lunes, mayo 19, 2008

536. Pescador de aguas

Comenzó Ernesto Federico a correr las cortinas para después encender las luces. Un tramo, dos, y en el tercero se detuvo unos momentos. Sentía que aquella misma tempestad de afuera recorría sus entrañas disparando contínuos flashes en la conciencia. El era, sí que lo era, el señor Ernesto Federico de Oliveira e Souza. Un negro descendiente por línea materna de aquel antiguo pueblo Dogón arquitecto del barro y el misterio. Un negro rico, en un continente de negros pobres. Un negro culto en un continente de negros ignorantes. Un empresario, un político. Un político... Porque había llegado a eso, arrastrado por las contradicciones y los sentimientos culposos. Porque la política... -se había dicho el día que definitivamente dejara los negocios en manos de los gerentes-..

"La política es la única herramienta capaz de contrarrestar el dominio de toda la humanidad por parte de unos pocos."

Ahora no eran sólo los relámpagos quienes alumbraban su negro perfil, mucho más intensos eran esos otros destellos mentales, esas fotografías en blanco y negro, que le iban jalonando una historia de vida centrada en los momentos en que su conciencia daba un salto en procura de la comprensión del significado de la vida.
Al terminar de correr la última cortina extendió el brazo y dió luz al ambiente. Allí estaba ese par de personas que desde su prosaico y pequeño aspecto, le estaban sacudiendo todo el tablero de los planes y las estrategias. Salidos de pronto como los mensajeros del cambio de los tiempos, desde el mismo corazón de una tormenta. Simultáneos con los cambios reales que evidentemente se avecinaban. Uno, el más joven, pretendiendo sin embozos ser un profeta de las dimensiones y el otro... su viejo amigo de las discuciones filosóficas y las reuniones del comité de base. No importaba que no toda la historia fuera cierta. Bastaba con una semilla pequeña de verdad. Una pizca. Aquella gota que termina derramando el vaso, para que el vaso de su mente dijera de pronto basta, basta con el modelo de pensamiento occidental y cristiano, donde las causas preceden siempre a las consecuencias y dos más dos son siempre cuatro. Su instinto se lo había dicho.

Hay más cosas en el mundo que que las que sueña cualquier filosofía.

La lógica por ejemplo, que viene siendo otra filosófía. Una que a veces hasta nos esclaviza con sus reglas que en realidad se cumplen sólo en un sentido estadístico. Sin por ello negarle grandes servicios en las cuestiones practicas, como hacer pensar a una máquina.
Claro, eso era. La lógica venía siendo una filosofía práctica, una aproximación, como tantas, a un buen aprovechamiento de las energías. Pero, la verdad... La verdad, siempre estaría más allá de la razón, como el agua que se escapa de todas las redes donde quedan los pescados, como el espacio mismo que ni siquiera sopla, como un hilo de seda...

Dijo que traería de la cocina una picada. Salame en trozos iguales a los de queso y otras minusias para acompañar un vino. La noche iba a ser larga. La conversación también.
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