movimientos de brazos, que la persona del medio iba a hablar para todos.
La persona del medio era esa muchacha, un poco flaca y de piel mulata, llamada Magdalena, que saludaba como todos, sin dejar de sonreír nerviosa.

-Queremos decirles que recuerden que estamos presos. Que nos han anulado con los vapores de opio que salían por esos caños y que... Bueno, que los queremos invitar a la libertad

La multitud estalló en una sorpresiva manifestación de júbilo, como si hubiesen desde siempre esperado esas palabras para romper el maleficio y volver a la vida. Las caras, un rato antes dominadas por la ceniza de la indiferencia, se llenaban de pulsantes arterias que transportaban la energía liberada hacía la masa muscular del cuerpo, tras una sola consigna. Acción, acción, acción !!!

Espectacular hubiera sido tomar la vista desde afuera de las barracas, en la penumbra de las últimas luces del día, cuando las puertas metálicas volaran por los aire bajo la presión de aquella multitud que avanzaba sin tregua ni descanso. Claro que bien iluminada, con habilidad, para que la masa humana no llegara a parecer el avance de la marabunta desolando el planeta.

Los guardias suelen tener ese olfato. Se precipitaron a los lados con gestos de "siemprestuvimos a favor de ustedes", desde los más o menos amistosos que lucraban con las coimas a los más hijos de puta, los que habían gozado todo el tiempo mostrándose superiores. Todos estuvieron prontamente aplaudiendo las tropas de la nueva causa, que acababan de descubrir y adoptar porque, siempre habían sido, cada uno, desde chiquitos, muy convencidamente convencidos de la razón que tienen las masas humanas cuando son grandes masas y nosotros con armas insuficientes.

Sed concentraron en aquel gran patio central que se unía con caminos emergentes, con todos los otros barracones y el edificio de guardias, allá, donde sobre esa extendida terraza del primer piso se veía la hilera completa de efectivos armados haciendo el saludo de presentación de armas al jefe supremo y sin discusión. Juan Pueblo. La multitud rugió. Comenzaba poco a poco a vislumbrar el imponente poder que poseía. Rugió otra vez, escuchándose rugir, y volviendo a hacerlo, ahora girando las fauces del gran león que descubría ser, en todo el derredor. El temor comenzó a avanzar por el territorio bonaerense, despertando de sus camas a los traidores de la gente, que, atacados de sofocación repentina y de premoniciones amargas, salían o miraban hacia afuera de sus guaridas, creyendo ver que el cielo estaba cambiando de color.

La parada en el patio central, solo significaba esperar a que la gente de los otros barracones llegaran, arrastrando los pies y ni siquiera convencidos, protestando a soto voce, empujándose unos a otros sin saber muy claro hacia dónde, pero en fin, gregarios. LLegaron y se fueron sumando y entremezclando con los otros de la misma forma que, seguramente, aunque con mayor velocidad, se han de mezclar los componentes químicos de la polvora, cuando es detonada, es decir cuando explota.
La onda expansiva se dirigió, como mancha de nafta incendiada, hacia el centro y la estación de General Rodriguez, a campo traviesa, por escasos tres quilómetros. Allí llegando, eran casi un ectoplasma gigantesco que no cesaba de crecer. Detuvieron los trenes. Encendieron todas las luces y todo General Rodriguez supo que en las calles iban a bailar hasta que las velas no ardieran.
¿Qué propósitos les animaban? El propósito eran ellos mismos, no algo que se pueda describir, o pensar. No estaban recuperando un derecho, se habían dado cuenta de que ellos eran el derecho

miércoles, abril 16, 2008

514. Trecientas treinta y tres veces

Margarita retiró su cara del hueco de la ventana y Abelardo volvió a reír, de frente a Ernesto, pero no por su atuendo, que era llamativo, sino... porque sintió que le debía un afloje en la broma, que no era tal, pero que el pobre nunca iba a imaginar... ¿Decirle todo de golpe...?

