jueves, mayo 15, 2008

532. El Pool Joyero

Por los ruidos que se empezaron a sentir por el tubo, Manuel se imaginó que el tipo estaría revolviendo papeles y hablando monosílabos consigo mismo. puteadas más bien mordidas que expresadas mientras seguí el crujido inconfundible de papeles que iban siendo arrugados. De pronto se rehízo el silencio y el aliento de Bosco volvió a soplar el enrejado plástico del micrófono.

-Espera un poco... Sí el nombre está correcto pero ¿Cómo lo supiste, si yo lo he puesto por escrito, recién mucho más adelante de ese comienzo...?
-Porque siempre ha sido mi nombre, boludo.
-¿Tu nombre... ¿Sos acaso el nieto de Abelardo Goiticoechea...?
-El mismo.
-Mucho gusto, pero... hay una cosa que no coincide.. Ese apellido Aquelarre es un invento mío. El nieto de Abelardo lleva el apellido de su abuelo, me consta.
-Bueno, mirá, esos son detalles. El asunto es que vos andás escribiendo mi vida sin haberme pedido permiso.
-Ja ja! ¿No será que a vos te ha dado por ser un personaje?
-Vos sabés de qué te hablo. No me niegues que me seguiste y estuviste presente cuando aquel auto me atropelló en la avenida Corrientes?
-¿Frente a qué cosa?
-Al trujo yero o algo así, un edificio...
-Sí, El Trust Joyero, boludo. Pero vos no podías entender por qué ese lugar se llamaría así y me repetís lo mismo que leíste en esas primeras páginas. Lo que yo escribí y ahora vos pretendés que viviste. No seas tonto muchacho, es mejor ser un ser vivo que un personaje.
-Y vos no me tomes del pelo ¿Querés que te cuente cómo sigue la historia después de ese cuento que me prestó tu hermano?
-Ja, podría ser divertido, porque ahora no deberías estar allí sino en una enorme caverna, con las líneas generales de una catedral, donde discutirías con el mismísimo Satanás.
-¡Vas atrasado! Eso estaba ocurriendo ayer cuando se nos apareció el viejo chivo ese pretendiendo ayudarnos en la lucha contra el viejo Dios, a cambio de casi nada. Que le entregáramos a nuestro amigo Mandinga.
-...
-Espero tus explicaciones. No pensás pedirme disculpas, por lo menos?
-¿...disculpas...? Ah, ya se. Esto es una broma de Juan Carlos. El debe haber estado leyéndome los papeles...Pero...?
-Sigo esperando.
-¡Está bien, me doy por vencido, no me entiendo cómo puede estar armada esta artimaña... Explicámelo vos.


A partir de ese punto dejaron de escucharse, pero no de gritarse, hasta que Juan Carlos con delicadeza tomó el tubo por su cuenta y lo colocó sobre la horquilla. Se había hecho muy tarde.
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