jueves, mayo 29, 2008

543. El viejo

Porque siempre ha sido así. Las revueltas suelen iniciare en los meaderos públicos donde los más soeces letreros intentan subvertir los valores establecidos, al menos durante el tiempo que duran las micciones y las flatulencias.

El reino del Señor estaba en crisis. Hacía tiempo ya que nadie creía en serio lo de la omnipotencia, la omnisciencia, o la... Bueno lo de la eternidad ya hacía rato que era motivo de chanzas. No obstante... Es sabido que las revoluciones no comienzan hasta que no se atreven a salir del meadero, y, en esos cielos de las mil y una intrigas, de la mal intencionada sonrisa beatífica que acompaña a la persignación... Del temor a tirar la primera piedra y después quedar pegado al ridículo de no verse seguido por nadie más, de comprender tardíamente, que todo no había sido más que otra intriga engañosa, para esta vez sacarse de encima al muy estúpido competidor que pretendía ser el líder, y por lo tanto el nuevo Dios, una vez que la revolución terminara exitosa... En ese cielo, nadie quería tirar la primera piedra.

El viejo lo sabía. Tanto que todas las revoluciones habidas en los últimos cuatro mil años terráqueos, habían sido iniciadas desde su mente, con mensajes directos a los chips de un millón de agentes especiales infiltrados en todos los baños públicos de la galaxia. Sí, porque por vieja experiencia sabía que muchas revueltas se inician en las zonas fronterizas, al amparo de algún Dios vecino que mirase con buenos ojos tu debilitamiento. El viejo lo sabía y se hacía el sota. Para que nadie sospechase cuantos hilos en ese momento tiraba, cuantas partidas de ajedrez simultáneas pensaba, cuantas intrigas palaciegas olfateaba y algunas otras cartas en la manga, mientras, sonreía su vieja cara agrietada como monte de antiguas piedras en movimiento, a las alabanzas del coro de los arcángeles que pasaban sin cesar, venidos de todos los confines, a decir al momento de arrodillarse "a tus pies estoy" y seguir pasando. Siempre así de serviles y mentirosos.

Lo sabía por experiencia propia como revolucionario triunfante donde habían fracazado 80 000 anteriores revoluciones vencidas por las intrigas de aquel viejo déspota de Saturno, viejo de mierda!
Ël había traído la modernidad a esta parte del universo. La tecnología para lograr los mismos resultados con menos necesidad de sembrar el terror, porque los subditos, era necesario reconocer, de algún modo también son necesarios para lograr el tono adecuado de nuestra autoestima. Demasiado asustados no sirven ni para cantar loas. ¿Quién le puede creer el amor a alguien que está temblando de miedo?

Lo sabía cuando casi hizo movimiento aprobatorio con su inmenso cráneo antes de entender que quién se estaba arrodillando ahora era uno de sus posibles contrincantes. El archiserafín Guisolfus. Señor de los nimbus estelares y la constelación del conejo. Arrodillate maldito!



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