-Perdoná Ernesto, es que por ser mi cumpleaños no estoy en vena para temas tan aburridos como la política, mejor... Bueno mirá... hemos resuelto que ya es hora de darle rienda suelta a todas las otras ideas...
---las otras ideas...?
-Sí, las otras ideas, esas que... ¿pero decime, vos nunca has tenido una idea que parecen contradecir toda lógica y que sin embargo...?
-¿Una premonición?
-Mucho más que eso... ¡Una teoría descabellada! ¡Una locura! Una locura que te hace reventar el corazón dentro del pecho. De sólo pensarla y animarte a asomar la cabeza dentro de las consecuencias infinitas que esa loca idea, de ser verdadera, traería aparejada para transformación del futuro y comprensión de lo que es el universo?

Miguel confirmó su acuerdo con un movimiento de cabeza que hizo a Ernesto reparar en su sonrisa satisfecha. El también con esa cosa extravagante? Por lo visto contagiosa y... ahí no más, el muchachito de la cueva debajo su casa poblada de tucu tucus gigantes... ¿Qué estaría pasando aquí?

-Vas a tener que explicarme. No se de que me podés estar hablando...

Tomó Abelardo con una de sus grandes manos un cajón vacio de los que abundaban a un costado y lo arrimó con gestos de pensar en sentarse arriba.

-Traigan ustedes también. Vamos a tener que hablar del proyecto.

Margarita dentro de la casa cocinó su arroz con lentejas y comió masticando trecientas treinta y tres veces cada bocado, respirando como la rayuela con una y después otra de las narinas,para terminar con las dos a un mismo tiempo. Preparó y tomó su te de orégano, para la memoria, el de cáscara de zapallo para quemar las grasas y el de cedrón porque le gustaba más que todos los otros. Hizo su minuto de silencio para concentrar sus energías en los puntos necesarios y se tiró sobre el diván del lívin a ojear cualquier revista que le quitara de la cabeza su idea fija de que el tarado de su padre otra vez perdía el tiempo conversando con los pajarracos de sus amigos...
(Válgame Dios!)
¿Por qué sería tan difícil de entender, para la mayoría de la gente, que lo importante era lograr el equilibrio. Y que para lograr el equilibrio era necesario apartarse de todos los factores desequilibrantes, la política y el futbol entre otros. Comer poco, masticar bien y sobre todo respirar correctamente.
No lo lograba. No lograba del todo olvidarse (desinteresarse) de lo que se estuviera debatiendo dentro de aquellas paredes. Bien que no le interesara el tema, se lo suponía en línea con lo que en aquella misma casa, cuando en ella aun vivía su madre, había sido por años el rosario de todas la oraciones diarias. La revolución. La bendita revolución que por suerte nunca había llegado a mucho más que arruinarle a ella la infancia y parte de la adolescencia, hasta obligarle a emigrar tras las motas de aquel negro gigantezco y bailarín que por último la había abandonado tras unas pocas noches de fiesta. Otro desequilibrio. Otro más, como los que se siguieron cada vez que intentaba dar un golpe de timón sin lograr otra cosa que irse de un extremo para el otro. Rodolfo, Sebastián, el pardo Santana, el flaco Cleanto... y la época del frenesí en las arenas de Playa verde, cuando se había convensido de ser la nueva encarnación de la eterna hembra insaciable. Después... Pero nunca el equilibrio!

Apareció Manuel en procura de poner agua a calentar y preparar un mate. Margarita se conmovió. Había visto, de repente en la miráda brillosa de su hijo, aquella misma mirada de quien creía que fuera su padre.... aquella noche de llamadas en el barrio sur de Montevideo, calurosa y ferviente de libertad. ¡1986, qué año! Sólo la mirada y el tono café con leche de la piel... Porque, pobre Manuel, aun sin ser feo, nada en él pudiera nunca llamar la atención de una mujer...




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lunes, abril 14, 2008

512. La décima cuerda

Manuel se puso a contar todo lo que recordaba sobre el esqueleto de las bolas, acompañando el relato con contínuos pedidos de paciencia. ´Él no había participado del estudio de los planos que había mandado el otro Abelardo, aquel que... Las líneas generales sí las recordaba, el largo exacto de las cuerdas principales que formaban el triángulo de arriba y el de bajo. Preguntó si le iban comprendiendo mientras mantenía una palma sobre la otra, paralelas y horizontales a doce centímetros. Como dos triángulos imaginarios, en realidad rectángulos.
Le pareció increíble, mientras les seguía hablando con la cara inclinada sin motivo, le pareció increíble que esos dos viejos sabihondos le estuvieran escuchando en ceremonioso silencio. A él que de pronto ni tenía mérito alguno por haberse enterado de cosas extrañas. Y que menos estaba capacitado para enseñarles nada. Se calló y enganchó las manos en los bolcillos.

