viernes, mayo 02, 2008

524. Mientras tanto...

Mientras tanto en la casa de Abelardo habían quedado sólo el abuelo con su nuevo nieto, luego de que Margarita corriera tomar el primer ómnibus para. Maldonado.
Sobre la mesa de luz de la misma habitación de siempre, estaba el mismo reloj chino de plástico, que se quedaba siempre sin pila media hora antes de que sonara el despertador. Los mismos cuadros sobre las mismas paredes, con las mismas manchas...¿Como podían las cosas de este mundo ser tan iguales y al mismo tiempo tan distintas que las del otro? Al mismo tiempo, como si fueran a la par influenciándose en cada detalle y siendo al mismo tiempo tan libres e independientes... Preguntas estas fueron, las que de pronto oscurecieron las esperanzas de Manuel, de poder corregir de algún modo las características de la bola para que pudiera llegar a levantar vuelo. Porque, poniéndose a considerar esas mismas cosas, llegaba inevitablemente a que era posible que lo que un un mundo puede volar, en otro... tal vez no pueda. Y que, también tal vez, en un tercer mundo -porque quién podría negar que existiendo dos mundos paralelos, pueda haber tres?- las cosas sean tan iguales y distintas como en estos dos, por ejemplo, en cuanto a que esa bola que aquí no vuela, porque aquí eso es imposible y que tampoco volaría en el primer mundo porque allá con ese largo de cuerda nada se consigue,... bueno que en algún otro mundo.... ¡Pero era al pedo! ¡Estaba empantanado en un mundo conservador de esos que no quieren que te escapes ni por un minuto al control de su equilibrio superestable.

-Esto es una isla.

El problema estaba en que no era su isla. Y él quería volver a aquel su loco mundo donde una revolución anarquista podía triunfar en seis meses. Extenderse por un continente y tener a todo el planeta en vilo contemplando el histórico espectáculo de la caída de un imperio... Aunque eso conllevara tener que hacerle frente a las huestes celestiales, los clones y algunos millones de alcahuetes desparramados por el mundo. ¡Pero era posible!
Y además que quería volver con su flaca. La de allá, que no era ni pizca de histérica y que además... La quería...

Con el canto de los últimos gallos se iba durmiendo con los brazos extendidos para el lado de la flaca cuando un ruido de voces antipáticas que sonaban al frente de la casa, le trajo a la realidad
. Mientras se vestía entendió que eran antipáticas por autoritarias y que estaban discutiendo con el abuelo, ahora en calzoncillos en la terraza del frente. Se puso a escuchar...

-¡Me cago en el decreto, en mi país no se puede venir a sacar una persona de una casa sin tener la orden de un juez competente¿ ¡Y eso lo dice la ley! No un decretito cualquiera.

La otra voz era bien fuerte pero de un acento tan latoso que no había manera de distinguir la palabras de los ladridos del perro de enfrente que se había alborotado con tanta discusión.

-¡Más terrorista será su abuela, pedazo de una bestia!

Los ruidos vinieron en aumento. Manuel se decidió a salir a ver, cuando la puerta de calle se abrió para dejar entrar la cabeza del Abuelo que venía doblegado por la llave que le estaban aplicando sobre su brazo doblado. Atrás la milicada de ojos vidriosos y... La impactante figura de aquel hijodeputa de Douglas Domenech. El ángel de la muerte.

Una duda. ¿Sería el mismo que por algún superpoder se hubiera salvado de la metralla del Chumbo...? No. Seguro que este era el ejemplar de Dow que le tocaba a estas dimensiones.

La sonrisa de Douglas estiró más sus boca que el dibujo de Jóker. Se le acercó a Manuel con un paso casi sensual y le comunicó que estaba arrestado como terrorista en el grado de alta posibilidad según la autoridad competente, que en este caso venía a ser él, como jefe del departamento especial de lucha contra el terrorismo en todos sus grados y manifestaciones.

-Pero...terrorista de que...? -Manuel trataba de ganar tiempo mientras demorara en aparecer alguna idea salvadora.
-Estás arrestado, no tengo por qué decirte nada más.
-Pero... ¿Qué se supone que hice...?
-Terrorismo, muchacho sordo. No sabés acaso lo que es terrorismo?
-La verdad que no... ¿Por qué no me lo explica?
-Dormir en otra casa, por ejemplo, sin haber pedido permiso.
-¿Hay que pedir permiso para dormir en otra casa?
-Claro. Por esos pequeños desórdenes se empieza y después se cae en el terrorismo. Pero ¡Basta! -y dirigiéndose a la tropa- A ver dos que lleven al detenido número uno! El número dos es el viejo que marcha con cargos de resistencia a la autoridad y sospecha de terrorismo en el grado de hospedaje muy probable. Otros tres que se lo lleven.





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