-Bueno, cuando nos pongamos a trabajar me voy a ir acordando...

Miguel protestó pidiendo teorías, al menos para algún generador de impulsos superlumínicos. Algo que ir mascando ahora que se había terminado el asado y las mentes continuaban con hambre. Trajeron papeles y lápices. Despejaron la mesa. Manuel se puso a dibujar.
Al cabo de una hora y veinte hojas en el suelo se sabía lo que físicamente venía a ser una bola. No se comprendía en cambio nada. ¿Cómo era que ese cachivache alegórico del carnaval pudiera por ninguna causa levantarse del suelo? Claro que, siempre se había presentido que el principio revolucionario pudiera tener características desconcertantes, como las de este muchacho, que sin haber terminado el liceo les venía a hablar de Teoría de Cuerdas, explicada como para ineptos mentales. Era cuestión de tomarlo como hipótesis verdadera por un momento. Con un verdadero espíritu científico. Sin preconceptos... No, claro, con el marco general de lo ya descubierto por la física, pero sin descartar que pudiera estar bastante equivocado. Como el que dice no creer en brujerías pero igual si el asunto es grave recurre a lo que fuera, por lo general con buenos resultados.

-¿Pero y la décima cuerda, cómo es que va a calzar sola entre el punto "a" y el "q" pasando por todas estas otras líneas, sin tocarlas, porque se trata de una cuerda que está vibrando?
-Mirá, yo sólo te puedo repetir una explicación que me dió Mandinga... Nos dijo que la cuerda podía pasar porque en realidad tenía una forma sinuosa...
-¿Una cuerda tensa y sinuosa?
-...con una curvatura dentro de otra dimensión... Me dijo que una vez que se cerraba el círculo... mejor dicho que había certeza del que le círculo se iba a cerrar, ya el círculo estaba cerrado generando el intercambio de las dimensiones que circulando por el entramado de las cuerdas iba transformando ese corazón de energías que fluyen, en una cosa que deja de estar en un lugar determinado... que queda afuera de la realidad común y....
Abelardo se rió.
-Me estás haciendo acordar de tu madre... ¿No te me estás yendo al carajo, Manuelito...?

Pero siguio pensando callado, en lo mismo. Ahora que le había terminado de dar forma mental y veía con mucho mayor claridad. Más allá de lo que el librezco conocimiento de estos ancianos pudiera llegar, probablemente. Aunque tal vez... ¿No sería que la mente misma presiona cuando quiere en cualquier sentido, la realidad, para que sea como uno quiere? O por lo menos está claro que no hay leyes que se cumplan siempre y en todos lados. Cada lugar tiene su propia vibración y un poquito de sus propias leyes, como nosotros los hombres que cada cual tenemos creída una verdad que da sentido a la vida y nos metemos a opinar como si fuera la misma para todos.
Abelardo bajó la voz arrepentido.

-Perdoname, nieto. Seguí con tu explicación.

Ahora fue Manuel quien sonrió.

-Lo gracioso es que no se preguntaron en ningún momento cómo es que las cuerdas están tirantes si se agarran unas de las otras...

Contestó Miguel que sí lo había anotado entre las cosas absurdas del supuesto aparato, pero que igual estaba dispuesto a pagar los gastos y acompañar el emprendimiento porque... Por favor!. No podría estar atendiendo la farmacia mientras otros fabrican una nave transdimensional a cinco cuadras de distancia!

La carcajada de Abelardo fue estentórea y dio para el comentario de su amigo en el sentido de no haberle visto reírse así desde la juventud. Aquellos tiempos en que todavía tenían las colecciones de Hora Cero y Frontera con las tapas relucientes en alguna biblioteca de la casa. Y El Eternauta conducía sus mentes al vuelo sin parar hasta Arthur Clarke o El Hombre Ilustrado.

Una carcajada contagiosa que terminó por derribar cualquier otra barrera de vergüenza intelectual que mantuvieran entre ellos
Una carcajada feliz.